AQUÍ

miércoles, 22 de julio de 2026

49. Doce días vertiginosos

Sí señor, doce días de blues y fútbol a todo trapo, que me dispongo a contarles en plan diario. Doce días en los que me he centrado en diversos temas, olvidándome del calorazo que nos agobia, así como del coñazo del caso Zapatero, dos circunstancias que nos tienen agobiados y que hoy martes han renacido como la mala hierba. Me hace gracia que se hable ahora de la tercera ola de calor: pero qué tercera ola ni que niño muerto (expresión esta en desuso pero muy corriente cuando yo era uno de esos niños de la casi posguerra). Repito: qué tercera ola ni que niño muerto, si llevamos mes y medio con un calor insufrible. Prácticamente desde el uno de junio, aquí en Madrid no hay quien pare; yo me paso los días encerrado en mi ático, protegido por el aire acondicionado que he de tener conectado todo el día. No les extrañe, pues, que me apunte a todos los bombardeos bluesísticos y futboleros que pueda. Pero, después de estos doce días de alivio, aquí estamos otra vez, bajo el calor asfixiante y con la radio hablando todo el rato de Zapatero. Vayamos pues con el diario.

Jueves 8 de julio. Después de un miércoles típico, en que madrugué para salir a correr al Retiro a la única hora en que resulta recomendable ese ejercicio y luego caminé hasta Chueca para comer con mi última jefa Silvia y mi querida compañera M. a modo de despedida hasta la vuelta del verano, el jueves me levanté algo más tarde y asistí a mi habitual clase de inglés on line hasta las 10.30. Necesité una hora más para diversas tareas: terminar de hacer mi maleta para una salida de cuatro días, tender los toldos de la terraza, asegurarme de que el riego estaba en orden y que las plantas de interior tenían agua suficiente y dejarle comida y bebida a Tarick Marcelino en tres puntos diferentes de la casa para prevenir la eventualidad de que vuelque alguno de ellos y se quede sin agua. El bueno de Tarick llevaba ya desde el día anterior con un mosqueo regular, como siempre que me ve empezar a ordenar mis cosas para la maleta, ceremonial que le entristece visiblemente.

Provisto de mi maleta pequeña (la que me regalaron mis colegas de trabajo con motivo de la jubilación, hace ya más de cinco años) y también con la guitarra española en su funda, bajé al garaje, arranqué el Toyota y me dirigí a Vallecas a recoger a mis colegas musiqueros, Henry Guitar y Críspulo el batería, que ya me esperaban al fondo de la Avenida de la Albufera. Cogimos carretera y nos dirigimos hacia Béjar, municipio mediano del sur de la provincia de Salamanca, que muchos consideran un pueblo, aunque tiene el título de ciudad desde hace varios siglos. Allí se viene celebrando anualmente uno de los mejores festivales de blues de España al que ya es la tercera vez que asistimos. Este año, el cartel del Festival de Cazorla, en Jaén, era mucho más interesante, con motivo de su treinta aniversario: Walter Trout, Charlie Musselwhite, Mike Zito, Ghalia Volt y otros.

El problema de Cazorla, a donde fuimos Henry y yo en 2022 para ver a Samantha Fish, es que tiene el inconveniente para nosotros de que no conocemos ningún alojamiento cercano a la plaza de toros del pueblo, donde tiene lugar el festival. En el año 22, nos alojamos en un hotel a diez kilómetros, lo que nos suponía hacer ese recorrido de vuelta a las cuatro de la mañana, bien servidos de alcohol, con el riesgo de encontrarnos con un control antidoping, o bien pasarnos toda la velada bebiendo menos para conducir después con garantía. En Béjar, como les he contado otras veces, controlamos una casita a cinco minutos a pie de la plaza de toros y con magníficas vistas a la sierra, lo que hace todo más llevadero. En 2023 la localizamos por primera vez y vivimos un festival genial. No pudimos repetir en 2024, a cuenta de mi viaje de vuelta al mundo y teniendo en cuenta que soy yo el conductor oficial, o gorrilla, del trío.

