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domingo, 10 de mayo de 2026

46. La vida sigue

El pasado jueves por la tarde murió mi querido hermano mayor Antonio, 91 años, (no me gusta usar el verbo falleció, un modismo que parece tratar de suavizar para los demás un trance tan duro). Anteayer quemamos sus restos en el crematorio de la Almudena y en unas semanas llevaremos las cenizas al Cementerio de Alicante. Toda la familia le acompañó hasta el último segundo y ahora hemos de pasar página y pensar en positivo: con 91 años, hace menos de un mes estaba tomándose una cervecita conmigo en una terraza del barrio Salamanca donde vivía. Desde luego que yo, ahora mismo, firmaba llegar a esa edad con su misma energía y saber estar. Para mí fue siempre una referencia en todos los terrenos y lo echaré de menos.

A los 90, la muerte es algo bastante previsible. Aunque me viene a la memoria el caso del filósofo francés Edgar Morin que, a punto de cumplir 105 años, continúa en plena actividad, escribiendo y publicando sus reflexiones en artículos de diversos medios franceses y extranjeros. Siendo yo el hermano pequeño, a bastante distancia de los anteriores, desde siempre he tenido interiorizada, más o menos conscientemente, la idea de que me iba tocar ver morir a todos mis hermanos. Pero llegado el momento, es algo muy duro, un proceso tremendo para el que nadie nos ha preparado, aunque a medida que envejecemos lo vamos normalizando porque no nos queda otro remedio. De estas historias, yo trato de salir con más ganas de vivir lo que me quede, de disfrutar de estos años postreros que son como de regalo. En ese sentido viene a cuento un discurso delicioso que pronunció hace poco Joan Manuel Serrat en una especie de congreso sobre la tercera edad. El vídeo ha circulado por los whatsapps de todo el mundo, pero, por si no lo han visto, abajo lo tienen.

No podría estar más de acuerdo con este caballero, siete años mayor que yo. Mi vida es también una especie de veranillo y, cada día que me levanto y compruebo que no me duele nada y me encuentro bien, pues es el punto de partida para disfrutar de otro venturoso día de esta vida que es un regalo que se nos ha dado. Mi hermano descansa en paz; de tres que tenía ya sólo me queda uno, pero hemos de seguir adelante y poner toda nuestra energía en el esfuerzo cotidiano. Pero aquí surge un tema nuevo. El proceso de la enfermedad de mi hermano ha durado unos veinte días. Y yo llevo casi mes y medio sin publicar ni un solo renglón. Un lapsus inusualmente largo, incluso para un blog que se autoproclama de reflexiones al tran-tran. ¿Qué ha sucedido? Ante una interrupción como esta, yo creo que ya huelga toda disculpa, como era mi costumbre hasta ahora, en cuanto me retrasaba un poco. Lo que sigue no es en modo alguno una disculpa, pero sí creo que esto se merece un análisis y una mínima explicación.

Como les conté, a primeros de marzo se me estropeó fatalmente mi anterior ordenador, el segundo Lenovo que he tenido y el segundo que se avería prematuramente. Lo llevé a arreglar y tardaron mucho en llegar a la conclusión de que no era reparable, tras de lo cual, entré en el proceso de asesorarme debidamente sobre qué aparato comprar, valorar las diferentes ofertas, elegir uno y ponerlo a punto con la ayuda de mis amigos Boni y Ángel. El resultado de todo eso es que me vi desprovisto de ordenador durante más o menos un mes. Ya me había sucedido lo mismo a comienzos de 2025 y, durante el largo mes de enero de ese año, tal vez recuerden que me pasé todo el tiempo con un síndrome de abstinencia brutal, consultando todo el rato la aplicación del servicio de reparaciones de Media Markt, tienda a la que acudí al menos dos veces para ver qué había de lo mío, además de intentar escribir nuevos posts para ustedes usando el móvil, algo que resulta muy arduo, por no hablar del proceso de enviar esos posts demediados a todos los socios de este pequeño club de seguidores.

Esta vez, les confieso que empecé mi período de ayuno y abstinencia informática, con la misma sensación de añoranza invencible, de echar en falta hasta límites dolorosos un aparato que parece haberse vuelto imprescindible para nuestra felicidad cotidiana. En esos primeros días escribí un texto cortito, pero desistí de enviarlo al mailing (había que hacerlo uno a uno con todas las direcciones de mail de mis seguidores), de modo que nadie se enteró de su publicación. Pero en paralelo, empecé a experimentar una sensación creciente de gozo y tranquilidad. Al no tener ordenador, tenía más tiempo útil para cosas como tocar la guitarra, ver a los amigos, ordenar mi casa, cocinar. Vivir la vida, en suma. Y, desde luego, leer.

A este respecto he de precisarles que, como saben, no hace mucho me di de baja en la tertulia literaria Billar de Letras, en la que creo que llevaba más de quince años. Necesitaba cortar con esa historia que cada vez me aportaba menos, Y, como un corolario lógico, estuve unos meses sin leer absolutamente nada, como una especie de cura mental. Después, poco a poco, he vuelto a disfrutar del placer de la lectura y me he calzado ya unos cuantos tochos, cuyas reseñas les debo. Todo esto viene a demostrar que el ordenador, como el móvil, es un aparato que te engancha como una droga y cuya falta te produce un tremendo síndrome de abstinencia (lo que los ingleses llaman cold turkey). Y yo esta vez he superado ese síndrome y me siento como más libre. Esta es más o menos la explicación de esta transformación, que me ha llevado a dejarles sin mis textos durante mes y medio.

Pero el asunto tiene una secuela innegable. Cuando uno deja de practicar cualquier tarea, idioma, disciplina o instrumento musical, va perdiendo sus habilidades y se vuelve más torpe. Yo dejé de andar en bici después de mi rotura de húmero y después me costaba muchísimo subirme a una bicicleta, hasta el punto que ya lo he dejado del todo. Uno de los motivos por los que yo mantengo una serie de blogs desde finales de 2012 es que esto es una forma de practicar la escritura. Si uno para de practicar, pues pierde el punto y la finura. Así que ya les digo que voy a seguir entreteniendo su ocio con mis historias, aun no sé con qué frecuencia, simplemente trataré de escribir cuando me apetezca o cuando encuentre algo que piense que merece ser contado. Con este texto de hoy enlazo con mi post anterior y empezaré por algo obligado: relatar mis aventuras en este mes y medio de silencio, que han sido variadas y divertidas. Esta faceta del blog me es de bastante utilidad, pues me permite dejar constancia de mis andanzas y evitar que caigan en el olvido, como lágrimas en la lluvia.

Como les anuncié, en el tiempo de Semana Santa me fui de viaje con mi chica a un hotel con encanto en la falda de las montañas de Cantabria. Era un lugar que se anunciaba en Internet como refugio ideal para una escapada romántica y costaba bastante encontrarlo, al final de un autentico camino de cabras, en medio de un grupo de unas diez casas de labranza algunas de ellas reconvertidas también en alojamientos para turistas. Algo que resultaría exagerado llamar aldea. Por supuesto, allí no había ni un bar ni una tienda o supermercado. El hotel debía de ser una antigua mansión de algún indiano, en donde había unas quince o veinte habitaciones bien acondicionadas, que cada fin de semana se llenan íntegramente con parejas de enamorados de edades uniformes: ni muy mayores, ni muy jóvenes.

