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domingo, 10 de mayo de 2026

46. La vida sigue

El pasado jueves por la tarde murió mi querido hermano mayor Antonio, 91 años, (no me gusta usar el verbo falleció, un modismo que parece tratar de suavizar para los demás un trance tan duro). Anteayer quemamos sus restos en el crematorio de la Almudena y en unas semanas llevaremos las cenizas al Cementerio de Alicante. Toda la familia le acompañó hasta el último segundo y ahora hemos de pasar página y pensar en positivo: con 91 años, hace menos de un mes estaba tomándose una cervecita conmigo en una terraza del barrio Salamanca donde vivía. Desde luego que yo, ahora mismo, firmaba llegar a esa edad con su misma energía y saber estar. Para mí fue siempre una referencia en todos los terrenos y lo echaré de menos.

A los 90, la muerte es algo bastante previsible. Aunque me viene a la memoria el caso del filósofo francés Edgar Morin que, a punto de cumplir 105 años, continúa en plena actividad, escribiendo y publicando sus reflexiones en artículos de diversos medios franceses y extranjeros. Siendo yo el hermano pequeño, a bastante distancia de los anteriores, desde siempre he tenido interiorizada, más o menos conscientemente, la idea de que me iba tocar ver morir a todos mis hermanos. Pero llegado el momento, es algo muy duro, un proceso tremendo para el que nadie nos ha preparado, aunque a medida que envejecemos lo vamos normalizando porque no nos queda otro remedio. De estas historias, yo trato de salir con más ganas de vivir lo que me quede, de disfrutar de estos años postreros que son como de regalo. En ese sentido viene a cuento un discurso delicioso que pronunció hace poco Joan Manuel Serrat en una especie de congreso sobre la tercera edad. El vídeo ha circulado por los whatsapps de todo el mundo, pero, por si no lo han visto, abajo lo tienen.

No podría estar más de acuerdo con este caballero, siete años mayor que yo. Mi vida es también una especie de veranillo y, cada día que me levanto y compruebo que no me duele nada y me encuentro bien, pues es el punto de partida para disfrutar de otro venturoso día de esta vida que es un regalo que se nos ha dado. Mi hermano descansa en paz; de tres que tenía ya sólo me queda uno, pero hemos de seguir adelante y poner toda nuestra energía en el esfuerzo cotidiano. Pero aquí surge un tema nuevo. El proceso de la enfermedad de mi hermano ha durado unos veinte días. Y yo llevo casi mes y medio sin publicar ni un solo renglón. Un lapsus inusualmente largo, incluso para un blog que se autoproclama de reflexiones al tran-tran. ¿Qué ha sucedido? Ante una interrupción como esta, yo creo que ya huelga toda disculpa, como era mi costumbre hasta ahora, en cuanto me retrasaba un poco. Lo que sigue no es en modo alguno una disculpa, pero sí creo que esto se merece un análisis y una mínima explicación.

Como les conté, a primeros de marzo se me estropeó fatalmente mi anterior ordenador, el segundo Lenovo que he tenido y el segundo que se avería prematuramente. Lo llevé a arreglar y tardaron mucho en llegar a la conclusión de que no era reparable, tras de lo cual, entré en el proceso de asesorarme debidamente sobre qué aparato comprar, valorar las diferentes ofertas, elegir uno y ponerlo a punto con la ayuda de mis amigos Boni y Ángel. El resultado de todo eso es que me vi desprovisto de ordenador durante más o menos un mes. Ya me había sucedido lo mismo a comienzos de 2025 y, durante el largo mes de enero de ese año, tal vez recuerden que me pasé todo el tiempo con un síndrome de abstinencia brutal, consultando todo el rato la aplicación del servicio de reparaciones de Media Markt, tienda a la que acudí al menos dos veces para ver qué había de lo mío, además de intentar escribir nuevos posts para ustedes usando el móvil, algo que resulta muy arduo, por no hablar del proceso de enviar esos posts demediados a todos los socios de este pequeño club de seguidores.

Esta vez, les confieso que empecé mi período de ayuno y abstinencia informática, con la misma sensación de añoranza invencible, de echar en falta hasta límites dolorosos un aparato que parece haberse vuelto imprescindible para nuestra felicidad cotidiana. En esos primeros días escribí un texto cortito, pero desistí de enviarlo al mailing (había que hacerlo uno a uno con todas las direcciones de mail de mis seguidores), de modo que nadie se enteró de su publicación. Pero en paralelo, empecé a experimentar una sensación creciente de gozo y tranquilidad. Al no tener ordenador, tenía más tiempo útil para cosas como tocar la guitarra, ver a los amigos, ordenar mi casa, cocinar. Vivir la vida, en suma. Y, desde luego, leer.

A este respecto he de precisarles que, como saben, no hace mucho me di de baja en la tertulia literaria Billar de Letras, en la que creo que llevaba más de quince años. Necesitaba cortar con esa historia que cada vez me aportaba menos, Y, como un corolario lógico, estuve unos meses sin leer absolutamente nada, como una especie de cura mental. Después, poco a poco, he vuelto a disfrutar del placer de la lectura y me he calzado ya unos cuantos tochos, cuyas reseñas les debo. Todo esto viene a demostrar que el ordenador, como el móvil, es un aparato que te engancha como una droga y cuya falta te produce un tremendo síndrome de abstinencia (lo que los ingleses llaman cold turkey). Y yo esta vez he superado ese síndrome y me siento como más libre. Esta es más o menos la explicación de esta transformación, que me ha llevado a dejarles sin mis textos durante mes y medio.

Pero el asunto tiene una secuela innegable. Cuando uno deja de practicar cualquier tarea, idioma, disciplina o instrumento musical, va perdiendo sus habilidades y se vuelve más torpe. Yo dejé de andar en bici después de mi rotura de húmero y después me costaba muchísimo subirme a una bicicleta, hasta el punto que ya lo he dejado del todo. Uno de los motivos por los que yo mantengo una serie de blogs desde finales de 2012 es que esto es una forma de practicar la escritura. Si uno para de practicar, pues pierde el punto y la finura. Así que ya les digo que voy a seguir entreteniendo su ocio con mis historias, aun no sé con qué frecuencia, simplemente trataré de escribir cuando me apetezca o cuando encuentre algo que piense que merece ser contado. Con este texto de hoy enlazo con mi post anterior y empezaré por algo obligado: relatar mis aventuras en este mes y medio de silencio, que han sido variadas y divertidas. Esta faceta del blog me es de bastante utilidad, pues me permite dejar constancia de mis andanzas y evitar que caigan en el olvido, como lágrimas en la lluvia.

Como les anuncié, en el tiempo de Semana Santa me fui de viaje con mi chica a un hotel con encanto en la falda de las montañas de Cantabria. Era un lugar que se anunciaba en Internet como refugio ideal para una escapada romántica y costaba bastante encontrarlo, al final de un autentico camino de cabras, en medio de un grupo de unas diez casas de labranza algunas de ellas reconvertidas también en alojamientos para turistas. Algo que resultaría exagerado llamar aldea. Por supuesto, allí no había ni un bar ni una tienda o supermercado. El hotel debía de ser una antigua mansión de algún indiano, en donde había unas quince o veinte habitaciones bien acondicionadas, que cada fin de semana se llenan íntegramente con parejas de enamorados de edades uniformes: ni muy mayores, ni muy jóvenes.

Y ¿qué se puede hacer en un  lugar así? Pues coger el coche cada día y bajar a los pueblos de la costa a pasar el día. Y por la noche regresar al cubil con algunas provisiones para cenar, ver alguna película en la estupenda smart TV, y lo de después ya lo dejo a su imaginación, que en esta tribuna me consta que entran niños. Por las mañanas, uno podía disfrutar de un excelente desayuno de bufet y saludar a las demás parejas, con las que intimamos bastante. Por cierto, es un lugar pet friendly, así que bastantes de estas parejas se alojaban con sus perros y gatos, con los que también hicimos amistad. Los tres días completos que pasamos en ese hotel, los dedicamos a visitar respectivamente San Vicente de la Barquera, Castro Urdiales y Santoña, lugares vistosos donde se puede pasear, se come bien y, en concreto en Santoña, se pueden comprar sus míticas anchoas, de las que nos volvimos bien provistos. Algunas fotos mías: la primera con el hotel al fondo a la derecha.



Tras una semana de ínterin rutinario, volví a viajar, esta vez para pasar una semana en París, los primeros días en casa de mi hijo Kike y los segundos donde mi querido amigo Alain Sinou. Respecto a esto, tengo una historieta que cubre otro de los objetivos de este blog: el de advertirles a ustedes de estafas o peligros del mundo moderno, para que no caigan en los mismos errores que yo o, como suele decirse, escarmienten en cabeza ajena. Les cuento. Yo había sacado mis billetes de Air France con bastante tiempo, el de ida para el sábado 11 de abril a mediodía. Como es de rigor, el día anterior, viernes, entré en la página de Air France para sacar la tarjeta de embarque. Desde esa Web me derivaron a otra para dicho trámite. En esta página subsidiaria, lo primero que hicieron fue decirme que tenía que pagar 0,79€ para poder seguir. Me pareció raro pero, en estos tiempos acelerados, pensé que tal vez habían cambiado las cosas y las líneas aéreas habían encontrado una nueva forma de sablear al cliente.

