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jueves, 26 de febrero de 2026

43. One more time

Una vez más (one more time) tengo que empezar por pedirles disculpas por un silencio de casi un mes. La cosa está justificada por una circunstancia que enseguida les preciso, que me ha dejado sin margen para escribir, porque, sumada al inglés, el yoga, el running y lo demás, ha ocupado todo mi tiempo libre en este Mes del Señor, de febrero de 2016. La circunstancia es que el día 19 cumplí 75 años y, ante cifra tan redonda, se me ocurrió organizar una celebración, que más abajo les cuento y cuya logística acaparó toda mi energía mental sobrante. Más abajo les cuento los detalles de esta aventura, que me ha llevado a un lapsus de silencio mayor del habitual, por el que les pido encarecidamente disculpas. Una vez más. La cosa de ponerlo en inglés, no es sólo por mi proverbial esnobismo, que también, sino porque últimamente uso la melodía de la canción de ese nombre, para mis salidas a correr por el Retiro. Es un tema sensacional, que firmó el gran músico británico Joe Jackson, nada menos que en 1978 y que es perfecta para correr a una buena velocidad. Escúchenla, porfa.

Bueno, tras este chute de energía musiquera, pasemos a lo cotidiano, un pequeño repaso de algunas de las cosas más destacadas que han sucedido en este mes. Empezando por el intermedio de la Superbowl en América, en donde la actuación del portorriqueño Bad Bunny dejó a todo el mundo boquiabierto. Y saben que Donald Trump había contraprogramado con una actuación retransmitida por otra cadena, con un show patriótico de alguien afín. Pero a la hora de la verdad le pudo la curiosidad y vio completo por la tele el show de Bad Bunny. E inmediatamente lo comentó en su red social, de la manera compulsiva habitual, con estas palabras: Esta actuación ha sido TERRIBLE, nadie entiende lo que dice ese tío.

A este respecto, tengo que confesarles que yo tampoco entiendo nada de la dicción de este señor, a quien tengo un cierto respeto como músico, aunque el reguetón no es lo mío. Hace años que mi hijo Kike me está hablando en los mejores términos de Bad Bunny, pero, qué quieren que les diga, yo prefiero a los Beatles y a los Stones (y a Joe Jackson). De este hombre sólo me gusta media canción, esa que dice: Pol la mañana café, pol la talde ron. El arranque, cuando entona ese estribillo, es buenísmo; luego el tema se va por otros vericuetos que ya me gustan menos, aunque reconozco que no están mal tampoco. Escúchenlo hasta donde quieran y córtenlo entonces, porque a medio tema se pone un poco cansino.

Pero lo cierto es que a mí, como a Donald Trump, me cuesta entender lo que canta este señor, de quien admito que sus letras constituyen un valor añadido, puesto que han suprimido el viejo imaginario machista del reguetón original. Pero sentado esto, me asalta una gran preocupación: ¿es posible que yo llegue a coincidir con Trump en algo? Sería algo TERRIBLE para el blog y permítanme que use las mayúsculas a la manera trumpista. Por cierto, Trump se cree que poniendo mayúsculas se enfatiza el valor de una palabra, cuando no es así. Para enfatizar un término, se utilizan universalmente la cursiva o el ponerlo entre comillas. Las mayúsculas significan que esa palabra se grita, se vocifera, se proclama a voces. A lo mejor es eso precisamente lo que pretende este maleducado proverbial, pero me temo que la sobredosis de mayúsculas en sus tuits se debe más a la ignorancia de su valor semántico. Pero, como les digo, yo estaba preocupado por coincidir en algo con Trump, así que he recurrido a las fuentes. Es decir, al gran José Mota. En uno de sus sketchs navideños (de hace dos años), este estupendo cómico pone en contexto el problema de por qué los boomers no entendemos a Bad Bunny. Véanlo, es desternillante.  

La deriva de Donald Trump es muy peligrosa, como les llevo pronosticando desde hace mucho y confirmando día a día. Yo confío en que los americanos salven las Mid Term Elections, que desde ya está tratando de torpedear, prostituir o directamente anular. Nos jugamos mucho todos en esas elecciones para las que quedan poco más de ocho meses. Lo que me gustaría resaltar es que mi opinión respecto a este impresentable no es en absoluto única y aislada; todo el mundo está horrorizado con la deriva de semejante personaje. Ya les he contado que, tanto en Canadá, como en Australia, los partidos socialdemócratas han ganado las últimas elecciones presidenciales, para las que partían en amplia desventaja según los sondeos. Algo parecido ha sucedido en Portugal y otros lugares, y la propia opinión pública norteamericana registra unos ínfimos valores de popularidad sin precedentes en otros presidentes anteriores. Tal vez la irrupción de Trump pueda servir al mundo como una especie de vacuna contra el fascismo. Supongo que saben también que durante la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Milán-Cortina d'Ampezzo, el desfile de la delegación norteamericana fue acogido con un abucheo sonoro y unánime de todos los presentes. Vean también el chiste de un humorista británico.

