AQUÍ

Mostrando entradas con la etiqueta Cocina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cocina. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de agosto de 2026

53. Un verano de mierda

En fin, ahora que empezamos a pasar unas noches más fresquitas, que hace como quince días que no conecto el aire acondicionado y ya ni siquiera extiendo los toldos de mi terraza, es momento para proclamarlo bien alto: este ha sido un verano de mierda. Si no sé qué científico ha dicho que nos preparemos, porque este ha sido el verano más fresco de lo que nos queda de vida, pues ya ven ustedes qué panorama. Y yo tengo la suerte de que sólo he sufrido el calor y la sobredosis de turistas pedorros que atestan mi barrio, pero al menos no se me ha caído el techo sobre la cabeza. Las imágenes de algunas de las tragedias colectivas sufridas por los diferentes pueblos en estos días, son suficientemente explícitas. Veamos algunas. Empezando por la tremenda riada de barro que ha sepultado toda una zona habitada en la frontera de Nepal con el Tíbet ocupado por el gigante chino.

Debajo de esa masa de barro hay edificios, vehículos, cultivos, personas. Terrible. Veamos ahora una imagen del terremoto en Venezuela (hubo otros en Colombia y diferentes lugares del globo, incluido uno pequeño en Granada).

Pruebas suficientes de algo que les vengo repitiendo hace tiempo: la Tierra se está defendiendo con todas sus armas de ese virus altamente tóxico que es el ser humano. Los incendios, riadas, huracanes y terremotos suman sus esfuerzos en ese sentido. Pero, encima, a veces no es ni siquiera la Tierra la que determina esas catástrofes; son los propios seres humanos los que se esmeran para destruirse mutuamente, unos a otros: Ucrania, Gaza, Irán y otras guerras en marcha, por no hablar de otras formas de exterminio como la que se está practicando minuciosamente en Cuba. El asesino Netanyahu, yo creo que es el peor de todos los agentes del mal y, después de casi tres años de destrucción y bombardeos indiscriminados y cerca de 75.000 víctimas mortales entre la población civil, resulta que Israel únicamente controla el 50% del suelo de Gaza. La población superviviente se hacina en el otro 50%, sometida a un acoso similar al que sufre Cuba. Aprovechando que ya no hay tanto bombardeo, algunos han regresado a sus casas, o a lo que queda de sus casas. No sé si conocen esta imagen que les muestro abajo.  


Una familia superviviente ha decidido cenar al fresco en el resto de vivienda que les queda, e incluso han tenido la delicadeza de ponerse un mantel amarillo. Ya ven por dónde marcha este mundo, ahora amenazado también por la locura de la Inteligencia Artificial, que no sabemos adónde nos va a llevar en unos pocos años. Así que yo, desde luego, no puedo quejarme de haber pasado un verano de mierda porque, al menos, no se me ha caído el cielo sobre la cabeza, como temía el jefe Abraracurcix en las viejas tiras de Axtérix y Obélix. Dentro de ese mal rollo veraniego que me ha tocado este año, por una carambola me pude sumar a un viaje de seis días a tierras irlandesas; en realidad a Dublín, con una interesante escapada de un día a Belfast. Era un viaje centrado en escenarios urbanos y, aunque saben ustedes que yo prefiero lo urbano a lo rural, en este caso concreto vuelvo con la idea de que lo mejor para conocer Irlanda es llegar a Dublín, alquilar un coche y dedicarse a recorrer las carreterillas y pueblos de la costa.

Irlanda es un país tradicionalmente machacado por los ingleses y que, como consecuencia de ello, hace unos cien años sufrió una hambruna terrible y buena parte de su población se vio obligada a emigrar, sobre todo a Estados Unidos. Además de la guerra de independencia y la posterior guerra civil, de la que surgió la división entre el norte pro-británico y el resto nacionalista e independiente. Eso hace que su capital, Dublín sea una ciudad de interés medio, modesta y poco monumental, nada comparable a las grandes capitales europeas. Cuando la crisis económica de 2008, Irlanda fue incluida en los llamados PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y Spain-España), los patitos feos de la Unión a los que había que ayudar y a los que se masacró con un austericidio indecente. Por cierto, el ingenioso que nos tildó de cerdos, es ese mismo Mark Rutte que ahora, al frente de la OTAN, le hace la pelota a Trump llamándole daddy. Abajo unas imágenes del memorial que recuerda a la citada hambruna. 

 

Lo mejor de Dublín son los pubs y el ambiente callejero de ciertos barrios. En tiempos más recientes, tiempos post-crisis, Irlanda ha logrado atraer con beneficios fiscales a las grandes multinacionales tecnológicas, como Google, Microsoft y otras, que han instalado en Dublín sus sedes corporativas para toda la Unión Europea. Eso se nota también en el personal, en el que no es difícil detectar una fauna de jóvenes ejecutivos agresivos que tienen sus propios bares y restaurantes gourmet, sus tiendas de ropa cara y sus lugares de reunión en los nuevos barrios. Estas sedes de las grandes tecnológicas se han construido a las orillas del río Liffey, en nuevos edificios de los llamados inteligentes y también aprovechando los viejos edificios portuarios de ladrillo, como pueden ver abajo.

En realidad, lo que me resultó más interesante de este viaje fue la visita a Belfast, una ciudad dividida entre dos comunidades que se odian y se miran de reojo, separadas por los mismos altos muros que se construyeron durante los 30 años de guerra urbana entre los católicos y los protestantes, lo que en Gran Bretaña se conoce eufemísticamente como The Troubles. Durante los años que van desde el primer atentado del IRA en 1968, hasta el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, el conflicto produjo un saldo de muertos de 3.500. Callejeando por el centro de Belfast, una ciudad pujante y llena de vida, parece increíble que hace poco tiempo se estuvieran pegando entre ellos a tiros y bombazos. A ese extremo llevan los nacionalismos, las religiones y las ideologías, y toquen ustedes madera de que las cosas en Ceuta no terminen igual.

Nuestra excursión incluía una visita en autobús a los barrios católicos y unionistas, algo que me resultó impresionante. Los muros que separan a unos de otros tienen como cinco metros de alto y están coronados por verjas para hacerlos más difíciles de cruzar. En ambos lados hay innumerables murales, que los turistas fotografían sin parar. Pero los del lado católico incluyen imágenes a favor de Palestina, Gaza y Ucrania. Retratos de personajes como Nelson Mandela, Yasser Arafat o el Che Guevara. Mientras que en el lado unionista sólo hay retratos del Rey Carlos y de su madre la reina Isabel, con cientos de banderas de la Gran Bretaña y hasta alguna pintada a favor de Israel. El famoso Acuerdo de Viernes Santo consiguió que dejen  de pegarse, que no es poco, pero aquello es un polvorín que puede estallar en cualquier momento (como Ceuta y Melilla). Abajo unas imágenes sacadas desde el bus en la parte católica; en la otra, me quedé tan anonadado que no saqué ninguna.



Y no es este el único punto del globo terráqueo en el que conviven dos comunidades que se odian. A veces, separadas por una frontera. Como Chipre y la República pro-turca del norte de la isla. Otras veces, separados por comunidades como en Irlanda del Norte. Por ejemplo, Bosnia, que en realidad son dos estados, uno musulmán con capital en Sarajevo y otro pro-serbio, con capital en Banja Luka. Y lo mismo entre Moldavia y la región separatista pro-rusa de Transnistria. Por no extenderme, no digo nada de los numerosos casos similares que hay en África. En general, esto suele suceder más frecuentemente en zonas pobres o atrasadas. Pero lo sorprendente aquí en Belfast  es que este odio se desatara en plena Unión Europea. También saben que en la rica Bélgica, hubo que dividir la prestigiosa universidad de Lovaina en otras dos: una en la zona flamenca, que se llama Leuven y una nueva construida en la zona francófona, denominada  Lovaine la neuve.  

Si quieren ustedes saber algo bien narrado y fundamentado sobre el conflicto en estas tierras, les recomiendo ver la trilogía de películas que realizaron los cineastas Jim Sheridan y Terry George entre 1993 y 1997. Son tres cintas tremendas en las que ambos intercambian sus papeles como director y guionista. La primera y tal vez la más conocida, se llama En el nombre del padre y creo que es una de las películas que más me ha impactado en mi vida. Narra la historia de los llamados Cuatro de Guildford, unos ciudadanos de la parte católica de Irlanda del Norte, que fueron falsamente acusados de haber puesto una bomba en un pub de Londres y condenados a prisión. Buena parte de la película transcurre en la cárcel de KilmaInham, que yo visité en este viaje. Vean un par de fotos.


De verdad, si no han visto En el nombre del padre, ya están tardando en recuperarla. La segunda de la trilogía se llamó originalmente Some mother’s son, que sería algo así como el hijo de algunas madres, y que en España bautizaron con su tradicional ingenio rancio como En el nombre del hijo. Es también una película impresionante, que narra la famosa huelga de hambre de los presos del IRA para reivindicar que no les pusieran los mismos uniformes de los presos comunes. La recién elegida Margareth Thatcher se puso burra, no dio su brazo a torcer y hasta diez presos murieron de hambre. Por cierto, desde entonces las huelgas de hambre no son de verdad, puesto que, aunque se nieguen a comer, les ponen suero intravenoso, con lo cual se quedan hechos polvo, pero no se mueren.