El año pasado llamamos a la dueña y nos dijo que nos reservaba otra vez la casa, así que repetimos la jugada. Al despedirnos, nos la ofreció también para este año, salvo que la llamáramos para cancelar, y lo mismo este año para el que viene; somos ya como de la familia. En fin, hicimos el recorrido de un tirón, apenas tres horas de carretera y llegamos a tiempo de comer en el restaurante Casa Senén-La Alegría del Castañar, a donde nos fuimos directamente. Es un lugar fresco, con una terraza bajo un emparrado magnífico y donde se come estupendamente, con especial mención al morro de cerdo con tomate, bien cargado de pimentón de la Vera, capaz de recuperar a un muerto. Abajo unas fotos de nuestro almuerzo. Luego fuimos a casa de Cristina, nuestra anfitriona, que nos hizo entrega de la llave. Tomamos posesión y nos obsequiamos con una siesta de reglamento.


Duchados y acicalados, cogimos el coche para ir al centro urbano, donde aparcamos sin problemas. Allí, delante del bar La Alquitara, se celebran los conciertos complementarios del festival, y el jueves había ya un primer concierto de bienvenida a los viajeros. Visitamos primero a nuestra amiga Susi, a la que conocimos en 2023 y que este año trabaja en otro bar cerca de la Alquitara. Susi tiene un hermano que regenta un restaurante español en Londres donde yo fui a comer un día, durante mi última visita a la City. Continuamos la ronda en el bar Eladio, que tiene unos pinchos de buena calidad. Y escuchamos a la banda que tocaba en la calle, formada por dos hermanos gordos y barbudos que interpretaban a Jimmy Hendrix con cierta soltura. Finalizado el concierto y las copas, buscamos el coche y nos retiramos a nuestros aposentos.

Viernes 9 de julio. Iniciamos ese día nuestra rutina habitual de cada año. Alertados por la alarma que habíamos preparado por la noche, nos levantamos a las siete, para ver el encierro de San Fermín, una tradición que no desatendemos nunca, porque Críspulo es taurino y no perdona un encierro. Después nos tomamos un café con unas galletas que nos había dejado Cristina, estuvimos un rato improvisando con las guitarras y luego nos fuimos de excursión. En años anteriores, habíamos visitado Candelario, Hervás y La Alberca. Decididos a no repetir, escogimos esta vez Baños de Montemayor, un pueblo con balneario bastante bonito, con dos iglesias diferentes, correspondientes al momento histórico medieval, cuando la parte norte del pueblo pertenecía a Salamanca y la parte sur a Extremadura. Ahora es un solo municipio extremeño, igual que Hervás, un poco más al sur.

Después de dar una vuelta por los lugares de más interés, nos fuimos a un bar junto al balneario principal, rodeado de abuelos disfrutando del lugar, a mejorar nuestro desayuno, con otro café con leche y lo que en el sur de España se conoce como media tostada, con aceite, tomate, sal y jamón. Compramos rosquillas para acompañar nuestros cafés post-sanfermines. Hicimos una parada en un restaurante del camino de vuelta, que se llama El Solitario y tiene unas magníficas vistas a todo el valle. Allí nos sentamos un buen rato a tomar un refresco y contemplar el paisaje. Y yo me hice la típica foto haciendo el mono, ya pensando en subirla a mi crónica.  

De vuelta en Béjar, puntuales a la una para ver otra actuación frente a la Alquitara, nos tomamos las copas correspondientes en el bar de Susi y en el Eladio, mientras escuchábamos a un grupo encabezado por una cantante, a la que acompañaban un bajo y nuestros conocidos Pablo Sampa a la guitarra y Antonio Pax a la batería, a los que saludamos. A mediodía cogimos el coche a nuestro alojamiento y caminamos hasta Casa Senén, para darnos otra comilona y tener la casa cerca para la siesta reglamentaria. Después, nuestra rutina: guitarreos, duchas y otros entretenimientos, antes de salir, bien maqueados y perfumados, en dirección a la plaza de toros de Béjar, que presume de ser la más vieja de España. En la entrada, nos pusieron la pulsera azul fosforito, que te permite entrar y salir del recinto todas las veces que quieras y accedimos al coso, donde daba un sol poniente amoratado y débil. Allí nos hicimos la foto para la Historia.  