A mí cada vez me resulta más incomprensible que un pueblo como el americano haya elegido presidente a un patán, iletrado, colérico, compulsivo, maleducado, histriónico, ególatra, vengativo, abusón, machista, putero, corrupto, incapaz para la empatía… se me acaban los adjetivos; creo que este señor sería acreedor de todos los epítetos reseñados en el Gran Libro de los Insultos, de Pancracio Celdrán, del que ya les he hablado muchas veces. Lo más reciente de este energúmeno es el discurso de casi dos horas sobre el Estado de la Unión. Les voy a pedir que escuchen la respuesta inmediata de Bernie Sanders. Les pongo la versión original en el delicioso inglés de Sanders y una traducción automática al español de Sudamérica, directamente perpetrada con Inteligencia Artificial, para que elijan la que mejor les vaya.


Vaya, les estoy poniendo muchos deberes visuales en este post, pero no se quejen, que podría ser peor. Después de un mes de silencio, hay muchos temas sobre la mesa por los que poner verde a Donald Trump y, por supuesto, también a Feijoo, que es el otro deporte habitual de este blog. No quiero ser pesado, pero a mí me intranquiliza mucho la posibilidad de que este tipo llegue a ser presidente en España, y encima con Abascal de vicepresidente. A mí me parece que no está capacitado, es un vago (en la línea de Rajoy, sólo que este tenía más gracia) y es un sieso, adjetivo que creo que le cuadra como anillo al dedo, según define el término el Libro de los Insultos arriba citado, es decir, desagradable, antipático y desabrido (en Andalucía, suele utilizarse más la palabra malaje). Y, como le pasa a todos los siesos, su presencia suscita toda clase de burlas, chanzas y cuchufletas. Por ejemplo, los de El Mundo Today, lo proponen como sucesor de El Mencho, al frente del Cartel Jalisco Nueva Generación. Si no se lo creen, pueden leerlo pinchando AQUÍ.

Es también una noticia desternillante. Es oportuno que lo moten de Frijolito Feijoo, porque ese es precisamente el significado de su apellido; por ejemplo, en portugués se dice feijão para designar toda clase de alubias: blancas, pintas, negras o verdinas, con especial referencia al feijão frade, que es el menos valorado para elaborar guisos calientes y, por el contrario, se usa para hacer una de las ensaladas más tradicionales de Portugal. Este feijão frade se llama en Norteamérica black-eyed pea y es muy popular en el sur profundo, especialmente en la cocina cajun y criolla. Por otro lado, la feijoada es el plato nacional de Brasil, yo probé una buenísima en Curitiba con mi querida amiga Gisele. La feijoada proviene de los guisos que elaboraban los esclavos negros, aprovechando las sobras que se tiraban de la comida de sus amos, para cocinarlos de nuevo con frijol negro y arroz blanco. Es una exquisitez. Pero nuestro Feijoo, más bien responde al modelo del feijão frade, listo para la ensalada con Abascal. A un tipo tan sieso, como les digo, todo el rato le hacen cuchufletas como la que ven abajo.

Pero es que no hace falta recurrir a la manipulación de imágenes para reírse de este señor. Basta poner una imagen como la que les muestro abajo, en las Cortes. O el vídeo que aparece aun más abajo, que es también auténtico. Se trata de un acto durante la campaña aragonesa, en el que le invitan a hablar de una empresa de Binefar, y el tipo se aprende mal el nombre y lo dice ocho veces mal, delante de un cartel en el que está bien escrito. Díganme: ¿ustedes querrían a un sujeto tan gafe como presidente? Encima es que se lo van a comer entre Ayuso y Abascal. Vean lo que les digo.


Brifín. Ya lo han escuchado. Este lapsus no supera lo de Anotop at, que es insuperable, pero abunda en la misma línea. Quizá recuerden también un tercer episodio, cuando en las Cortes proclamó con su solemnidad impostada que él, en cuanto llegara a presidente, encargaría la resolución del problema de la vivienda en España a su primer vicepresidente. Todos en el Congreso, menos los del PP, empezaron a reírse a carcajadas, sin que él se enterara del motivo de la hilaridad, que no era otro que el hecho cierto de que quien tiene todas las papeletas para ocupar esa primera vicepresidencia es el señor Abascal. Aviados vamos si el problema de la vivienda lo tiene que arreglar este caballero.