La película se centra en la madre de uno de estos presos, de clase media alta, que se entera de que su hijo es un miembro del IRA sólo cuando lo detienen. La interpreta una espectacular Helen Mirren, una de mis actrices favoritas y la cámara la sigue todo el rato en su particular descenso a los infiernos. Es una película muy poco conocida en España, pero que les recomiendo sin dudarlo. Por último, la tercera se llama The Boxer y narra la historia de un ex boxeador que vuelve a Belfast tras cumplir condena como miembro del IRA e intenta dedicarse a lo suyo (una escuela de boxeo) sin involucrarse más en la contienda política, algo que el entorno presiona para que no lo consiga. También les recomiendo una película más reciente, Belfast, en la que el famoso Kenneth Branagh plasma sus recuerdos de infancia en dicha ciudad, con una omnipresente música a cargo de Van Morrison.  

Y ya que estamos de recomendaciones fílmicas, otra de las películas que me han gustado más en mi vida, es irlandesa y se llama The Commitments. Narra la historia de un grupo de chavales de Dublín que quieren formar un grupo musical para hacer soul, la música más auténticamente negra. Siendo ellos blanquitos y rubios, la historia de las dificultades que van sufriendo para hacerse un hueco en el mundo del rock, no tiene precio. Buena parte de esa película se rodó en un pub precioso de Dublín, que yo visité y que se llama The Hairy Lemon, o sea el limón peludo. Es un lugar muy recomendable, donde se comen buenos platos de la cocina irlandesa, siempre mejor que la británica, especialmente el Iris Stew, el mítico estofado de cordero, que está para chuparse los dedos.

En realidad, este viaje relámpago a Irlanda ha sido un pequeño fogonazo de brillo en medio de uno de los peores veranos que he pasado en los últimos años. A nivel personal y colectivo. En este terreno, ya hemos citado un par de veces la crisis de Ceuta. Como saben, yo me he declarado sanchista empedernido, en primer lugar por exclusión (no encuentro a nadie que me genere un poquito de ilusión de futuro), pero también en positivo, porque me parece que un tipo que lleva ocho años haciendo una política coherente, en medio de una continua avalancha de la peor oposición de Europa, por tierra, mar y aire, pues revela una talla de estadista que yo no veo ahora mismo en nadie. Pero, sin bajarme de esa burra, tengo que admitir que su actuación en el tema de Ceuta es bastante penosa. Un asunto tan candente y peligroso como ese se merecía una actitud activa, no quedarse de vacaciones en Lanzarote cinco semanas, a ver si la cosa se arregla sola.

Yo tengo muy claro que la avalancha del 31 de julio fue provocada, o azuzada o consentida por el régimen marroquí. 80.000 sujetos no se ponen en marcha de forma coordinada arriesgando su vida si alguien no les induce a ello. Algún bulo les calzaron, extendido por las redes sociales, y se dirigieron todos al matadero como borregos. Cierto que 70.000 volvieron al día siguiente con el rabo entre las piernas. El error del Gobierno español fue pensar que el tema ya estaba resuelto. No. Los 10.000 que quedan son un problema muy gordo, que se ha enfrentado tarde y mal. Yo, que siempre he visto a Sánchez afrontar problemas graves (pandemias, incendios, volcanes) con cierta rapidez, esta vez estoy pasmado ante su pasividad y falta de reflejos. Quizá está cansado después de lo que ha sufrido en estos años. O es que ya no da para más.

Ahora bien, ¿por qué se produjo esa movilización masiva? Pues yo no lo sé. Tal vez fue un simple ensayo de Marcha Verde, para el día que decidan ir a por Ceuta y Melilla, ahora que tienen el beneplácito de los USA y de Israel. Parece demostrado que la policía marroquí no hizo nada por impedirlo, incluso les ayudaba a subir a los camiones que les llevaban a la frontera. ¿Estaba el rey al tanto? Yo no estoy seguro, es un tipo que vive aislado en un castillo de París la mayor parte del año y es posible que no se entere de nada. Pero, al menos, su camarilla estaba detrás de la avalancha humana. Ceuta y Melilla son históricamente españolas, ya lo eran antes de la creación del reino de Marruecos. Pero geográficamente, son África. Y a mí me parece que van de culo, lo mismo que el estado de Taiwan y otros similares, en este mundo geopolíticamenmte enfermo que hemos tenido la mala suerte de llegar a sufrir.

Sánchez se ha enfrentado a Trump y Netanyahu y se lo están haciendo pagar, a través de Marruecos, el estado firmante de los acuerdos de Abraham. El estrecho tiene un valor estratégico incalculable y Trump quiere controlarlo. Y no descarten ustedes, queridos lectores que todo este sarao tenga como objetivo más inmediato que la final del próximo Mundial de fútbol se juegue finalmente en Rabat. Por si no lo saben, la organización de ese Mundial se concedió inicialmente a España y Portugal. Luego se invitó a sumarse a Marruecos como comparsa, pero enseguida empezaron a construir el súper estadio que tienen a medias. ¿Por qué se les invitó? Tampoco lo sé, fue una decisión de Sánchez en la línea de su cambio de chaqueta en el tema del Sahara, tal vez impuestos ambos por los Estados Unidos.

No sabemos qué hay detrás de todo este asunto, tal vez esos acuerdos secretos son los que están impidiendo a Sánchez una respuesta más firme frente a Marruecos. En cualquier caso, no me parece muy conspiranoico ver la mano de USA e Israel detrás de la avalancha sobre Ceuta. Las reacciones de ambos fueron muy rápidas, Trump se mostró consternado con las imágenes de la invasión y ustedes saben lo que le importa un asunto humanitario como este en la periferia de su imperio. En cuanto a Israel, tal vez ustedes no se hayan enterado de la reacción, también inmediata, del hijo de Netanyahu, un sujeto que vive en Miami a cuerpo de rey, donde hasta se ha cambiado el nombre. El mismo 31 de julio, publicó en la red X el tuit que les dejo de despedida. Hay que ser desgraciado para burlarse de la solución de dos estados (Israel y Palestina) transponiéndola a España y añadiendo que, los que no estén de acuerdo, serán tachados de violadores de los derechos humanos. Vayan con Dios, queridos lectores, que nos viene un año marinero de verdad.


   

jueves, 26 de febrero de 2026

43. One more time

Una vez más (one more time) tengo que empezar por pedirles disculpas por un silencio de casi un mes. La cosa está justificada por una circunstancia que enseguida les preciso, que me ha dejado sin margen para escribir, porque, sumada al inglés, el yoga, el running y lo demás, ha ocupado todo mi tiempo libre en este Mes del Señor, de febrero de 2016. La circunstancia es que el día 19 cumplí 75 años y, ante cifra tan redonda, se me ocurrió organizar una celebración, que más abajo les cuento y cuya logística acaparó toda mi energía mental sobrante. Más abajo les cuento los detalles de esta aventura, que me ha llevado a un lapsus de silencio mayor del habitual, por el que les pido encarecidamente disculpas. Una vez más. La cosa de ponerlo en inglés, no es sólo por mi proverbial esnobismo, que también, sino porque últimamente uso la melodía de la canción de ese nombre, para mis salidas a correr por el Retiro. Es un tema sensacional, que firmó el gran músico británico Joe Jackson, nada menos que en 1978 y que es perfecta para correr a una buena velocidad. Escúchenla, porfa.

Bueno, tras este chute de energía musiquera, pasemos a lo cotidiano, un pequeño repaso de algunas de las cosas más destacadas que han sucedido en este mes. Empezando por el intermedio de la Superbowl en América, en donde la actuación del portorriqueño Bad Bunny dejó a todo el mundo boquiabierto. Y saben que Donald Trump había contraprogramado con una actuación retransmitida por otra cadena, con un show patriótico de alguien afín. Pero a la hora de la verdad le pudo la curiosidad y vio completo por la tele el show de Bad Bunny. E inmediatamente lo comentó en su red social, de la manera compulsiva habitual, con estas palabras: Esta actuación ha sido TERRIBLE, nadie entiende lo que dice ese tío.

A este respecto, tengo que confesarles que yo tampoco entiendo nada de la dicción de este señor, a quien tengo un cierto respeto como músico, aunque el reguetón no es lo mío. Hace años que mi hijo Kike me está hablando en los mejores términos de Bad Bunny, pero, qué quieren que les diga, yo prefiero a los Beatles y a los Stones (y a Joe Jackson). De este hombre sólo me gusta media canción, esa que dice: Pol la mañana café, pol la talde ron. El arranque, cuando entona ese estribillo, es buenísmo; luego el tema se va por otros vericuetos que ya me gustan menos, aunque reconozco que no están mal tampoco. Escúchenlo hasta donde quieran y córtenlo entonces, porque a medio tema se pone un poco cansino.