Nos encontramos por allí a mi amigo José Luis, de Jaén, que cada año organiza con su hermano Rafa el festival de blues de Torreperogil, al que nunca hemos ido porque es el 15 de agosto, una fecha muy mala. Hablamos un rato y comprobamos que todos veníamos al festival para ver a Jackie Venson, de la que luego les hablo y que tocaba por primera vez en España. Nos fuimos a la primera fila y asistimos al primero de los conciertos, un negro de Texas cuyo nombre no recuerdo y que era bastante bueno para abrir boca. A las diez empezaba el segundo artista y se nos planteó un dilema. Teníamos que cenar algo, no nos íbamos a acostar en ayunas. Y además, si salíamos en ese momento, podíamos ver el segundo tiempo del España-Bélgica. Así que nos acercamos al Senén, el único lugar decente del entorno y allí nos picamos algunas cosas con unas cervezas, mientras veíamos el partido, de medio lado en una pantalla grande que habían instalado.

Les confieso que, de este Mundial recientemente terminado, he visto únicamente los partidos de España, excepto el de Uruguay, que era a las dos de la mañana. Con Bélgica acabamos ganando y, nada más terminar, volvimos al festival a ver el final de la actuación del veterano Elliot Murphy. Es este un cantautor de setentaytantos años, a quien yo vi de joven en la desaparecida sala MM y me pareció un triste. Después, he leído que se instaló en París, porque un cantante protesta no tiene mucho que hacer en los USA y menos ahora. Eso explica el hecho de que venga por aquí casi todos los años. Escuchamos su última canción y dos propinas, bastante brillantes, porque le acompañaba un grupo potente, con una violinista virtuosa que le daba mucho cuerpo al asunto. Terminado el anciano Murphy, volvimos a coger sitio adelante para ver a la estrella de la noche, de quien no sabíamos nada.

El tipo atiende por Eric Sardinas y es un hortera refinado, que toca a un volumen ensordecedor, acompañado solamente por un bajo con aires de zombie y un batería explosivo, ambos negros. Su música es una especie de barullo descomunal tocada de forma vertiginosa, en la que no se advierte si falla una nota, y además da igual. A mí no me gustó nada, pero, para mi estupefacción, había parejitas de rockeros que se sabían las letras y se las coreaban entre ellos con arrobo de enamorados. Que haya gente que se sabe sus letras supone que este sujeto graba discos con ese ruido demoníaco y que hay gente que los compra y se los pone en su casa hasta que se los aprende. Todo ello muy sorprendente. Nos dejó tan agotados, que nos subimos a las gradas para ver al último grupo de la noche.

Eran estos un trío clásico de rockabilly: guitarra y voz, contrabajo y batería, que estaba formado por tres músicos belgas veteranos, muy buenos y muy animosos y simpáticos. Un bálsamo, después del coñazo del Sardinas. Mostraron su pena por haber perdido con España, y nos desearon suerte en el resto del campeonato. Su música era bastante refrescante y nos quedamos hasta el final de su actuación. Luego desfilamos con toda la concurrencia y nos fuimos a casa, a donde llegamos a las tres de la madrugada y volvimos a poner el despertador a las siete. Globalmente, el primer día de festival no fue demasiado brillante. Nada que ver con el cartel de Cazorla de este año. Pero recuerden que nosotros veníamos a ver a Jackie Venson.