Por lo demás, Feijoo ha diseñado esta cascada de elecciones regionales, para que el PSOE las pierda todas y así ir deteriorando poco a poco la posición de Sánchez, a ver si se va. Pero le está saliendo el tiro por la culata, porque tanto en Extremadura como en Aragón, el PP ha perdido peso y ha pasado a depender aún más de Abascal, que ahora le chulea retrasando sine die la constitución de ambos parlamentos. Le está bien empleado: convocar elecciones en Extremadura y Aragón no era necesario desde un punto de vista estrictamente local, ambos comicios se han ordenado desde Génova, en clave nacional. Y Abascal responde también en clave nacional. Los problemas de extremeños y aragoneses son irrelevantes para ambos partidos de la derecha, dedicados full time a derribar a Sánchez.

En fin, ya ven que la actualidad no se detiene aunque yo no escriba en el blog. Por cierto, ya me da pereza meterme también con Almeida; además ya me he adaptado a correr por fuera del Retiro, cuando a este hombre le da por cerrarlo y hasta podría admitir que cerrar el parque por una climatología como la que hemos sufrido el último mes puede tener una cierta lógica (aunque se han caído árboles por toda la ciudad y no tendría sentido prohibir a la gente que salga a la calle). Lo que sigue siendo indescifrable es que cierren el parque cuando hace mucho calor, cuando en las demás ciudades del mundo hacen justo lo contrario: ampliar el horario para que los ciudadanos puedan estar más frescos. También me molesta que en la Web del Ayuntamiento digan que los cierres sólo suceden un 1% de los días: en lo que va de 2026, el Retiro ha estado más días cerrado que abierto.

Pero vayamos ya con el tema de mi cumpleaños 75. Manda carallo, tres cuartos de siglo me contemplan. La cosa es que estas cifras redondas son una excusa perfecta para hacer una fiesta y reunirse con los amigos. Yo lo hice cuando cumplí 60. Por aquel entonces, era yo Subdirector General, corría carreras de 10 kilómetros sin inmutarme, tenía una pareja nueva que me gustaba mucho y me sentía poderoso y contento: el rey del mundo. Con ese motivo, cerré durante dos horas una discoteca bastante de moda entonces, el Honky Tonk, por la zona de Olavide. De diez a doce de la noche. Vino mucha gente, en especial de los servicios técnicos del Urbanismo municipal a los que yo pertenecía. Yo pagué al club un tanto por todo, según lo que me dijeron, y por allí pasaban todo el rato camareros uniformados portando bandejas con pinchos y cosas de picar. La bebida era libre y ellos se encargaban de la música. A las doce, abrían las puertas al público, entraba todo el mundo y las copas posteriores había ya que pagarlas. No recuerdo cuánto me costó, pero era una propuesta cara, un lujo.

Cuando cumplí 65, mi situación había cambiado. En el Ayuntamiento me habían cesado como jefazo, gracias a la imbecilidad de una concejala inane nombrada por la señora Botella. En otro orden de cosas, mi chica también me había cesado, aunque yo me resistía a asumirlo. Así que no estaba la cosa para muchas fiestas. Y menos mal que no organicé nada porque, la misma mañana de mi cumpleaños, me rompí el brazo izquierdo, en un incidente nefasto, del que se dio debida cuenta en el blog, que ya llevaba un tiempo abierto. Por fin, cuando cumplí 70, mis expectativas eran muy amplias, me jubilaba y planeaba iniciar una nueva vida, empezando por la idea de hacer un viaje de vuelta al mundo. Pero se cruzó por medio la maldita pandemia, de modo que ni siquiera pudimos hacer la habitual fiesta de despedida en el trabajo. En realidad, la hicimos, pero en versión on line. El viaje mundial quedó también suspendido, aunque finalmente lo hice a los 73, como saben, animado por mis hijos, que me dijeron que, o lo hacía ya, o no lo haría nunca. Es cierto, creo que ahora no emprendería un viaje como ese; yo estoy más viejo y el mundo también ha cambiado, por culpa de El Agente Naranja, del que no quiero hablar más.

Ahora, para los 75, no tenía excusa para saltarme la celebración. Pero me pareció que una fiesta tipo Honky Tonk no era procedente. Yo no tengo ya el dinero que manejaba a los 60, soy un jubilado y la gente que podía reunir no es ya tan noctámbula como hace quince años. Y encontré una solución maravillosa: el Mona Club, en pleno centro de Madrid, a 50 metros de la plaza de Cascorro, cabecera del Rastro. La fiesta se celebró el sábado 21 y resultó muy bien. Les cuento algo del lugar. Este club se llamaba hace unos años Mona Pinkerton y era bastante exitoso, especialmente los fines de semana, por el Rastro. El alma de este club, que se anuncia como cultural y vegano, es el gran Julián, ya mi nuevo amigo para siempre. A Julián le traspasaron el negocio como bar y club. Y fue como un tiro: daban comidas de menú vegetariano, había conciertos y actos de todo tipo y era un negocio floreciente. El local tiene una planta baja amplia y, por una escalera empinada se baja a una especie de cueva, perfecta para la música.