Pero lo cierto es que a mí, como a Donald Trump, me cuesta entender lo que canta este señor, de quien admito que sus letras constituyen un valor añadido, puesto que han suprimido el viejo imaginario machista del reguetón original. Pero sentado esto, me asalta una gran preocupación: ¿es posible que yo llegue a coincidir con Trump en algo? Sería algo TERRIBLE para el blog y permítanme que use las mayúsculas a la manera trumpista. Por cierto, Trump se cree que poniendo mayúsculas se enfatiza el valor de una palabra, cuando no es así. Para enfatizar un término, se utilizan universalmente la cursiva o el ponerlo entre comillas. Las mayúsculas significan que esa palabra se grita, se vocifera, se proclama a voces. A lo mejor es eso precisamente lo que pretende este maleducado proverbial, pero me temo que la sobredosis de mayúsculas en sus tuits se debe más a la ignorancia de su valor semántico. Pero, como les digo, yo estaba preocupado por coincidir en algo con Trump, así que he recurrido a las fuentes. Es decir, al gran José Mota. En uno de sus sketchs navideños (de hace dos años), este estupendo cómico pone en contexto el problema de por qué los boomers no entendemos a Bad Bunny. Véanlo, es desternillante.  

La deriva de Donald Trump es muy peligrosa, como les llevo pronosticando desde hace mucho y confirmando día a día. Yo confío en que los americanos salven las Mid Term Elections, que desde ya está tratando de torpedear, prostituir o directamente anular. Nos jugamos mucho todos en esas elecciones para las que quedan poco más de ocho meses. Lo que me gustaría resaltar es que mi opinión respecto a este impresentable no es en absoluto única y aislada; todo el mundo está horrorizado con la deriva de semejante personaje. Ya les he contado que, tanto en Canadá, como en Australia, los partidos socialdemócratas han ganado las últimas elecciones presidenciales, para las que partían en amplia desventaja según los sondeos. Algo parecido ha sucedido en Portugal y otros lugares, y la propia opinión pública norteamericana registra unos ínfimos valores de popularidad sin precedentes en otros presidentes anteriores. Tal vez la irrupción de Trump pueda servir al mundo como una especie de vacuna contra el fascismo. Supongo que saben también que durante la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Milán-Cortina d'Ampezzo, el desfile de la delegación norteamericana fue acogido con un abucheo sonoro y unánime de todos los presentes. Vean también el chiste de un humorista británico.

A mí cada vez me resulta más incomprensible que un pueblo como el americano haya elegido presidente a un patán, iletrado, colérico, compulsivo, maleducado, histriónico, ególatra, vengativo, abusón, machista, putero, corrupto, incapaz para la empatía… se me acaban los adjetivos; creo que este señor sería acreedor de todos los epítetos reseñados en el Gran Libro de los Insultos, de Pancracio Celdrán, del que ya les he hablado muchas veces. Lo más reciente de este energúmeno es el discurso de casi dos horas sobre el Estado de la Unión. Les voy a pedir que escuchen la respuesta inmediata de Bernie Sanders. Les pongo la versión original en el delicioso inglés de Sanders y una traducción automática al español de Sudamérica, directamente perpetrada con Inteligencia Artificial, para que elijan la que mejor les vaya.


Vaya, les estoy poniendo muchos deberes visuales en este post, pero no se quejen, que podría ser peor. Después de un mes de silencio, hay muchos temas sobre la mesa por los que poner verde a Donald Trump y, por supuesto, también a Feijoo, que es el otro deporte habitual de este blog. No quiero ser pesado, pero a mí me intranquiliza mucho la posibilidad de que este tipo llegue a ser presidente en España, y encima con Abascal de vicepresidente. A mí me parece que no está capacitado, es un vago (en la línea de Rajoy, sólo que este tenía más gracia) y es un sieso, adjetivo que creo que le cuadra como anillo al dedo, según define el término el Libro de los Insultos arriba citado, es decir, desagradable, antipático y desabrido (en Andalucía, suele utilizarse más la palabra malaje). Y, como le pasa a todos los siesos, su presencia suscita toda clase de burlas, chanzas y cuchufletas. Por ejemplo, los de El Mundo Today, lo proponen como sucesor de El Mencho, al frente del Cartel Jalisco Nueva Generación. Si no se lo creen, pueden leerlo pinchando AQUÍ.

Es también una noticia desternillante. Es oportuno que lo moten de Frijolito Feijoo, porque ese es precisamente el significado de su apellido; por ejemplo, en portugués se dice feijão para designar toda clase de alubias: blancas, pintas, negras o verdinas, con especial referencia al feijão frade, que es el menos valorado para elaborar guisos calientes y, por el contrario, se usa para hacer una de las ensaladas más tradicionales de Portugal. Este feijão frade se llama en Norteamérica black-eyed pea y es muy popular en el sur profundo, especialmente en la cocina cajun y criolla. Por otro lado, la feijoada es el plato nacional de Brasil, yo probé una buenísima en Curitiba con mi querida amiga Gisele. La feijoada proviene de los guisos que elaboraban los esclavos negros, aprovechando las sobras que se tiraban de la comida de sus amos, para cocinarlos de nuevo con frijol negro y arroz blanco. Es una exquisitez. Pero nuestro Feijoo, más bien responde al modelo del feijão frade, listo para la ensalada con Abascal. A un tipo tan sieso, como les digo, todo el rato le hacen cuchufletas como la que ven abajo.

Pero es que no hace falta recurrir a la manipulación de imágenes para reírse de este señor. Basta poner una imagen como la que les muestro abajo, en las Cortes. O el vídeo que aparece aun más abajo, que es también auténtico. Se trata de un acto durante la campaña aragonesa, en el que le invitan a hablar de una empresa de Binefar, y el tipo se aprende mal el nombre y lo dice ocho veces mal, delante de un cartel en el que está bien escrito. Díganme: ¿ustedes querrían a un sujeto tan gafe como presidente? Encima es que se lo van a comer entre Ayuso y Abascal. Vean lo que les digo.


Brifín. Ya lo han escuchado. Este lapsus no supera lo de Anotop at, que es insuperable, pero abunda en la misma línea. Quizá recuerden también un tercer episodio, cuando en las Cortes proclamó con su solemnidad impostada que él, en cuanto llegara a presidente, encargaría la resolución del problema de la vivienda en España a su primer vicepresidente. Todos en el Congreso, menos los del PP, empezaron a reírse a carcajadas, sin que él se enterara del motivo de la hilaridad, que no era otro que el hecho cierto de que quien tiene todas las papeletas para ocupar esa primera vicepresidencia es el señor Abascal. Aviados vamos si el problema de la vivienda lo tiene que arreglar este caballero.

Por lo demás, Feijoo ha diseñado esta cascada de elecciones regionales, para que el PSOE las pierda todas y así ir deteriorando poco a poco la posición de Sánchez, a ver si se va. Pero le está saliendo el tiro por la culata, porque tanto en Extremadura como en Aragón, el PP ha perdido peso y ha pasado a depender aún más de Abascal, que ahora le chulea retrasando sine die la constitución de ambos parlamentos. Le está bien empleado: convocar elecciones en Extremadura y Aragón no era necesario desde un punto de vista estrictamente local, ambos comicios se han ordenado desde Génova, en clave nacional. Y Abascal responde también en clave nacional. Los problemas de extremeños y aragoneses son irrelevantes para ambos partidos de la derecha, dedicados full time a derribar a Sánchez.

En fin, ya ven que la actualidad no se detiene aunque yo no escriba en el blog. Por cierto, ya me da pereza meterme también con Almeida; además ya me he adaptado a correr por fuera del Retiro, cuando a este hombre le da por cerrarlo y hasta podría admitir que cerrar el parque por una climatología como la que hemos sufrido el último mes puede tener una cierta lógica (aunque se han caído árboles por toda la ciudad y no tendría sentido prohibir a la gente que salga a la calle). Lo que sigue siendo indescifrable es que cierren el parque cuando hace mucho calor, cuando en las demás ciudades del mundo hacen justo lo contrario: ampliar el horario para que los ciudadanos puedan estar más frescos. También me molesta que en la Web del Ayuntamiento digan que los cierres sólo suceden un 1% de los días: en lo que va de 2026, el Retiro ha estado más días cerrado que abierto.

Pero vayamos ya con el tema de mi cumpleaños 75. Manda carallo, tres cuartos de siglo me contemplan. La cosa es que estas cifras redondas son una excusa perfecta para hacer una fiesta y reunirse con los amigos. Yo lo hice cuando cumplí 60. Por aquel entonces, era yo Subdirector General, corría carreras de 10 kilómetros sin inmutarme, tenía una pareja nueva que me gustaba mucho y me sentía poderoso y contento: el rey del mundo. Con ese motivo, cerré durante dos horas una discoteca bastante de moda entonces, el Honky Tonk, por la zona de Olavide. De diez a doce de la noche. Vino mucha gente, en especial de los servicios técnicos del Urbanismo municipal a los que yo pertenecía. Yo pagué al club un tanto por todo, según lo que me dijeron, y por allí pasaban todo el rato camareros uniformados portando bandejas con pinchos y cosas de picar. La bebida era libre y ellos se encargaban de la música. A las doce, abrían las puertas al público, entraba todo el mundo y las copas posteriores había ya que pagarlas. No recuerdo cuánto me costó, pero era una propuesta cara, un lujo.

