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miércoles, 7 de mayo de 2025

21. Cenizos, mentiras y cogotes papables

Pues aquí seguimos, sobreviviendo a incidencias como apagones y trenes paralizados por el robo de parte de los cables de cobre que les permiten funcionar. Nada muy reseñable, todo esto nos pilla curados de espanto después de haber salido bien librados de la pandemia y otras calamidades planetarias. El tema del apagón, me pilló a mí en un día tranquilo, en el que no tenía pensado salir de casa. Como quizá sepan, los lunes suelo tener yoga vespertino, pero en esta ocasión, resulta que ya no tenía saldo en mi cuenta de días pendientes de usar en abril, según la app de la escuela Ashtanga Yoga Madrid, a la que acudo con asiduidad. Normalmente suelo reservar nueve sesiones por mes, pero en esta ocasión había previsto sólo cinco, con motivo de mi viaje de Semana Santa a Budapest, y había agotado la quinta el lunes anterior.

Así que mi plan era hacer mi sesión vespertina en casa. Por la mañana salí a comprar algunas cosas que necesitaba, entre ellas unos tomates que dejé para el último lugar. En la frutería ya me dijeron que no les funcionaba el datafono, por lo que hube de pagar en cash. Y, en el portal de casa, el portero me contó que había un apagón en el barrio, por lo que hube de subir los cuatro pisos por la escalera con las compras. Arriba constaté que tampoco tenía WiFi ni datos en el móvil, por lo que me puse a leer. Tampoco funcionaba la radio, así que me hice algo de comer y me eché una pequeña siesta. Extrañado de que a media tarde aún no hubiera vuelto la luz, bajé de nuevo a la calle y me di una vuelta por la zona.

El ambiente era muy raro, auténticas manadas de gente bajaban a buen paso y con aire decidido en dirección sur por las escuetas aceras del Paseo del Prado, a ambos lados de un atasco morrocotudo, porque no funcionaban los semáforos y la Glorieta de Atocha era una plasta de coches que se apelotonaban sin poder avanzar, curiosamente sin tocar mucho los cláxones. Las gentes que trabajan en el centro urbano volvían a sus casas del sur a pie, en una escena que me recordó a las posteriores al 11-S en Nueva York, cuando las masas cruzaban a pie por el puente de Brooklyn. Puedo decir que había una sensación general de civismo y de educación: si no tenemos luz, ni datos en el móvil, ni semáforos, pues tendremos que volver andando, pero para qué nos vamos a cabrear.

El actor Richard Gere que, como saben, vive en España con una paisana mía bastante vistosa, ha contado que volvía de Nueva York de recoger un premio y les informaron en pleno vuelo del apagón en todo el país, por lo que se imaginó un panorama de revueltas, protestas y saqueos en los supermercados, como sin duda sucedería en su asilvestrado país, capaz de votar a un tipo como Trump para presidente. Y que, en cambio, se encontró una población disciplinada y paciente, incluso capaz de hacer de la necesidad virtud. Mi amigo Críspulo, el batería de la Big Band vallecana, por ejemplo, respondió al apagón bajando al bar El Dolmen, una taberna gallega de su barrio, donde se reunió con algunos colegas que pronto constataron que los grifos de cerveza funcionaban perfectamente, por lo que se pasaron allí la tarde entre caña y caña. A última hora se fueron a casa de uno de ellos y se montaron una barbacoa de puta madre, con la excusa de que a ver si la carne se iba a echar a perder por no funcionar el congelador. La vuelta de la energía, les pilló razonablemente borrachos después de una tarde para el recuerdo.

Así somos en este país, que con el esfuerzo de todos va tirando para adelante. Aquí lo único que falla son los políticos, especialmente los de la oposición, que se han encomendado a un tipo tan cutre y cenizo como el Feijoo, que yo creo que, con esa cara que se le ha quedado desde que se ha quitado las gafas, es el gafe de España, el que atrae la mala suerte y las diversas calamidades. Le devuelvo así su manía de culpar a Sánchez hasta de las tormentas y el granizo, que mira que resulta cansino, porque no hace falta leer sus declaraciones, ya sabemos de antemano que le va a echar las culpas al Gobierno, va a utilizar la hipérbole para decir que esto es el mayor desastre nacional desde la pérdida de Cuba y, por si cuela, va a pedir que dimita el presidente. En un post anterior dije una cosa, que les reitero: el día que este señor salga a la palestra y diga que Sánchez ha hecho una cosa bien, a la siguiente gana las elecciones. Porque demostraría una talla política que hasta ahora no ha evidenciado y los españolitos, tan disciplinados y cívicos como demostramos ser cada día, sabemos apreciar esa cualidad.

Yo creo que la derecha de este país, se ha decidido por esa estrategia tremendista porque sabe que en unas elecciones normales no le ganaría a Sánchez. Al menos mientras tenga al Feijoo al frente. Como parte de esa estrategia, utiliza la mentira y la manipulación informativa, a través de sus medios afines, y les voy a poner un ejemplo claro. El diario ABC, ese libelo que en 1936 se congratulaba del acuerdo Hitler-Mussolini-Chamberlain-Daladier (portada que les mostré hace unos cuantos posts), realizó en el mes de marzo una encuesta de intención de voto en la Comunidad de Madrid, cuyo resultado se plasma en un cuadro comparativo de porcentajes y escaños que muestra el resultado de las últimas elecciones, comparado con la intención de voto actual. Abajo pueden ver el cuadro.

Ahora, díganme. Si ustedes, con estos resultados, tuvieran que elegir un titular para el artículo en el que aparece este gráfico, ¿qué dirían? Pues yo constataría que Ayuso pierde ligeramente en porcentaje aunque mantiene el número de escaños; que el PSOE sube de forma clara y contundente, que Mas Madrid se desploma y que Vox sube también de forma notoria. Con estas observaciones, mi titular sería algo así: Ayuso resiste frente a la gran subida del voto socialista. No creo faltar a la verdad y supongo que Ayuso está estancándose por el desgaste que sufre quien está en el poder, más los contubernios de su señor novio, y no por su estilo chabacano y vulgar que tanto parece gustar a los madrileños. Bien. Pues ahora les voy a pedir que vean el artículo completo; no hace falta que lo lean, sólo vean el titular. Para ello han de pinchar AQUÍ.

¿Es mentira ese titular? No más que el mío, supongo. Pero es un ejemplo palmario de manipulación, un arte del que Miguel Ángel Rodríguez (MAR) es un figura que deja pequeñito a su maestro Goebbels. Y si hace falta se recurre a la mentira, total la mayoría de la gente sólo se lee los titulares. El problema de estas cosas es que se extiende a toda la sociedad, y voy a cambiar radicalmente de registro para mostrarles un ejemplo de lo que digo. Hace como un mes, se me averió el exprimidor de naranjas, el electrodoméstico más antiguo que tenía, de la marca alemana Braun, que yo tenía por irrompible y no esperaba que tirara la toalla de esa manera. Bajé a la ferretería y me hice con otro de una marca nacional, que por cierto funciona muy bien. El problema es que, en la caja en la que venía embalado decía textualmente: con separador de pulpa graduable. Pues les puedo jurar que el separador de pulpa graduable brilla por su ausencia.