El caso es que pagué 0,79€ con mi tarjeta Visa y continué. Me pidieron entonces una serie de datos personales, nombre, DNI, correo electrónico, número de reserva. Los rellené y no me dejaba seguir: decía que los datos eran incorrectos. Lo intenté hasta tres veces y ahí me empecé a mosquear. Decidí salirme y volver a entrar en la Web de Air France. Entonces, oh milagro, no me derivaron a ninguna parte, sino que la propia Web me cumplió el trámite y me envió la tarjeta de embarque. Inmediatamente, llamé a atención al cliente del BBVA y les conté mi peripecia. En la página del banco, figuraba un pago de 0,79€ a nombre de My Pro Travel Limited. Los del banco coincidieron conmigo en que se trataba de una estafa y me aconsejaron anular ipso facto la tarjeta, puesto que los estafadores tenían los datos de esa tarjeta y podían cargarme nuevos pagos. Pero yo me iba una semana de viaje y quería disponer de esa Visa para pagar en determinados establecimientos parisinos donde me podía fallar la Revolut, que es la otra tarjeta que tengo.

Ante eso, me dijeron que había una opción: yo podía anular la tarjeta sólo para pagos on line y mantenerla útil para pagos en tiendas o restaurantes y también para sacar dinero en cajeros. Eso es lo que hice, ayudado por la amable telefonista que me estaba atendiendo. Desde ahí hasta que me subí al avión con mi reglamentaria tarjeta de embarque, me estuvieron acribillando a correos electrónicos desde My Pro Travel, en los que me advertían que había dejado a medias mi trámite de obtención de la tarjeta de embarque y que podía tener problemas para subir al avión y que por favor les facilitara los datos personales restantes. Ya en la sala de espera del embarque, me harté del coñazo y respondí a uno de esos correos. Les dije que eran unos estafadores, que ya tenía la maldita tarjeta de embarque, que había anulado la tarjeta Visa y, para terminar, que hicieran el favor de reintegrarme los 0,79€ cobrados indebidamente, o les pondría una denuncia ante la policía.

El efecto de esto es que, en la Web del banco apareció un nuevo cargo, en este caso de devolución de 0,79€. Ambos, el del pago y el de la devolución, aparecían en color rojo, como pendientes de comprobación. Ya en Paris, utilicé mi Visa un par de veces sin problemas y, en dos ocasiones, me llegaron mensajes sms, comunicándome que se había intentado por dos veces cargarme 79€, cargo que había sido denegado por el banco al tener mi tarjeta anulada para trámites on line. La empresa que intentaba cobrarme esos 79 euracos era My Pro Travel, ahora con un dato adicional: se trataba de una empresa radicada en Nicosia (Chipre). Al volver a Madrid, anulé completamente la tarjeta y estuve una semana sin Visa hasta que me mandaron la nueva a mi buzón de correo postal. Y los dos apuntes, de pago y devolución de 0,79€ desaparecieron de la página como por arte de magia. Así que ya tienen una doble moraleja. Por un lado, si alguien intenta cobrarles por algo habitualmente gratuito, cuidado. Y si alguien les pide una cantidad insignificante, ojo también; eso sólo puede significar que quieren hacerse con los datos de su tarjeta.

Por lo demás, llegué a París el sábado 11 de abril por la tarde, a tiempo de sumarme a la celebración del cumple de mi hijo Kike, que había preparado un festejo en un bar parisino de unos amigos suyos, conjuntamente con un italiano que cumplía también en esos días. El domingo, mis hijos KIke y Clarissa me llevaron a un restaurante chino a comer una modalidad de noodles que no conocía: los llamados biang-biang, originarios de la región de Shaan Xi, que pueden tener hasta dos metros de largo y son muy anchos. Kike se manejaba para comerlos con palillos, pero yo me tuve que pedir un tenedor. En Paris hay bastantes restaurantes de biang-biang, en donde suelen proveerte de un mandilón de plástico para que no te pongas perdido. Abajo hay una serie de fotos de estos eventos. Los restantes días entre semana, me dediqué a callejear por Paris hasta encontrarme con mis hijos para cenar en casa. Otro día quedé a comer con mi joven amigo Carlos, radicado en París, y la última parte de la semana me fui a la casa de Alain para seguir visitando zonas de la ciudad con él. Las fotos de este viaje. Primero las del biang-biang.




Ahora algunas de mis callejeos parisinos






Mis encuentros en esta ciudad maravillosa.


De vuelta en Madrid, acudí a un encuentro en el COAM con la alcaldesa de París y tuve también una historia con unos luthiers, a los que llevé mi guitarra eléctrica para que le dieran un repaso completo. Pero con estos dos asuntos voy a confeccionar el siguiente post que les prometo que llegará pronto. Aprovecharé también para contarles el nuevo viaje a La Coruña, que voy a emprender este martes. Porque este post está ya alcanzando su tamaño crítico y no quiero aburrirles. Como ven, en este mes y medio no he parado. Y, como una primera consecuencia recíproca de mi viaje de vuelta al mundo, he recibido la visita de dos de los amigos que me acogieron en las distintas ciudades. A todos les dije que serían bienvenidos a Madrid, pero sólo estos han respondido por ahora a la invitación: mi amigo coreano JJ, con quien me encontré en Vancouver y mis no menos amigos entrañables Gonzalo y Judy, que me acogieron en San Diego y me ayudaron a recuperarme del peor momento del viaje.

El sábado 18 de abril regresé de París y el domingo 19 lo dediqué íntegramente a JJ, que llegaba en tren a Atocha, cerca de la hora de comer. Hace dos años, yo no tenía pareja y podía emprender aventuras solitarias como darme una vuelta al mundo. Sin embargo, JJ tenía una novia canadiense con la que no vivía, pero salía todos los findes a acampar por las montañas de la Columbia Británica. Y resulta que ahora, nuestras situaciones personales se han intercambiado, porque lo primero que me dijo nada más encontrarnos fue we’ve split up. Acompañó esta frase con un gesto en aspa con ambas manos con las palmas hacia abajo, con lo que tuve muy claro lo que quería decirme. Fuimos directamente a comer algo a La Canibal, en la calle Argumosa, donde tienen cerveza IPA artesanal y luego nos subimos a mi casa, en donde mi amigo se echó una siesta de cerca de cuatro horas, con Tarick Marcelino encima, porque arrastraba un jet-lag de puta madre.

Como les digo, nuestras situaciones personales se han intercambiado y ahora es él el que emprende viajes de solitario. En este caso se vino a visitar a sus amigos de Barcelona y Madrid. Sus amigos de aquí son nuestro común colega César, que fue quien me dio su contacto antes de mi viaje mundial y una chica muy mona que se llama Paula. Los tres vivieron juntos en Vancouver, aunque sólo JJ ha conseguido quedarse allí. César, que estuvo en mi fiesta de cumpleaños, regresaba ese domingo de una de sus citas del activismo mundial: venía de participar en una acampada solidaria internacional cerca de Manresa contra la proyectada implantación de una industria tóxica cuya construcción envenenaría los ríos y campos del entorno. Tras la siesta monumental, JJ y yo fuimos hasta el portal de la casa de César, en donde lo esperamos.

Y poco después lo vimos aparecer por la esquina, como un nuevo Indiana Jones, con su sombrero y sus numerosos pertrechos colgantes, entre ellos la tienda de campaña y el saco de dormir. Subimos a su casa para que JJ dejara allí su bolsa de viaje y luego le dejamos duchándose y nos fuimos al histórico Café Barbieri, en donde nos reunimos con Paula y con César recién duchado. De allí nos fuimos a cenar al Automático de Argumosa, en donde JJ mostró sus deseos de buscar un lugar en donde bailar salsa, algo en lo que al parecer es un experto. Después de una siesta de cuatro horas, estaba como nuevo y, en cuanto a César, es un tipo indestructible. Paula parecía dispuesta a seguirles pero yo ya no tengo edad para estas cosas, así que allí me despedí y caminé a casa. Un domingo magnífico, del que les muestro algunas fotos más. 



En cuanto a Gonzalo y Judy, son viajeros incansables y suelen hacer estación al principio del verano en Madrid, donde siempre se hospedan en una pensión barata del Barrio de las Letras. Ya les he traído al blog en múltiples ocasiones. Hace dos años recalaron aquí, pero no pude encontrarme con ellos porque andaba yo por Asia- Australia, pero luego me alojaron en su casa de San Diego. El año pasado no incluyeron Madrid en su periplo habitual, pero este año han recuperado las buenas costumbres y nos hemos podido ver. Como seguramente recuerdan, Gonzalo López es colombiano nacionalizado norteamericano, y su mujer, Judy Cascales, es yanqui de origen murciano. Se conocieron en San Francisco, luego se radicaron con sus hijos en Colombia, pero finalmente regresaron a los USA, donde los jubilados tienen mejores condiciones económicas. Esta vez, les invité un día a comer un potaje en mi casa, momento al que corresponden estas fotos, que tomó Judy con su cámara.