Y ¿qué se puede hacer en un  lugar así? Pues coger el coche cada día y bajar a los pueblos de la costa a pasar el día. Y por la noche regresar al cubil con algunas provisiones para cenar, ver alguna película en la estupenda smart TV, y lo de después ya lo dejo a su imaginación, que en esta tribuna me consta que entran niños. Por las mañanas, uno podía disfrutar de un excelente desayuno de bufet y saludar a las demás parejas, con las que intimamos bastante. Por cierto, es un lugar pet friendly, así que bastantes de estas parejas se alojaban con sus perros y gatos, con los que también hicimos amistad. Los tres días completos que pasamos en ese hotel, los dedicamos a visitar respectivamente San Vicente de la Barquera, Castro Urdiales y Santoña, lugares vistosos donde se puede pasear, se come bien y, en concreto en Santoña, se pueden comprar sus míticas anchoas, de las que nos volvimos bien provistos. Algunas fotos mías: la primera con el hotel al fondo a la derecha.



Tras una semana de ínterin rutinario, volví a viajar, esta vez para pasar una semana en París, los primeros días en casa de mi hijo Kike y los segundos donde mi querido amigo Alain Sinou. Respecto a esto, tengo una historieta que cubre otro de los objetivos de este blog: el de advertirles a ustedes de estafas o peligros del mundo moderno, para que no caigan en los mismos errores que yo o, como suele decirse, escarmienten en cabeza ajena. Les cuento. Yo había sacado mis billetes de Air France con bastante tiempo, el de ida para el sábado 11 de abril a mediodía. Como es de rigor, el día anterior, viernes, entré en la página de Air France para sacar la tarjeta de embarque. Desde esa Web me derivaron a otra para dicho trámite. En esta página subsidiaria, lo primero que hicieron fue decirme que tenía que pagar 0,79€ para poder seguir. Me pareció raro pero, en estos tiempos acelerados, pensé que tal vez habían cambiado las cosas y las líneas aéreas habían encontrado una nueva forma de sablear al cliente.

El caso es que pagué 0,79€ con mi tarjeta Visa y continué. Me pidieron entonces una serie de datos personales, nombre, DNI, correo electrónico, número de reserva. Los rellené y no me dejaba seguir: decía que los datos eran incorrectos. Lo intenté hasta tres veces y ahí me empecé a mosquear. Decidí salirme y volver a entrar en la Web de Air France. Entonces, oh milagro, no me derivaron a ninguna parte, sino que la propia Web me cumplió el trámite y me envió la tarjeta de embarque. Inmediatamente, llamé a atención al cliente del BBVA y les conté mi peripecia. En la página del banco, figuraba un pago de 0,79€ a nombre de My Pro Travel Limited. Los del banco coincidieron conmigo en que se trataba de una estafa y me aconsejaron anular ipso facto la tarjeta, puesto que los estafadores tenían los datos de esa tarjeta y podían cargarme nuevos pagos. Pero yo me iba una semana de viaje y quería disponer de esa Visa para pagar en determinados establecimientos parisinos donde me podía fallar la Revolut, que es la otra tarjeta que tengo.

Ante eso, me dijeron que había una opción: yo podía anular la tarjeta sólo para pagos on line y mantenerla útil para pagos en tiendas o restaurantes y también para sacar dinero en cajeros. Eso es lo que hice, ayudado por la amable telefonista que me estaba atendiendo. Desde ahí hasta que me subí al avión con mi reglamentaria tarjeta de embarque, me estuvieron acribillando a correos electrónicos desde My Pro Travel, en los que me advertían que había dejado a medias mi trámite de obtención de la tarjeta de embarque y que podía tener problemas para subir al avión y que por favor les facilitara los datos personales restantes. Ya en la sala de espera del embarque, me harté del coñazo y respondí a uno de esos correos. Les dije que eran unos estafadores, que ya tenía la maldita tarjeta de embarque, que había anulado la tarjeta Visa y, para terminar, que hicieran el favor de reintegrarme los 0,79€ cobrados indebidamente, o les pondría una denuncia ante la policía.

El efecto de esto es que, en la Web del banco apareció un nuevo cargo, en este caso de devolución de 0,79€. Ambos, el del pago y el de la devolución, aparecían en color rojo, como pendientes de comprobación. Ya en Paris, utilicé mi Visa un par de veces sin problemas y, en dos ocasiones, me llegaron mensajes sms, comunicándome que se había intentado por dos veces cargarme 79€, cargo que había sido denegado por el banco al tener mi tarjeta anulada para trámites on line. La empresa que intentaba cobrarme esos 79 euracos era My Pro Travel, ahora con un dato adicional: se trataba de una empresa radicada en Nicosia (Chipre). Al volver a Madrid, anulé completamente la tarjeta y estuve una semana sin Visa hasta que me mandaron la nueva a mi buzón de correo postal. Y los dos apuntes, de pago y devolución de 0,79€ desaparecieron de la página como por arte de magia. Así que ya tienen una doble moraleja. Por un lado, si alguien intenta cobrarles por algo habitualmente gratuito, cuidado. Y si alguien les pide una cantidad insignificante, ojo también; eso sólo puede significar que quieren hacerse con los datos de su tarjeta.

Por lo demás, llegué a París el sábado 11 de abril por la tarde, a tiempo de sumarme a la celebración del cumple de mi hijo Kike, que había preparado un festejo en un bar parisino de unos amigos suyos, conjuntamente con un italiano que cumplía también en esos días. El domingo, mis hijos KIke y Clarissa me llevaron a un restaurante chino a comer una modalidad de noodles que no conocía: los llamados biang-biang, originarios de la región de Shaan Xi, que pueden tener hasta dos metros de largo y son muy anchos. Kike se manejaba para comerlos con palillos, pero yo me tuve que pedir un tenedor. En Paris hay bastantes restaurantes de biang-biang, en donde suelen proveerte de un mandilón de plástico para que no te pongas perdido. Abajo hay una serie de fotos de estos eventos. Los restantes días entre semana, me dediqué a callejear por Paris hasta encontrarme con mis hijos para cenar en casa. Otro día quedé a comer con mi joven amigo Carlos, radicado en París, y la última parte de la semana me fui a la casa de Alain para seguir visitando zonas de la ciudad con él. Las fotos de este viaje. Primero las del biang-biang.




Ahora algunas de mis callejeos parisinos






Mis encuentros en esta ciudad maravillosa.


De vuelta en Madrid, acudí a un encuentro en el COAM con la alcaldesa de París y tuve también una historia con unos luthiers, a los que llevé mi guitarra eléctrica para que le dieran un repaso completo. Pero con estos dos asuntos voy a confeccionar el siguiente post que les prometo que llegará pronto. Aprovecharé también para contarles el nuevo viaje a La Coruña, que voy a emprender este martes. Porque este post está ya alcanzando su tamaño crítico y no quiero aburrirles. Como ven, en este mes y medio no he parado. Y, como una primera consecuencia recíproca de mi viaje de vuelta al mundo, he recibido la visita de dos de los amigos que me acogieron en las distintas ciudades. A todos les dije que serían bienvenidos a Madrid, pero sólo estos han respondido por ahora a la invitación: mi amigo coreano JJ, con quien me encontré en Vancouver y mis no menos amigos entrañables Gonzalo y Judy, que me acogieron en San Diego y me ayudaron a recuperarme del peor momento del viaje.