Da igual, nadie lee lo que pone en las cajas, y la Leche Pascual presume de que crían a las vacas con música de Vivaldi. Todos los mensajes publicitarios mienten, de una u otra forma. Y, con la generalización del uso cotidiano de la inteligencia artificial, esto se va a agudizar aún más. Para su entretenimiento y solaz, les pongo abajo tres imágenes generadas con la inteligencia artificial, que tal vez ya conozcan. En la primera pueden ver cómo serían los Beatles ahora (las fotos de los dos que viven son reales, las otras hechas con la AI). En la segunda tienen a Trump optando a ser coronado Papa en el Cónclave. Y en la última al Hijo de Putin provocndo el apagón del otro día.



Lo que nos lleva de vuelta al tema del principio: el apagón. Como les digo, bajé a dar una vuelta para asistir en directo a ese momento de tintes apocalípticos y una intuición me llevó a acercarme al parque del Retiro: efectivamente, El Topillo lo había cerrado a cal y canto. La gente que intentaba vover a su casa cruzándolo se veía obligada a rodearlo por fuera, maldiciendo sonoramente. Créanselo, este señor tiene una solución mágica para todos los problemas: cerrar el Retiro. ¿Que hay un accidente múltiple en la M-30? Pues Almeida cerrará el Retiro. ¿Que se declara un incendo en el distrito de Villaverde? Pues a cerrar el Retiro. No entiendo cómo un tipo tan tonto puede ser nuestro alcalde por mayoría absoluta.

Porque en el PP cada uno tiene su especialidad. Feijoo no tiene la talla política para ser el jefe del principal partido de la oposición y además es muy feo. Ayuso es más mala que un dolor y forma parte de una familia que lleva años lucrándose del negocio de la medicina privada. Y Almeida es directamente tonto. De vuelta a casa, me encontré una concentración de protesta contra la política universitaria de Ayuso. Frente al Museo Reina Sofía, un grupo de estudiantes escuchaban a una chica con un megáfono. Alcancé a escuchar que decía: Esto es el mayor atentado contra la libertad en las universidades en varias décadas. Ya ven que el estilo hiperbólico de Feijoo y sus colegas se extiende ya por todas partes, todo se pega.

¡Pobre chica! Yo podría contarle de cuando los grises entraron en la ETSAM y zarandearon al señor Arangoá, catedrático de Estructuras y a la sazón director de la Escuela y fascista reconocido, aunque lo primero se impuso a lo segundo ese día, lo que provocó que le sacudieran un porrazo, que acabó con su boina de requeté en el suelo. Eso sí eran atropellos y no lo de ahora. Pero no quiero pecar de abuelo Cebolleta. Los que hemos vivido en otras épocas, hemos sido testigos directos de cuánto ha progresado este país durante los últimos 70 años, los que tengo yo de vida. A este respecto, quiero que vean otra imagen. En 1944, un tal Luisito, mozo de cuerda, resultó agraciado con el Gordo de la Lotería de Navidad. Y no pudo menos que inmortalizar el momento haciéndose una foto con el billete, junto a un amigo, la misma que ven abajo y que no necesita más comentario.  

Este país era una ruina entonces, después de una terrible guerra civil. Ahora va tirando de manera brillante, al menos en las grandes cifras económicas, aunque la distribución de la riqueza cada vez es más desigual, como en casi todo el mundo. La llegada de Trump al poder no es más que una consecuencia de esto. Entre los milmillonarios y la miseria de la clase baja, los de la clase media nos vemos cada vez más apretados, mucha gente piensa que sus hijos van a vivir peor que ellos (algo que yo no veo de forma clara y meridiana) y eso los lleva a la desesperación, al desánimo, el desencanto con los sistemas democráticos y el voto a Trump, Vox o Le Pene, por no hablar de Orban o la señora Meloni. Así ha ganado Farage unas elecciones locales británicas no muy trascendentes pero simbólicas, y así ha sido también el resultado en Rumanía.

Sin embargo, la deriva caótica con la que ha empezado Trump su presidencia, como elefante en cacharrería, y el miedo que esta deriva genera, pueden ser hasta beneficiosos para el mundo, por actuar como una especie de vacuna o antígeno contra la tiranía. Los dos primeros casos se han producido en las recientes elecciones generales celebradas en Canadá y Australia. En ambos países, los sondeos iniciales daban la victoria a los conservadores, pero la andanada de medidas absurdas de Trump ha hecho que la mayoría de los votantes se decante por el centro izquierda liberal. También en los propios USA se está enhebrando un movimiento de rechazo y de movilización para proteger los derechos fundamentales, como siempre últimamente, dirigido por el incansable Bernie Sanders, que a sus 83 años, cual oráculo indignado, lanza sus discursos incendiarios girando por todos los estados. Vean aquí un vídeo reciente, fácilmente entendible, aunque tampoco es difícil ponerle subtítulos en español, si lo desean.

Como yo les pronostiqué, el efecto del huracán Trump sobre la economía mundial, ha sido como el de abrir una gaseosa. Los mayores perjudicados son los propios americanos, porque los chinos tienen la sartén por el mango y lo primero que han hecho, de forma sigilosa y tranquila, es prohibir la exportación de minerales raros como el litio, indispensables para la fabricación de móviles, baterías para los coches eléctricos e híbridos, o acumuladores para la industria, sin olvidar los necesarios para la fabricación del armamento sofisticado que se emplea ahora en las guerras. Un efecto colateral, pero altamente simbólico: la asociación americana de fabricantes de juguetes ha anunciado ya que como no cambien las cosas no podrán afrontar la campaña de las próximas navidades, por falta de los componentes que adquieren directamente en China. Es un tema sensible, que ha hecho que el propio presidente salga a la palestra muy compungido, diciendo que si las niñas no pueden tener 30 barbies, tendrán que conformarse con dos. Al ver que el tipo iba de farol, las bolsas de todo el mundo han empezado a subir y ya han recuperado la mayor parte de sus pérdidas del día del arancelazo.

En cuanto a lo de que iba a acabar con las guerras (que eran todas culpa de Biden, no lo olviden), pues ha demostrado ser otro farol. En el caso de Gaza, el agresor tiene todo su apoyo y le importan un rábano las víctimas palestinas. Tampoco es que los ucranianos le quiten el sueño, pero esta otra guerra se está convirtiendo en una especie de grano en el culo para él: para solucionarla tendría que tener menos prisa y un carácter menos ansioso y explosivo. Ojalá consiga que se llegue a un acuerdo de paz, pero me temo que eso está bastante lejos todavía. A mí lo que me sigue preocupando mucho es la deriva autoritaria, el hecho de que por ser venezolano y llevar unos tatuajes te puedan detener por la calle, raparte, ponerte unas cadenas en los tobillos y mandarte extraditado a la Conchinchina, si no a la cárcel de El Salvador. Eso pasaba hasta ahora en lugares como Rusia, Corea del Norte, China y ciertos países africanos. Ahora te puede suceder en Los Ángeles, Chicago o Nueva York.

Y, cuando aún seguíamos comentando los efectos del apagón, resulta que todos los trenes AVE de Madrid a Andalucía se paran porque alguien ha perpetrado un robo masivo de cables de cobre de la red. Dicen del Gobierno que ha sido un sabotaje, pero cada vez lo dicen con la boca más pequeña. De toda la vida, este tipo de robos lo han hecho siempre los gitanos, que son los que controlan el mercado en el que se le puede dar salida al material robado. Durante las obras de Madrid Río, todo el cableado de las instalaciones fue robado en dos ocasiones, lo que motivó que la dirección de obra contratara a un equipo de vigilantes gitanos, que lo primero que hicieron fue poner por todas partes unos carteles que rezaban: Ojo, vigilante gitano. Y ya no volvió a haber más robos. Yo tenía en mis archivos fotos de esos carteles, pero se me borraron en alguna de mis averías informáticas.