Otro día, Gonzalo y yo quedamos con su amigo madrileño Miguel Rico para irnos de copas. Empezamos con un vermú de grifo en la Maripepa, seguimos en La Vinícola Mentridana, taberna clásica reconvertida, y rematamos en la Taberna de Antonio Sánchez, que presume de ser el bar más antiguo de Madrid. La foto de abajo corresponde al segundo de estos lugares míticos.

Como se pueden imaginar, yo he debido ajustar mis viajes a Cantabria y París para poder encontrarme con mis amigos de allende los mares. Pero toda esta actividad frenética que les cuento, son simples minucias al lado de lo que vino después. Desde que Gonzalo y Judy tomaron su avión de vuelta a San Diego, toda mi atención se concentró en acompañar a mi hermano Antonio y su familia. Es una pérdida irreversible y creo que es de justicia que cerremos este post con una imagen suya de no hace mucho, para que puedan ustedes brindar por su recuerdo. Que tengan un buen domingo.  






martes, 31 de marzo de 2026

45. Otra vez renaciendo para ustedes

Buenos días, queridos lectores y seguidores de este mi blog de Reflexiones al tran-tran. Hoy les reenvío mi post anterior, que muy pocos de ustedes han leído, junto con este, que hace el número 45 del blog. En ese post precedente se explicaba cuál era la problemática sobrevenida a mi equipo de producción bloguera y mi esperanza de salvarlo frente al deterioro que sufría. Hoy ya les anuncio que he tenido que tirar mi Lenovo y que les estoy escribiendo con un nuevo ordenador, en este caso un HP, que espero que me dure al menos diez o doce años y no como los dos anteriores. Y que, en adelante, no quiero volver a saber nada de la marca Lenovo, a la vista de que mi antepenúltimo aparato me duró unos cuatro años (bien es cierto que su deterioro se aceleró el día en que se me cayó al suelo y aterrizó de esquinazo, lo que suele ser letal para este tipo de devices) y el penúltimo no me ha durado ni tres años, puesto que ese tercer cumpleaños lo va a celebrar en el próximo mes de mayo, si es que queda algo de él en el Punto Limpio adonde ya lo he llevado y donde duerme el sueño, en este caso de los injustos, puesto que su trato conmigo ha sido, no ya injusto, sino directamente indecente.

Así que les pido por favor que lean primero el Post #44 (es muy cortito), para que se hagan cargo de por dónde ha ido el proceso y por qué he estado un tiempo tan largo en silencio (por suerte para mí, no se ha tratado de ningún problema de salud) ¿Lo han leído ya? Pues seguimos. El 14 de marzo yo escribí ese post con el teléfono móvil y traté de enviarlo al mailing colectivo que tengo con ustedes. A pesar de mis esfuerzos, pronto comprobé que mi habitual mail colectivo en el que se adjunta el link de cada post recién escrito, se perdía en la inmensidad del universo informático, sin llegar a sus destinatarios. En esa lista de seguidores, yo tengo exactamente 31 direcciones de correo. Y mis textos suelen recibir una media de visitas por encima de las 50, incremento que yo atribuyo a que algunos de ustedes entran varias veces para leerlos por partes, o repasarlos, más alguno que quizá se lo reenvía a su vez a otros amigos por haberle gustado tanto como para recomendárselo. Bien, pues, unos días más tarde, el número de visitas de dicho Post #44 era exactamente de 13, correspondientes a algunos de ustedes que, extrañados de que no escribiera nada, entraron en el blog por su cuenta para ver qué estaba pasando.

El jueves 19, me llamaron por fin del taller y, esta vez con malas noticias. La tarjeta gráfica deteriorada no se podía sustituir por estar soldada con no sé qué otras piezas del aparato, cuya sustitución conjunta me llevaría ya a unos precios desorbitados que convertían el arreglo en poco recomendable, frente a la alternativa de adquirir uno nuevo. El sábado fui a recogerlo y, de acuerdo con lo pactado, no me cobraron nada por el trabajo. Les pregunté qué hacer para conseguir un ordenador disponible y me recomendaron adquirir uno de segunda mano, puesto que los nuevos se han puesto por las nubes, por la subida de las memorias RAM, inducida por el auge de la Inteligencia artificial (más abajo se lo intento explicar). Ellos tenían diversas ofertas, a las que les hice fotos para mostrárselas a mis nuevos asesores para este mundo tan ajeno para mí, que es la informática.

A estas alturas, yo ya llevaba tres semanas sin ordenador y he de confesarles que los primeros días me encontré algo incómodo por la falta de costumbre, pero muy pronto me adapté y empecé a sentirme fenomenal. Tenía todo el tiempo del mundo para leer, organizar mi casa, hacer yoga, ensayar con la guitarra y cuidar a mis amigos. Les diré que, si no llega a ser por mantener vivo el blog, algo inviable sólo con el teléfono, hubiera mandado a la reverenda mierda a Lenovo, HP, Samsung y demás multinacionales dedicadas con esmero a generarnos un mundo de falsas necesidades. Si no llega a ser por una cierta forma de sentido del deber que me impide dejarles a ustedes huérfanos de blog, hubiera dado un paso atrás y me habría acomodado a esa nueva realidad analógica felizmente recuperada. Además, este asunto vino a recordarme que estamos pendientes de unos hilos más frágiles de lo que creemos y hemos de tener recursos por si un día nos cortan la luz o el agua, o bien nos empiezan a caer pepinazos letales por la extensión de esa guerra insensata que ha desatado el señor Trump y de la que también les hablo más abajo. De momento, confórmense con una imagen icónica, de ese pseudoayatollah yanqui, que nos está llevando al desastre.   

No es mala la imagen, generada por supuesto con Inteligencia Artificial y cuyo mensaje viene a igualar, en términos morales, al señor Trump con esos clérigos chiitas que dominan en Irán desde hace décadas (en mi opinión, Trump es claramente peor, y encima estúpido, pero cada uno que piense lo que quiera). Pero volviendo a mis penas domésticas, les diré que mi recién generada tirria a la marca Lenovo se amplía también al amigo que me recomendó esos dos aparatos y con quien no tengo ya una relación muy fluida. Así que recurrí a unos asesores áulicos alternativos, a saber, el marido y el hijo de una muy querida amiga, cuyas identidades no les voy a revelar, que yo lo cuento todo sobre mí (aparentemente), pero trato de ser cuidadoso con la intimidad de mis seres queridos y amigos: si ellos, que siguen mi blog, quieren salir de detrás de las bambalinas, allá ellos.

Mis dos amigos coincidieron en refrendar la opinión de los señores de la tienda: en estos momentos no es buena idea comprarse un ordenador nuevo, en El Corte Inglés o Media Markt, por decir un par de tiendas icónicas del sector. El precio de las memorias RAM se ha duplicado o triplicado desde la irrupción de la Inteligencia Artificial, sobre todo a partir de declararse la pandemia. ¿Por qué? Pues porque ordenadores caseros y servidores de la IA comparten componentes de materiales raros (de esos que están sobre todo en China), y al ser mucho mayor la demanda de los grandes magnates que están desarrollando la IA, casi toda la producción de semiconductores (o lo que sean) se centra en este sector en expansión, dejando lo que podríamos llamar la purrela, para estos aparatejos que, al no tener preferencia, se encuentran con problemas de suministro, que han derivado en subidas grandes de precios. No olviden que una de las empresas ahora mismo más punteras es Nvidia, que yo suelo llamar Nvidia-Kochina, y que se dedica precisamente a fabricar y comercializar esos componentes para el mundo de la informática.

Mis nuevos asesores eligieron, entre los ordenadores de la oferta de segunda mano de la tienda, uno que es ya este desde el que les escribo y que, nuevo, me habría costado el doble. Y la verdad es que va como un tiro. Me contaron también que el gran problema, tanto de los ordenadores como de esos servidores gigantescos que requiere la IA, es la refrigeración. Los componentes raros de este aparataje, se deterioran cuando se calientan y se echan a perder definitivamente. Eso es lo que le ha sucedido a mi Lenovo, que yo me ponía a veces sobre las piernas, tapadas con una mantita de sofá, para leer o trabajar. Así que yo tengo también mi parte de culpa, no solo es cosa de la marca Lenovo. Y en esto radica también el encocoramiento de Trump con Groenlandia: un lugar desolado, sin siquiera árboles, donde hay sitio de sobra para instalar cientos de esos servidores gigantes, sin necesidad de gastar millonadas en refrigerarlos, porque hace un frío que pela. Ya ven qué cosas se aprenden cuando uno trata con verdaderos especialistas y no con especialistos que te recomiendan Lenovos y mierdas similares.