Todo fue bien durante cinco años, el negocio era rentable, cada año pasaban unos policías municipales que comprobaban los papeles del lugar y, en esa situación lograron hasta superar los encierros de la pandemia. Hasta que, de pronto, un aparejador municipal descubrió que el local carecía de licencia de actividad. Se la pidieron a Julián, que no la encontró. El tipo que le había traspasado el negocio le había estafado. Le clausuraron el sitio y le pusieron 60.000€ de multa. Pero el problema es que el rollo del lugar le había atrapado, se lo pasaba muy bien allí, ganaba dinero y decidió reflotarlo. Pidió una licencia de actividad. Y entonces descubrió que su bar estaba en una ZPAE. Zonas de Protección Acústica Especial. Son zonas en las que, en 2012 se estableció que no se podrían abrir nuevos bares, para responder a las quejas vecinales por el ruido. Sólo se dan licencias de actividad para lugares donde antes ha habido un bar legal, con todos sus papeles en regla. Mi casa está también en una ZPAE.

Ante esto, a Julián le queda sólo una solución: legalizarlo como club cultural. Está en ello con un arquitecto y a través de una ECU, esas empresas a las que Gallardón externalizó la gestión de estas licencias. Mientras consigue los papeles, va organizando saraos como el mío, con los que mantiene vivo el asunto, además de jam sessions, mercadillos, conferencias y similares. Todo eso, de la forma más silenciosa posible porque, como le denuncie un vecino, se le puede caer el pelo. Él podría argüir que ya ha pedido la licencia y no se la han dado todavía por ineptitud municipal, pero con estas cosas es mejor no jugar. Con motivo de esta situación provisional, los asistentes a la fiesta debían entrar por el portal y buscar una puerta lateral para acceder al local, lo que le daba al tema un mayor nivel de aventura y rollo misterioso.

Pero esta vez yo no podía contar con camareros de levita sirviendo comida. Había que organizar muchas cosas. Julián ofrece un catering vegano, pero yo lo completé con jamón, queso y empanadas gallegas, mi chica y mi compañera Cristina Moreno aportaron diversas exquisiteces. Compré una caja de vino blanco para tenerlo bien frío. Esto en cuanto a la manduca. Además tenía que ocuparme de la música, a través de Spotify. Y ayudar a recolocar los muebles del bar para poner las mesas a un lado. Pensar en unos percheros donde la gente dejara los abrigos y los bolsos. Más las tartas de cumpleaños y las velitas. Y pensar en la organización general del evento. Y encima, la gente se empeñó en que teníamos que tocar algo en el escenario de la cueva, lo que supone revisar el equipo de amplificación, hacer pruebas de sonido, etcétera. Al final, todo salió bien.

El programa era que, a las 19.00, se iba recibiendo a la gente, dejaban sus cosas, pedían bebidas en la barra y tenían a su disposición las cosas de comer en las mesas del fondo. Yo tenía que saludarlos a todos, recibir los regalos y amontonarlos en un rincón. Al final nos reunimos 42 personas, que no está nada mal. Gente transversal, diversa, entre la que nadie conocía a casi nadie. Mis hijos y algunos de sus amigos, mi pareja y su grupo más próximo, más algunos amigos antiguos, compañeras de mis 40 años de trabajo en el Ayuntamiento, profesoras de las escuelas de arquitectura que aún me siguen llamando para dar clases magistrales, mis colegas músicos de Vallecas, gente del yoga, el pequeño grupo de vecinos de la calle Almadén que nos solemos encontrar por el barrio. La cosa era divertida.

En un momento dado, Henry Guitar, Críspulo y yo bajamos a la cueva, ajustamos los instrumentos y empezamos a tocar. La gente bajó enseguida y yo tuve que dar un pequeño speech agradeciendo la presencia de todos y presentando al grupo. Ahí iniciamos un conciertillo improvisado, del que tengo algunas imágenes. Al final, mi hijo Kike me presentó la tarta con las velas y pusimos la música para bailar, distinta de la que habíamos puesto arriba, que era mayormente blues. Arriba de nuevo, atacamos las tartas con nuevas bebidas y la gente empezó a desfilar. Una de las ventajas del lugar es su localización, muy cerca del Metro Latina o la Plaza Mayor. Los últimos cerramos el lugar a las doce de la noche y caminamos a nuestras guaridas, agotados pero felices. Y ahora vamos con las imágenes. Primero, el escenario desde el fondo.  

Cronológicamente, ahora viene un video de nuestra actuación. Me grabaron muchos, pero ya saben que con los teléfonos móviles el resultado es muy malo y el sonido regular, con el barullo que monta la gente. Entre todos los que me grabaron, les he seleccionado este, porque realmente es un momento mágico, a pesar del sonido ratonero. Es la interpretación que perpetramos del Stand by me, del gran Ben E. King, año 1961. Les juro que no habíamos ensayado nada, la canción surgió espontánea, pero Henry y Crispulo son unos músicos excepcionales y yo hice lo posible por estar a la altura. El rock es una cultura que pasa de padres a hijos y esta canción se la sabe todo el mundo y la cantaron allí a coro. No se la pierdan. Y pantalla grande, por favor.