Sábado 11 de julio. Después de haber dormido tan poco, no teníamos el cuerpo para otra excursión mañanera, así que, tras el encierro de turno, entretuvimos parte de la mañana con las guitarras y nos obsequiamos con un merecido desayuno con media tostada en el hotel Los Duques, que está por allí al alcance. Bajamos luego al centro de Béjar y estuvimos viendo el mercadillo de los sábados, donde rebuscamos en busca de regalos para nuestros respectivos compromisos. A la hora del vermú, repetimos de lugares, volvimos a escuchar a Sampa, Pax y los demás, nos despedimos de Susi y enfilamos para el Senén y la siesta correspondiente. Por la tarde teníamos la gran cita por la que habíamos venido a Béjar. La gran Jackie Venson. Vean en primer lugar una foto actual de la chica.

Jackie es de Austin, Texas, y tiene como treintaytantos. Conscientes de su potencial talento musical, sus padres la mandaron a la prestigiosa Berkeley Music School, de Boston, al otro lado de los USA, para que estudiara piano y composición. Se graduó tres años después, en 2018, pero ya ese último año descubrió la guitarra eléctrica y decidió que era mucho más divertida que el piano. Empezó entonces a componer, cantar y desarrollar su arte, que no se parece al de nadie. Su música es original, alegre, poderosa y se nota mucho su formación clásica. Además, esta chica pasa ampliamente de las grandes discográficas multinacionales. Con su hermana Christina ha montado una pequeña productora propia, en la que va a su bola. En su primera visita a España, ha tocado en sitios tan raros como Bergara, Palencia y Zaragoza.

Así que el viernes repetimos nuestra deriva del día anterior: vimos la primera actuación, de una inglesa de origen jamaicano que hacía un soul bastante estándar, y salimos a cenar al Senén, aunque ese día no había partido. De vuelta, pillamos un tramo largo de la segunda performance. Sus responsables eran el gran guitarrista Vasti Jackson, a quien vimos el año anterior, como parte del súper grupo The Kings of the Blues, esta vez acompañado por la veterana cantante de soul Toni Green. Sonaban bien y les grabé un pequeño clip que les reproduzco abajo, con la calidad de sonido que se obtiene normalmente con un móvil en medio del barullo de la gente, pero que les dará una idea del tipo de cosas que se pueden ver en esta clase de festivales.

Al acabar estos dos grandes y veteranos músicos, la gran mayoría de los asistentes se fueron a pillar cervezas y lo que pudieran. Y nosotros tres aprovechamos para situarnos en la primera fila, agarrados a las vallas, para escuchar a nuestra admirada Jackie. Miramos alrededor y al lado estaban nuestros colegas de Torreperogil. La expectación era máxima. Christina, la hermana de Jackie estaba en el escenario dirigiendo todo el asunto técnico, pruebas de sonido, conexiones, etc. Es idéntica a Jackie, no sé si son gemelas, hasta el punto que llevaba una camiseta con un gran letrero que rezaba: no soy Jackie. Esta artista toca a menudo con un teclista, un bajo y una batería. Pero en su venida a España, sólo la acompañaba el batería; toda la parte de bajo y teclados la trae pregrabada y la desarrolla ella con sus aparatos, lo que comporta una coordinación bastante difícil.

Salió Jackie a escena, con el batería, que está completamente ciego; de hecho, Christina lo guió hasta su asiento, en donde tanteó entre los platillos para orientarse. Y empezó el show. Ciertamente asistimos a una actuación portentosa, que hizo que nos mereciera la pena este viaje. Jackie desarrolla una música original, única, que bebe del blues, de Jimmy Hendrix, de Laurie Anderson y de muchos otros. A veces, intercalaba algún mínimo silencio y no se escuchaba ni una mosca, con el barullo que suele haber en estos festivales a esas horas de la noche y con la gente bien puesta de alcohol y lo demás. El público estaba estupefacto ante tanta belleza. Le pregunté a Henry qué le parecía y me dijo que se estaba reprimiendo para no llorar. Algo así sentíamos todos. José Luis, el hombre de Torreperogil, estaba lívido, escuchando con la máxima atención. Le grabé varios clips, pero ustedes no se merecen escuchar a Jackie Venson con esa calidad ínfima, así que les voy a pedir que vean un video de Youtube de hace tres años. Es un blues clásico, no es el corte más original de esta mujer, pero da una idea de su arte, de su virtuosismo, de su alegría, de su personalidad arrolladora. Pantalla grande, por favor.