El sábado 18 de abril regresé de París y el domingo 19 lo dediqué íntegramente a JJ, que llegaba en tren a Atocha, cerca de la hora de comer. Hace dos años, yo no tenía pareja y podía emprender aventuras solitarias como darme una vuelta al mundo. Sin embargo, JJ tenía una novia canadiense con la que no vivía, pero salía todos los findes a acampar por las montañas de la Columbia Británica. Y resulta que ahora, nuestras situaciones personales se han intercambiado, porque lo primero que me dijo nada más encontrarnos fue we’ve split up. Acompañó esta frase con un gesto en aspa con ambas manos con las palmas hacia abajo, con lo que tuve muy claro lo que quería decirme. Fuimos directamente a comer algo a La Canibal, en la calle Argumosa, donde tienen cerveza IPA artesanal y luego nos subimos a mi casa, en donde mi amigo se echó una siesta de cerca de cuatro horas, con Tarick Marcelino encima, porque arrastraba un jet-lag de puta madre.

Como les digo, nuestras situaciones personales se han intercambiado y ahora es él el que emprende viajes de solitario. En este caso se vino a visitar a sus amigos de Barcelona y Madrid. Sus amigos de aquí son nuestro común colega César, que fue quien me dio su contacto antes de mi viaje mundial y una chica muy mona que se llama Paula. Los tres vivieron juntos en Vancouver, aunque sólo JJ ha conseguido quedarse allí. César, que estuvo en mi fiesta de cumpleaños, regresaba ese domingo de una de sus citas del activismo mundial: venía de participar en una acampada solidaria internacional cerca de Manresa contra la proyectada implantación de una industria tóxica cuya construcción envenenaría los ríos y campos del entorno. Tras la siesta monumental, JJ y yo fuimos hasta el portal de la casa de César, en donde lo esperamos.

Y poco después lo vimos aparecer por la esquina, como un nuevo Indiana Jones, con su sombrero y sus numerosos pertrechos colgantes, entre ellos la tienda de campaña y el saco de dormir. Subimos a su casa para que JJ dejara allí su bolsa de viaje y luego le dejamos duchándose y nos fuimos al histórico Café Barbieri, en donde nos reunimos con Paula y con César recién duchado. De allí nos fuimos a cenar al Automático de Argumosa, en donde JJ mostró sus deseos de buscar un lugar en donde bailar salsa, algo en lo que al parecer es un experto. Después de una siesta de cuatro horas, estaba como nuevo y, en cuanto a César, es un tipo indestructible. Paula parecía dispuesta a seguirles pero yo ya no tengo edad para estas cosas, así que allí me despedí y caminé a casa. Un domingo magnífico, del que les muestro algunas fotos más. 



En cuanto a Gonzalo y Judy, son viajeros incansables y suelen hacer estación al principio del verano en Madrid, donde siempre se hospedan en una pensión barata del Barrio de las Letras. Ya les he traído al blog en múltiples ocasiones. Hace dos años recalaron aquí, pero no pude encontrarme con ellos porque andaba yo por Asia- Australia, pero luego me alojaron en su casa de San Diego. El año pasado no incluyeron Madrid en su periplo habitual, pero este año han recuperado las buenas costumbres y nos hemos podido ver. Como seguramente recuerdan, Gonzalo López es colombiano nacionalizado norteamericano, y su mujer, Judy Cascales, es yanqui de origen murciano. Se conocieron en San Francisco, luego se radicaron con sus hijos en Colombia, pero finalmente regresaron a los USA, donde los jubilados tienen mejores condiciones económicas. Esta vez, les invité un día a comer un potaje en mi casa, momento al que corresponden estas fotos, que tomó Judy con su cámara.



Otro día, Gonzalo y yo quedamos con su amigo madrileño Miguel Rico para irnos de copas. Empezamos con un vermú de grifo en la Maripepa, seguimos en La Vinícola Mentridana, taberna clásica reconvertida, y rematamos en la Taberna de Antonio Sánchez, que presume de ser el bar más antiguo de Madrid. La foto de abajo corresponde al segundo de estos lugares míticos.

Como se pueden imaginar, yo he debido ajustar mis viajes a Cantabria y París para poder encontrarme con mis amigos de allende los mares. Pero toda esta actividad frenética que les cuento, son simples minucias al lado de lo que vino después. Desde que Gonzalo y Judy tomaron su avión de vuelta a San Diego, toda mi atención se concentró en acompañar a mi hermano Antonio y su familia. Es una pérdida irreversible y creo que es de justicia que cerremos este post con una imagen suya de no hace mucho, para que puedan ustedes brindar por su recuerdo. Que tengan un buen domingo.  






martes, 31 de marzo de 2026

45. Otra vez renaciendo para ustedes

Buenos días, queridos lectores y seguidores de este mi blog de Reflexiones al tran-tran. Hoy les reenvío mi post anterior, que muy pocos de ustedes han leído, junto con este, que hace el número 45 del blog. En ese post precedente se explicaba cuál era la problemática sobrevenida a mi equipo de producción bloguera y mi esperanza de salvarlo frente al deterioro que sufría. Hoy ya les anuncio que he tenido que tirar mi Lenovo y que les estoy escribiendo con un nuevo ordenador, en este caso un HP, que espero que me dure al menos diez o doce años y no como los dos anteriores. Y que, en adelante, no quiero volver a saber nada de la marca Lenovo, a la vista de que mi antepenúltimo aparato me duró unos cuatro años (bien es cierto que su deterioro se aceleró el día en que se me cayó al suelo y aterrizó de esquinazo, lo que suele ser letal para este tipo de devices) y el penúltimo no me ha durado ni tres años, puesto que ese tercer cumpleaños lo va a celebrar en el próximo mes de mayo, si es que queda algo de él en el Punto Limpio adonde ya lo he llevado y donde duerme el sueño, en este caso de los injustos, puesto que su trato conmigo ha sido, no ya injusto, sino directamente indecente.

Así que les pido por favor que lean primero el Post #44 (es muy cortito), para que se hagan cargo de por dónde ha ido el proceso y por qué he estado un tiempo tan largo en silencio (por suerte para mí, no se ha tratado de ningún problema de salud) ¿Lo han leído ya? Pues seguimos. El 14 de marzo yo escribí ese post con el teléfono móvil y traté de enviarlo al mailing colectivo que tengo con ustedes. A pesar de mis esfuerzos, pronto comprobé que mi habitual mail colectivo en el que se adjunta el link de cada post recién escrito, se perdía en la inmensidad del universo informático, sin llegar a sus destinatarios. En esa lista de seguidores, yo tengo exactamente 31 direcciones de correo. Y mis textos suelen recibir una media de visitas por encima de las 50, incremento que yo atribuyo a que algunos de ustedes entran varias veces para leerlos por partes, o repasarlos, más alguno que quizá se lo reenvía a su vez a otros amigos por haberle gustado tanto como para recomendárselo. Bien, pues, unos días más tarde, el número de visitas de dicho Post #44 era exactamente de 13, correspondientes a algunos de ustedes que, extrañados de que no escribiera nada, entraron en el blog por su cuenta para ver qué estaba pasando.

El jueves 19, me llamaron por fin del taller y, esta vez con malas noticias. La tarjeta gráfica deteriorada no se podía sustituir por estar soldada con no sé qué otras piezas del aparato, cuya sustitución conjunta me llevaría ya a unos precios desorbitados que convertían el arreglo en poco recomendable, frente a la alternativa de adquirir uno nuevo. El sábado fui a recogerlo y, de acuerdo con lo pactado, no me cobraron nada por el trabajo. Les pregunté qué hacer para conseguir un ordenador disponible y me recomendaron adquirir uno de segunda mano, puesto que los nuevos se han puesto por las nubes, por la subida de las memorias RAM, inducida por el auge de la Inteligencia artificial (más abajo se lo intento explicar). Ellos tenían diversas ofertas, a las que les hice fotos para mostrárselas a mis nuevos asesores para este mundo tan ajeno para mí, que es la informática.