Espectacular, ¿verdad ustedes? Bien, vean ahora una imagen del momento en que me sacan la tarta.

Y, al final, nos hicimos todos los presentes una foto emulando la portada del Sargent Peppers, para que quede para la posteridad. También les he seleccionado dos entre las muchas versiones que se hicieron.


Nada, que fue una noche inolvidable para mí. Desde que me fui por ahí a dar la vuelta al mundo, no había vivido unos momentos tan intensos. Así que, que ustedes lo pasen bien. Quieran a sus amigos, déjense querer por ellos, y disfruten en suma de la vida: sólo tenemos una.

miércoles, 4 de febrero de 2026

42. A resguardo de la lluvia, atentos al mundo exterior

Por primera vez en muchos años, estamos teniendo un invierno como Dios manda, yo he tenido que sacar mis abrigos más calentitos, arrumbados hace tiempo en los armarios, para protegerme del frío que ha hecho en enero y ahora con la lluvia que nos está anegando y convierte en incómoda la vida urbana. Se consuela uno con eso de que a ver si de una vez nos dejan de hablar de la sequía, los pantanos deben de estar a desbordar, aunque los garrulos rurales siguen torciendo el gesto y dicen entre dientes: ya verás, ya verás cuando pare; nos va a venir un verano seco que nos va a joder. Los del campo siempre se están quejando y por eso no es de extrañar que acaben votando a Vox, que capitaliza ese malestar permanente y les promete que va a echar a todos los inmigrantes, para que puedan volver a ser felices en sus campos.

Entre unas cosas y otras está el mundo como está y a mí me da hasta pereza ponerme a escribir para ustedes, que no sé cómo me siguen aguantando, teniendo en cuenta que mi discurso es siempre el mismo, es repetitivo y conforma una especie de bucle infinito. Algunos de mis lectores piensan que no tengo abuela, pero les diré que yo empecé a escribir estas reflexiones, primero a la carrera y ahora más pausadas, allá por el mes de septiembre de 2012, que ya ha llovido desde entonces. A veces, por entretener mi ocio, entro a repasar alguno de mis textos antiguos y sucede que, me crean o no, no encuentro una sola afirmación o apreciación que no seguiría firmando ahora mismo. Catorce años después, sigo opinando lo mismo. Cierto que nunca he ejercido de adivino, yo no hago pronósticos, me limito a analizar lo pasado y lo que está pasando. Si no fuera así, seguro que me habría equivocado todo el rato.

Vean, al respecto, lo que cantaba una jovencísima Tracy Chapman en el concierto homenaje a Nelson Mandela por su 70 cumpleaños. Pongámonos en contexto. Junio de 1988. Nelson Mandela sigue en la cárcel, donde lleva más de 25 años, y el mundo del rock se congrega en el estadio de Wembley en Londres, para un macroconcierto con las estrellas más famosas del momento. Tracy Chapman es una chica negra, pobre y lesbiana que, después de años de cantar por las calles, ha conseguido un contrato con una discográfica minúscula y acaba de publicar un disco hace menos de un mes, que nadie parece interesado en comprar. Por una casualidad, le llega la oferta de viajar a Londres y sumarse al concierto en lista de espera. Pululando por el backstage, la organización le avisa de que una megaestrella acaba de cancelar su actuación por un problema vocal grave, y le ofrece salir a escena inmediatamente. Se arma de valor y, casi sin tiempo para peinarse, agarra su guitarra acústica y sale ante la multitud. Y se convierte en la sensación del evento, el momento que décadas después se sigue recordando. Vean esa grabación. Pantalla grande, por favor, esto es Historia.

Es difícil no emocionarse escuchando esto. Casi cuarenta años después, Tracy tiene 61 y mal que bien ha logrado vivir de la música y que la dejen a su bola. Pero como profeta no se hubiera comido una rosca. De todo aquello que cantaba apenas queda nada. Los jóvenes no hicieron la revolución y los que intentaron luchar fueron arrasados. Yo los vi en mi paso por los USA hace ya año y medio, tumbados en las calles con colchonetas y sacos de dormir, devastados por el crack y otras sustancias. También en los baños del albergue de la YMCA donde pasé la última noche de mi viaje de vuelta al mundo, cuando salí de madrugada a inspeccionar los baños comunes, armado con mi toalla y mi pastilla de jabón. Allí había unos cuantos, rumiando su derrota mientras se aseaban por partes, con la mirada vacía de los expulsados del paraíso yanqui. Ese paraíso al que no sé si yo podría volver, suponiendo que quisiera, porque ya les conté que me han anulado la ESTA y, para pedir otra, he de permitir que revisen mis redes, incluyendo las opiniones que se vierten en este blog.