El Lenovo era malo, yo hacía a veces la tontería de no ponerlo sobre una superficie lisa, y tengo también el convencimiento de que mi viaje de vuelta al mundo le sentó bastante mal. Entre cambios de temperatura, diferentes tipos de corriente alterna, también algún bajón de energía de la red. Los ordenadores también tienen jet-lag, y este exteriorizó su malestar desmembrando la carcasa como ya les conté y, apenas un año después estropeándose del todo. Así que esto es lo que hay. Pero les repito que yo he estado encantado todo este tiempo de regreso al mundo analógico en el que se ha desarrollado la mayor parte de mi vida. En estos días, me he dedicado a leer, al yoga, a correr por el Retiro y a tratar de mejorar con la guitarra, además de disfrutar de mi pareja, mis amigos y el bueno de Tarick Marcellino. Y hablando de mi gato, les cuento algo que ya les anuncié hace tiempo.

Como saben ustedes, hay por este mundo de nuestros pecados una serie de chicas de conducta, digamos ligera o desahogada, que se están literalmente forrando, a base de tomarse videoselfies enseñando el culo o lo que se tercie. Antes se las llamaba putas y otros epítetos infamantes similares. Ahora no. Ahora son influencers y su profesión, con la que se hacen de oro, es la de creadoras de contenido para adultos. Pensando en esto, se me ocurrió que, dado que mis ingresos se han visto claramente demediados con la jubilación, tal vez podría yo también dedicarme a lo mismo. Quiero decir, creador de contenido para amantes de los gatos. Y aquí tienen mi primer producto. Les aviso que esto es porno duro, tengan cuidado. Les pido que lo vean y me digan si creen que puedo yo hacer algún dinero enseñando esto. Ahí les va.

En fin. En estos días de dolce far niente, he leído bastante y me he tragado un par de tochos. En primer lugar, el libro sobre la hambruna en España durante la posguerra, que firma el historiador Miguel Ángel del Arco. Es un libro interesante, que aporta muchos datos y testimonios y que viene a sostener la tesis de que el hambre desatada en España entre 1939 y 1942 tras el desastre de la Guerra Civil, y el posterior rebrote en 1946 inducido por la pertinaz sequía, fueron consecuencia de la mala política del franquismo, derivada de la llamada autarquía, más la corrupción de los estamentos del régimen, que acaparaban alimentos para derivarlos luego al estraperlo. En un contexto de Guerra Mundial, las cosas no eran fáciles para el país, pero el libro viene a decir que esta escasez fue potenciada por Franco para castigar aún más a los vencidos.

El libro tiene un tono muy sesgado (los franquistas son todos malísimos y los republicanos buenísimos) y adolece de un exceso de adjetivos. Ya sabemos que la vida en las cárceles era terrible pero no hace falta decir todas las veces la horrible situación de los presos. A mí me parece que sería interesante escuchar también a los del otro bando. No niego que una parte de lo que dice este libro es cierta, pero no me gustan los planteamientos maniqueos. Finalmente, la situación del país mejoró con la desaparición del racionamiento y el estraperlo, más o menos en 1951, el año en que yo nací. El libro no es de literatura, sino de Historia, no es especialmente ameno pero es de interés, salvando el sesgo ideológico, para cualquiera que como yo tenga curiosidad por saber cosas de esa época, de la que venimos todos. Les diré que también he terminado el libro de Cercas sobre el Papa Francisco, otro tocho importante del que les hablaré en algún post sucesivo.

También les cuento que en este mes después de mi cumpleaños, mis colegas músicos con los que toqué en la fiesta se han animado mucho, dicen que si salió bien sin haber ensayado, tal vez podemos mejorar con un poco de trabajo y dedicarnos a tocar por ahí en cumpleaños o festejos privados. Y nos estamos reuniendo casi todos los domingos en la escuela de música, en torno a las siete de la tarde, para afinar nuestro repertorio. Solemos acabar a las diez, momento en que nos vamos a tomar unos vinos a la Palomeras profunda. Una forma estupenda de terminar las semanas. Por otro lado, yo sigo con mis clases de los miércoles con el profe que sustituyó a Henry Guitar, así que esfuerzo no me falta. Así empezaron muchos grupos, si bien hay que admitir que tenían 20 años y no 70. Uno de estos días he llevado mi guitarra eléctrica a unos luthiers vallecanos llenos de tatuajes, para que me la pongan a punto.

Con esto y el yoga voy tirando. Pero llega la Semana Santa y ya tengo preparada una escapada con el coche para pasarla en un hotel con encanto en la montaña de Cantabria. A la vuelta les contaré. Si es que para entonces el señor Trump no la ha liado parda. No tengo muchas ganas hoy de hablar de este señor que, aparte de sus defectos que hemos destacado en este foro, está demostrando ser muy tonto, de modo que Putin le chulea y Netanyahu (un verdadero criminal) le ha liado a meter el pie en un avispero del que no sabe cómo salir. En los USA empiezan a estar hartos de este caballero, a quien muchos votaron para que no se metiera en guerras y se dedicara a la política interior. La elecciones del Mid Term pueden ser una debacle para él, pero cuidado que no las vaya a anular o tergiversar. Un tipo sin escrúpulos ni cortapisas morales de ningún tipo es capaz de eso y más y ya está dando pasos para intentarlo. Lo dicho, sean buenos y tiren para adelante. No creo que hayan tenido mucho problema para vivir sin mi blog, pero ya estoy otra vez aquí. Abrazos a puñados.

sábado, 14 de marzo de 2026

44. Un poco de paciencia

Bien, aquí me tienen otra vez sin ordenador, esto es ya un clásico. Repaso mis textos blogueros y encuentro que el ordenador de marras fue adquirido por mí en mayo de 2023, o sea, que no tiene ni tres años. Decididamente, este Lenovo no me ha salido bueno; a la gente le duran los PCs doce o catorce años. El viernes 6 de marzo, el aparato funcionó normalmente y lo apagué antes de acostarme. Pero el sábado 7 ya no funcionaba. Observé que estaba muy caliente y se me ocurrió meterlo un rato en la nevera. Ya frío, arrancó bien y funcionó correctamente unos veinte minutos. Luego se volvió a joder.

Estás cosas suceden en fin de semana por la Ley de Murphy, así que tuve que esperar al lunes para llevarlo a un taller que me han recomendado. El hombre que me atendió, me escuchó con paciencia y dijo que lo que yo le contaba tenía una lógica: que cuando la tarjeta gráfica se empieza a deteriorar, deja de funcionar al calentarse y tira todavía cuando se enfría, aunque ya va cada vez peor. Dejé allí el aparato y el jueves me llamaron. Efectivamente, es la tarjeta gráfica. 

La pueden sustituir seguramente (no me lo aseguran al 100%). En caso de que sea técnicamente factible, me costaría 125€. Si no se puede, no me cobrarán nada. Les dije que adelante. Pero a partir de ahí, tenían que pedir a fábrica la nueva tarjeta. Y con el fin de semana enmedio, no la tendrán hasta el martes. Entonces tienen que sustituirla y tener el aparato allí un par de días más, para comprobar que funciona bien. Paciencia.

Mientras no tenga ordenador, no puedo cumplir con ustedes. Así que tengan ustedes también paciencia. Escribir en el móvil es como un dolor, y yo creo que tenemos que esperar una semanita para que les pueda atender en condiciones. Hasta pronto.

jueves, 26 de febrero de 2026

43. One more time

Una vez más (one more time) tengo que empezar por pedirles disculpas por un silencio de casi un mes. La cosa está justificada por una circunstancia que enseguida les preciso, que me ha dejado sin margen para escribir, porque, sumada al inglés, el yoga, el running y lo demás, ha ocupado todo mi tiempo libre en este Mes del Señor, de febrero de 2016. La circunstancia es que el día 19 cumplí 75 años y, ante cifra tan redonda, se me ocurrió organizar una celebración, que más abajo les cuento y cuya logística acaparó toda mi energía mental sobrante. Más abajo les cuento los detalles de esta aventura, que me ha llevado a un lapsus de silencio mayor del habitual, por el que les pido encarecidamente disculpas. Una vez más. La cosa de ponerlo en inglés, no es sólo por mi proverbial esnobismo, que también, sino porque últimamente uso la melodía de la canción de ese nombre, para mis salidas a correr por el Retiro. Es un tema sensacional, que firmó el gran músico británico Joe Jackson, nada menos que en 1978 y que es perfecta para correr a una buena velocidad. Escúchenla, porfa.

Bueno, tras este chute de energía musiquera, pasemos a lo cotidiano, un pequeño repaso de algunas de las cosas más destacadas que han sucedido en este mes. Empezando por el intermedio de la Superbowl en América, en donde la actuación del portorriqueño Bad Bunny dejó a todo el mundo boquiabierto. Y saben que Donald Trump había contraprogramado con una actuación retransmitida por otra cadena, con un show patriótico de alguien afín. Pero a la hora de la verdad le pudo la curiosidad y vio completo por la tele el show de Bad Bunny. E inmediatamente lo comentó en su red social, de la manera compulsiva habitual, con estas palabras: Esta actuación ha sido TERRIBLE, nadie entiende lo que dice ese tío.