A estas alturas, yo ya llevaba tres semanas sin ordenador y he de confesarles que los primeros días me encontré algo incómodo por la falta de costumbre, pero muy pronto me adapté y empecé a sentirme fenomenal. Tenía todo el tiempo del mundo para leer, organizar mi casa, hacer yoga, ensayar con la guitarra y cuidar a mis amigos. Les diré que, si no llega a ser por mantener vivo el blog, algo inviable sólo con el teléfono, hubiera mandado a la reverenda mierda a Lenovo, HP, Samsung y demás multinacionales dedicadas con esmero a generarnos un mundo de falsas necesidades. Si no llega a ser por una cierta forma de sentido del deber que me impide dejarles a ustedes huérfanos de blog, hubiera dado un paso atrás y me habría acomodado a esa nueva realidad analógica felizmente recuperada. Además, este asunto vino a recordarme que estamos pendientes de unos hilos más frágiles de lo que creemos y hemos de tener recursos por si un día nos cortan la luz o el agua, o bien nos empiezan a caer pepinazos letales por la extensión de esa guerra insensata que ha desatado el señor Trump y de la que también les hablo más abajo. De momento, confórmense con una imagen icónica, de ese pseudoayatollah yanqui, que nos está llevando al desastre.   

No es mala la imagen, generada por supuesto con Inteligencia Artificial y cuyo mensaje viene a igualar, en términos morales, al señor Trump con esos clérigos chiitas que dominan en Irán desde hace décadas (en mi opinión, Trump es claramente peor, y encima estúpido, pero cada uno que piense lo que quiera). Pero volviendo a mis penas domésticas, les diré que mi recién generada tirria a la marca Lenovo se amplía también al amigo que me recomendó esos dos aparatos y con quien no tengo ya una relación muy fluida. Así que recurrí a unos asesores áulicos alternativos, a saber, el marido y el hijo de una muy querida amiga, cuyas identidades no les voy a revelar, que yo lo cuento todo sobre mí (aparentemente), pero trato de ser cuidadoso con la intimidad de mis seres queridos y amigos: si ellos, que siguen mi blog, quieren salir de detrás de las bambalinas, allá ellos.

Mis dos amigos coincidieron en refrendar la opinión de los señores de la tienda: en estos momentos no es buena idea comprarse un ordenador nuevo, en El Corte Inglés o Media Markt, por decir un par de tiendas icónicas del sector. El precio de las memorias RAM se ha duplicado o triplicado desde la irrupción de la Inteligencia Artificial, sobre todo a partir de declararse la pandemia. ¿Por qué? Pues porque ordenadores caseros y servidores de la IA comparten componentes de materiales raros (de esos que están sobre todo en China), y al ser mucho mayor la demanda de los grandes magnates que están desarrollando la IA, casi toda la producción de semiconductores (o lo que sean) se centra en este sector en expansión, dejando lo que podríamos llamar la purrela, para estos aparatejos que, al no tener preferencia, se encuentran con problemas de suministro, que han derivado en subidas grandes de precios. No olviden que una de las empresas ahora mismo más punteras es Nvidia, que yo suelo llamar Nvidia-Kochina, y que se dedica precisamente a fabricar y comercializar esos componentes para el mundo de la informática.

Mis nuevos asesores eligieron, entre los ordenadores de la oferta de segunda mano de la tienda, uno que es ya este desde el que les escribo y que, nuevo, me habría costado el doble. Y la verdad es que va como un tiro. Me contaron también que el gran problema, tanto de los ordenadores como de esos servidores gigantescos que requiere la IA, es la refrigeración. Los componentes raros de este aparataje, se deterioran cuando se calientan y se echan a perder definitivamente. Eso es lo que le ha sucedido a mi Lenovo, que yo me ponía a veces sobre las piernas, tapadas con una mantita de sofá, para leer o trabajar. Así que yo tengo también mi parte de culpa, no solo es cosa de la marca Lenovo. Y en esto radica también el encocoramiento de Trump con Groenlandia: un lugar desolado, sin siquiera árboles, donde hay sitio de sobra para instalar cientos de esos servidores gigantes, sin necesidad de gastar millonadas en refrigerarlos, porque hace un frío que pela. Ya ven qué cosas se aprenden cuando uno trata con verdaderos especialistas y no con especialistos que te recomiendan Lenovos y mierdas similares.

El Lenovo era malo, yo hacía a veces la tontería de no ponerlo sobre una superficie lisa, y tengo también el convencimiento de que mi viaje de vuelta al mundo le sentó bastante mal. Entre cambios de temperatura, diferentes tipos de corriente alterna, también algún bajón de energía de la red. Los ordenadores también tienen jet-lag, y este exteriorizó su malestar desmembrando la carcasa como ya les conté y, apenas un año después estropeándose del todo. Así que esto es lo que hay. Pero les repito que yo he estado encantado todo este tiempo de regreso al mundo analógico en el que se ha desarrollado la mayor parte de mi vida. En estos días, me he dedicado a leer, al yoga, a correr por el Retiro y a tratar de mejorar con la guitarra, además de disfrutar de mi pareja, mis amigos y el bueno de Tarick Marcellino. Y hablando de mi gato, les cuento algo que ya les anuncié hace tiempo.

Como saben ustedes, hay por este mundo de nuestros pecados una serie de chicas de conducta, digamos ligera o desahogada, que se están literalmente forrando, a base de tomarse videoselfies enseñando el culo o lo que se tercie. Antes se las llamaba putas y otros epítetos infamantes similares. Ahora no. Ahora son influencers y su profesión, con la que se hacen de oro, es la de creadoras de contenido para adultos. Pensando en esto, se me ocurrió que, dado que mis ingresos se han visto claramente demediados con la jubilación, tal vez podría yo también dedicarme a lo mismo. Quiero decir, creador de contenido para amantes de los gatos. Y aquí tienen mi primer producto. Les aviso que esto es porno duro, tengan cuidado. Les pido que lo vean y me digan si creen que puedo yo hacer algún dinero enseñando esto. Ahí les va.

En fin. En estos días de dolce far niente, he leído bastante y me he tragado un par de tochos. En primer lugar, el libro sobre la hambruna en España durante la posguerra, que firma el historiador Miguel Ángel del Arco. Es un libro interesante, que aporta muchos datos y testimonios y que viene a sostener la tesis de que el hambre desatada en España entre 1939 y 1942 tras el desastre de la Guerra Civil, y el posterior rebrote en 1946 inducido por la pertinaz sequía, fueron consecuencia de la mala política del franquismo, derivada de la llamada autarquía, más la corrupción de los estamentos del régimen, que acaparaban alimentos para derivarlos luego al estraperlo. En un contexto de Guerra Mundial, las cosas no eran fáciles para el país, pero el libro viene a decir que esta escasez fue potenciada por Franco para castigar aún más a los vencidos.

El libro tiene un tono muy sesgado (los franquistas son todos malísimos y los republicanos buenísimos) y adolece de un exceso de adjetivos. Ya sabemos que la vida en las cárceles era terrible pero no hace falta decir todas las veces la horrible situación de los presos. A mí me parece que sería interesante escuchar también a los del otro bando. No niego que una parte de lo que dice este libro es cierta, pero no me gustan los planteamientos maniqueos. Finalmente, la situación del país mejoró con la desaparición del racionamiento y el estraperlo, más o menos en 1951, el año en que yo nací. El libro no es de literatura, sino de Historia, no es especialmente ameno pero es de interés, salvando el sesgo ideológico, para cualquiera que como yo tenga curiosidad por saber cosas de esa época, de la que venimos todos. Les diré que también he terminado el libro de Cercas sobre el Papa Francisco, otro tocho importante del que les hablaré en algún post sucesivo.