No quiero ser racista, pero los gitanos son gente muy especial, y digo esto con cariño y admiración. Si tienen oportunidad, les recomiendo de nuevo que vean la película La guitarra flamenca de Yerai Cortés, el documental que firma el músico C. Tangana. Ahí se ve exactamente cómo son los gitanos. Y ya saben la historia del gitano que no quería entrar en el ejército, porque a ver si lo iban a mandar a pelear en la guerra contra Sadam Husseluí. No creo que sea muy difícil esclarecer lo que ha pasado con este robo de cables. Por si acaso, Feijoo ha aprovechado para decir que es todo culpa de Sánchez, que el país es un desastre y (a ver si cuela) que pide la dimisión del presidente. Y no bajé esta vez a comprobarlo, pero no me extrañaría que Almeida hubiera cerrado el Retiro. Por si acaso.

Mientras nosotros nos entretenemos con estas minucias, el mundo sigue girando, en su espacio infinito, con amores que comienzan, con amores que se han ido, y la gran noticia de estos días es el inicio del Cónclave. También les reitero que vean la película Cónclave, de este año, en donde se explican los entresijos de este procedimiento electoral predemocrático en el que se ha embarcado de nuevo el estado más pequeño del mundo, encajado a duras penas entre dos barrios romanos. El otro día, durante el funeral del Papa Francisco, alguien tomó la foto que les traigo aquí abajo, en donde se puede ver de espaldas a todos los cardenales que ahora se han encerrado en la Capilla Sixtina para elegir entre todos ellos al nuevo Papa. Véanla.

¿Quién será el elegido? A simple vista puede observarse que, entre todos esos cogotes papables, hay bastantes negros, una hipótesis que en cada elección cobra más fuerza. Porque en África es donde sigue viva la capacidad de la gente de adherirse a explicaciones mítico-mágicas del mundo, lo que es muy útil para captar vocaciones, sin mencionar que el chico que se mete a cura ya tiene resuelta su vida, en un entorno a menudo muy mísero. Aquí en el primer mundo somos más descreídos. Yo dejé de creer cuando, de chico, me hice una quemadura en una mano que me hizo una avería importante en apenas una fracción de segundo de contacto con el fuego. Como para creer en el fuego eterno del infierno. Por no hablar de la paloma del Espíritu Santo y la creación del concepto del tres-en-uno. Dicen los creyentes puros que Dios ya sabe a quién se va a elegir Papa. Que el trabajo de los cardenales se limita a intentar averiguar a quién quiere nombrar Dios. Como se imaginan, esto no se podría hacer con una votación democrática al uso.

Ya ven que yo sigo por aquí a mi tran-tran, este año sin hacer una vuelta al mundo, pero también con bastantes viajes. Hasta ahora saben que he visitado Atenas, Soria y Budapest. Pues a estos tres viajes hay que añadirles otros cuatro que tengo ya atados y cerrados para antes de la canícula, que se irán anunciando en su momento, porque yo estoy convencido de que anunciar estas cosas antes de tiempo trae mala suerte. Así que pórtense bien, no desesperen y no pierdan de vista que vivir en España es en estos momentos un verdadero privilegio y se lo digo con conocimiento de causa. Saludos.

viernes, 25 de abril de 2025

20. Sobre el turismo tóxico y otras disquisiciones

Aquí me tienen recién regresado de Budapest, ciudad maravillosa que he visitado por primera vez, para pasar allí la Semana Santa en buena compañía. Mi nueva situación personal, me lleva inevitablemente a viajar en períodos del año como el mes de agosto o la Semana Santa, salvo algunos moscosos rebañados con no poco esfuerzo, en contra de lo que solía hacer hasta ahora, que era aprovechar esos tiempos en que todo el mundo viaja, para quedarme en un Madrid solitario y recoleto, a disposición de los urbanitas que funcionábamos a la contra. No es este un mal cambio, teniendo en cuenta que, por ejemplo, los últimos meses de agosto que he pasado por Madrid ha hecho un calor infernal, de modo que la vida en mi piso de la última planta se volvía prácticamente insoportable, y no parece que las cosas vayan a cambiar en los años venideros. Les diré que viajé a Budapest en el Jueves Santo, lo que me permitió estar en Madrid durante la primera parte de la Semana Santa y constatar que en mi barrio ya no se puede vivir durante esos días festivos.

Yo ya había comprobado que tampoco es nada agradable el barrio los viernes por la noche, sábados y domingos, pero ahora añado la Semana Santa. ¿Por qué? Pues por el turismo que yo suelo llamar pedorro, aunque queda más fino adjetivarlo de tóxico. Me refiero, por supuesto a esas masas de familias acarreando maletones enormes con ruedas, que se mueven despacio como grupos de hipopótamos, que te impiden circular por las aceras y también entrar en los bares y locales, ante los que hacen colas muy largas que sufren consultando sus móviles. Esta gente camina a menudo con paso torpe e irregular, porque andan despistados y no saben adónde van. Son ruidosos y forman a veces grupos guiados por un/una joven que se para de tanto en tanto para contarles unas mentiras consistentes con un megáfono que te atruena, antes de salir hacia la siguiente parada con un paraguas cerrado en alto, para que no se les pierda nadie. Más los cochecitos a pedales (los malditos tuk-tuks) y las limusinas gigantes que circulan a paso de tortuga entorpeciendo el tráfico de las calles. Y la población flotante de raterillos y timadores, que acuden como moscas a la mierda y se dedican a acecharlos con disimulo.

Durante unos días nos pasamos al otro lado del espejo, para ejercer de turistas en Budapest, si bien les diré que en todo momento huimos de las aglomeraciones camuflados de húngaros (a mí se me ponía cara de húngaro en cuanto echaba a andar), usando el transporte público y paseando arriba y abajo por una ciudad estupenda, que conserva el esplendor de los tiempos del Imperio Austrohúngaro y ha logrado sobrevivir tanto a la caída de dicho imperio, como a una corta aunque letal invasión alemana (los nazis entraron en 1944) y 40 años de régimen soviético. Aprovechando los fondos europeos, se han reconvertido ahora en una sociedad próspera, de la que tira la capital, especialmente la parte de Pest, donde está la vida urbana más rica, mientras que, al otro lado del Danubio, la pequeña colina de Buda conserva el aire medieval ensimismado y los viejos museos e instituciones, que visita gran parte del turismo.

Ahora mismo, esa sociedad está bastante dividida políticamente, como la de todos los estados europeos, entre los escépticos de la democracia, complotistas paranoides y creyentes de las redes de desinformación, que nutren la ultraderecha de Orban y admiran a Trump y Putin y, por otro lado, los últimos demócratas en retirada tan asustados y preocupados como yo lo estoy, frente a calamidades como la pandemia, la invasión de Ucrania, la masacre de Gaza y la victoria de Trump en los USA, las últimas cuatro desgracias que nos han jodido el futuro (aunque desastres como el Brexit ya presagiaban esta deriva). En este mundo convulso, Hungría continúa a su bola, con un gobierno a la contra, regido por un amigo de Putin y Trump, sin integrarse en el euro (se siguen manejando en florines), entendiéndose en su idioma ininteligible para los demás, disfrutando de su magnífica capital, de su gastronomía refinada, de sus baños termales extraordinarios. Durante estos días, en todas las vallas de la ciudad se podía ver el cartel cuya fotografía les pongo abajo.