Cuando cumplí 65, mi situación había cambiado. En el Ayuntamiento me habían cesado como jefazo, gracias a la imbecilidad de una concejala inane nombrada por la señora Botella. En otro orden de cosas, mi chica también me había cesado, aunque yo me resistía a asumirlo. Así que no estaba la cosa para muchas fiestas. Y menos mal que no organicé nada porque, la misma mañana de mi cumpleaños, me rompí el brazo izquierdo, en un incidente nefasto, del que se dio debida cuenta en el blog, que ya llevaba un tiempo abierto. Por fin, cuando cumplí 70, mis expectativas eran muy amplias, me jubilaba y planeaba iniciar una nueva vida, empezando por la idea de hacer un viaje de vuelta al mundo. Pero se cruzó por medio la maldita pandemia, de modo que ni siquiera pudimos hacer la habitual fiesta de despedida en el trabajo. En realidad, la hicimos, pero en versión on line. El viaje mundial quedó también suspendido, aunque finalmente lo hice a los 73, como saben, animado por mis hijos, que me dijeron que, o lo hacía ya, o no lo haría nunca. Es cierto, creo que ahora no emprendería un viaje como ese; yo estoy más viejo y el mundo también ha cambiado, por culpa de El Agente Naranja, del que no quiero hablar más.

Ahora, para los 75, no tenía excusa para saltarme la celebración. Pero me pareció que una fiesta tipo Honky Tonk no era procedente. Yo no tengo ya el dinero que manejaba a los 60, soy un jubilado y la gente que podía reunir no es ya tan noctámbula como hace quince años. Y encontré una solución maravillosa: el Mona Club, en pleno centro de Madrid, a 50 metros de la plaza de Cascorro, cabecera del Rastro. La fiesta se celebró el sábado 21 y resultó muy bien. Les cuento algo del lugar. Este club se llamaba hace unos años Mona Pinkerton y era bastante exitoso, especialmente los fines de semana, por el Rastro. El alma de este club, que se anuncia como cultural y vegano, es el gran Julián, ya mi nuevo amigo para siempre. A Julián le traspasaron el negocio como bar y club. Y fue como un tiro: daban comidas de menú vegetariano, había conciertos y actos de todo tipo y era un negocio floreciente. El local tiene una planta baja amplia y, por una escalera empinada se baja a una especie de cueva, perfecta para la música.

Todo fue bien durante cinco años, el negocio era rentable, cada año pasaban unos policías municipales que comprobaban los papeles del lugar y, en esa situación lograron hasta superar los encierros de la pandemia. Hasta que, de pronto, un aparejador municipal descubrió que el local carecía de licencia de actividad. Se la pidieron a Julián, que no la encontró. El tipo que le había traspasado el negocio le había estafado. Le clausuraron el sitio y le pusieron 60.000€ de multa. Pero el problema es que el rollo del lugar le había atrapado, se lo pasaba muy bien allí, ganaba dinero y decidió reflotarlo. Pidió una licencia de actividad. Y entonces descubrió que su bar estaba en una ZPAE. Zonas de Protección Acústica Especial. Son zonas en las que, en 2012 se estableció que no se podrían abrir nuevos bares, para responder a las quejas vecinales por el ruido. Sólo se dan licencias de actividad para lugares donde antes ha habido un bar legal, con todos sus papeles en regla. Mi casa está también en una ZPAE.

Ante esto, a Julián le queda sólo una solución: legalizarlo como club cultural. Está en ello con un arquitecto y a través de una ECU, esas empresas a las que Gallardón externalizó la gestión de estas licencias. Mientras consigue los papeles, va organizando saraos como el mío, con los que mantiene vivo el asunto, además de jam sessions, mercadillos, conferencias y similares. Todo eso, de la forma más silenciosa posible porque, como le denuncie un vecino, se le puede caer el pelo. Él podría argüir que ya ha pedido la licencia y no se la han dado todavía por ineptitud municipal, pero con estas cosas es mejor no jugar. Con motivo de esta situación provisional, los asistentes a la fiesta debían entrar por el portal y buscar una puerta lateral para acceder al local, lo que le daba al tema un mayor nivel de aventura y rollo misterioso.

Pero esta vez yo no podía contar con camareros de levita sirviendo comida. Había que organizar muchas cosas. Julián ofrece un catering vegano, pero yo lo completé con jamón, queso y empanadas gallegas, mi chica y mi compañera Cristina Moreno aportaron diversas exquisiteces. Compré una caja de vino blanco para tenerlo bien frío. Esto en cuanto a la manduca. Además tenía que ocuparme de la música, a través de Spotify. Y ayudar a recolocar los muebles del bar para poner las mesas a un lado. Pensar en unos percheros donde la gente dejara los abrigos y los bolsos. Más las tartas de cumpleaños y las velitas. Y pensar en la organización general del evento. Y encima, la gente se empeñó en que teníamos que tocar algo en el escenario de la cueva, lo que supone revisar el equipo de amplificación, hacer pruebas de sonido, etcétera. Al final, todo salió bien.

El programa era que, a las 19.00, se iba recibiendo a la gente, dejaban sus cosas, pedían bebidas en la barra y tenían a su disposición las cosas de comer en las mesas del fondo. Yo tenía que saludarlos a todos, recibir los regalos y amontonarlos en un rincón. Al final nos reunimos 42 personas, que no está nada mal. Gente transversal, diversa, entre la que nadie conocía a casi nadie. Mis hijos y algunos de sus amigos, mi pareja y su grupo más próximo, más algunos amigos antiguos, compañeras de mis 40 años de trabajo en el Ayuntamiento, profesoras de las escuelas de arquitectura que aún me siguen llamando para dar clases magistrales, mis colegas músicos de Vallecas, gente del yoga, el pequeño grupo de vecinos de la calle Almadén que nos solemos encontrar por el barrio. La cosa era divertida.

En un momento dado, Henry Guitar, Críspulo y yo bajamos a la cueva, ajustamos los instrumentos y empezamos a tocar. La gente bajó enseguida y yo tuve que dar un pequeño speech agradeciendo la presencia de todos y presentando al grupo. Ahí iniciamos un conciertillo improvisado, del que tengo algunas imágenes. Al final, mi hijo Kike me presentó la tarta con las velas y pusimos la música para bailar, distinta de la que habíamos puesto arriba, que era mayormente blues. Arriba de nuevo, atacamos las tartas con nuevas bebidas y la gente empezó a desfilar. Una de las ventajas del lugar es su localización, muy cerca del Metro Latina o la Plaza Mayor. Los últimos cerramos el lugar a las doce de la noche y caminamos a nuestras guaridas, agotados pero felices. Y ahora vamos con las imágenes. Primero, el escenario desde el fondo.  

Cronológicamente, ahora viene un video de nuestra actuación. Me grabaron muchos, pero ya saben que con los teléfonos móviles el resultado es muy malo y el sonido regular, con el barullo que monta la gente. Entre todos los que me grabaron, les he seleccionado este, porque realmente es un momento mágico, a pesar del sonido ratonero. Es la interpretación que perpetramos del Stand by me, del gran Ben E. King, año 1961. Les juro que no habíamos ensayado nada, la canción surgió espontánea, pero Henry y Crispulo son unos músicos excepcionales y yo hice lo posible por estar a la altura. El rock es una cultura que pasa de padres a hijos y esta canción se la sabe todo el mundo y la cantaron allí a coro. No se la pierdan. Y pantalla grande, por favor.

Espectacular, ¿verdad ustedes? Bien, vean ahora una imagen del momento en que me sacan la tarta.

Y, al final, nos hicimos todos los presentes una foto emulando la portada del Sargent Peppers, para que quede para la posteridad. También les he seleccionado dos entre las muchas versiones que se hicieron.


Nada, que fue una noche inolvidable para mí. Desde que me fui por ahí a dar la vuelta al mundo, no había vivido unos momentos tan intensos. Así que, que ustedes lo pasen bien. Quieran a sus amigos, déjense querer por ellos, y disfruten en suma de la vida: sólo tenemos una.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

39. Felices fiestas con caldo gallego

Nada, que el tiempo parece acelerarse en determinados momentos de nuestras vidas y ahora mismo a mí me ha atropellado la Navidad y ya estoy preparando vituallas y pertrechos para resistir el primer round, el de la Nochebuena, que como en años anteriores pasaré con la familia de mi hermano Antonio. En consecuencia, intentaré escribir un post no muy largo, aunque la actualidad no da tregua. En el ámbito nacional, el señor Fake Jo-ho sigue haciéndolo muy mal, es un tipo muy torpe en las formas y en el fondo y el asunto de las elecciones extremeñas así lo demuestra. No debemos olvidar la historia de la que surge esa convocatoria. La señora Guardiola accedió a la presidencia de Extremadura cuando las elecciones locales y regionales de 2023 a pesar de que la lista más votada fue la del PSOE y Fake Jo-ho se había mostrado partidario de que gobernara el que ganase las elecciones. A la vista de los resultados, este señor se tragó la lengua y cambió radicalmente de postura. Guardiola se destapó entonces con unas declaraciones en las que proclamaba que antes muerta que con Vox, partido al que acusó de machista, anti LGTBI y maltratador de emigrantes.