Si mis escritos de hace catorce años me siguen pareciendo vigentes, qué decir de los que llevan año y medio goteando de este mi tercer blog. Del peligro que traía el segundo triunfo de Donald Trump les alerté desde el principio. El 18 de marzo, hace casi un año titulé mi Post #17: El fascismo ya está aquí. No me digan que no estaban advertidos. Las imágenes de los asesinatos de Renée Good y Alex Pretti no se habían visto en el mundo occidental desde las razzias de la Gestapo en los años 40. Estos vídeos de dos crímenes a sangre fría en plena calle igualan la presidencia de Trump con el régimen de los ayatollahs de Irán o la tiranía del gordo de Corea del Norte. También les llevo avisando de que Trump hará todo lo posible por que las elecciones Mid Term no se celebren. Pues ya ha empezado a enseñar la patita.

Hace unos días, perpetró un discurso de conmemoración de su primer año de mandato. Todo está mucho mejor en los USA desde que él llegó, faltaría más. Los neoyorkinos han visto cómo el precio del café que se toman camino al trabajo a primera hora de la mañana, en esos vasos de plástico con tapadera y pajita que les sirven para calentarse las manos, se ha duplicado gracias a las guerras arancelarias de su presidente. Pero su discurso fue una retahíla de triunfos, logros y mejoras para los ciudadanos. La mejor definición de la verborrea de Trump es la que aporta el periodista Martín Caparrós: cada vez que a este señor le ponen un micrófono delante, aprovecha la ocasión y se habla encima. Tal cual. Pues el otro día, tras media hora de hablarse encima, enumerando la retahíla de enormes victorias de su primer año, se permitió un chiste, de esos que él mismo se ríe a continuación: Está todo tan bien, que no sé para qué queremos unas elecciones a final de este año. Poquita broma con esto.

Es difícil escribir algo en este momento sin centrarse en Trump y su enloquecida deriva. Y el peligro que se cierne sobre todos nosotros, ustedes y yo. Pero a la vez es agotador. Es cansino. Intento hablar de otras cosas y no puedo. Pero ha quedado claro que el mundo del rock está en el lado correcto de la Historia. Junto con el cine, el teatro y la cultura en general. El gran Bruce Springsteen se sentó ante el pentagrama y compuso en dos días una canción sobre los sucesos de Minneapolis, que apenas tardó otros dos días en arreglar, grabar y subir a las redes. El mensaje y la fuerza del tema hablan por sí solos. Pero yo quiero destacar algo que nadie ha dicho. El tema suena a Bob Dylan por todos sus rincones. Dylan creó una manera de componer y de cantar. El Boss admira y mucho a Dylan y no hay nada mejor que el estilo de este señor para un auténtico himno, que es lo que es esta canción. Se la he seleccionado para ustedes con subtítulos en español e inglés para que la puedan seguir mejor.

Muy acongojante también este tema. Por cierto, el tipo que dirigió la represión en Minneapolis, cuya imagen se ve en este vídeo, el único del ICE que no va enmascarado, se llama Greg Bovino, en la línea de nombres impagables de la que les hablaba en mi anterior post. El tipo es realmente un animal de pezuña. Les supongo igualmente al tanto de que el domingo pasado se entregaron los premios Grammy, los más importantes del mundo del rock. Yo estuve viendo un rato la llegada de los artistas, hasta que por Facebook me confirmaron que Samantha Fish se quedaba por segundo año consecutivo sin el premio para el que estaba nominada, mejor álbum de Blues Contemporáneo. No tenía yo esta vez muchas esperanzas en que Sam consiguiera ese premio, la cosa no pintaba bien y mi olfato se confirmó. Así que apagué la pantalla y me dediqué a otros entretenimientos. Esto de la llegada de los artistas y sus posados en el photocall, es un tostón importante. Aunque a mí me llamó la atención el vestido que llevaba una chica y que tal vez han visto ya también. Un par de fotos.


No sé cómo se llama la chica, ni me interesa. Como ven, el vestido cuelga de un par de piercings anulares que atraviesan sus pezones. Esto es otro indicativo del mundo en el que vivimos. Lo cierto es que a la chica no se la ve muy feliz con semejante atuendo. Tal vez está preocupada pensando: como dé un tropezón y me pise el vestido por delante, me voy a hacer una avería importante, aunque así seguro que saldría en todas las primeras planas. Bien, lo interesante de esta gala es que muchos de los artistas premiados, en lugar de dedicar su galardón a sus familias, amigos, colegas, músicos, productores y demás técnicos, aprovecharon su instante de gloria para darle cera a Donald Trump y sus matones del ICE. En el vídeo de abajo se ve un resumen de las frases de Bad Bunny, Billie Eillys y otros premiados, más la broma del presentador, que dice que Trump quiere Groenlandia porque ya no tiene la isla de Epstein, broma por la que el presidente ha amenazado con ponerle una querella criminal apoteósica. A lo mejor acaba poniéndoles unos aranceles a los Grammys.