¿Cómo dicen? ¿Que no entienden el húngaro? No me lo puedo creer, unos políglotas contrastados como ustedes. Vale, ya no les vacilo más. Para este tipo de vicisitudes, yo aprendí en mi viaje de vuelta al mundo que hay una aplicación que viene de serie en mi móvil (y en el de todos ustedes), que se llama Google Lens. Si ustedes hacen una foto de un letrero en húngaro, o en coreano o en chino, el Google Lens se lo traduce al instante. El cartel dice textualmente: Voto por correo 2025. Votación sobre la admisión de Ucrania en la Unión Europea. Ahora en grandes mayúsculas: ¡NO DEJEMOS QUE DECIDAN SOBRE NUESTRAS CABEZAS! Acompañan las caras de Zelensky, Ursula von der Leyen y Manfred Weber, líder de Alemania, sobreimpresos sobre una cruz roja que, en cierta forma los tacha (es significativo que aquí no aparezcan las caras de Putin, Trump o Netanyahu). Pero lo más preocupante es el pequeño letrero que aparece abajo: Campaña realizada en nombre del Gobierno de Hungría.

Está bien claro. Uno se encontraba este cartel por todos lados, desde que salía del aeropuerto. Es lo que sucede con gobiernos proclives a la autocracia. Los norteamericanos ya se están empezando a dar cuenta de lo que esto supone. Ahora mismo, en todas las ciudades yanquis, si eres nacido en cualquier lugar de Latinoamérica, aunque tengas tus papeles de residencia en regla, te pueden abordar por la calle unos tipos de paisano que te llevan a un lugar desconocido, donde proceden a raparte al cero, ponerte un sayón infamante y unas cadenas en pies y manos, proceso que filman minuciosamente para mostrarlo al mundo, antes de meterte en un avión y mandarte a El Salvador, donde te pilla el presidente Bukele y te ingresa en esa especie de Guantánamo que ha construido en la capital. Te da lo mismo estar casado con una norteamericana y tener varios niños nacidos en el país.

Ya les dije que esta es la parte de Trump que me preocupa y me aterroriza. En cuanto a la política (es un decir) económica, como les pronostiqué, no le va a hacer ni cosquillas al sistema financiero internacional. Ahora mismo, las bolsas de valores han recuperado más o menos la mitad de lo que perdieron el día del trumpazo arancelario. Una parte de este rebote es normal: cuando una noticia mete miedo (pandemia, guerra o crisis), muchos pequeños inversores acojonados se apresuran a vender y eso es lo que hace que todo baje. Unos días después, al estar los valores muy bajos, la gente se pone a comprar como loca y los índices vuelven a subir. Pero aquí hay algo más que el llamado rebote técnico. Porque el fanfarrón Trump metió realmente miedo el día de la proclamación de sus aranceles urbi et orbi. Pero ahora todo el mundo ha visto cómo los poderes económicos le han doblado el brazo y ha tenido que recular. Y esto ha tranquilizado a los inversores: este tipo va de farol.

Pero en lo que no va de farol es en el recorte de libertades y derechos democráticos. Y ya empieza a decir que no le importaría presentarse a un tercer mandato, algo prohibido en la Constitución. Y mucho ojo con las elecciones de mitad de mandato, finales de 2026. Este señor va a empezar muy pronto a decir que, si no gana él, serán fraudulentas y no sería de extrañar que trate de obstaculizarlas, boicotearlas, cuando no directamente impedirlas. Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez andan de gira por todo USA poniendo en alerta a la gente. En uno de sus mítines se presentó Neil Young, antes de venir a Europa, y juntos cantaron eso de Keep on rocking in a free world. El vídeo está en Youtube, pero no he querido traerlo al blog, porque su visión me resultó un poco patética. Me recordó a los abuelos cabreados que hasta hace unos años danzaban en círculo en la Puerta del Sol con sus canas y barbas blancas al aire, coreando: Los crímenes del franquismo NO-PRES-CRIBEN. Hace mucho que no los veo, tal vez se hayan muerto todos.

El caso es que este martes regresé a casa, después de haber dejado sólo a Tarick Marcellino durante cinco días completos, con agua y comida suficiente, siguiendo las instrucciones del veterinario, que dice que, en ausencias de hasta cinco días, el animalito prefiere quedarse en casa, antes que sufrir el estrés de un traslado. Preferirá quedarse en casa, pero tenía un cabreo supino. Y nada más entrar, me encontré la muestra palpable de ese cabreo: había destrozado en parte la alfombrilla azul que tengo puesta en la salida a la terraza y había esparcido minuciosamente los pedacitos por encima de la alfombra de colores que he puesto este año. La cosa era tan llamativa, que grabé un video cortito para dejar constancia para la posteridad de esa muestra de contestación ciudadano-felina, antes de limpiarlo todo. Véanla.

El mundo felino es muy particular, pero dentro de él, los diferentes gatos tienen cada uno su carácter y una cierta tendencia a parecerse a sus amos con los que conviven. Por ejemplo, Ulises y Mina, los gatos de mi querida amiga África, son tan buenazos y divertidos como los demás miembros de su familia. Tarick Marcellino es un tipo con carácter, con su mal genio, que hace travesuras consistentes, unas veces de forma reivindicativa, como diciendo No hay derecho, y otras por pura diversión. La noche del martes se debatió entre dos pulsiones, la de hacerme ver que estaba muy enfadado conmigo por haberlo dejado solo cinco días y la alegría enorme de que ya hubiera vuelto. En mi academia de yoga hay dos gatos que andan por allí entre las esterillas mientras hacemos las diferentes asanas. Y la verdad es que son bastante sosos. Le he preguntado al profe cómo se llaman y me ha dicho que Tigre y Juanelo. Los nombres que la gente le pone a sus gatos son también un indicativo del carácter de sus amos. Tal vez ustedes recuerden que Julio Cortázar tuvo durante muchos años un gato que se llamaba Teodoro W. Adorno.

Pero yo quería hoy hablarles del turismo masivo que está acabando con los centros de nuestras ciudades, como el Barrio de las Letras en el que yo vivo. Este es un fenómeno muy reciente, de dos años para acá, o más en concreto, desde que se acabaron los encierros por la pandemia. Yo creo que la gente se asustó tanto de no poder ni salir a la calle durante meses, que al solucionarse el tema se han lanzado a conocer mundo como si no hubiera un mañana. Cierto que ya antes había ciudades muy machacadas, como Venecia, Barcelona o Praga, pero ahora es que son todas. Y el asunto se sustenta sobre una tipología urbanística concreta: los llamados apartamentos turísticos. Los propietarios de pisos vacíos o que antes tenían inquilinos fijos, se han decantado por esta forma de negocio que les asegura una ganancia sustanciosa. En septiembre pasado, cuando yo estuve en Llanes (Asturias) ya me dijeron que en todo el pueblo era imposible encontrar un piso para alquiler de larga duración.