Pero rápidamente la llamaron al orden desde Génova y tuvo que desdecirse y tragarse el sapo de dejar entrar a Vox en su Gobierno, en línea con el cambio de opinión de su jefe. Como parte del acuerdo alcanzado, Guardiola tuvo que aceptar la eliminación de la Consejería de Igualdad, las leyes para apoyar la caza, incluso en parques naturales como el de Monfragüe, y otras ruedas de molino intragables. Aun así, un año después, Vox abandonó el gobierno, por una instrucción de la dirección nacional del partido, que hizo que se salieran de todos los gobiernos regionales al unísono. Abascal es muy listo y sabe que la posibilidad de que su partido siga creciendo está ligada a que no estén en el poder, que es algo que desgasta mucho, y que por el contrario conserven un sesgo antisistema que es lo que les hace tan atractivos para los jóvenes. Guardiola se queda entonces sin socios y empieza a gobernar en precario. Y este año, al ver que no consigue ni aprobar los presupuestos, convoca elecciones anticipadas.

¿Resultado de las elecciones? Pues que Guardiola pierde 9.000 votos, aunque aumenta en un diputado por el desplome del PSOE. Y que Vox duplica sus números, tanto de votos como de diputados. Es decir, que Guardiola va a quedarse en una situación de mucha más debilidad que antes de las elecciones, con Vox crecido y dominando todo el panorama. Esperemos que no tenga que aprobar una ley de caza del emigrante, disculpen el exabrupto y no les demos ideas. Una auténtica victoria pírrica, pues, la de esta señora o, parafraseando el refranero popular, para este burro no se necesitaban alforjas. Guardiola ha hecho una apuesta y la ha perdido, algo que entra dentro de lo normal en el juego de la política, pero no podemos evitar pensar que la han animado y jaleado desde Génova a que convocara elecciones ya. ¿Por qué? Pues por dos razones. Una, la torpeza proverbial de Fake Jo-ho, que cada vez que habla o toma alguna decisión, se equivoca y mete la pata hasta la ingle.

Pero esto no es sólo un error. Es también parte de un plan de celebrar un goteo de elecciones en todas las regiones para que el PSOE vaya perdiendo y se siga deteriorando la figura de Sánchez. Los de la fachosfera están tan cegados en su odio a este señor, que el resto les importa un rábano. Y en ese resto se incluye dejar bien jodida a la señora Guardiola o a quién sea (por supuesto, los problemas de Extremadura se la bufan ampliamente). Todo vale en la ofensiva por tierra mar y aire contra el sanchismo, ese concepto que se han inventado y que consiste en un conjunto de conductas reprobables, bastante más leves que las que ellos mismos suelen desarrollar. Pero Sánchez no se va, y no se irá mientras no le fallen los puigdemoníacos o los de Jodemos. Haga lo que haga la caverna y su Brunete mediática, este señor está dispuesto a resistir las sucesivas andanadas y eso es lo que les hace rabiar hasta perder el conocimiento. Algún día lograrán desalojarle de la silla y no tardaremos en empezar a echarlo de menos. Mientras tanto, podemos usar la Inteligencia Artificial para elaborar imágenes satíricas como esta.

Una imagen muy navideña, con la zambomba de ETA: zumba-zumba-zumba. Los de Jodemos han duplicado también sus números, aunque siguen siendo irrelevantes, pero están eufóricos, porque han hecho desaparecer a Sumar en la Comunidad. Ya saben: en la iconografía mental de esta gente, Pablo Iglesias es el único político español no corrupto y por eso le persiguieron de aquella manera cruel. Todos los que se fueron saliendo de su partido son unos Judas y unos traidores. Y Sumar es precisamente el movimiento que agrupa a todos los traidores. Así que leña con ellos. Que hayan pasado de 3 diputados a 7 es un éxito sin duda, pero si la izquierda se uniera en una candidatura conjunta, a lo mejor sacaban 14, además de recuperar a muchos de los desencantados del PSOE y ya no serían tan irrelevantes. Pero el odio también les ciega a ellos. Yo les llamo Jodemos, pero también podrían llamarse el PQVASSPSR. Para Qué Vamos A Sumar Si Podemos Seguir Restando.

Y en cuanto a la situación internacional, el odio y el rencor ciegan también a Donald Trump, que está dispuesto a liarla parda en Venezuela, a ver si con eso consigue el Nobel de la Paz, que se lo podrían dar compartido con Putin y Netanyahu. Por si no lo saben ustedes, este señor ha declarado como organización non-grata al Tribunal Internacional de La Haya, cuyos miembros se ven tratados como terroristas y no pueden ya ni hacer operaciones bancarias de rutina, han de funcionar sólo con efectivo. Es increíble ¿verdad? Pues pueden comprobar que es cierto pinchando AQUÍ. Y esta misma mañana se ha sabido que el veto se extiende también a algunas de las figuras internacionales que trabajan para la paz y la distensión mundial. Qué quieren que les diga, a mí este señor me da mucho miedo.

Para entrar en los USA, yo me saqué la ESTA el 18 de junio de 2024, en medio de mi viaje de vuelta al mundo. Como siempre, me indicaron que la validez de este procedimiento de entrada era de dos años. Pues me acaban de informar de que ya caduca, apenas año y medio después, y que es improrrogable. Yo ahora no tengo la menor intención de volver a ese país, pero, si cambiase de opinión, tendría que pedir una nueva ESTA, lo que daría pie a que revisaran el contenido de mis comentarios en redes sociales (según una Ley que acaba de firmar Trump con el rotulador gordo), entre ellos todo lo publicado en este blog, y probablemente no me la concedieran. Para despejarles las dudas en caso de que lleguemos a eso, abajo incluyo otra imagen generada por la IA.

En fin, que vamos de culo en este mundo postcapitalista y despiadado, en el que la ultraderecha populista crece como la espuma. La victoria de Kast en Chile es una noticia bastante mala, como evidencia el hecho de que su primer movimiento como presidente ha sido viajar a Argentina a hacerse una foto con Milei ayudándole a sujetar la motosierra. Pero no hemos de desanimarnos. Por algún lugar saldremos. De momento, se trata de aguantar once meses hasta las elecciones Mid Term de los USA, donde tal vez se pueda empezar a controlar a Trump. En relación con todo esto, viene al pelo la reflexión del filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han, autor de libros de culto como La sociedad del cansancio. Dice este señor que, en estos momentos, lo más revolucionario es meterse cada uno en su casa, huir de la hiperactividad y el ruido que nos rodea y generar espacios de silencio, que serían como refugios contra la sociedad hiperconectada y basada en el rendimiento continuo.

Dice Han que el hogar es una trinchera clave para enfrentar esa obligación de estar siempre haciendo algo, un entorno que nos permite aislarnos del estruendo exterior, para recuperar la reflexión, la autenticidad, la contemplación y el silencio. Un lugar desde donde organizar la resistencia a la exigencia de rendimiento continuo del mundo postcapitalista. Recogernos con los nuestros para charlar sin prisas, con los móviles apagados y recuperar así nuestra verdadera esencia. Es lo que este señor denomina hogarterapia, el disfrute de una casa funcional y tranquila donde no hacer nada productivo, sin que nadie te lo eche en cara. La casa pasa a ser una especie de exoesqueleto, que nos protege y nos deja desarrollar nuestro yo verdadero. Quedarse en casa se convierte entonces en un gesto político de resistencia a la presión de la autoexplotación y el rendimiento máximo constante. En realidad, desde mi jubilación, yo practico bastante esta filosofía, aunque ustedes puedan pensar que hago muchas cosas. Pero yo tengo aquí mi escondite, con mis libros, mis discos y el bueno de Tarik Marcelino Martínez y les puedo asegurar que no perdono una siesta.

Como, además, en las ciudades han acabado con la mayor parte de los bares, salas de exposiciones o lugares de reunión bajo el agobio del turismo masivo, yo cada vez salgo menos a pasear a la deriva y sólo me ausento para recados a tiro fijo. Esta nueva perspectiva me está permitiendo recuperar otros hobbies como la cocina y aquí es donde entra la historia del caldo gallego que les he anunciado en el encabezamiento. Una historia que parte de una excepción a la desaparición masiva de los bares de la que les hablaba al principio de este párrafo. En efecto, en mi barrio quedan todavía unos pocos bares de los de antes, en cuya barra una señora rumana te pone unas tapas estupendas y donde acude un público muy mezclado, pues allí paran tanto las señoras mayores del barrio, como todos los currantes de los diferentes oficios que trabajan en las obras que han brotado por doquier como hongos.