En fin, como les vengo diciendo, yo confío en que el pueblo norteamericano pueda frenar la deriva de este presidente desquiciado. Sólo ellos pueden hacerlo, porque los demás países están aterrorizados. Todos estos artistas que se han pronunciado, tienen bastante predicamento entre la gente y yo estoy seguro de que las elecciones del Mid Term, si se consiguen celebrar limpiamente, supondrán el control de Congreso y Senado por el Partido Demócrata. Veremos. Dice Pablo Iglesias que los que creemos que a este señor se le puede frenar con unas elecciones, somos unos ingenuos. Yo, por mi parte, estoy más con el discurso que pronunció el primer ministro de Canadá en el foro de Davos (si tienen interés en escucharlo, no es difícil de encontrar en redes). Este señor, cuya imagen tienen abajo, se llama Mark Carney y es un banquero, es decir, un hombre de derechas, como Mario Draghi.

Mark Carney no era favorito en las elecciones generales de su país, las encuestas señalaban a un trumpista como ganador. Pero El Agente Naranja empezó enseguida a perpetrar sus tropelías y eso revirtió el signo de las elecciones canadienses y también de las australianas, entre otras. La gente no quiere tiranos al frente de sus países. En Davos y en presencia del propio Trump, Carney se largó un discurso escrito por él solito en la soledad de su hotel y dejó boquiabierto al mundo con una propuesta de alianza de los países de tamaño medio para resistir juntos la presión de los grandes. Se refería a la Unión Europea, la India, Japón, Canadá, Brasil. Una línea a seguir. No se pueden imaginar cuánto anhelo que surja en nuestro país un líder de derechas de esta talla. Hasta me pensaría si votarle.

Porque lo de Feijoo es algo increíble. A pesar de la presión constante de los medios afines (la famosa fachosfera), el tipo sigue haciendo el ridículo cada vez que tiene una mínima ocasión. Algunos de mis seguidores dicen que es que le tengo manía. Desde luego que se la tengo y creo que el PP adelantará mucho cuando admita que las últimas elecciones generales las perdió este señor, por sieso y por mediocre. Además, es un vago, no se prepara las comparecencias ni los discursos, alguien se los escribe y por eso le pasan cosas como lo de anotop-at. Yo creo que ha debido de dar unas lecciones de foniatría para mejorar su facilidad de palabra. A mí ahora me recuerda al que hace los anuncios de la Agencia Negociadora del Alquiler. He intentado hacerme con algún audio de estos anuncios, para ponérselo en el blog, pero no lo he conseguido (si se conectan a la SER, están saliendo todo el rato). Pues con esa misma grandilocuencia impostada habla el señor Feijoo en las Cortes y en todos lados. Le falta cerrar sus discursos proclamando: llame usted al 900 20 20 11.

Con el tema este de la revalorización de las pensiones, le han vuelto a pillar. Sánchez lo llevaba en uno de esos llamados decretos-ómnibus, una práctica que a mí no me gusta nada, entre otras cosas porque la usaba cada año Esperanza Aguirre para colarnos diversos gatos en el paquete de liebres. El año pasado, ya tuvimos la misma historia y el PP votó en contra con la disculpa de que se incluía la venta de no sé qué palacete del PNV en París. La verdad es que votaban en contra, sólo por ponerle palos en las ruedas al gobierno, como hacen durante todo el año. Al final, separaron las votaciones: la revalorización de las pensiones por un lado y el resto por otro y así se salvó nuestra subida. Por cierto, hablando de pensiones, les recomiendo que lean un artículo reciente de un catedrático de Historia de la Economía de la Universidad de las Islas Baleares y Consejero del Banco de España, que se llama Carles Manera, sobre la falacia de que nuestro sistema de pensiones está en riesgo. Se publicó hace unos días en el medio balear Última Hora, sólo para suscriptores, pero pueden leerlo pinchando AQUÍ.

Este año, con el antecedente del anterior, ya se sabía lo que iba a pasar. Yo en ningún momento he temido por la subida de mi pensión; estaría acojonado si estuviera el PPVox en el gobierno. Entonces, si se sabía lo que iba a pasar, ¿por qué ha repetido Sánchez la jugada? Pues para mí está muy claro: para ponerle un anzuelo a Feijoo. Que este se ha tragado hasta la garganta. Esta vez no había ningún palacete del PNV en danza, todas las medidas incluidas en el ómnibus estaban relacionadas y componían lo que se ha dado en llamar el escudo social. Así que se ha hecho el paripé, el PP ha votado no y a los pocos días lo han llevado separado. Entre ambas votaciones, el gobierno ha podido proclamar a voz en grito que el PP quiere quitarnos la subida a los abuelos que tenemos la suerte de tener pensión. A ver si con eso atenúan la hostia que se van a llevar en las inminentes elecciones aragonesas.