También les cuento que en este mes después de mi cumpleaños, mis colegas músicos con los que toqué en la fiesta se han animado mucho, dicen que si salió bien sin haber ensayado, tal vez podemos mejorar con un poco de trabajo y dedicarnos a tocar por ahí en cumpleaños o festejos privados. Y nos estamos reuniendo casi todos los domingos en la escuela de música, en torno a las siete de la tarde, para afinar nuestro repertorio. Solemos acabar a las diez, momento en que nos vamos a tomar unos vinos a la Palomeras profunda. Una forma estupenda de terminar las semanas. Por otro lado, yo sigo con mis clases de los miércoles con el profe que sustituyó a Henry Guitar, así que esfuerzo no me falta. Así empezaron muchos grupos, si bien hay que admitir que tenían 20 años y no 70. Uno de estos días he llevado mi guitarra eléctrica a unos luthiers vallecanos llenos de tatuajes, para que me la pongan a punto.

Con esto y el yoga voy tirando. Pero llega la Semana Santa y ya tengo preparada una escapada con el coche para pasarla en un hotel con encanto en la montaña de Cantabria. A la vuelta les contaré. Si es que para entonces el señor Trump no la ha liado parda. No tengo muchas ganas hoy de hablar de este señor que, aparte de sus defectos que hemos destacado en este foro, está demostrando ser muy tonto, de modo que Putin le chulea y Netanyahu (un verdadero criminal) le ha liado a meter el pie en un avispero del que no sabe cómo salir. En los USA empiezan a estar hartos de este caballero, a quien muchos votaron para que no se metiera en guerras y se dedicara a la política interior. La elecciones del Mid Term pueden ser una debacle para él, pero cuidado que no las vaya a anular o tergiversar. Un tipo sin escrúpulos ni cortapisas morales de ningún tipo es capaz de eso y más y ya está dando pasos para intentarlo. Lo dicho, sean buenos y tiren para adelante. No creo que hayan tenido mucho problema para vivir sin mi blog, pero ya estoy otra vez aquí. Abrazos a puñados.

sábado, 14 de marzo de 2026

44. Un poco de paciencia

Bien, aquí me tienen otra vez sin ordenador, esto es ya un clásico. Repaso mis textos blogueros y encuentro que el ordenador de marras fue adquirido por mí en mayo de 2023, o sea, que no tiene ni tres años. Decididamente, este Lenovo no me ha salido bueno; a la gente le duran los PCs doce o catorce años. El viernes 6 de marzo, el aparato funcionó normalmente y lo apagué antes de acostarme. Pero el sábado 7 ya no funcionaba. Observé que estaba muy caliente y se me ocurrió meterlo un rato en la nevera. Ya frío, arrancó bien y funcionó correctamente unos veinte minutos. Luego se volvió a joder.

Estás cosas suceden en fin de semana por la Ley de Murphy, así que tuve que esperar al lunes para llevarlo a un taller que me han recomendado. El hombre que me atendió, me escuchó con paciencia y dijo que lo que yo le contaba tenía una lógica: que cuando la tarjeta gráfica se empieza a deteriorar, deja de funcionar al calentarse y tira todavía cuando se enfría, aunque ya va cada vez peor. Dejé allí el aparato y el jueves me llamaron. Efectivamente, es la tarjeta gráfica. 

La pueden sustituir seguramente (no me lo aseguran al 100%). En caso de que sea técnicamente factible, me costaría 125€. Si no se puede, no me cobrarán nada. Les dije que adelante. Pero a partir de ahí, tenían que pedir a fábrica la nueva tarjeta. Y con el fin de semana enmedio, no la tendrán hasta el martes. Entonces tienen que sustituirla y tener el aparato allí un par de días más, para comprobar que funciona bien. Paciencia.

Mientras no tenga ordenador, no puedo cumplir con ustedes. Así que tengan ustedes también paciencia. Escribir en el móvil es como un dolor, y yo creo que tenemos que esperar una semanita para que les pueda atender en condiciones. Hasta pronto.

viernes, 14 de febrero de 2025

14. Por San Valentín, el frío toca a su fin

Bien, aquí me tienen de nuevo en pleno día de San Valentín, disfrutando de un tiempo casi primaveral, y creo que ya toca que continúe informándoles de mis andanzas y afanes. Mi anterior post surgió del subidón de recuperar mi ordenador completamente rejuvenecido y con él la posibilidad de contarles mis peripecias vividas durante el mes de aislamiento digital en el que no pude escribir mis posts como era debido. He de decirles que el Lenovo, que yo daba por fenecido, resucitó, se levantó y anduvo como el Lázaro de la Biblia y ahora tengo a mi disposición un device cojonudo con el que a lo mejor un día hasta puedo aumentar la frecuencia de publicación de mis paridas diversas. Solucionado el tema del hardware, ahora estoy en pleno proceso de cambio de proveedor digital, hasta las cejas de aguantar que los de Orange me sigan timando.

Recapitulando, les recordaré que, antes de emprender mi viaje de vuelta al mundo, yo me acerqué a la tienda de Orange en la que tenía contratados el WiFi por fibra y los datos para el móvil, para contarles mi proyecto y les mostré mi preocupación por lo mal que me funcionaba el móvil en el extranjero, donde a menudo me quedaba colgado en la calle sin poder usar el Google Maps, que sólo me funcionaba en los hoteles con Wifi, donde obviamente no lo necesitaba. Me dijeron que mi móvil Huawei era ya un poco viejo y que ellos me ofrecían otro nuevo sin entrada, pagando una pequeña cuota mensual. Piqué, cual pancho del puerto coruñés, y me dieron un nuevo móvil de la misma marca, que ahora ha de llamarse Honor y no Huawei por mor de las guerras comerciales con China.

Muy pronto comprobé que el nuevo móvil me ofrecía más o menos las mismas prestaciones que el viejo. Mis tribulaciones empezaron en Kyoto, donde las pasé canutas a cuenta de la mala cobertura de Orange que había en la ciudad. Fui más o menos capeando el temporal, hasta que llegué a los USA y allí fue todo un desastre. El móvil, literalmente, se murió. He de reconocer que Orange dispone de un servicio de atención al cliente por Whatsapp que funciona muy bien. Puesto en contacto con ellos, me intentaron ayudar, pero no había forma. Era imposible que yo empezara a tener una cobertura mínima que me permitiera hacer pagos on line para reservar hoteles o vuelos, porque mi banco me enviaba un código pin de confirmación del pago, por medio de un sms que nunca me llegaba.

Los del servicio de atención investigaron y descubrieron que yo tenía (y sigo teniendo) una tarjeta SIM arcaica, de hace unos doce años. En concreto, es una tarjeta 2G. Y en los USA, tanto las 2G como las 3G, las han eliminado y ya no valen. Es decir, que el problema que yo había detectado en mis anteriores viajes a París o Londres, no se debía al móvil sino a la tarjeta SIM. Pero ellos se habían apresurado a venderme un móvil nuevo que no me hacía ninguna falta. Les pregunté a los del servicio de atención qué podía hacer. Su respuesta: en cuanto vuelva usted a España, cambie enseguida su tarjeta 2G por una 5G. Les prometí que, no sólo cambiaría de tarjeta SIM, sino también de compañía, visto lo visto. A lo que el tipo me contestó que lamentaba mi decisión y esperaba que la reconsiderase.