Entre estos bares, a mí me gusta especialmente A Cañada, un bar gallego en la calle Fúcar 20, en el que a menudo hago una parada cuando vuelvo de la compra para tomarme un vermú aprovechando los generosos aperitivos que te sirve la mesonera, que suele hacerte un mix con partes de los guisos que compone el menú del día (porque aquí también se come por un buen precio). El caso es que, el día en que debía volar a La Coruña, recalé en A Cañada a mediodía y la señora rumana me puso de tapa un platito pequeño de caldo gallego de reglamento, que estaba para chuparse los dedos. Es que no había probado algo tan delicioso desde hacía mucho tiempo. Mi madre cocinaba así el caldo gallego y fue como encontrarme con los sabores y los aromas de mi infancia.

Así que volé a Coruña firmemente decidido a que alguien me diera la receta de manjar tan maravilloso. Y aquí intervino mi querido amigo Alfred, seguidor ilustre de este blog, con quien me reuní en varias ocasiones y que me explicó la receta que les voy a añadir más abajo, como si fuera de mi propia cosecha, aunque el mérito es de Alfred. En primer lugar, han de hacerse ustedes con los ingredientes pertinentes, algo que no es fácil en Madrid, especialmente el unto. Por si las moscas, yo compré una rodaja de un dedo de grueso de una masa de unto en una carnicería coruñesa, con lo que tengo para al menos una década, porque ha de ponerse muy poquito en los guisos.

Para el resto de los ingredientes, he encontrado un lugar muy recomendable, donde tienen cerdo salado, otro producto típicamente gallego, además de grelos frescos y patatas gallegas que no tienen comparación con ninguna otra. Se llama A Nosa Terra, es una tienda muy pequeñita y se encuentra en Doctor Esquerdo 201, a tres paradas de Metro de mi casa. Allí se encuentran todos estos productos, si bien grelos y patatas vienen llegando los miércoles y hay que estar al tanto. El cerdo salado tiene diversas piezas: pata, morro, oreja, espinazo, costilla y jamón con hueso. Lo ideal es usar una mezcla de todos ellos y, para una comida de seis personas, usar la mitad de todas y cada una de esas piezas. La otra mitad se puede guardar en la nevera para otro caldo.

La noche antes de elaborar el guiso, se deja todo el cerdo sumergido en agua para desalarlo y se le cambia el agua al menos una vez por la mañana. También se ponen un par de puñados de alubias blancas en otro cazo a remojar la noche antes. Y comienza la elaboración propiamente dicha, para lo que se necesita una olla a presión, a ser posible de las ultrarrápidas. En el fondo se ha de poner un poquito de unto, como las dos primeras falanges del dedo índice. Encima las piezas de cerdo desalado. Sobre ello se ponen las patatas, previamente peladas, lavadas y cascadas en trozos pequeños, para que suelten bien el almidón. Y luego las alubias remojadas de la noche anterior. Cuatro cosas: unto, cerdo, patatas y alubias. Se cubre con agua, se cierra la olla y, siguiendo las instrucciones, se cuece todo 45 minutos.

Al cumplirse el tiempo, se apaga el fuego y se deja que baje la presión. Entonces se abre y se saca todo el cerdo a un plato. Es el momento de gestionarlo, es decir, tirar a la basura los huesos, las partes grasientas poco presentables y lo que se estime oportuno tirar. Con el resto se hacen dos partes. Una se echa de nuevo al caldo y la otra se guarda como tapa para otro día en la nevera. Entonces se echan los grelos y el chorizo. Un manojo de grelos bien lavados y un chorizo gallego previamente pinchado por los lados para que suelte el juguito. Se cierra otra vez la olla y se deja cocer otros 15 minutos. Después se apaga, se deja enfriar y, cuando está ya completamente frio, se abre un momento para darle unas vueltas con una cuchara de madera y se guarda bien tapado en la nevera. Porque este plato, cuando está bueno es al día siguiente.

El día en que se ha de comer, se descubre y se le quita la capa de grasaza que se suele quedar arriba, para hacerlo más digestivo. Se calienta ligeramente y a la mesa. Es un plato sencillo, que yo he hecho ya una vez y del que hemos comido mis hijos y yo durante dos días, incluyendo a un amigo de ellos que nunca había probado este manjar. Mi hijo Lucas afirmó que era el mejor que había probado en su vida. Y el gourmet Kike le dio su aprobación. Así que esta mañana he estado preparando una segunda tanda de caldo, para que mañana vengan a comer a mi casa los de la familia de mi hermano que se hayan quedado por aquí y no tengan mejores compromisos. Hoy he tenido un día muy atareado, que he empezado con una sesión completa de yoga en casa a primera hora. Luego he desayunado, me he vestido y me he ido al mercado, a recoger las gambas de Huelva cocidas que había encargado ayer.

Después me he puesto a cocinar el caldo y a escribir este post simultáneamente, tareas que he interrumpido para salir a mediodía a recoger la empanada de zamburiñas que había encargado para hoy hace un par de días. Luego me he tomado un vermú en A Cañada, he comido ligeramente, me he echado una pequeña siesta y he reanudado mis tareas matutinas. El caldo ya está terminado y el post a punto de cerrarse. Como ven, sigo bastante a rajatabla los consejos de Byung-Chul Han: aquí de cocinillas, en compañía del gato y escuchando a Samantha Fish, por supuesto. Si recuerdan el Post #1 de The Road Runner Trip, eran las dos principales ocupaciones de mi vida antes de lanzarme a dar la vuelta al mundo: Samantha y Tarik Marcelino. Ahora he añadido mi nuevo hobby culinario, a sumar al yoga, el blues y el inglés. La curiosidad es lo último que debe perderse si quiere uno sobrevivir en un mundo tan hostil como el que viene. Samantha ha felicitado las Pascuas de este año con la foto que ven abajo, donde se evidencia que ella también cuida su hogar y su refugio frente al ruido exterior.  


No sé cómo se llama su gato, esta chica protege su intimidad al máximo y hace bien, que no están los tiempos para indiscreciones. Pero yo quiero cerrar hoy con mi propia felicitación. Como ya les he contado, el año pasado recuperé después de mucho tiempo la tradición de poner un árbol de Navidad, que este año he repetido porque es de plástico. Lo de instalar un Belén, me parece que ya no me va a pillar, pero este año he añadido otra típica tradición: he visitado a Papá Noel. Abajo tienen la foto que les dejo de despedida. Algunos dirán que se trata de Jurgen, el peluquero alemán de mi barrio, pero yo les aseguro que es el genuino Santa Claus. Así que lo dicho: que pasen ustedes una feliz Nochebuena, un buen día de Navidad y un venturoso resto de estas fiestas, prólogo de un año 2026 que esperemos que no resulte tan desastroso como inquietante se muestra en estos momentos. Hasta pronto.









viernes, 15 de noviembre de 2024

6. Increíble pero mentira

Terminaba yo el otro día con la recomendación de que leyeran el artículo de Eduardo Riestra en La Voz de Galicia. Esperaba que alguno de mis seguidores me regañara por esa proposición, pero nadie ha dicho esta boca es mía (los lectores de este blog se han reducido bastante por decisión mía, puesto que he eliminado a más o menos la mitad de los que recibían avisos de los textos del Road Runner Trip). La verdad es que la propuesta de este señor, acomodado editor que vive como un cura en La Coruña, era más o menos esta: todo es una mierda, el mundo está organizado de manera fatal y sobre la base de una injusticia y una desigualdad estructurales y crónicas, pero yo no puedo hacer nada, así que me pido unas nécoras y un centollo y disfruto de tales manjares sin la más mínima mala conciencia por los muertos de Gaza y los ahogados en el Mediterráneo.

No sé, a mí me parece que este razonamiento es bastante impresentable. El mundo está organizado de esa terrible manera que todos conocemos: de 8.000 millones de habitantes que tiene la Tierra, al menos 3.000 millones viven en chabolas, semichabolas o viviendas irregulares de autoconstrucción (dato de la ONU); el número de refugiados y desplazados crece continuamente y alcanza ya los 120 millones; en la guerra de Gaza, la cifra de muertos supera los 42.000 en apenas un año. Todo eso lo podemos ver cada día en los telediarios. Y lo vemos casi con indiferencia, nosotros que vivimos de forma cómoda en la parte de arriba de la tortilla mundial, lo que nos convierte colectivamente en unos miserables. En esas condiciones, ¿hacernos los locos, comernos un centollo y disfrutar como gorrinos, nos redime de ser unos miserables? Yo creo que no. El mundo se está yendo a la mierda y nosotros lo vemos comiendo palomitas cómodamente arrellanados en nuestros sofás.