Es un fenómeno incontenible, inmuebles enteros se convierten en colmenas de apartamentos turísticos que están siempre llenos porque nos hemos vuelto locos colectivamente. Y los inquilinos antiguos se van viendo expulsados a barrios menos céntricos. En Madrid la gente ya no puede vivir en el Distrito Centro y se van a Carabanchel o Usera. Y eso mismo está pasando en todas las grandes ciudades del mundo. Aunque en otros lugares, como París, Londres o New York, al menos hay políticas urbanísticas que tratan de controlarlo. Aquí, si hemos esperar que El Topillo (por cierto, inminente padre en tesitura de disfrutar de cuatro meses de permiso por paternidad, gracias a las políticas promovidas por Pedro Sánchez y otros comunistas), si hemos de esperar, digo, que este elemento haga algo para contener la avalancha, pues vamos dados.

Pero estos apartamentos turísticos no estaban hasta hace poco preparados para competir con los hoteles y hostales, que incluyen otros servicios y cobran por ello. Y en esta última marea incontenible, como les digo, de dos años para acá, han empezado a aparecer una serie de usos complementarios en las plantas bajas de los inmuebles de mi barrio. En primer lugar, unos locales llenos de taquillas, en donde dejar los equipajes. Han surgido como hongos y no tienen ninguna persona al cargo. El viajero llega, teclea un código para abrir la puerta, deja sus maletas y se va a la calle. Yo primero pensé que esto estaba al servicio de gente que llega en tren y se ahorra el hotel: pasa el día viendo la ciudad y luego recupera el equipaje para irse. Pero no es eso, o al menos no es sólo eso. Resulta que los apartamentos turísticos han de ser dejados a las 10 de la mañana, por ejemplo, y muchos viajeros tienen el avión o el tren por la tarde/noche. Los hoteles tienen un cuarto en el que se puede dejar el equipaje durante todo el día, pero los apartamentos turísticos no, porque en cuanto sale un viajero entra otro y no hay espacio para ello. Por eso han surgido estos negocios de taquillas (lockers en inglés). Esta mañana he hecho unas cuantas fotos que les muestro, todas en un radio de acción de unos cien metros de mi casa.




Un segundo negocio complementario: los cajeros ATM, que presumen de ser los que menos comisiones te cobran por sacar dinero con tu tarjeta VISA. También han surgido como hongos, empotrados en los mostradores de todas las tiendas de los chinos y los pakis. Para que puedas tener dinero suelto sin tener que buscar un banco. Más fotos del entorno de mi casa. 


Como verán abajo, estos cajeros son compatibles con cualquier otro negocio destinado a enganchar al turista: un ultramarinos (regentado por chinos), una heladería, una oficina de la Western Union para que te manden dinero en efectivo desde tu país, una lavandería de autoservicio y hasta un centro de taquillas como los que les he mostrado más arriba.





Y un tercer uso complementario: los antiguos bares del barrio están siendo progresivamente sustituidos por cafés con encanto, panaderías artesanales, lugares para el brunch y similares, además de tiendas de souvenirs baratos. En mi investigación, he descubierto que muchos de los turistas que hacen cola a la puerta de estos nuevos locales, van provistos de unos bonos de desayuno que les facilita la propia compañía de pisos turísticos, con los que se pagan el brunch o lo que haga falta. Otro servicio más que incluir en su oferta. Nuevas imágenes para que vean que no les engaño. 




Y algo que ya es el colmo: enfrente del Mercado de San Miguel, el templo de reunión de los turistas más adinerados a los que no les importa que les estafen, ha surgido una novedad, de la que también les incluyo abajo un par de imágenes. Otra necesidad perentoria de los turistas que abarrotan las calles del centro de Madrid es, obviamente, la de miccionar (ya ven qué fino me estoy volviendo). Para aumentar los servicios al turista y que no tengan que entrar a los bares a pedir un vaso de agua para disimular, un espabilado de estos negocios ha tenido la ocurrencia feliz de instalar unos aseos públicos de pago. Lo que nos faltaba. Y, por cierto, los guarros que se lo hacen en algunas esquinas de mi calle, seguirán perpetrando su tropelía incívica con tal de no pagar el euro y medio que, como ven, se pide por acceder. Me dice una amiga del servicio de Licencias del Ayuntamiento que este es un uso ilegal y que cualquier día se lo precintan. Como iban a precintar el ático del novio de Ayuso. 



En mi salida por el centro esta mañana, después de mi sesión matinal de yoga, la plaga de turistas no ha sido la única incomodidad que he sufrido; hay otras que terminan por hacerte la vida imposible. Los tuk-tuks a los que me he referido más arriba. Las obras que nuestro alcalde El Topillo hace por doquier. A este respecto, les diré que la Puerta del Sol sigue en obras, más de dos años después de empezadas y cada vez está más fea (les recuerdo que la propaganda decía que iban a estar listas para la Nochevieja de 2023). Y la desgraciada Plaza de Santa Ana está completamente destripada, a cuenta de los trabajos de mejora de un aparcamiento de concesión a un privado, que se han llevado por delanta la mayor parte de los árboles. Y para colmo, la huelga de basuras. La recogida de basuras es un negocio floreciente, ya saben que en Nápoles y otras ciudades lo controla la mafia. En Madrid, la concesión recae en las grandes constructoras, que están ahora forzando el pulso de la negociación con El Topillo y su cuadrilla. Yo tengo grabada en mi memoria, de cuando la huelga anterior en tiempos de la señora Botella, la imagen de una multitud de ratas como conejos campando tranquilamente entre los montones de mierda de la calle Atocha. Aquí las últimas fotos de mi reportaje: el tuk-tuk esperando clientes, las obras de Santa Ana y las basuras acumuladas.



Lo dicho. Que estamos todos locos. El dinero mueve al mundo y si la actividad de las ciudades no se regula debidamente (¿lo recuerdan? se llama urbanismo), sino que por el contrario, promovemos la libertad-libertad-libertad de Ayuso y sus colegas, pues el resultado es que la gente se ve expulsada del centro y los barrios de interés, porque estos del negocio turístico no se van a detener o buscar una cierta proporcionalidad o equilibrio: estos seguirán atestando las ciudades de apartamentos turísticos y sus usos complementarios, hasta matar la gallina de los huevos de oro. Después de ello, abandonan los locales y aparecen los okupas, delincuentes y gente de mal vivir, y los barrios se van a la mierda. Es un clásico de la evolución de las ciudades. En mi barrio, tratamos de sobrevivir los que vamos quedando, defendiendo nuestros bares y comercios de toda la vida y ocupando las aceras de forma menos invasiva. A la espera de que venga el señor Trump y nos joda la vida. Me queda sólo desearles que sean buenos y que tengan cuidado: el mundo va deprisa y no se detiene. Pórtense bien y tengan cuidado de que no les arrolle.

martes, 18 de marzo de 2025

17. El fascismo ya está aquí

Mis queridos seguidores, a punto de desarrollar unas branquias a los lados del cuello después de casi un mes de lluvia continuada, encuentro por fin un rato en mi apretada agenda de jubilado hiperactivo para contarles algo acerca de mis preocupaciones. Quiero en primer lugar ponerles al día sobre la actualidad de Samantha Fish, a la espera de la publicación de su nuevo álbum el 25 de abril y su actuación en Madrid del 14 de junio, para la que ya tengo mi entrada reservada. Si creían ustedes que iba a dejar de darles la murga con mi querida Sam, es que no me conocen. Solamente un par de apuntes. Por un lado, les pongo el clip que le dedicó el otro día Radio 5 Todo Noticias, breve como todo lo que emite esa emisora, pero que evidencia que a esta señora ya se la empieza a conocer por estas tierras. No como cuando yo la descubrí para todos ustedes en los meses de encierro pandémico de 2020. Para escuchar el audio han de pinchar AQUÍ y luego en el triangulito que indica el Play abajo en el centro. Y ahora les pido que escuchen la segunda canción del nuevo disco, que se ha dado a conocer como primicia reciente. 