Ya de vuelta, volví a sufrir los mismos problemas, no sólo en Ámsterdam y en Atenas, sino también en Asturias, que manda carallo. Lo que pasa es que esto de cambiarte de compañía es algo que hay que hacer con prudencia, de forma meditada, y yo quise esperar a que vinieran mis hijos por Navidad y me aconsejaran al respecto. Pero ya entre medias constaté que estaba pagando al mes 73€ y eso es una verdadera estafa. ¿Por qué pago tanto? Pues por lo de siempre, porque uno no puede contratar con Orange sólo lo que quiere, sino que te ofrecen un paquete completo, engordado con prestaciones que uno no quiere. Por ejemplo, una línea de teléfono fijo, que yo no necesito; ni siquiera me sé el número, ni lo conoce ninguno de mis contactos. Por no tener, ni tengo el aparato que me dieron, que mantuve desenchufado un tiempo hasta que me harté de verlo en la estantería y lo llevé al punto limpio.

Otras cosas que no quiero: una segunda línea de móvil. Y la posibilidad de contratar una plataforma para ver la Televisión Orange (ya les he contado que yo he vivido toda mi vida viendo los partidos de futbol por la tele gratuitamente, que luego me apunté a lo del pay per view hasta que lo eliminaron y que no quiero ser de ninguna plataforma que me ofrezca un 90% de bazofia audiovisual). Y, además de todo eso, el paquete incluye una suscripción a Netflix. Esto sí que lo he usado y con bastante asiduidad pero, al volver de mi vuelta al mundo, me encontré con que me ponían anuncios en medio de la película, lo que me parece un verdadero insulto. Todas estas cosas, más los plazos del terminal que me vendieron, totalizan los 73€. Y resulta que hay ofertas por ahí, ceñidas exclusivamente a lo que yo necesito, por 30 o 40.

En Navidad, mi hijo Lucas, que es un friki de la informática, me dijo que le preguntaría a un amigo suyo francés aún más friki. La respuesta de este friki al cuadrado fue categórica: dile a tu padre que contrate con DIGI; son los que ofrecen una mejor relación precio-calidad. Después de ello he consultado el tema con otras personas y he descubierto que varios de mis amigos tienen DIGI y están encantados, como por ejemplo Boni, que junto con África acoge en su casa a Tarik Marcellino el tiempo que haga falta cuando yo me voy de viaje. O Ed, mi profesor de inglés. Hasta Henry Guitar está a un tris de cambiarse a DIGI, por consejo de su yerno, que es otro friki de la informática. Y encima, DIGI es uno de los patrocinadores del Deportivo de la Coruña. La decisión estaba clara.

Una de las razones por las que DIGI es un proveedor tan barato es porque no tiene tiendas físicas. Todo funciona on line, salvo algunos agentes que tiene en pequeñas mesitas en las tiendas de MediaMarkt y otros lugares. Buscando una cercana a mi casa, acabé visitando el MediaMarkt de Goya en donde me atendió una chica venezolana muy solvente. Le dije que sólo quería WiFi en casa y datos en mi móvil y me organizó una oferta sólo con eso por 30€ al mes. Pero tenía que ir a la tienda de Orange para que me dijeran las condiciones en que puedo marcharme de la compañía. Como me esperaba, tengo un par de servicios con permanencia, por los que he de pagar 58€ por dejar cada uno de ellos antes de lo comprometido. O sea, 116€. Más 38€ que me quedan de pagar del móvil, total 154€. Teniendo en cuenta que con DIGI me voy a ahorrar 43€ al mes, en cuatro meses ya habré amortizado el gasto.

Ayer por la tarde fui a ver de nuevo a la venezolana y firmé el contrato. Ya les iré contando. Por descontado que, una vez que los de Orange saben que me voy, me están bombardeando con ofertas. Que dentro de un mes puedo cambiar a una tarifa más barata. Que una segunda fibra para mi casa o la casa que les indique, por 9,95 al mes. Que una tercera línea de móvil por 5€ más al mes. Que una freidora de aire de marca Xaomi por 4€ más al mes. Todo ello sin entrada. Una panda de cabrones. No se han enterado de que me quiero ir de Orange porque he descubierto su juego. Y que necesito mandarlos a la mierda por pura salud mental. Y también me están llamando a todas horas de otras compañías, como Lowi, Jazztel, Yoigo y hasta de ¡¡¡Pepephone!!! Ya ven cómo corren las noticias en el mundo digital. Basta que digas que te quieres cambiar de compañía para que te abrasen a ofertas.

Esta historia no me ha distraído de mis otras ocupaciones e intereses. Por ejemplo, sigo yendo al yoga y mi sensación es que la nueva academia a la que llevo acudiendo desde principio de año es mucho mejor que la anterior. Los profesores son mejores, salvo mi querida Elena que me enseñó todo lo que sé y que dejó la antigua academia harta de que la explotaran. Desde que ella se fue, las cosas ya no fueron igual. Por cuestiones de turnos y profesores que me gustan más, estoy yendo a hacer yoga los martes por la tarde y los domingos por la mañana. Eso me permite bajar a correr al Retiro los viernes, disciplina que voy llevando con cierta regularidad. Cuando se ponga en funcionamiento el nuevo polideportivo de la calle Fúcar, a la vuelta de mi casa, tal vez sustituya la carrera por sesiones de natación, que dicen que son más adecuadas para las edades que voy teniendo. Pero para eso faltan por lo menos dos años.

Esta mañana he bajado a cumplir con mi carrera programada y me he encontrado muy bien. También sigo con algunas actividades lectivas, como mi colaboración con el curso de Urbanismo de quinto de la ETSAM, que dirige mi amiga Sonia de Gregorio. Uno de estos jueves participé en una actividad en la asociación de vecinos del Barrio de Comillas, donde los alumnos presentaban sus trabajos finales sobre el barrio a los vecinos que quisieron acercarse. Fue un acto muy interesante, por comprobar cómo se unen las ideas de gente de veinte años con los anhelos y esperanzas de vecinos básicamente mayores; viejos luchadores de tiempos mejores, como los que se pueden ver en la película El 47, que ya les he recomendado. La asociación regenta un local pequeño en el que al final recogimos todas las sillas y montamos una mesa central para un piscolabis modesto.

En este sentido, el domingo pasado acudí a la sala Rockville para asistir a la actuación de mi querida y admirada Ghalia Volt, la guitarrista belga que sigue la onda de Samantha Fish y cuyas guitarras custodié en mi casa mientras ella volvía a los USA donde vive, para una minigira en la que podía usar los instrumentos que guarda en su casa de nueva Orleans. Me encontré con ella a la entrada y me dio un abrazo muy cariñoso. Después, el concierto fue fabuloso. Esta vez no venía en su versión one woman band, sino con su grupo, que se compone de un teclista y un batería muy buenos. Les voy a mostrar un par de vídeos que le grabamos ese día. Hablo en plural porque acudí en un pequeño grupo, con Henry Guitar y Críspulo el batería. Con este último me hice alguna foto que también les muestro. El sonido de los vídeos es el previsible para estar grabados en un móvil Honor de oferta.




En este último vídeo se puede observar la presencia del veterano bluesman hispano Javier Vargas, el lider de la Vargas Blues Band, que asistió al concierto y al que Ghalia invitó a subir al escenario para tocar con ella un par de temas. A la entrada habíamos quedado en vernos después para tomar una cerveza, pero al final del concierto la vi tan cansada después de hora y media de dejárselo todo en el escenario, que la dejé tranquila para que descansara, que al día siguiente tenía que salir de viaje a continuar su gira. Eso sí, antes de despedirnos nos hicimos una foto que también les muestro.