Tomando unas cervezas el otro día por la Palomeras profunda, con mis amigos Henry Guitar y Críspulo, afinamos un poco más el concepto. Tal vez lo que quiere decir Eduardo Riestra es que no debemos amargarnos la vida echándonos sobre las espaldas las culpas de otros (los que gobiernan el mundo y toman las grandes decisiones). Tampoco vamos a ir ahora de héroes a nuestras edades. Pero nos queda una cosa: intentar hacer lo más correcto en el pequeño margen que nos deja el Sistema. Para mí, hacer lo correcto consiste en, ante cualquier alternativa, elegir la opción menos dañina para los demás, la que menos problemas cause, la que intente mediar en los problemas y evitar la crispación que nos lleva a la ira, que es la peor de nuestras consejeras. Si todo el mundo tratara de hacer las cosas así, la suma de todas esas actuaciones compondría una especie de dique de defensa de nuestro pequeño mundo, ahora mismo amenazado desde tantos ángulos.

Y en cuanto a lo de comerse un centollo, no seré yo quien lo desaconseje, pero tampoco viene mal conformarnos de vez en cuando con unos huevos fritos. Llegados a este punto, tal vez ustedes desconocen que, en el mundo anglosajón, no fríen los huevos como nosotros. A mi modo de ver, los desgracian, aunque esto es sólo una opinión personal. Si viajan ustedes por el ancho mundo, como yo acabo de hacer, comprobarán que no basta con pedir unos huevos fritos, para que nos traigan unos huevos fritos como Dios manda, es decir, como suelo yo cocinarlos. Para ello hay que coger una sartén pequeña, llenarla generosamente de aceite y calentarlo. Cuando ya está muy caliente, se echan los huevos con cuidado, se les va echando aceite por encima con la espumadera y se sacan enseguida, con la proverbial puntilla debida a la alta temperatura del aceite. Conviene también escurrirlos cuidadosamente con la espumadera, para que no salgan demasiado grasientos.

¿Y cómo los hacen los anglos? Pues, para empezar, utilizan una plancha sin aceite, o con apenas unas gotas. A partir de esto hay cuatro versiones. Sólo en la primera de las cuatro se fríen los huevos por un solo lado. El resultado son los sunny side up eggs (así han de pedirlos), es decir, literalmente: los huevos con el lado soleado hacia arriba. Estos son los que más se parecen a los nuestros. En las otras tres versiones, a los huevos les dan la vuelta con la espumadera para freírlos por los dos lados. Eso da lugar a los over easy eggs, en los que todavía puede mojarse un pan o una patata frita; los over medium eggs, que están ya semidesgraciados, y por último los over hard eggs, que se parecen peligrosamente a unos huevos cocidos. Si el restaurante al que han acudido ustedes es un poquito gourmet, pueden pedirse unos spanish fried eggs y tratarán de hacérselos de los buenos, sin demasiada garantía, pero incomparablemente mejores que los de los otros tipos.

Cosas como esta estudiamos y repasamos en las clases bisemanales de mi querido amigo Ed, que se esfuerza en mejorar nuestro nivel de inglés con ánimo siempre a punto. Por cierto, mi amigo Ed acaba de volver de unas merecidas vacaciones anuales, una parte de las cuales ha pasado en un viaje de quince días a un lugar perdido de la costa colombiana del Pacífico. Llegó allí tras volar a Medellín y entró en una especie de limbo sin WiFi en el que vivió feliz con la única compañía de la selva y el mar. A la vuelta, que hizo por Bucaramanga, se conectó de nuevo y se enteró de que en esos quince días el mundo se había acelerado y se había vuelto aún más loco. Primero el caso Errejón. Segundo la catástrofe de Valencia. Y tercero la otra catástrofe de la nueva elección de Trump. ¡Madre mía, qué mundo este que nos ha tocado! Un matiz más: además de intentar hacer todo el rato lo correcto, hemos de estar con los ojos bien abiertos, por lo que pueda venir, no sea que nos arrolle alguno de estos tsunamis. No dejen de tenerlo en cuenta.

Del caso Errejón ya se habló en el post precedente y no hay mucho más que añadir. Tal vez que convendría que no se confundieran las actitudes impresentables y deleznables de un señor, con la comisión de delitos tipificados en las leyes. Tocarle el culo a una señora en una fiesta no es algo muy de alabar, pero no se debe meter a nadie en la cárcel por eso. Y otra reflexión a cuento: cuando aparece un personaje o movimiento, digamos, a la izquierda de las tímidas propuestas socialdemócratas, el Sistema se revuelve contra ellos e intenta machacarlos (como a Pablo Iglesias o ahora mismo a Sánchez y su señora). Pero a veces no les hace falta hacer nada: ya se pegan ellos mismos tiros en los pies. Si el señor Errejón era un picha brava, un cocainómano y un violento, ¿podemos creer que en su círculo más inmediata nadie lo supiera? Y, de ser así, ¿cómo se les ocurre darle la portavocía de su grupo en el Congreso?

Lo de la Dana valenciana es bastante más tremendo, sobre todo por lo cerca que nos pilla. Esto pasa todo el tiempo en lugares como, no sé, Bangla Desh, por decir un país a menudo azotado por este tipo de calamidades. En tales casos, nosotros vemos el minutito escaso de información en el telediario y directamente pasamos a comernos el centollo o lo que nos hayamos preparado. A cuenta de esta catástrofe y su pésima gestión por el presidente de la Generalitat valenciana, me viene a la memoria un viejo chiste de los tebeos que yo solía leer de pequeño. Lo he buscado en la Wikipedia, no lo he encontrado, pero sigue firmemente anclado en mi memoria. El chiste pertenecía a una delirante página que hacía F. Ibáñez antes de parir a Mortadelo y Filemón. Se llamaba Increíble pero mentira y era una colección de noticias falsas compuestas por un dibujete y un mínimo comentario. Si quieren comprobar que no les miento, pinchen AQUÍ.

En el chiste del que les hablo, el texto rezaba: Lo que se reiría la gente de Gotaskaen, el hombre del tiempo que, un día antes de empezar el Diluvio Universal, pronosticó que aquello era algo leve y pasajero. En el dibujo se podía ver a unos cuantos señores vestidos con túnicas y resguardados bajo un tenderete. Uno de ellos sacaba una mano fuera para ver si llovía y el bocadillo del dibujo decía: Nada, esto son dos gotitas y enseguida escampa. Quién le iba a decir al bueno de F. Ibáñez que sesenta años más tarde aparecería en Valencia un ridículo y trágico epígono de aquel imaginario Gotaskaen, para decir más o menos lo mismo. El señor Mazón salió a las seis y pico de la tarde a decir oficialmente que lo peor ya había pasado. Yo he visto el vídeo antes de que lo intentaran borrar, cuando ya había salido hasta en el As. Pueden comprobarlo pinchando AQUÍ.

Después, Gotaskaen-Mazón estuvo diez días sin confesar qué estaba haciendo ese día hasta las seis de la tarde en que emergió desde la nada para emitir tan nefasto comunicado. A los diez días, acorralado por las evidencias, reveló que el día de autos había estado comiendo con una periodista en un reservado del restaurante El Ventorro, con instrucciones precisas a sus ayudantes de que no se le molestara por nada del mundo. Aclara que la comida era de trabajo, para ofrecerle a esta señora la dirección de la cadena pública de TV A punt. Pero, resulta que la chica es un bellezón, como pueden comprobar en la imagen de abajo. Y que Mazón está en plena edad del pavo (maduro), no como yo, que ya tengo 73. Si a mí me pillan en una historia semejante, dudo que nadie pensara mal de mí. Pero en este caso, uno no puede dejar de pensar que, durante una larga sobremesa hasta las seis de la tarde en un reservado y con orden de que no se les moleste ni por una dana, uno puede comerse muchas cosas. Porque, eso no lo han aclarado: qué fue lo que se comieron. Vean ya la imagen de la señora. 

A ver si va a salir por aquí alguna feminista que diga que estoy culpabilizando a esta señora estupenda de algo. Yo no la culpabilizo, sólo digo que es guapísima. Le culpabilizo a él por haberla cagado de forma tan estrepitosa y no dimitir abrumado por la vergüenza, sino intentar ocultar la verdad y seguir ahora adelante como si nada, negando la evidencia. Es esta una larga tradición en el PP, desde el atentado del 11M, sobre el que estuvieron hablando mierda dos años, hasta la muerte de los ancianos de las residencias madrileñas durante el peor momento del Covid. Pasando por el Yak 42, el Prestige y tantos otros episodios penosos. Por si lo han olvidado, lo primero que intentó el señor M. Rajoy fue remolcar el barco a aguas portuguesas. Nuestros vecinos tuvieron que movilizar a su Armada para espantar al barco de vuelta, como hago yo con Tarick Marcellino cuando amaga con subirse a la encimera de la cocina.