Pero yo quería dedicar este post básicamente a hablar de un tema que nos preocupa a todos: ¿es la llegada de Donald Trump por segunda vez a la presidencia USA un peligro real para nuestras vidas? No hay que caer en el pánico, pero conviene estar informado. Para ayudar en esa información, les traigo aquí dos documentos. Uno de ellos es un artículo escrito en francés por Jean Louis Missika, del que ahora les hablo, y el otro una entrevista mantenida por el periodista estrella de la BBC Alexis Conran con el catedrático de economía Yanis Varoufakis, que se hizo famoso cuando encabezó por breve tiempo el Ministerio de Finanzas del gobierno de izquierdas de Alexis Tsipras al que el mundo financiero internacional estranguló para que no pudiera llevar a cabo su programa de reformas.

Ambos abordan el tema Trump con enfoques muy diferentes, pero con una cosa en común: los dos dejan claro que Trump actúa como un bufón, camina como un bufón, se expresa como un bufón, pero hay que tomárselo muy en serio, porque eso es sólo una pose de alguien que maneja muy bien la telerrealidad. Vamos, que deja pequeñito al Montoya ese que salió corriendo por una playa simulando que le habían puesto unos cuernos, tal como le marcaron en un guion televisivo que cumplió a rajatabla. Mal iremos si nos dedicamos a reírnos de Trump, a hacer memes y a tratarle con la condescendencia que se reserva a los locos. Una amiga mía dice que no hay que hacer nada, que Trump caerá por su propio peso. Algo así dijo de Ayuso mi añorado amigo Mariano, que pronosticó que esta señora acabaría cayendo por fuego amigo y ahí la tienen, vivita y coleando mientras mi amigo cría malvas en el cementerio.

He de decirles que conocí personalmente a Jean Louis Missika, cuyo teléfono de contacto conservo, cuando era concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de París. La señora Hidalgo tuvo a bien nombrar para el cargo a este señor, licenciado en Ciencias Políticas por la prestigiosa facultad conocida como Siences-Po, lo que en cierta forma arrebataba el urbanismo de las manos de la casta de los urbanistas de toda la vida. Estuvo en el cargo entre 2008 y 2020 y vino a Madrid encabezando la delegación de París para el acto de presentación de Reinventing Cities 1, momento en que me tocó compartir con él varios días de saraos y encuentros. Desde 2020 se ha pasado al ámbito privado y entre otras cosas dirige una revista cultural on line, en la que ha publicado el artículo que les voy a transcribir abajo y que he traducido para ustedes porque me parece de interés.

Missika establece una serie de paralelismos entre la forma de actuar de Trump y la de Hitler (el otro día comparaba yo las formas de Trump con las de Mussolini, pero este señor va a comparativas más de fondo). El artículo tiene ya un par de semanas pero es curioso cómo se van cumpliendo algunas cosas que se anunciaban aquí, como el no cumplimiento de sentencias de un poder judicial al que desprecia, o el gran circo que se ha montado con los mafiosos venezolanos a los que ha uniformado con monos de presidiario y ha empaquetado con destino a El Salvador, para que su amigo Bukele les dé el trato que merecen. Comparen estas escenas con las de los judíos en la Alemania nazi y verán que ambos grupos son tratados como alimañas. Creo que la lectura de este artículo es de interés, para que vayamos viendo lo que puede venir.

Donald Trump y Adolf Hitler

 

Por Jean-Louis Missika

Director editorial de La Grande Conversation

 

Nunca se dirá lo suficiente cuánto daño hizo Mike Godwin, abogado y especialista en nuevas tecnologías de la información, cuando inventó el punto Godwin, el famoso punto al que se llega en una conversación cuando se empieza a hablar de nazismo para descalificar las ideas del interlocutor. El nazismo es un episodio político, monstruoso sin duda, pero forma parte de una sucesión de regímenes políticos en Europa y en todo el mundo. Como tal, es legítimo incluirlo en las comparaciones históricas para comprender mejor los regímenes actuales. Pero cuando uno intenta hacerlo, es inmediatamente descalificado por un despectivo Godwin o incluso por una desdeñosa reductio ad Hitlerum.

 

Y, sin embargo, como nos recuerdan explícitamente los saludos nazis de Elon Musk y Steve Bannon, la comparación con el nazismo es esencial para entender el trumpismo en su versión 2.0. Sin ponernos demasiado psicológicos, podemos establecer un paralelismo entre dos estrategias políticas que utilizan la violencia para doblegar a la Administración, desafiar al Estado de Derecho, demonizar a los extranjeros y practicar el expansionismo imperial. Godwin se debería morder los dedos.

 

Alimañas

 

Al igual que Adolf Hitler, Donald Trump llegó al poder principalmente por medios legales. Al igual que él, se ganó a sus votantes con una retórica ultranacionalista, glorificando la grandeza pasada (y futura) y movilizando el odio y el miedo a los extranjeros, igual que Hitler movilizó estas pasiones contra los judíos, presentándose como víctima de una conspiración. Todo ello en una verborrea repetitiva e irracional que recuerda la logorrea informe del autor de Mein Kampf, tan bien descrita por Olivier Mannoni. Porque, como ha demostrado Viktor Klemperer, el fascismo se manifiesta ante todo a través de la destrucción del lenguaje. Hay incluso similitudes inquietantes en el vocabulario utilizado, en particular el uso de la palabra alimaña para describir a sus oponentes políticos.

 

Nada más ser elegido, Trump expresó su deseo de extender el territorio de Estados Unidos por la fuerza y el chantaje, en una concepción imperialista de las relaciones internacionales, en la que los imperios controlan zonas de influencia y someten a los Estados que las ocupan: el Lebensraum (espacio vital) se envuelve ahora simplemente en los supuestos imperativos de la seguridad nacional estadounidense. Como Hitler, Trump tiene preferencia por las alianzas con dictadores, en particular rusos: el pacto Trump-Putin para sellar el destripamiento de Ucrania se parece al pacto Ribbentrop-Molotov para sellar el destripamiento de Polonia.

 

El primer intento golpista de Trump fracasó el 6 de enero de 2020, igual que fracasó el putsch de Múnich el 8 de noviembre de 1923. La justicia alemana resultó más eficaz que la estadounidense, ya que Hitler fue condenado a cinco años de prisión, de los que sólo cumplió trece meses, tiempo durante el cual escribió los dos volúmenes de Mein Kampf, mientras que en Estados Unidos los amotinados del 6 de enero acaban de ser indultados. También hay un paralelismo inquietante en la forma en que estos dos putsches igualmente patéticos se han convertido en elementos clave de los mitos fundacionales tanto del nazismo como del trumpismo. Hitler y Trump aprendieron de estos fracasos para preparar y triunfar en su segundo golpe de Estado, tras su conquista del poder a través de las urnas.