En el escenario emplazó a los que quisieran a reunirse con ella después, para comprar sus discos, camisetas y demás merchandising, además de charlar un rato y hacerse fotos con ella. La actuación fue apoteósica y, sin decir nada, nos fuimos a buscar unas cervezas en los puestos de venta dentro de la plaza de toros. La necesitábamos, porque estábamos alucinados. Mientras, se organizó una larga cola para las fotos y la firma de discos. Comentando lo que acabábamos de ver, los tres decidimos que ya no queríamos quedarnos a ver al cuarto artista, que cerraba el festival. Después de lo que acabábamos de ver, ninguna otra música nos podía interesar. Nos sentamos por allí, mientras preparaban el escenario. La cola con Jackie se iba reduciendo, así que nos pusimos al final.

El cuarto artista había empezado ya su actuación, cuando abordé a Jackie (soy el único que habla un poco de inglés) y le dije que nosotros éramos un trío muy veterano de músicos, que no le habíamos comprado nada, pero que nos había encantado su forma de cantar y queríamos una foto con ella. Se rió mucho, dijo que por supuesto y nos dio unos abrazos tan pasionales como su música. A instancia de Críspulo le aclaré que él era nuestro batería y que apenas ve nada tampoco. Eso le valió a mi colega un abrazo adicional aun más sentido. A propósito, habíamos oído por ahí que Jackie vendría a Madrid para presentar el Festival de Blues de Moratalaz, pero no sabíamos si era un bulo. Nos confirmó que era cierto, quedamos en vernos de nuevo en Moratalaz y nos hicimos la foto deseada. Abajo la tienen. Después caminamos hasta nuestro cubil, bajo una hermosa noche estrellada extremeña, sumidos en una sensación muy cercana a la felicidad suprema.   

Domingo 12 de julio. Después del portento al que habíamos asistido la noche anterior, el domingo no tuvo mucho que contar. Vimos el encierro, tomamos nuestro café con rosquillas, hicimos las maletas, las llevamos al coche y pasamos a despedirnos de nuestra anfitriona Cristina (y a pagarle el alojamiento). Nos aseguró que para el año que viene tenemos la casa reservada. Cruzamos al hotel Los Duques, donde desayunamos con José Luis y su hermano, que cada año se alojan allí. Y cogimos la carretera. Hasta el bar gallego El Dolmen, en Vallecas Villa, junto a la casa de Críspulo, donde nos tomamos unos dobles que nos entraron fenomenal. Dejé luego a Henry en su puerta y me fui a casa. Tarick Marcelino, que en ocasiones similares suele empezar a maullar en cuanto escucha el ascensor, esta vez me castigó con un silencio sepulcral. Pero le duró poco: enseguida se puso tan cariñoso y remolón como de costumbre y descansamos juntos toda la tarde.

Lunes 13 de junio. Día de transición sin grandes novedades. Inmersión en el calor extremo y recopilación de recuerdos tras unos días tan intensos. Los lunes suelo ir a yoga por la tarde y comer luego en el restaurante Viet Nam, donde soy ya un cliente habitual. Ese día, la chica que suele atenderme decidió invitarme a la cerveza. Revisé la cuenta y le dije que no tenía por qué. Entonces me dijo que yo le recordaba a su abuelo y ella nunca le cobraría una cerveza a su abuelo. Esto que les cuento es un paso más en mi decadencia como smooth operator, o ligón respetuoso. Hace años que muchas chicas de las que me gustan empezaron a decirme que les recordaba a sus padres respectivos; ya saben lo que decía Campoamor: las hijas de las mujeres que amé tanto, me besan ya como se besa a un santo. Pero ninguna me había dicho que le recordara a su abuelo. La vida.