Por cierto, hablando de conciertos, esta tarde/noche voy a la sala pequeña del WiZink Center a ver a mi colega Ramoncín, que me ha hecho llegar una invitación para un show cuyas entradas costaban 33€. Hace mucho que no le veo en directo y no tenía mejor plan para hoy. Además, me resulta bastante entrañable ver a un rocker de casi 70 que sigue con la misma ilusión que a los 20. Aquí el cartel del evento.

Pero mientras yo ando metido en todas las historias que conforman mi vida de jubilado hiperactivo, por los mentideros patrios anda todo el mundo revolucionado con diversas noticias, como el curioso caso de Karla Sofía Gascón. Esta señora, hace unos diez años era señor y se ganaba la vida como actor de culebrones en México. Y circula por ahí una autoentrevista que se hace él mismo en ese tiempo, donde, dicho sea con todos los respetos, demuestra ser un tontorrón, o un sinsustancia. Abajo se la pongo, no hace falta que la vean entera si no quieren, basta con que escuchen el tonillo estúpido con el que este zagal habla sobre sí mismo. ¿Quiere decir esto que ahora es una tontorrona? Yo no me atrevería a asegurarlo. Después de un proceso tan duro como un cambio de sexo y con muchos más años a su espalda, puedo admitir que se haya vuelto alguien con más profundidad emocional. Aunque, como dicen en Soria, el que nace gordo, tontería que lo fajen. Aquí el vídeo de la autoentrevista.

El caso es que este señor, después de mucho tiempo de aislamiento mediático debido a su proceso de cambio de sexo, reaparece convertido en señora estupenda, a la que se le aparece Dios en forma de papel de narcotraficante que quiere también cambiar de sexo y condición. He visto la película y les digo mi opinión sincera. El film tenía para mí dos problemas que me hacían ir a verla con prejuicios. El primero: es un musical. Y a mí se me hace bastante disuasorio que los personajes empiecen a cantar en medio de una escena y dicha escena se convierta en videoclip durante un rato. Pero he visto algunos musicales brillantes, como West Side Story, o Cabaret. En este caso, he de decir que las escenas que derivan a videoclip son todas pasajes que muestran ensoñaciones de un personaje determinado, lo que salva el problema.

Mi segundo reparo previo: la historia es totalmente increíble. Eso pensaba yo, y lo sigo pensando. Pero, si uno acepta creerse esto que se plantea al principio de la película, pues la verdad es que el guion es muy bueno, la puesta en escena fabulosa, la escenografía, los actores, los diálogos. Todo es muy bueno. Pero la película fue llevada al festival de Cannes y obtuvo el primer premio. Y Karla Sofía se vio premiada también como mejor actriz. Ahí inician ambas una carrera de reconocimientos internacionales (entre ellos los respectivos Globos de Oro de Hollywood), en donde todo el mundo resalta que es el primer caso de actriz trans que lo logra. ¿Cómo interpretar esto? Pues, sin desmerecer del papel de Karla en la película de marras, a mí me parece claro que los diferentes jurados se quieren hacer los modernos y apoyar esta historia de que cada uno elija el género que desee, aunque ello lleve a complicados y arduos procesos quirúrgicos y hormonales que, al menos a mí, me parecen terroríficos: si yo me sintiera mujer, créanme, yo me quedaba como estoy, para no tener que pasar por todo eso.

Pero ese afán de modernidad progre (no me gusta nada el término woke) se encuentra con un afán simétricamente contrario: el de los conservadores a ultranza que quieren que este tipo de transiciones se prohíban (Trump lo ha decretado ya con su rotulador ancho). Y entonces empiezan a escarbar en su pasado. Y encuentran que la buena de Karla Sofía, no sólo ha transicionado de hombre a mujer, sino también de tontorrón a persona con algo más de fundamento. Y resulta que en esta segunda transición se ha olvidado de borrar los antiguos tuits con los que se acercaba a opiniones que Vox consideraría acertadas. Todo esto me lo estoy imaginando, por supuesto, pero ahora les pido que vean otra película, que también está nominada al Óscar. Me refiero a Cónclave.

En esta segunda película, se narra el proceso de elección de Papa, por el procedimiento predemocrátrico que se muestra al exterior en forma de fumatas negras y, la última, blanca. Durante las primeras votaciones, el cardenal que marcha destacado en primer lugar es un africano del Congo. Y las fuerzas conservadoras de la Curia se ponen a escarbar en su pasado, encuentran a una mujer con la que tuvo una relación hace décadas, la localizan, la traen a Roma, consiguen que se la contrate como monja de las que ayudan en el cónclave y provocan que le monte un numerito delante de todos los cardenales. Que, naturalmente, yo no lo vuelven a votar. Pues esto es lo mismo. Para la industria del cine, y más en estos tiempos del señor Trump, sería un escándalo inasumible que el Óscar a la mejor actriz recayera en un trans. Un escándalo similar al que provocaría un Papa negro del Congo. Y los comentarios de esta señora, de los tiempos en que era un tontorrón, han arruinado ya la posibilidad de premio y seguramente toda su carrera.

Esa es mi interpretación del asunto. Porque los comentarios descubiertos, no son tampoco para tanto. Ni comparación con los del señor Trump, que dijo que a las mujeres había que agarrarlas por el coño y que si él mataba a alguien de un disparo por las calles de New York, no le pasaría nada. Comentarios como estos no han impedido que le voten 77 millones de norteamericanos, muchos seguramente satisfechos de que a Karla Sofía no la dejen ni entrar en la fiesta de los Oscar. De hecho, ya se vio excluida de la de los Goya el otro día. Y, hablando de Trump, ya voy a dejar para otro día mis comentarios sobre sus barrabasadas. Sólo diré que nada de lo que está haciendo me sorprende lo más mínimo. Este señor es colérico, vengativo y gran actor de reallity shows. Y está ahora como pez en el agua, con todo el poder en la mano. Digamos que ha agarrado al poder por el coño.

Aquí en nuestras tierras patrias, en donde ya les he dicho, después de dar la vuelta al mundo, que es el lugar en que se vive mejor del mundo, tal vez junto con Italia, Grecia y el sur de Francia, pues seguimos con nuestras pequeñas pendencias que no interesan para nada a la población. Es ciertamente increíble que al novio de Ayuso lo pillen defraudando a Hacienda, lo denuncien y todo ello derive en un proceso contra el fiscal que le persigue con la Ley en la mano. Pero así son las cosas y he encontrado un vídeo que circula por ahí en el que el portavoz del grupo Adelante Andalucía, con el gracejo propio de esas tierras, desgrana toda esta historia y también la de que todavía no se sepa quién era ese M.Rajoy que recibía sobres de mil duros en negro, según las cuentas de Bárcenas. Dice el principal sospechoso que nada impide que se trate de un tal Manolo Rajoy. El vídeo es largo, obviamente sesgado, pero desternillante.   

En este lodazal en que se ha convertido la política nacional, yo creo que Vox lo está haciendo muy bien. Su paso más criticado, por el que se salió de todos los gobiernos autonómicos que compartía con el PP, está resultando ahora el más brillante. El poder es algo que comporta rebajar expectativas, moderarse de alguna manera y a Vox le conviene más estar fuera y seguir negando la mayor. A Trump le ha dado buen resultado, y a Milei y otros. Abascal corre el riesgo de que le pase lo mismo que al nefasto Albert Rivera, que le salga el sorpasso por la culata. Pero esa es su apuesta y le puede salir bien porque después de la victoria de Trump ya nadie se corta de votar a este tipo de partidos e ideologías.