A este respecto, tengo que confesarles que yo tampoco entiendo nada de la dicción de este señor, a quien tengo un cierto respeto como músico, aunque el reguetón no es lo mío. Hace años que mi hijo Kike me está hablando en los mejores términos de Bad Bunny, pero, qué quieren que les diga, yo prefiero a los Beatles y a los Stones (y a Joe Jackson). De este hombre sólo me gusta media canción, esa que dice: Pol la mañana café, pol la talde ron. El arranque, cuando entona ese estribillo, es buenísmo; luego el tema se va por otros vericuetos que ya me gustan menos, aunque reconozco que no están mal tampoco. Escúchenlo hasta donde quieran y córtenlo entonces, porque a medio tema se pone un poco cansino.

Pero lo cierto es que a mí, como a Donald Trump, me cuesta entender lo que canta este señor, de quien admito que sus letras constituyen un valor añadido, puesto que han suprimido el viejo imaginario machista del reguetón original. Pero sentado esto, me asalta una gran preocupación: ¿es posible que yo llegue a coincidir con Trump en algo? Sería algo TERRIBLE para el blog y permítanme que use las mayúsculas a la manera trumpista. Por cierto, Trump se cree que poniendo mayúsculas se enfatiza el valor de una palabra, cuando no es así. Para enfatizar un término, se utilizan universalmente la cursiva o el ponerlo entre comillas. Las mayúsculas significan que esa palabra se grita, se vocifera, se proclama a voces. A lo mejor es eso precisamente lo que pretende este maleducado proverbial, pero me temo que la sobredosis de mayúsculas en sus tuits se debe más a la ignorancia de su valor semántico. Pero, como les digo, yo estaba preocupado por coincidir en algo con Trump, así que he recurrido a las fuentes. Es decir, al gran José Mota. En uno de sus sketchs navideños (de hace dos años), este estupendo cómico pone en contexto el problema de por qué los boomers no entendemos a Bad Bunny. Véanlo, es desternillante.  

La deriva de Donald Trump es muy peligrosa, como les llevo pronosticando desde hace mucho y confirmando día a día. Yo confío en que los americanos salven las Mid Term Elections, que desde ya está tratando de torpedear, prostituir o directamente anular. Nos jugamos mucho todos en esas elecciones para las que quedan poco más de ocho meses. Lo que me gustaría resaltar es que mi opinión respecto a este impresentable no es en absoluto única y aislada; todo el mundo está horrorizado con la deriva de semejante personaje. Ya les he contado que, tanto en Canadá, como en Australia, los partidos socialdemócratas han ganado las últimas elecciones presidenciales, para las que partían en amplia desventaja según los sondeos. Algo parecido ha sucedido en Portugal y otros lugares, y la propia opinión pública norteamericana registra unos ínfimos valores de popularidad sin precedentes en otros presidentes anteriores. Tal vez la irrupción de Trump pueda servir al mundo como una especie de vacuna contra el fascismo. Supongo que saben también que durante la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Milán-Cortina d'Ampezzo, el desfile de la delegación norteamericana fue acogido con un abucheo sonoro y unánime de todos los presentes. Vean también el chiste de un humorista británico.

A mí cada vez me resulta más incomprensible que un pueblo como el americano haya elegido presidente a un patán, iletrado, colérico, compulsivo, maleducado, histriónico, ególatra, vengativo, abusón, machista, putero, corrupto, incapaz para la empatía… se me acaban los adjetivos; creo que este señor sería acreedor de todos los epítetos reseñados en el Gran Libro de los Insultos, de Pancracio Celdrán, del que ya les he hablado muchas veces. Lo más reciente de este energúmeno es el discurso de casi dos horas sobre el Estado de la Unión. Les voy a pedir que escuchen la respuesta inmediata de Bernie Sanders. Les pongo la versión original en el delicioso inglés de Sanders y una traducción automática al español de Sudamérica, directamente perpetrada con Inteligencia Artificial, para que elijan la que mejor les vaya.


Vaya, les estoy poniendo muchos deberes visuales en este post, pero no se quejen, que podría ser peor. Después de un mes de silencio, hay muchos temas sobre la mesa por los que poner verde a Donald Trump y, por supuesto, también a Feijoo, que es el otro deporte habitual de este blog. No quiero ser pesado, pero a mí me intranquiliza mucho la posibilidad de que este tipo llegue a ser presidente en España, y encima con Abascal de vicepresidente. A mí me parece que no está capacitado, es un vago (en la línea de Rajoy, sólo que este tenía más gracia) y es un sieso, adjetivo que creo que le cuadra como anillo al dedo, según define el término el Libro de los Insultos arriba citado, es decir, desagradable, antipático y desabrido (en Andalucía, suele utilizarse más la palabra malaje). Y, como le pasa a todos los siesos, su presencia suscita toda clase de burlas, chanzas y cuchufletas. Por ejemplo, los de El Mundo Today, lo proponen como sucesor de El Mencho, al frente del Cartel Jalisco Nueva Generación. Si no se lo creen, pueden leerlo pinchando AQUÍ.

Es también una noticia desternillante. Es oportuno que lo moten de Frijolito Feijoo, porque ese es precisamente el significado de su apellido; por ejemplo, en portugués se dice feijão para designar toda clase de alubias: blancas, pintas, negras o verdinas, con especial referencia al feijão frade, que es el menos valorado para elaborar guisos calientes y, por el contrario, se usa para hacer una de las ensaladas más tradicionales de Portugal. Este feijão frade se llama en Norteamérica black-eyed pea y es muy popular en el sur profundo, especialmente en la cocina cajun y criolla. Por otro lado, la feijoada es el plato nacional de Brasil, yo probé una buenísima en Curitiba con mi querida amiga Gisele. La feijoada proviene de los guisos que elaboraban los esclavos negros, aprovechando las sobras que se tiraban de la comida de sus amos, para cocinarlos de nuevo con frijol negro y arroz blanco. Es una exquisitez. Pero nuestro Feijoo, más bien responde al modelo del feijão frade, listo para la ensalada con Abascal. A un tipo tan sieso, como les digo, todo el rato le hacen cuchufletas como la que ven abajo.

Pero es que no hace falta recurrir a la manipulación de imágenes para reírse de este señor. Basta poner una imagen como la que les muestro abajo, en las Cortes. O el vídeo que aparece aun más abajo, que es también auténtico. Se trata de un acto durante la campaña aragonesa, en el que le invitan a hablar de una empresa de Binefar, y el tipo se aprende mal el nombre y lo dice ocho veces mal, delante de un cartel en el que está bien escrito. Díganme: ¿ustedes querrían a un sujeto tan gafe como presidente? Encima es que se lo van a comer entre Ayuso y Abascal. Vean lo que les digo.


Brifín. Ya lo han escuchado. Este lapsus no supera lo de Anotop at, que es insuperable, pero abunda en la misma línea. Quizá recuerden también un tercer episodio, cuando en las Cortes proclamó con su solemnidad impostada que él, en cuanto llegara a presidente, encargaría la resolución del problema de la vivienda en España a su primer vicepresidente. Todos en el Congreso, menos los del PP, empezaron a reírse a carcajadas, sin que él se enterara del motivo de la hilaridad, que no era otro que el hecho cierto de que quien tiene todas las papeletas para ocupar esa primera vicepresidencia es el señor Abascal. Aviados vamos si el problema de la vivienda lo tiene que arreglar este caballero.

Por lo demás, Feijoo ha diseñado esta cascada de elecciones regionales, para que el PSOE las pierda todas y así ir deteriorando poco a poco la posición de Sánchez, a ver si se va. Pero le está saliendo el tiro por la culata, porque tanto en Extremadura como en Aragón, el PP ha perdido peso y ha pasado a depender aún más de Abascal, que ahora le chulea retrasando sine die la constitución de ambos parlamentos. Le está bien empleado: convocar elecciones en Extremadura y Aragón no era necesario desde un punto de vista estrictamente local, ambos comicios se han ordenado desde Génova, en clave nacional. Y Abascal responde también en clave nacional. Los problemas de extremeños y aragoneses son irrelevantes para ambos partidos de la derecha, dedicados full time a derribar a Sánchez.

En fin, ya ven que la actualidad no se detiene aunque yo no escriba en el blog. Por cierto, ya me da pereza meterme también con Almeida; además ya me he adaptado a correr por fuera del Retiro, cuando a este hombre le da por cerrarlo y hasta podría admitir que cerrar el parque por una climatología como la que hemos sufrido el último mes puede tener una cierta lógica (aunque se han caído árboles por toda la ciudad y no tendría sentido prohibir a la gente que salga a la calle). Lo que sigue siendo indescifrable es que cierren el parque cuando hace mucho calor, cuando en las demás ciudades del mundo hacen justo lo contrario: ampliar el horario para que los ciudadanos puedan estar más frescos. También me molesta que en la Web del Ayuntamiento digan que los cierres sólo suceden un 1% de los días: en lo que va de 2026, el Retiro ha estado más días cerrado que abierto.