Martes 14 de julio. Ese día recuperé mi clase de inglés, hice varias compras y me preparé para ver el partido España-Francia en casa de mi chica, a la que no le gusta el fútbol, pero esto era algo que trascendía al mero fútbol: eran las semifinales del Mundial, el día de la Fiesta Nacional en Francia, el adversario presumía de ser el favorito y todo el país estaba pendiente de este partido, con el inmenso alivio para mí de que no se hablara de Zapatero y otras desgracias. El partido fue fabuloso, como supongo saben o vieron; España dominó de principio a fin y remató con un gol espectacular de Pedro Porro, a quien llama la gente Pedro Canuto, Porrito de Don Benito y otros motes hilarantes, pero es un futbolista superlativo.

Miércoles 15 de julio. Salí a correr a las siete de la mañana y aun así hacía bastante calor, por lo que terminé bastante agotado. Normalmente, habría visto el otro partido de semifinales, Argentina-Inglaterra, que hubiera sido el primero que viese sin que jugara España. Pero yo tenía ese día otro compromiso. A las nueve de la noche tocaba en la Sala Villanos, a diez minutos de mi casa, mi querida amiga Ghalia Volt, la chiquita belga que vive en Nueva Orleans y a la que hace unos años guardé las guitarras en mi casa. En 2023 viajé a Baeza sólo para verla actuar en el Teatro-Café Central y el año pasado la vimos en la sala Rockville. Mis amigos no me acompañaron esta vez, pero yo tenía que ir y caminé solo hasta el lugar, en medio del calor sofocante. Había muy poca gente en la sala, tal vez estaba todo el mundo viendo el fútbol. Me situé en la primera línea, como me gusta, y nos saludamos con un gesto y una sonrisa nada más salir a escena.

Ghalia hace un blues muy típico del Mississippi y toca con una energía grande, si bien como es lógico, prefiere que haya más gente para recibir el feedback y venirse arriba. Estuvo bastante bien, tocó varios de sus clásicos y, en un momento dado, proclamó que ella venía a Madrid porque quería y que le daba igual que hubiera lleno o media entrada, porque ella iba a seguir viniendo por aquí siempre. En otro momento empezó a gritar: ¡¡Emilio!! ¡¡Emilio!! Pensé que se dirigía a otro y me señalé el pecho incrédulo. Sí, Emilio, no conozco a ningún otro Emilio. No esperaba que se acordara de mi nombre. Luego preguntó: ¿Cuándo vas a venir a América de una vez? Le aclaré también a voces que ya había hecho el viaje del que le hablé, hacía dos años y se quedó de piedra. Al final del concierto le compré un vinilo de su último disco; me lo firmó (para mi Emilio), me regaló un vaso de chupito y nos hicimos las consabidas fotos que les muestro. 




En la última pueden ver que no les miento respecto a su dedicatoria. Me dijo que le había gustado mucho verme, como siempre y que volvería por Madrid el año que viene. Un encanto de mujer. Y ahora la pregunta del millón: ¿me verá ella también como a su abuelo? Ahí lo dejo. El caso es que volví caminando tranquilamente a mi casa. Al salir de la Sala Villanos miré mi móvil: Inglaterra ganaba 1-0 casi al final del partido, de lo que me alegré porque pensé que sería un rival más fácil para nosotros en la final. Pero, llegando al frente del Reina Sofía, sonó un alarido que venía de muchas ventanas y locales: había empatado Argentina. Me acerqué a un bar de la plaza en el que tenían una pantalla exterior. Y entonces se duplicó el alarido. Argentina había ganado y sería nuestro rival en la Final. El partido del siglo.

Jueves 15 de julio. Otro día para la locura. Por la mañana tuve inglés de nuevo, pero por la tarde no tenía derecho a descansar, en medio de la expectación generalizada por el partido del siglo. La presencia de Jackie Venson en Moratalaz era de verdad. A las siete estábamos convocados en el Centro Cultural El Torito, donde he dado yo unas cuantas charlas organizadas por la Junta de Distrito. El festival de Blues de Moratalaz se suele celebrar en septiembre, con acceso gratis en un parque del distrito y tal vez recuerden que yo he asistido varias veces y se ha reseñado en el blog. Pero el año pasado no se celebró. Este año han decidido recuperarlo y han tirado la casa por la ventana organizando un concierto de Jackie Venson para el acto de presentación.