 

Gleichschaltung

 

Una vez conquistado el poder, lo que ocurre en Washington también se parece a lo que pasó en Berlín. El DOGE de Elon Musk pretende aterrorizar a los funcionarios y doblegarlos, especialmente a los que trabajan para causas ajenas al nuevo régimen, como las agencias medioambientales o de ayuda humanitaria. Los supuestos objetivos de ahorro presupuestario son una farsa: son inalcanzables mientras los gastos militares y sociales (Medicare y Medicaid) no se vean afectados, y no se pretende que así sea: Hitler también perdonó al Estado del bienestar alemán. Por tanto, Musk miente en las cifras que publica, y no es de extrañar.

 

Mientras tanto, los brutales despidos, las amenazas y los chantajes se asemejan a lo que la administración nazi llamaba Gleichschaltung, que puede traducirse como «alineación», para doblegar a los opositores, aterrorizar a todos los que no piensan (y votan) bien y seducir a unos pocos. El hecho de que todos los funcionarios que cuentan sus desventuras a los grandes medios de comunicación lo hagan de forma anónima es un síntoma de este clima de terror. Los grandes medios de comunicación son los siguientes en la lista, y pronto les llegará su turno. Trump ha despojado a Associated Press de su acceso a las ruedas de prensa de la Casa Blanca en favor de partidarios de MAGA cuyas habilidades periodísticas aún están por demostrar.

 

Cuando Jeff Bezos interviene en la política editorial del Washington Post y prohíbe la publicación de artículos que representen determinadas opiniones, uno recuerda lo que la administración nazi llamaba autoalineación en el contexto de la Gleichschaltung, es decir, la sumisión voluntaria a la línea definida por el Führer. Ciertamente, por el momento, hay una diferencia considerable entre lo que hacen los esbirros de Musk y lo que hacían las SS en 1933 en términos de violencia política (pensemos en el incendio del Reichstag, en la Kristallnacht o en los asesinatos sumarios perpetrados por las SA), pero el espíritu es el mismo. En el siglo XXI, la violencia psicológica ha sustituido a la violencia física como medio de subyugar las mentes, pero la intención y el resultado son similares. El uso de la fuerza simplemente ha cambiado de objetivo en un siglo: tomar el control de los sistemas de información y los archivos de todos los ciudadanos es un nuevo tipo de golpe de Estado, pero sigue siendo un golpe de Estado. Y esto es sólo el principio de la subyugación de la sociedad estadounidense.

 

Otra etapa clave es la sumisión de una gran parte de la comunidad empresarial y de los capitanes de la industria al nuevo régimen, como los Krupp o los Thyssen al Tercer Reich. Su flexibilidad es tan fascinante como siempre. Bastaron unas semanas para que decenas de grandes empresas estadounidenses pusieran fin a sus programas antidiscriminatorios, ensalzaran las virtudes de la energía masculina y, en general, se plegaran a la nueva etiqueta. Con algunas excepciones, las principales figuras de la tecnología se han apresurado especialmente a mostrar su lealtad a los amos de MAGA.

 

La forma en que la administración Trump está atacando a la ciencia también es sintomática de un objetivo totalitario, en el que la ideología prevalece sobre los hechos. En febrero de 2025, dejó de financiar investigaciones científicas que mencionaran la palabra «clima» o términos relacionados. Datos científicos cruciales sobre el clima han sido eliminados de las páginas web gubernamentales, destruyendo años de investigación e impidiendo a los investigadores continuar su trabajo. La Fundación Nacional de la Ciencia ha suspendido el acceso a la financiación de muchos proyectos en curso porque no cumplen las directivas presidenciales que prohíben financiar investigaciones sobre teoría de género, diversidad, equidad o inclusión. En los estados republicanos, más de 10.000 libros fueron prohibidos en las escuelas públicas en 2024. Esta ola de censura está siendo impulsada por grupos MAGA que cuestionan libros que abordan temas como el racismo, el antisemitismo o los derechos LGBTQ+. Entre los libros prohibidos se encuentran Maus, un cómic clásico sobre el Holocausto, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y El ojo más azul, de la premio Nobel Toni Morrison. Son señales débiles, pero no deben ignorarse.

 

Por último, al igual que su siniestro predecesor, Trump no tiene reparos en alabar la deportación como medio para resolver los problemas del mundo. Como los polacos de Prusia Oriental o Silesia, o los franceses de Alsacia, el inquilino de la Casa Blanca cree que Gaza sería mucho más hermosa sin sus palestinos, y que Estados Unidos sería más grande sin sus 11 millones de inmigrantes recientes. Hay que decir que el siglo XX no esperó a Hitler para organizar este tipo de purgas: el difunto Imperio Otomano experimentó terribles purgas en Anatolia y los Balcanes. Pero al reanudar este tipo de prácticas, Trump podría romper definitivamente las promesas hechas en 1945 sobre las ruinas del Tercer Reich y autorizar a muchos otros a cruzar los mismos límites morales que él.

 

Una ideología fascista

 

Los medios de comunicación se centran en las payasadas y los tuits surrealistas de Donald Trump. Tienden a pasar por alto los textos teóricos que sustentan la ideología fascista del nuevo régimen. El payaso esconde al dictador. Y, sin embargo, todo está ahí, ante nuestros ojos. Hay que leer esos textos. Pero no basta con leerlos, también hay que tomárselos en serio, como debería haberse tomado en serio Mein Kampf en 1925.

 

Hay que leer y tomar en serio a Peter Thiel cuando escribe que «ya no cree que la libertad y la democracia sean compatibles, o cuando anuncia el apocalipsis en un artículo de opinión en el Financial Times. Peter Thiel es el antiguo jefe del vicepresidente J. D. Vance, que financió su campaña senatorial en Ohio y convenció a Trump para que lo contratara como vicepresidente. Hay que leer a los teóricos del Dark Enligthment, en particular a Curtis Yarvin, el gurú de Silicon Valley, apoyado por Peter Thiel, que influyó en J. D. Vance, el nuevo ideólogo del régimen. Yarvin sostiene que el experimento democrático de los dos últimos siglos ha fracasado, que Estados Unidos debe superar su fobia a los dictadores y que una nueva aristocracia debe gobernar el mundo, formada por empresarios multimillonarios e ingenieros tecnológicos.

 

También deberíamos leer a Patrick J. Deneen, filósofo católico ultraconservador, otro de los autores de referencia de J. D. Vance, que aboga por el advenimiento de una nueva élite «aristo-populista», y cree que la democracia liberal ha conducido a la disolución de las estructuras sociales tradicionales (familia, comunidad, religión) y a la concentración del poder en manos de una élite tecnocrática y progresista. La nueva élite será virtuosa en esencia y permitirá al pueblo librarse de la oligarquía que gobierna actualmente, utilizando la democracia liberal como pantalla.

 

Detrás de las referencias teóricas, históricas o religiosas, todos estos textos expresan una aversión a la democracia liberal, al Estado de derecho y al pluralismo, y reclaman una nueva forma de dictadura puesta en manos de los gigantes tecnológicos, una aristocracia que habrá demostrado su superioridad por su éxito en los negocios y la tecnología digital, y que por tanto tendrá legitimidad para gobernar sin la unción del sufragio universal. Desde un punto de vista, la troika Trump/Musk/Vance es la encarnación perfecta de esta nueva aristocracia.