Pero vayamos ya con el tema de mi cumpleaños 75. Manda carallo, tres cuartos de siglo me contemplan. La cosa es que estas cifras redondas son una excusa perfecta para hacer una fiesta y reunirse con los amigos. Yo lo hice cuando cumplí 60. Por aquel entonces, era yo Subdirector General, corría carreras de 10 kilómetros sin inmutarme, tenía una pareja nueva que me gustaba mucho y me sentía poderoso y contento: el rey del mundo. Con ese motivo, cerré durante dos horas una discoteca bastante de moda entonces, el Honky Tonk, por la zona de Olavide. De diez a doce de la noche. Vino mucha gente, en especial de los servicios técnicos del Urbanismo municipal a los que yo pertenecía. Yo pagué al club un tanto por todo, según lo que me dijeron, y por allí pasaban todo el rato camareros uniformados portando bandejas con pinchos y cosas de picar. La bebida era libre y ellos se encargaban de la música. A las doce, abrían las puertas al público, entraba todo el mundo y las copas posteriores había ya que pagarlas. No recuerdo cuánto me costó, pero era una propuesta cara, un lujo.

Cuando cumplí 65, mi situación había cambiado. En el Ayuntamiento me habían cesado como jefazo, gracias a la imbecilidad de una concejala inane nombrada por la señora Botella. En otro orden de cosas, mi chica también me había cesado, aunque yo me resistía a asumirlo. Así que no estaba la cosa para muchas fiestas. Y menos mal que no organicé nada porque, la misma mañana de mi cumpleaños, me rompí el brazo izquierdo, en un incidente nefasto, del que se dio debida cuenta en el blog, que ya llevaba un tiempo abierto. Por fin, cuando cumplí 70, mis expectativas eran muy amplias, me jubilaba y planeaba iniciar una nueva vida, empezando por la idea de hacer un viaje de vuelta al mundo. Pero se cruzó por medio la maldita pandemia, de modo que ni siquiera pudimos hacer la habitual fiesta de despedida en el trabajo. En realidad, la hicimos, pero en versión on line. El viaje mundial quedó también suspendido, aunque finalmente lo hice a los 73, como saben, animado por mis hijos, que me dijeron que, o lo hacía ya, o no lo haría nunca. Es cierto, creo que ahora no emprendería un viaje como ese; yo estoy más viejo y el mundo también ha cambiado, por culpa de El Agente Naranja, del que no quiero hablar más.

Ahora, para los 75, no tenía excusa para saltarme la celebración. Pero me pareció que una fiesta tipo Honky Tonk no era procedente. Yo no tengo ya el dinero que manejaba a los 60, soy un jubilado y la gente que podía reunir no es ya tan noctámbula como hace quince años. Y encontré una solución maravillosa: el Mona Club, en pleno centro de Madrid, a 50 metros de la plaza de Cascorro, cabecera del Rastro. La fiesta se celebró el sábado 21 y resultó muy bien. Les cuento algo del lugar. Este club se llamaba hace unos años Mona Pinkerton y era bastante exitoso, especialmente los fines de semana, por el Rastro. El alma de este club, que se anuncia como cultural y vegano, es el gran Julián, ya mi nuevo amigo para siempre. A Julián le traspasaron el negocio como bar y club. Y fue como un tiro: daban comidas de menú vegetariano, había conciertos y actos de todo tipo y era un negocio floreciente. El local tiene una planta baja amplia y, por una escalera empinada se baja a una especie de cueva, perfecta para la música.

Todo fue bien durante cinco años, el negocio era rentable, cada año pasaban unos policías municipales que comprobaban los papeles del lugar y, en esa situación lograron hasta superar los encierros de la pandemia. Hasta que, de pronto, un aparejador municipal descubrió que el local carecía de licencia de actividad. Se la pidieron a Julián, que no la encontró. El tipo que le había traspasado el negocio le había estafado. Le clausuraron el sitio y le pusieron 60.000€ de multa. Pero el problema es que el rollo del lugar le había atrapado, se lo pasaba muy bien allí, ganaba dinero y decidió reflotarlo. Pidió una licencia de actividad. Y entonces descubrió que su bar estaba en una ZPAE. Zonas de Protección Acústica Especial. Son zonas en las que, en 2012 se estableció que no se podrían abrir nuevos bares, para responder a las quejas vecinales por el ruido. Sólo se dan licencias de actividad para lugares donde antes ha habido un bar legal, con todos sus papeles en regla. Mi casa está también en una ZPAE.

Ante esto, a Julián le queda sólo una solución: legalizarlo como club cultural. Está en ello con un arquitecto y a través de una ECU, esas empresas a las que Gallardón externalizó la gestión de estas licencias. Mientras consigue los papeles, va organizando saraos como el mío, con los que mantiene vivo el asunto, además de jam sessions, mercadillos, conferencias y similares. Todo eso, de la forma más silenciosa posible porque, como le denuncie un vecino, se le puede caer el pelo. Él podría argüir que ya ha pedido la licencia y no se la han dado todavía por ineptitud municipal, pero con estas cosas es mejor no jugar. Con motivo de esta situación provisional, los asistentes a la fiesta debían entrar por el portal y buscar una puerta lateral para acceder al local, lo que le daba al tema un mayor nivel de aventura y rollo misterioso.

Pero esta vez yo no podía contar con camareros de levita sirviendo comida. Había que organizar muchas cosas. Julián ofrece un catering vegano, pero yo lo completé con jamón, queso y empanadas gallegas, mi chica y mi compañera Cristina Moreno aportaron diversas exquisiteces. Compré una caja de vino blanco para tenerlo bien frío. Esto en cuanto a la manduca. Además tenía que ocuparme de la música, a través de Spotify. Y ayudar a recolocar los muebles del bar para poner las mesas a un lado. Pensar en unos percheros donde la gente dejara los abrigos y los bolsos. Más las tartas de cumpleaños y las velitas. Y pensar en la organización general del evento. Y encima, la gente se empeñó en que teníamos que tocar algo en el escenario de la cueva, lo que supone revisar el equipo de amplificación, hacer pruebas de sonido, etcétera. Al final, todo salió bien.

El programa era que, a las 19.00, se iba recibiendo a la gente, dejaban sus cosas, pedían bebidas en la barra y tenían a su disposición las cosas de comer en las mesas del fondo. Yo tenía que saludarlos a todos, recibir los regalos y amontonarlos en un rincón. Al final nos reunimos 42 personas, que no está nada mal. Gente transversal, diversa, entre la que nadie conocía a casi nadie. Mis hijos y algunos de sus amigos, mi pareja y su grupo más próximo, más algunos amigos antiguos, compañeras de mis 40 años de trabajo en el Ayuntamiento, profesoras de las escuelas de arquitectura que aún me siguen llamando para dar clases magistrales, mis colegas músicos de Vallecas, gente del yoga, el pequeño grupo de vecinos de la calle Almadén que nos solemos encontrar por el barrio. La cosa era divertida.

En un momento dado, Henry Guitar, Críspulo y yo bajamos a la cueva, ajustamos los instrumentos y empezamos a tocar. La gente bajó enseguida y yo tuve que dar un pequeño speech agradeciendo la presencia de todos y presentando al grupo. Ahí iniciamos un conciertillo improvisado, del que tengo algunas imágenes. Al final, mi hijo Kike me presentó la tarta con las velas y pusimos la música para bailar, distinta de la que habíamos puesto arriba, que era mayormente blues. Arriba de nuevo, atacamos las tartas con nuevas bebidas y la gente empezó a desfilar. Una de las ventajas del lugar es su localización, muy cerca del Metro Latina o la Plaza Mayor. Los últimos cerramos el lugar a las doce de la noche y caminamos a nuestras guaridas, agotados pero felices. Y ahora vamos con las imágenes. Primero, el escenario desde el fondo.  

Cronológicamente, ahora viene un video de nuestra actuación. Me grabaron muchos, pero ya saben que con los teléfonos móviles el resultado es muy malo y el sonido regular, con el barullo que monta la gente. Entre todos los que me grabaron, les he seleccionado este, porque realmente es un momento mágico, a pesar del sonido ratonero. Es la interpretación que perpetramos del Stand by me, del gran Ben E. King, año 1961. Les juro que no habíamos ensayado nada, la canción surgió espontánea, pero Henry y Crispulo son unos músicos excepcionales y yo hice lo posible por estar a la altura. El rock es una cultura que pasa de padres a hijos y esta canción se la sabe todo el mundo y la cantaron allí a coro. No se la pierdan. Y pantalla grande, por favor.

Espectacular, ¿verdad ustedes? Bien, vean ahora una imagen del momento en que me sacan la tarta.

Y, al final, nos hicimos todos los presentes una foto emulando la portada del Sargent Peppers, para que quede para la posteridad. También les he seleccionado dos entre las muchas versiones que se hicieron.