El concierto era gratuito, pero había que sacar entradas en el lugar, no más de dos por persona, que se pondrían a la venta dos días antes. Mis amigos se encargaron de ponerse en la cola y allí nos vimos para presenciar otro concierto fabuloso, aunque esta vez ya sin el factor sorpresa. La sala tiene una cabida de 200 personas y estaba a reventar. Y allí aparecieron Christina conectando todo el equipo y acompañando a Rodney, el batería ciego. Y la gran Jackie con su guitarra y sus teclados. Al final, de nuevo nos reunimos con ella y abajo tienen el testimonio de nuestro nuevo encuentro. 




Todas estas fotos las tomé yo para inmortalizar el momento, pero después quise salir también para que nadie pensara que no estaba. Y abajo tienen el resultado.


Viernes 17 de julio. Después de haber dormido lo justo, madrugue de nuevo este día por un motivo discordante con lo que vengo contando en este post. A las nueve en punto debía estar en un aula de la Facultad de Ciencias de la Información, para dar una clase de dos horas a los titulados de diversas carreras que han venido de toda Latinoamérica a cursar el Máster de Urbanismo y Gestión Urbana de la Complutense. Ya he dado esta clase otros años y me alegra que me sigan llamando. Este año incorporé a mi discurso un tramo sobre Madrid Nuevo Norte, antes Operación Chamartín, y otro final sobre el nuevo Plan Estratégico Municipal que prepara el Topillo, en coordinación con la Ley LIDER que está elaborando la señora Ayuso. Este es un tema que dejaré para desarrollar en otro post, que este ya está siendo muy largo.

Sábado 18 de julio. Tampoco pude descansar demasiado ese día, porque eran las fiestas del Distrito de Puente de Vallecas y mis dos colegas quisieron estar en la celebración y asistir al concierto de Santiago Auserón. No hay mucho que contar aquí, apenas vimos el concierto, pero logramos encontrar una mesa libre en la terraza de The Godfather, donde he visto yo varios conciertos locales de rock. En medio de la masa que atestaba las calles, fue todo un triunfo encontrarla y disponer de un lugar en donde comentar tranquilamente los acontecimientos vividos en los días anteriores.

Domingo 19 de julio. Y llegamos al gran día, el del mejor partido de futbol de todos los tiempos. Fui a yoga por la mañana, acudí a una comida familiar a mediodía y ya me quedé para ver el gran espectáculo. España volvió a jugar fenomenal, pero le costó doblegar a una Argentina correosa que, consciente de ser inferior, lo fió todo a llegar a la tanda de penaltis, en donde llevaban ventaja por tener un portero especialista en pararlos. Por diez minutos no lo lograron y pudimos dar rienda a toda la tensión acumulada (recuerden que el Mundial empezó el 11 de junio). Esta forma de jugar ante equipos superiores practicando el antifútbol, es la especialidad del señor Mourinho, de quien espero que se estrelle este año en el Madrís. Volví a casa en un taxi, por no haber ya a esas horas servicio de autobuses. El taxista atravesó con dificultad la masa de automovilistas haciendo sonar sus cláxones con las banderas al viento.

Lunes 20 de julio. Ultimo día de esta docena de fechas de locura. Al ser lunes, volví a hacer una sesión vespertina de yoga, de la que salí sudando a chorro. En el restaurante vietnamita me volvieron a invitar a la cerveza con la que acompañé unas gyozas y un pho, que me recuperaron las energías. Y, al salir, me atrapó una especie de onda gravitatoria que me llevó en sentido contrario a mi casa. Una masa de gentes de todas las edades caminaba decidida, enfundados en sus camisetas de la selección española, en dirección a Cibeles. Pensando que el bus de la selección llegaría por Gran Vía como en otras ocasiones similares, me dirigí allí, pero en la Gran Vía sólo había otro río de gente vestida de rojo. Consulté el móvil y me enteré de que el bus llegaría por Serrano. Así que bajé hasta Libertad, luego tomé Barquillo y Prim, a duras penas logré cruzar la abarrotada Castellana y llegué a la Puerta de Alcalá, a coger un buen punto de observación.