Porque lo de Aragón va a ser una estación más del vía crucis que le están haciendo pasar a Sánchez, aunque yo confío en que aguante lo que le queda, poco más de un año para las siguientes generales. La verdad es que tiene mucho mérito que este señor siga gobernando mientras la oposición se dedica a acorralar a su mujer, su hermano, sus ayudantes y hasta los que pasaron por delante de la Moncloa y se cruzaron con él un día. Yo desde luego prefiero que siga en el poder todo lo que pueda, porque ese es tiempo de bonanza que podremos disfrutar, antes de que llegue el PPVox y empiece a ponernos leyes-mordaza. Porque, finalmente, se harán con el poder. ¿Saben por qué? Pues porque nuestra gran lacra colectiva es la corrupción, tanto en un lado como en el otro. Lo que pasa es que a los votantes de derechas no les importa, ellos van a seguir votando a los mismos, aunque huelan a podrido. Los de izquierdas, en cambio, somos más exquisitos, más remilgados y, ante personajes como Ábalos o Cerdán, nos retraemos y no vamos a votar. Y así nos va.

Tenemos que irnos preparando para aguantar un gobierno de derechas, no pasa nada, en Madrid ya los llevamos aguantando mucho tiempo, tanto en el Ayuntamiento, como en la Comunidad. Yo lo único que pediría es que se buscasen a unos dirigentes un poco más presentables, al estilo de Mark Carney. Feijoo es penoso. Ayuso es lo que todo el mundo ve, y eso que a veces parece que va aprendiendo, pero tiene un lastre importante con ese novio que se ha buscado. Y qué decir de Almeidiña-Caradeculo. Ustedes creen que exagero, pero el Retiro lleva casi desde primeros de enero cerrado por el temporal. Los que fiamos nuestro mantenimiento físico a poder salir a trotar un rato por el parque, nos tenemos que joder. Las calles circundantes están abarrotadas de corredores, porque somos una raza de resistentes y estamos equipados para la lluvia. Pero si nos cierran el parque un mes, no podemos hacer nada.

Como ya hemos entrado en terrenos más personales, voy a cerrar con una anécdota reciente, por si les sirve de enseñanza. Yo tengo una cocina de gas, porque no me gusta cocinar con placa eléctrica, pero ese es mi único consumo de la red de gas. Cada dos meses me llega un recibo de unos 30 o 40€, que ya me parece caro, pero es lo que hay. Pues a primeros de enero, me llegó uno de 95. Abrí la factura y venía un cuadro de barras donde se veía la desproporción entre la última columna y las de todos los meses anteriores. Había un teléfono de reclamaciones al que llamé enseguida (por cierto, mi compañía es Naturgy). Tuve que dar una serie de datos a un interlocutor automático de esos que te dicen que pulses almohadilla y enseguida me pasaron con una chica sudamericana bastante simpática.

Le expliqué lo que me sucedía y estuvo de acuerdo en que parecía un poco extraño. Indagó en el sistema y sacó una primera conclusión: el nuevo recibo partía de una estimación de consumo. Es decir, que a mí nadie me ha leído el contador y por el contrario ha sido un algoritmo quien ha decidido que yo tenía un consumo por valor de 95€. No pude evitar un comentario: esa estimación está muy mal hecha. La chica me preguntó si yo podía acercarme al contador y decirle que cifras marcaba. Así lo hice y a la vista del consumo real, decidió que íbamos a hacer una reclamación allí mismo, on line. Me pidió que le diera un tiempo. Al ratito volvió y me dijo que mi reclamación estaba ya cursada y aceptada. Que, con los datos de mi contador, me correspondía una devolución de 73€ (como lo oyen). Le di encarecidamente las gracias y pasé a la encuesta de satisfacción en la que le puse a la chica un diez. Ahora estoy esperando que me lleguen ambos recibos al banco, el de 95€ y el de -73€.

La moraleja es múltiple. Los algoritmos son muy peligrosos; hay que revisar con cuidado todas las cuentas que paguemos, hasta en el supermercado. Porque el algoritmo nunca se equivoca a tu favor, siempre es en tu contra. Y parece obvio que las grandes compañías ya se han dado cuenta de que eso de tenerle que hablar a un loro mecánico sin alma es algo que irrita muchísimo al cliente. Por ejemplo, he podido comprobar que Apple, DIGI o el BBVA tienen servicios de atención en los que enseguida te atiende alguien cualificado, con paciencia y empatía. El mundo está organizado para que la gente tenga servicios y los pague y eso no lo van a destruir Trump ni Putin, pero hay que pelear todas las batallas, hasta las más pequeñas. Así que, como siempre les digo, sean buenos y estén atentos para que no se la cuelen doblada. Y, por supuesto: ¡¡¡¡FUCK ICE!!!!