Nada, que fue una noche inolvidable para mí. Desde que me fui por ahí a dar la vuelta al mundo, no había vivido unos momentos tan intensos. Así que, que ustedes lo pasen bien. Quieran a sus amigos, déjense querer por ellos, y disfruten en suma de la vida: sólo tenemos una.

miércoles, 4 de febrero de 2026

42. A resguardo de la lluvia, atentos al mundo exterior

Por primera vez en muchos años, estamos teniendo un invierno como Dios manda, yo he tenido que sacar mis abrigos más calentitos, arrumbados hace tiempo en los armarios, para protegerme del frío que ha hecho en enero y ahora con la lluvia que nos está anegando y convierte en incómoda la vida urbana. Se consuela uno con eso de que a ver si de una vez nos dejan de hablar de la sequía, los pantanos deben de estar a desbordar, aunque los garrulos rurales siguen torciendo el gesto y dicen entre dientes: ya verás, ya verás cuando pare; nos va a venir un verano seco que nos va a joder. Los del campo siempre se están quejando y por eso no es de extrañar que acaben votando a Vox, que capitaliza ese malestar permanente y les promete que va a echar a todos los inmigrantes, para que puedan volver a ser felices en sus campos.

Entre unas cosas y otras está el mundo como está y a mí me da hasta pereza ponerme a escribir para ustedes, que no sé cómo me siguen aguantando, teniendo en cuenta que mi discurso es siempre el mismo, es repetitivo y conforma una especie de bucle infinito. Algunos de mis lectores piensan que no tengo abuela, pero les diré que yo empecé a escribir estas reflexiones, primero a la carrera y ahora más pausadas, allá por el mes de septiembre de 2012, que ya ha llovido desde entonces. A veces, por entretener mi ocio, entro a repasar alguno de mis textos antiguos y sucede que, me crean o no, no encuentro una sola afirmación o apreciación que no seguiría firmando ahora mismo. Catorce años después, sigo opinando lo mismo. Cierto que nunca he ejercido de adivino, yo no hago pronósticos, me limito a analizar lo pasado y lo que está pasando. Si no fuera así, seguro que me habría equivocado todo el rato.

Vean, al respecto, lo que cantaba una jovencísima Tracy Chapman en el concierto homenaje a Nelson Mandela por su 70 cumpleaños. Pongámonos en contexto. Junio de 1988. Nelson Mandela sigue en la cárcel, donde lleva más de 25 años, y el mundo del rock se congrega en el estadio de Wembley en Londres, para un macroconcierto con las estrellas más famosas del momento. Tracy Chapman es una chica negra, pobre y lesbiana que, después de años de cantar por las calles, ha conseguido un contrato con una discográfica minúscula y acaba de publicar un disco hace menos de un mes, que nadie parece interesado en comprar. Por una casualidad, le llega la oferta de viajar a Londres y sumarse al concierto en lista de espera. Pululando por el backstage, la organización le avisa de que una megaestrella acaba de cancelar su actuación por un problema vocal grave, y le ofrece salir a escena inmediatamente. Se arma de valor y, casi sin tiempo para peinarse, agarra su guitarra acústica y sale ante la multitud. Y se convierte en la sensación del evento, el momento que décadas después se sigue recordando. Vean esa grabación. Pantalla grande, por favor, esto es Historia.

Es difícil no emocionarse escuchando esto. Casi cuarenta años después, Tracy tiene 61 y mal que bien ha logrado vivir de la música y que la dejen a su bola. Pero como profeta no se hubiera comido una rosca. De todo aquello que cantaba apenas queda nada. Los jóvenes no hicieron la revolución y los que intentaron luchar fueron arrasados. Yo los vi en mi paso por los USA hace ya año y medio, tumbados en las calles con colchonetas y sacos de dormir, devastados por el crack y otras sustancias. También en los baños del albergue de la YMCA donde pasé la última noche de mi viaje de vuelta al mundo, cuando salí de madrugada a inspeccionar los baños comunes, armado con mi toalla y mi pastilla de jabón. Allí había unos cuantos, rumiando su derrota mientras se aseaban por partes, con la mirada vacía de los expulsados del paraíso yanqui. Ese paraíso al que no sé si yo podría volver, suponiendo que quisiera, porque ya les conté que me han anulado la ESTA y, para pedir otra, he de permitir que revisen mis redes, incluyendo las opiniones que se vierten en este blog.

Si mis escritos de hace catorce años me siguen pareciendo vigentes, qué decir de los que llevan año y medio goteando de este mi tercer blog. Del peligro que traía el segundo triunfo de Donald Trump les alerté desde el principio. El 18 de marzo, hace casi un año titulé mi Post #17: El fascismo ya está aquí. No me digan que no estaban advertidos. Las imágenes de los asesinatos de Renée Good y Alex Pretti no se habían visto en el mundo occidental desde las razzias de la Gestapo en los años 40. Estos vídeos de dos crímenes a sangre fría en plena calle igualan la presidencia de Trump con el régimen de los ayatollahs de Irán o la tiranía del gordo de Corea del Norte. También les llevo avisando de que Trump hará todo lo posible por que las elecciones Mid Term no se celebren. Pues ya ha empezado a enseñar la patita.

Hace unos días, perpetró un discurso de conmemoración de su primer año de mandato. Todo está mucho mejor en los USA desde que él llegó, faltaría más. Los neoyorkinos han visto cómo el precio del café que se toman camino al trabajo a primera hora de la mañana, en esos vasos de plástico con tapadera y pajita que les sirven para calentarse las manos, se ha duplicado gracias a las guerras arancelarias de su presidente. Pero su discurso fue una retahíla de triunfos, logros y mejoras para los ciudadanos. La mejor definición de la verborrea de Trump es la que aporta el periodista Martín Caparrós: cada vez que a este señor le ponen un micrófono delante, aprovecha la ocasión y se habla encima. Tal cual. Pues el otro día, tras media hora de hablarse encima, enumerando la retahíla de enormes victorias de su primer año, se permitió un chiste, de esos que él mismo se ríe a continuación: Está todo tan bien, que no sé para qué queremos unas elecciones a final de este año. Poquita broma con esto.

Es difícil escribir algo en este momento sin centrarse en Trump y su enloquecida deriva. Y el peligro que se cierne sobre todos nosotros, ustedes y yo. Pero a la vez es agotador. Es cansino. Intento hablar de otras cosas y no puedo. Pero ha quedado claro que el mundo del rock está en el lado correcto de la Historia. Junto con el cine, el teatro y la cultura en general. El gran Bruce Springsteen se sentó ante el pentagrama y compuso en dos días una canción sobre los sucesos de Minneapolis, que apenas tardó otros dos días en arreglar, grabar y subir a las redes. El mensaje y la fuerza del tema hablan por sí solos. Pero yo quiero destacar algo que nadie ha dicho. El tema suena a Bob Dylan por todos sus rincones. Dylan creó una manera de componer y de cantar. El Boss admira y mucho a Dylan y no hay nada mejor que el estilo de este señor para un auténtico himno, que es lo que es esta canción. Se la he seleccionado para ustedes con subtítulos en español e inglés para que la puedan seguir mejor.

Muy acongojante también este tema. Por cierto, el tipo que dirigió la represión en Minneapolis, cuya imagen se ve en este vídeo, el único del ICE que no va enmascarado, se llama Greg Bovino, en la línea de nombres impagables de la que les hablaba en mi anterior post. El tipo es realmente un animal de pezuña. Les supongo igualmente al tanto de que el domingo pasado se entregaron los premios Grammy, los más importantes del mundo del rock. Yo estuve viendo un rato la llegada de los artistas, hasta que por Facebook me confirmaron que Samantha Fish se quedaba por segundo año consecutivo sin el premio para el que estaba nominada, mejor álbum de Blues Contemporáneo. No tenía yo esta vez muchas esperanzas en que Sam consiguiera ese premio, la cosa no pintaba bien y mi olfato se confirmó. Así que apagué la pantalla y me dediqué a otros entretenimientos. Esto de la llegada de los artistas y sus posados en el photocall, es un tostón importante. Aunque a mí me llamó la atención el vestido que llevaba una chica y que tal vez han visto ya también. Un par de fotos.


No sé cómo se llama la chica, ni me interesa. Como ven, el vestido cuelga de un par de piercings anulares que atraviesan sus pezones. Esto es otro indicativo del mundo en el que vivimos. Lo cierto es que a la chica no se la ve muy feliz con semejante atuendo. Tal vez está preocupada pensando: como dé un tropezón y me pise el vestido por delante, me voy a hacer una avería importante, aunque así seguro que saldría en todas las primeras planas. Bien, lo interesante de esta gala es que muchos de los artistas premiados, en lugar de dedicar su galardón a sus familias, amigos, colegas, músicos, productores y demás técnicos, aprovecharon su instante de gloria para darle cera a Donald Trump y sus matones del ICE. En el vídeo de abajo se ve un resumen de las frases de Bad Bunny, Billie Eillys y otros premiados, más la broma del presentador, que dice que Trump quiere Groenlandia porque ya no tiene la isla de Epstein, broma por la que el presidente ha amenazado con ponerle una querella criminal apoteósica. A lo mejor acaba poniéndoles unos aranceles a los Grammys.