Pero estamos en un mundo en el que la desinformación y la mentira corren libres por las mal llamadas redes sociales. Y supongo que a sus oídos llegó en los primeros días de la catástrofe el rumor de que, además de los doscientos y pico muertos, había nada menos que 1.900 desaparecidos, y que el Gobierno del malvado Sánchez ocultaba este dato para no causar alarma. Ese bulo fue alimentado por pedorros como Iker Jiménez, a uno de cuyos reporteros lo filmaron desde un balcón particular arrodillándose para mancharse los pantalones de barro y darle más realismo a su crónica. Esto de la mentira premeditada y alevosa no es de ahora, siempre se han manipulado las informaciones de forma interesada y Goebbels fue el tipo que hizo de la desinformación un arte sofisticado. La gran Hannah Arendt hizo una reflexión precisa sobre esto, que no me resisto a reproducir.

Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente se crea una mentira determinada, sino garantizar que ya nadie crea en nada. Un pueblo que ya no puede distinguir entre la verdad y la mentira, no puede distinguir entre el bien y el mal. Y un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni haberlo querido, completamente sometido al imperio de la mentira. Con gente así puedes hacer lo que quieras.

Ciertamente espectacular. En fin, de la vuelta de Trump no tengo mucho que decir, era algo anunciado. Y abunda en mi teoría de que ciertos partidos o personajes no requieren que se les ataque o persiga: ellos solos se disparan en el pie. Qué otra cosa pensar de un partido como el Demócrata, que no es capaz de decirle al anciano Biden que no se presente, que está gagá, hasta que lo ven hacer el ridículo en un debate televisivo y, tarde mal y a rastras, improvisar una candidatura encabezada por una mujer y negra, en el país más racista y machista del mundo occidental (dejo fuera a los árabes). El resultado está a la vista: Trump controla el Congreso, el Senado y el Tribunal Supremo. Y podrá hacer ahora una serie de tropelías que en su primer mandato no hizo por novato y porque ni él mismo esperaba ganar. Van a ser cuatro años de calvario para nosotros los europeos. Y felices para Orban, Le Pene, Meloni, Abascal, Milei y tantos otros. Que nos pille confesados. Como hoy estamos de chistes y viñetas, aquí les añado uno de un semanario británico. Está en inglés, pero qué problema es ese para unos políglotas acreditados como ustedes, queridos lectores.

En medio de estos desastres, uno se recoge en su mundo privado y mete la cabeza en la tierra como el avestruz. Yo tengo un montón de cosas de las que ocuparme y estos quince días transcurridos desde mi anterior post no han sido una excepción. Como les conté, vinieron por Madrid mis consuegros italianos, a los que cedí mi cuarto y mi cama, para que se sintieran en un hotel de cinco estrellas y con la prima colazione compresa, porque cada día les hacía el desayuno. Les hice también de cicerone por el centro urbano, los llevé al Museo de Colecciones Reales, cenamos un día en La Cabaña Argentina, la mejor carne de Madrid, y otro en La Primera, restaurante cántabro de alta cocina en la Gran Vía. También fuimos a La Venencia y a la Casa de las Torrijas, dos antros que les encantaron. Y quien les hizo los mayores honores fue el bueno de Tarick Marcellino, al que calificaron como un vero fenómeno.

Tras su marcha, me acerqué un día a Chapinería, a visitar a mi amiga Ana, que desde hace lustros tiene un taller de fabricación de zapatillas para casa de piel de cordero que son perfectas. Yo llevo usando esas zapatillas desde que mis hijos eran pequeños. Por entonces, Ana bajaba cada año a los mercadillos navideños como el de Recoletos y yo compraba allí zapatillas para toda mi familia. En 2022 me contó que ya no bajaba a Madrid, por lo que tuve que ir hasta el pueblo a comprarme las que tengo ahora en uso y otras para mis hijos. Ahora quería otras dos para regalar y Ana me hizo saber que sólo le quedaban dos de las tallas que yo quería, porque va a cerrar el taller. Resulta que la finca ganadera donde compraba el cuero para sus productos ha dejado de venderlos y ella ya no puede continuar con el negocio, agobiado también por las nuevas leyes de protección animal.

Otra cosa que desaparece en este mundo que se va a la mierda. De la misma forma he recibido el hecho de que, antes de mi viaje yo veía libremente todas las películas del catálogo de Netflix y ahora me ponen anuncios por la mitad, como si las estuviera viendo en Antena 3. El Netflix me lo ofrecía gratis la plataforma Orange, en la que tengo el WiFi. En realidad no era gratis, como se imaginan, formaba parte de un paquete (con perdón). Es la mecánica habitual del capitalismo: te ofrecen algo en determinadas condiciones, para que te enganches y luego te van empeorando esas condiciones. Desde luego que no pienso pagar nada por seguir en Netflix. Prefiero hacerme socio de Filmin o de FlixOlé, que son más legales.

He tenido también un bolo extra inesperado. Después de tres años de no saber de él, me llamó de nuevo el arquitecto Enrique Ibáñez, otro de mis viejos contactos habituales, para requerir mi ayuda a la hora de enseñarles los PAUs del Sur (Ensanches de Vallecas y Carabanchel) a los técnicos de una promotora holandesa llamada VanWonen, que promueve bloques de pisos de todo tipo para privados y administraciones. Pasamos una tarde estupenda paseándolos por estos barrios a los que nos acercamos en Metro y luego en varios Uber. Para preparar mi aportación, tuve una larga conversación con un compañero todavía en activo con el que repasé mis datos y mis recuerdos. Los holandeses se quedaron sorprendidos de la calidad arquitectónica de algunos edificios, algo inhabitual en el sector de la vivienda social. Todos ellos corresponden a los años en que al frente de la Empresa Municipal de la Vivienda estaba Sigfrido Herráez, actual decano del COAM. Vean una selección de las fotos que hice por allí.



Por cierto, esta actividad fue también de pago, así que, con mi factura king size de los de la Fundación Konrad Adenauer (que ya me han pagado hasta el último euro), más mis tres conferencias coreanas y el viaje en avión a Paris en febrero para dar mi clase en el máster de Alain Sinou, el año no me ha salido mal del todo. Para cerrar el recuento de mis actividades en estos quince días, les contaré que el miércoles 6 de noviembre, me acerqué a la librería Tipos Infames, en la zona de Tribunal, para asistir a la inauguración de la exposición que conmemora los 25 años de vida de la editorial Páginas de Espuma, además de la presentación del último libro de la escritora ecuatoriana Natalia García Freire. Páginas de Espuma es una editorial especializada en colecciones de cuentos y relatos, resultado del empeño y el trabajo de Juan Casamayor, hace unos años reconocido como el mejor editor de España.

Cuando yo hacía mis pinitos en este tema de los relatos y novelas cortas, conocí a Juan y, desde entonces siempre tenemos la misma conversación, en la que le planteo que si un día yo repasara y mejorara mis relatos tal vez podría enviárselos. Pero cada vez estoy más convencido de que jamás lo haré. Por lo demás, fue un acto grato, en el que departí, además de con Juan, con algunos autores contrastados, como Eloy Tizón, Carlos Castán y Valeria Correa, a cuyo cargo corrió la presentación del libro de Natalia. Me siento bien entre esta gente y me hace ilusión comprobar que me reconocen y tenemos cosas de que hablar y comentar.

Natalia tiene 33 años y es natural de Cuenca (Ecuador) donde escribió su primera novela Nuestra Piel Muerta, que leí en su momento y fue un éxito de crítica y ventas. Luego tiene una segunda novela que no conozco y este libro de cuentos que presentaba el otro día. Entre medias se ha venido a vivir a Madrid, donde es profesora de una escuela de literatura. Estuve con ella también un buen rato, para que me dedicara su libro. Y, como de costumbre, recalé después en la taberna de Ángel Sierra, en Chueca, para cerrar la noche con un vermú y un par de gildas. Abajo pueden ver a Natalia hablando de su libre, atentamente observada por Valeria Correa a su lado y Juan Casamayor en la primera fila.

Como ven, mi vida transcurre plácida entre mis múltiples y variadas ocupaciones, mientras el mundo se desmorona a mi alrededor. A veces me siento como los aristócratas de San Petersburgo que hacían cola bajo la nieve para ver el ballet Bolshoi y que no se inmutaban mientras a su lado pasaban los revolucionarios bolcheviques camino del Palacio de Invierno, que tomarían esa noche. Los de la cola estaban convencidos de que aquello no iba con ellos, que no les afectaría en su vida muelle de millonarios. Pero sí les afectó y mucho, como sabemos ustedes y yo.

Si vienen las vacas flacas y la situación nos arrolla, al menos podremos componer algunos blues, porque ya saben que para componer blues no se puede ser muy feliz, como yo lo soy ahora. Hoy ha ido el post de dibujos y viñetas, así que lo cerraremos así. Un tipo sentado en la calle pone su sombrero para que le echen monedas, con este mensaje: Ya no puedo tocar blues nunca más, he encontrado la felicidad, por favor ayúdenme. Pues eso, que se porten bien, que traten de elegir siempre la opción menos dañina para los demás y que intenten buscar la felicidad mientras no nos arrolle la situación.