Y, mientras todo esto sucede y da tanto miedo, yo sigo a lo mío y les voy a despedir con el primer corte que se ha publicado del nuevo disco de Samantha Fish que tiene previsto publicarse en abril. Abajo se lo pongo en rigurosa primicia. Escúchenlo, Sam sigue cantando muy bien y termina en un crescendo acelerado de su guitarra ciertamente espectacular. Samantha, igual que yo, sigue a lo suyo y yo no sé de dónde ha sacado el tiempo de grabar este nuevo trabajo, entre gira y gira. Por cierto, el pasado 30 de enero nuestra diva cumplió 36 añitos. Quién los pillara. Lo dicho: que sean buenos.

jueves, 30 de enero de 2025

12. Saliendo del hielo

Muy bien. Aquí me tienen escribiendo todavía desde el móvil. Llevo casi un mes congelado en este mundo glacial fuera de mi universo habitual interconectado por los ordenadores, del que fui expulsado por el fracaso sobrevenido de la carcasa de mi Lenovo de poco más de año y medio de antigüedad, lo que me ha llevado a sobrevivir flotando por el espacio digital exterior durante un lapsus mayor que el previsto, en espera de una redención casi homérica por lo ardua que ha resultado la reparación de marras. Y, como el espía que surgió del frío hace ya varios lustros, me dispongo a irme descongelando poco a poco. Porque es un largo proceso este de volver a tener el ordenador a punto, pero tengo buenas noticias, mi calvario está a punto de terminar y les voy a resumir la historia de este coñazo.

Cómo les conté, yo llevé mi ordenador en proceso de descuajaringamiento severo e irreversible al servicio postventa de la tienda MediaMarkt sita en la Plaza del Carmen, en donde lo entregué el día 8 de los corrientes. En el recibo que me dieron, se incluía un código QR, escaneando el cual yo podía informarme de cómo iba el proceso de reparación.

Por ese sistema me enteré de que el aparatito había sido enviado al servicio técnico de Lenovo el día 11. La chica del mostrador de la tienda donde me atendieron, se había mostrado escéptica respecto a la posibilidad de que el arreglo de mis desperfectos quedase cubierto por la garantía. Me dijo que lo más probable era que me enviaran un presupuesto del arreglo para ver si yo lo aceptaba, antes de acometer la reparación técnica del desaguisado.

A partir de entonces, nada. Un estruendoso silencio, y perdónenme por usar un oxímoron tan trillado. La información que me facilitaba el código QR permanecía intacta. Incluso me pasé un día por la tienda y la misma chica me dijo que no se podía hacer nada, que debía ser paciente. Y lo cierto es que, cuanto más tiempo pasaba, más solidez cobraba mi esperanza de que la garantía cubriera todos los costes de la reparación porque, para evaluar los desperfectos y proponerme un presupuesto del arreglo, no hacía falta demorarse casi un mes.

Por fin este lunes 28 de enero, el mensaje del QR saltó al paso siguiente: el ordenador estaba reparado, chequeado su funcionamiento y en espera de ser enviado al Centro Logístico de MediaMarkt en Madrid. El martes por la mañana el aparato ya estaba en dicho Centro y ayer por la mañana se me informó de que el aparato ya estaba de camino a la tienda de la plaza del Carmen. Por la tarde me llamaron de la propia tienda para confirmarme que ya podía ir a recogerlo. Pero ayer tenía yo sesión con Henry Guitar en Palomeras y no podía ocuparme del tema.

Finalmente, está mañana después de mi clase de inglés on line, he caminado hasta la tienda y he recogido el aparato que, he de confesarlo, tiene un aspecto como si fuera nuevo, es una maravilla. En casa he empezado a trastear, he recuperado mis cuentas de Google, Gmail y Blogger, he reinstalado mis contraseñas y me he dispuesto a escribirles a ustedes. Pero aquí han aparecido los últimos obstáculos. El problema es que los tipos del taller han borrado más cosas de las que yo había salvado en un disco duro externo.

En concreto, me han eliminado el paquete completo del Office, que era una versión pirateada del Windows 16, que me instaló un amigo friki que sabe de estas cosas. Y el Office incluye una serie de aplicaciones que yo uso cotidianamente: Word, Excel, Power Point. Además del Adobe, el Zoom, el Handbrake y alguno más. Así que ahora no dispongo de un Word para poder escribir cómodamente en mi teclado, corregir textos y luego copiar y pegar en la ventana de nuevas entradas del blog. Y esto lo estoy escribiendo directamente en el móvil.

Por supuesto que Microsoft me ofrece usar gratuitamente su Word de última generación, pero sólo hasta el 4 de febrero, que tiene cojones lo cutres y rácanos que son. Menudos listos están hechos estos de Microsoft. Después de usarlo gratis una semana, tendría que pagar para que me instalaran el paquete entero del Office. Es la forma de operar del capitalismo, sobre lo que prometo extenderme en mi próximo post ya escrito en mejores condiciones.

Así que he llamado a mi amigo friki, para que me vuelva a instalar un pirata. Para ello he de ir a su casa y me ha dicho que le va mejor por las tardes. Hoy tengo yoga, así que hemos quedado para mañana viernes. Ya ven que mi calvario se acerca al añorado final. Les pido un último esfuerzo de paciencia. Dicen en mi tierra que nunca choveu que logo non escampara. Aquí los claros en el cielo se empiezan a intuir cerca. Sean buenos, que ya falta menos.

Hasta aquí lo que había escrito en el movil esta mañana antes del mediodía. Después he salido a tomarme un vermú con mis colegas, he comido ligero como cada día que tengo yoga vespertino, me he echado una siesta y he retomado mi trabajo con el ordenador. Se me había ocurrido que, puesto que yo tengo los textos de mis anteriores posts guardados como archivos Word en un disco externo, podía tomar uno cualquiera de ellos e intentar escribir sobre lo ya escrito. Pero no ha colado. En cuanto he abierto el primer archivo, Microsoft me ha invitado educadamente a sumarme al proceso de descarga del Office de pago, proceso que yo había rechazado por la mañana.

Pero sí he podido hacer algunas cosas. Abriendo en el ordenador el programa Blogger, en donde había copiado este texto, he podido ponerle los márgenes alineados, además de utilizar las cursivas para la pequeña cita en gallego de dos párrafos más arriba. Si no tuviera prisa, podría añadirles alguna foto, pero creo que es más prudente que espere a que mi amigo friki me instale el Office pirata y pueda trabajar con él a gusto. Supongo que no se han dejado ustedes de percatar de algo: todo esto es un puro mamoneo; si de verdad nos tienen tan vigilados y controlados, ellos, los otros, sabrán perfectamente que yo estoy usando un software pirata, como cientos de miles de ciudadanos. Pero, ¿qué van a hacer? ¿Tal vez mandarme una partida de policías pagados por Elon Musk para que me sacudan con sus porras?

Esto está en la última fase del proceso. Tengan paciencia, que más pronto que tarde les volveré a obsequiar con mis posts habituales, con fotos, vídeos y reflexiones diversas (eso sí: a ritmo de tran-tran). Se lo repito: sigan siendo buenos. Tarik Marcellino y yo les deseamos otra vez un feliz año nuevo, que esto no ha hecho más que empezar.