En fin, como les vengo diciendo, yo confío en que el pueblo norteamericano pueda frenar la deriva de este presidente desquiciado. Sólo ellos pueden hacerlo, porque los demás países están aterrorizados. Todos estos artistas que se han pronunciado, tienen bastante predicamento entre la gente y yo estoy seguro de que las elecciones del Mid Term, si se consiguen celebrar limpiamente, supondrán el control de Congreso y Senado por el Partido Demócrata. Veremos. Dice Pablo Iglesias que los que creemos que a este señor se le puede frenar con unas elecciones, somos unos ingenuos. Yo, por mi parte, estoy más con el discurso que pronunció el primer ministro de Canadá en el foro de Davos (si tienen interés en escucharlo, no es difícil de encontrar en redes). Este señor, cuya imagen tienen abajo, se llama Mark Carney y es un banquero, es decir, un hombre de derechas, como Mario Draghi.

Mark Carney no era favorito en las elecciones generales de su país, las encuestas señalaban a un trumpista como ganador. Pero El Agente Naranja empezó enseguida a perpetrar sus tropelías y eso revirtió el signo de las elecciones canadienses y también de las australianas, entre otras. La gente no quiere tiranos al frente de sus países. En Davos y en presencia del propio Trump, Carney se largó un discurso escrito por él solito en la soledad de su hotel y dejó boquiabierto al mundo con una propuesta de alianza de los países de tamaño medio para resistir juntos la presión de los grandes. Se refería a la Unión Europea, la India, Japón, Canadá, Brasil. Una línea a seguir. No se pueden imaginar cuánto anhelo que surja en nuestro país un líder de derechas de esta talla. Hasta me pensaría si votarle.

Porque lo de Feijoo es algo increíble. A pesar de la presión constante de los medios afines (la famosa fachosfera), el tipo sigue haciendo el ridículo cada vez que tiene una mínima ocasión. Algunos de mis seguidores dicen que es que le tengo manía. Desde luego que se la tengo y creo que el PP adelantará mucho cuando admita que las últimas elecciones generales las perdió este señor, por sieso y por mediocre. Además, es un vago, no se prepara las comparecencias ni los discursos, alguien se los escribe y por eso le pasan cosas como lo de anotop-at. Yo creo que ha debido de dar unas lecciones de foniatría para mejorar su facilidad de palabra. A mí ahora me recuerda al que hace los anuncios de la Agencia Negociadora del Alquiler. He intentado hacerme con algún audio de estos anuncios, para ponérselo en el blog, pero no lo he conseguido (si se conectan a la SER, están saliendo todo el rato). Pues con esa misma grandilocuencia impostada habla el señor Feijoo en las Cortes y en todos lados. Le falta cerrar sus discursos proclamando: llame usted al 900 20 20 11.

Con el tema este de la revalorización de las pensiones, le han vuelto a pillar. Sánchez lo llevaba en uno de esos llamados decretos-ómnibus, una práctica que a mí no me gusta nada, entre otras cosas porque la usaba cada año Esperanza Aguirre para colarnos diversos gatos en el paquete de liebres. El año pasado, ya tuvimos la misma historia y el PP votó en contra con la disculpa de que se incluía la venta de no sé qué palacete del PNV en París. La verdad es que votaban en contra, sólo por ponerle palos en las ruedas al gobierno, como hacen durante todo el año. Al final, separaron las votaciones: la revalorización de las pensiones por un lado y el resto por otro y así se salvó nuestra subida. Por cierto, hablando de pensiones, les recomiendo que lean un artículo reciente de un catedrático de Historia de la Economía de la Universidad de las Islas Baleares y Consejero del Banco de España, que se llama Carles Manera, sobre la falacia de que nuestro sistema de pensiones está en riesgo. Se publicó hace unos días en el medio balear Última Hora, sólo para suscriptores, pero pueden leerlo pinchando AQUÍ.

Este año, con el antecedente del anterior, ya se sabía lo que iba a pasar. Yo en ningún momento he temido por la subida de mi pensión; estaría acojonado si estuviera el PPVox en el gobierno. Entonces, si se sabía lo que iba a pasar, ¿por qué ha repetido Sánchez la jugada? Pues para mí está muy claro: para ponerle un anzuelo a Feijoo. Que este se ha tragado hasta la garganta. Esta vez no había ningún palacete del PNV en danza, todas las medidas incluidas en el ómnibus estaban relacionadas y componían lo que se ha dado en llamar el escudo social. Así que se ha hecho el paripé, el PP ha votado no y a los pocos días lo han llevado separado. Entre ambas votaciones, el gobierno ha podido proclamar a voz en grito que el PP quiere quitarnos la subida a los abuelos que tenemos la suerte de tener pensión. A ver si con eso atenúan la hostia que se van a llevar en las inminentes elecciones aragonesas.

Porque lo de Aragón va a ser una estación más del vía crucis que le están haciendo pasar a Sánchez, aunque yo confío en que aguante lo que le queda, poco más de un año para las siguientes generales. La verdad es que tiene mucho mérito que este señor siga gobernando mientras la oposición se dedica a acorralar a su mujer, su hermano, sus ayudantes y hasta los que pasaron por delante de la Moncloa y se cruzaron con él un día. Yo desde luego prefiero que siga en el poder todo lo que pueda, porque ese es tiempo de bonanza que podremos disfrutar, antes de que llegue el PPVox y empiece a ponernos leyes-mordaza. Porque, finalmente, se harán con el poder. ¿Saben por qué? Pues porque nuestra gran lacra colectiva es la corrupción, tanto en un lado como en el otro. Lo que pasa es que a los votantes de derechas no les importa, ellos van a seguir votando a los mismos, aunque huelan a podrido. Los de izquierdas, en cambio, somos más exquisitos, más remilgados y, ante personajes como Ábalos o Cerdán, nos retraemos y no vamos a votar. Y así nos va.

Tenemos que irnos preparando para aguantar un gobierno de derechas, no pasa nada, en Madrid ya los llevamos aguantando mucho tiempo, tanto en el Ayuntamiento, como en la Comunidad. Yo lo único que pediría es que se buscasen a unos dirigentes un poco más presentables, al estilo de Mark Carney. Feijoo es penoso. Ayuso es lo que todo el mundo ve, y eso que a veces parece que va aprendiendo, pero tiene un lastre importante con ese novio que se ha buscado. Y qué decir de Almeidiña-Caradeculo. Ustedes creen que exagero, pero el Retiro lleva casi desde primeros de enero cerrado por el temporal. Los que fiamos nuestro mantenimiento físico a poder salir a trotar un rato por el parque, nos tenemos que joder. Las calles circundantes están abarrotadas de corredores, porque somos una raza de resistentes y estamos equipados para la lluvia. Pero si nos cierran el parque un mes, no podemos hacer nada.

Como ya hemos entrado en terrenos más personales, voy a cerrar con una anécdota reciente, por si les sirve de enseñanza. Yo tengo una cocina de gas, porque no me gusta cocinar con placa eléctrica, pero ese es mi único consumo de la red de gas. Cada dos meses me llega un recibo de unos 30 o 40€, que ya me parece caro, pero es lo que hay. Pues a primeros de enero, me llegó uno de 95. Abrí la factura y venía un cuadro de barras donde se veía la desproporción entre la última columna y las de todos los meses anteriores. Había un teléfono de reclamaciones al que llamé enseguida (por cierto, mi compañía es Naturgy). Tuve que dar una serie de datos a un interlocutor automático de esos que te dicen que pulses almohadilla y enseguida me pasaron con una chica sudamericana bastante simpática.

Le expliqué lo que me sucedía y estuvo de acuerdo en que parecía un poco extraño. Indagó en el sistema y sacó una primera conclusión: el nuevo recibo partía de una estimación de consumo. Es decir, que a mí nadie me ha leído el contador y por el contrario ha sido un algoritmo quien ha decidido que yo tenía un consumo por valor de 95€. No pude evitar un comentario: esa estimación está muy mal hecha. La chica me preguntó si yo podía acercarme al contador y decirle que cifras marcaba. Así lo hice y a la vista del consumo real, decidió que íbamos a hacer una reclamación allí mismo, on line. Me pidió que le diera un tiempo. Al ratito volvió y me dijo que mi reclamación estaba ya cursada y aceptada. Que, con los datos de mi contador, me correspondía una devolución de 73€ (como lo oyen). Le di encarecidamente las gracias y pasé a la encuesta de satisfacción en la que le puse a la chica un diez. Ahora estoy esperando que me lleguen ambos recibos al banco, el de 95€ y el de -73€.

La moraleja es múltiple. Los algoritmos son muy peligrosos; hay que revisar con cuidado todas las cuentas que paguemos, hasta en el supermercado. Porque el algoritmo nunca se equivoca a tu favor, siempre es en tu contra. Y parece obvio que las grandes compañías ya se han dado cuenta de que eso de tenerle que hablar a un loro mecánico sin alma es algo que irrita muchísimo al cliente. Por ejemplo, he podido comprobar que Apple, DIGI o el BBVA tienen servicios de atención en los que enseguida te atiende alguien cualificado, con paciencia y empatía. El mundo está organizado para que la gente tenga servicios y los pague y eso no lo van a destruir Trump ni Putin, pero hay que pelear todas las batallas, hasta las más pequeñas. Así que, como siempre les digo, sean buenos y estén atentos para que no se la cuelen doblada. Y, por supuesto: ¡¡¡¡FUCK ICE!!!!