 

La agenda golpista

 

Adolf Hitler necesitó una serie de leyes y tomas de poder para superar la estructura federal de la República de Weimar. El término Gleichschaltung se derivó originalmente del deseo de abolir las competencias de los estados federales y establecer un sistema vertical de poder y unidad de mando. Este proceso duró dos años. Donald Trump se enfrenta a un problema similar: estados y ciudades estadounidenses con sus propios poderes y elecciones, y un poder judicial independiente. En cuanto a la justicia, la estrategia de la Administración es simple: ganar tiempo multiplicando los recursos y no aplicando las sentencias judiciales.

 

Llegado el momento, declarará claramente que se niega a tenerlas en cuenta si le son desfavorables. Las primeras escaramuzas ya se han producido a nivel estatal y local. Trump está aplicando las mismas recetas: chantaje, amenazas y corrupción. El chantaje por las subvenciones federales es un clásico. Gavin Newson, gobernador de California, ha recibido la orden de cambiar las normas medioambientales del Estado si quiere financiación federal para luchar contra los megaincendios. Janet Mills, la Gobernadora de Maine, ha recibido un chantaje similar por la cuestión de la participación de estudiantes transexuales en competiciones deportivas, unido a una investigación federal sobre el Departamento de Educación de Maine. Las amenazas son cada vez más concretas, sobre todo en relación con los alcaldes demócratas que utilizan sus ciudades como refugio de inmigrantes. Después de que Mike Johnston, alcalde de Denver, expresara su disposición a proteger a los migrantes en su ciudad, Tom Homan, el zar de la frontera de la administración Trump, declaró: El alcalde de Denver y yo estamos de acuerdo en una cosa: está listo para ir a la cárcel; yo estoy listo para enviarlo allí. 

 

Por último, la corrupción, que permite ceder a los más vulnerables. El alcalde de Nueva York, Eric Adams, se libró de ser procesado por corrupción al aceptar que el gobierno federal acorralara a los inmigrantes en su ciudad. Los gobernadores y alcaldes demócratas están atrapados en una trampa mortal: frente a las intromisiones ilegales del gobierno federal en sus competencias, sólo pueden recurrir a los tribunales, pero éstos también están siendo puestos en entredicho por la administración, que confía en su control del Tribunal Supremo para ganar la mayoría de los casos actuales. Además, habrá que juzgar miles de casos, lo que hace la situación incomprensible para el público e inmanejable para el poder judicial.

 

Pero la cuestión esencial está en otra parte. Hitler necesitó menos de un mes, entre su llegada a la Cancillería y el incendio del Reichstag, para imponer su poder. Donald Trump tiene dos años para dar su golpe de Estado, y conocemos el plazo: el 3 de noviembre de 2026 se celebrarán las elecciones de mitad de mandato para renovar toda la Cámara de Representantes y parte del Senado. O bien estas elecciones serán limpias y los demócratas recuperarán el control de la Cámara de Representantes y quizás del Senado, o estarán amañadas y Donald Trump habrá triunfado en su golpe de Estado. En el primer escenario, la democracia estadounidense habrá sobrevivido al intento de putsch, aunque la reconstrucción del Estado de Derecho será larga y difícil. En el segundo, Estados Unidos se habrá vuelto fascista, Donald Trump será presidente vitalicio, el Congreso se parecerá a la Duma y la putinización de Estados Unidos estará a punto de completarse.




No me digan que la cosa no es para que se les pongan los pelos de punta. Pero vamos con el segundo de los documentos prometidos. Varoufakis responde al periodista de esta radio pública de la BBC con bastante precisión. Abajo tienen el vídeo que les pido que vean (doy por supuesto que ya saben cómo ponerle subtítulos en español). Por destacar algunos conceptos, lo que este señor dice es que Trump tiene tras él un grupo de consejeros del tema económico que son de mucho peso. Y que todo este delirio arancelario tiene un objetivo preciso y concreto: hacer que el dólar baje, para que se encarezcan las importaciones y se abaraten las exportaciones, lo que a medio plazo provocaría que la gran industria, que en las últimas décadas deslocalizó la producción a países con costes laborales o sociales más bajos, se vea impulsada a regresar a los USA y ello induzca la reindustrialización del Medio Oeste y los demás estados de la América profunda. Al fin y al cabo, en estos estados es donde se ha votado más a Trump, que les prometió un renacer de su tejido industrial tradicional.

Pero eso lo quiere hacer Trump sin que el dólar pierda su carácter de patrón monetario internacional, papel en el que un día ya muy lejano vino a sustituir al patrón oro. Si el dólar baja mucho, tal como está provocando Trump, podría verse sustituido en esa función por el euro, el yuan, la libra o cualquier otra moneda. Y esto no le conviene a nuestro personaje del pelo naranja, por la mala imagen que daría y la pérdida de poder que supondría. En resumen, que este señor pretende hacer una especie de orfebrería fina para recuperar la industria sin que el dólar deje de ser el referente monetario mundial. Algo así como lo que se expresa en el refrán extremeño de mi querido amigo Críspulo que ya cité en el blog: todos queremos el cochino gordo, pero que pese poco para que no sea tan caro. Y esa especie de cuadratura del círculo la podría conseguir Trump recurriendo a las criptomonedas, que por eso las quiere potenciar. Interesante tesis esta de Varoufakis, en el vídeo que ya les pido que vean.

En fin, creo que con estas dos aproximaciones al fenómeno del trumpismo sabemos algo más sobre él y podemos estar listos para defendernos, por la cuenta que nos trae. Lo demás es teatro y telerrealidad. Como el show que montaron Trump y Musk delante de la Casa Blanca, para promocionar la venta de automóviles eléctricos Tesla. Las ventas de estos coches han caído en picado. ¿Por qué? Pues está muy claro. Los compradores de estos vehículos son todos gente concienciada con el tema climático y a la vez con mucho dinero, porque un coche eléctrico Tesla es mucho más caro que uno estándar. Es decir, son lo que se llama en Francia bobos (bourgeois bohemes), o lo que la ultraderecha denomina izquierdistas woke. Que el gurú de estos automóviles haga el saludo nazi no les gusta y por eso no llegan nuevos compradores. En el esperpento de los jardines presidenciales no faltó siquiera el niño Equiscito, como pueden ver en la foto.

En cuanto a las promesas de Trump de acabar con la guerra de Ucrania en 24 horas, de momento ya han pasado dos meses desde su toma de posesión y lo más que ha logrado es hablar por separado con Zelensky y Putin, sin resultados visibles. Los contendientes en este desigual combate se siguen zurrando de lo lindo y, mientras las dos guerras que había en marcha hace dos meses siguen de la manera más encarnizada, Trump ha creado nuevos focos de tensión con Groenlandia, Canadá y otros lugares. Por si las moscas, Putin ya tiene preparada la mesa para una eventual negociación (no hay que hacer memes sobre estas cosas, pero yo voy a seguir haciéndolos porque este blog es más de esta línea que de unos análisis políticos sobre los que siempre les insisto que no estoy debidamente preparado para hacer). Con esta imagen les dejo que se sigan calando bajo la lluvia. Ya saben que nunca choveu que non escampara, pero el segundo paso de Trump por el poder puede que no sea tan fácil de revertir. A Hitler hubo que echarlo a bombazo limpio. Sigan siendo buenos, pero mantengan los ojos bien abiertos. Por si las moscas.