Llegaron primero una batería de furgones de la policía. Y enseguida el bus, con Rodri subido en el frontal, y Cucurella y Borja Iglesias y todos los demás. Me sumé al alarido general mientras el bus pasaba despacio por la plaza. Detrás del bus, un batallón de policías a caballo resguardando un espacio libre de seguridad. Y luego la masa avanzando decidida, como si no hubiera un mañana. Intenté cruzar la riada, pero apenas podía moverme. Con algunos compañeros hicimos cuña y empezamos a avanzar muy despacio. Una chica se desmayó por el calor y la gente la llevó en volandas a un lateral en busca de una silla de terraza. A cámara lenta, logramos llegar a la acera este de Serrano. Allí la cosa se aliviaba y pude seguir hasta meterme en un abarrotado Retiro, en donde busqué los caminos que la gente no conoce. Llegué a casa bastante cansado, pero también feliz. Según la prensa, dos millones de gentes se lanzaron a la calle, de los poco más de siete que tiene el Área Metropolitana de la ciudad. Y yo formé parte de semejante locura.

Hoy es ya martes, la locura se ha terminado y hemos vuelto al calor asfixiante y al tema Zapatero, qué hartura. La nueva normalidad. Sinceramente, no me hubiera importado seguir unos días más con el blues y el fútbol. Como no se puede ni salir a la calle por el calor, pues he decidido aprovechar el encierro para escribir para ustedes. Lo único es que estoy terminando después de las doce de la noche. Así que ya lo dejo para publicar mañana. Con el calor no sé si podré salir a correr. Mañana se lo cuento.  

                                                             *   *   *

P.D. Ya es miércoles, finalmente he salido a correr a las siete y aun así he pasado bastante calor. Luego he desayunado, he repasado este texto y estoy listo para publicarlo. El bochorno es hoy especialmente agobiante y la radio la he tenido que apagar, que no quiero saber nada más de Zapatero, hombre. Ahora hay dos versiones, la del amigo traidor y los corruptores que han optado por la llamada via Aldama, a ver si se libran del trullo, y la del propio Zapatero. Si quieren que les diga la verdad, yo me inclino más por creer la primera. ¿Quieren saber por qué? Pues precisamente por los nombres dados a las empresas pantalla: Análisis Relevante e Inteligencia Prospectiva. Estos nombres recuerdan a la Alianza de Civilizaciones, lo de que bajar los impuestos es de izquierdas y otras lindezas. No es difícil llegar a la presunción de que todo viene de la misma pluma. Y encima con un juez dilucidadando quién miente y quién dice la verdad. Qué Dios le ampare a este señor. Sánchez deberá dejarlo caer en algún momento si quiere llegar al final de la legislatura. Asi que: que ustedes lo pasen bien. Y no se quejen del calor, que no hay mal que cien años dure.

viernes, 3 de julio de 2026

48. Caretos y alharacas

Desde el horno madrileño de cada verano, esta vez adelantado y extendido en forma de ola de calor europea, tomo impulso para tratar de escribir algo nuevo para ustedes, porque me veo entrando en una especie de espiral descendente, en la que no sé si es que no escribo porque estoy desanimado o, por el contrario, estoy desanimado porque ya no escribo. Estas cosas suelen ser procesos evolutivos que se realimentan mutuamente y con los que hay que tener cuidado, porque ya saben que el desánimo es la antesala de la depresión, la enfermedad consustancial de esta era disparatada.

La edad que ya voy teniendo es un factor a tener en cuenta, además de las cornadas que te va dando la vida y, encima, con este calor insoportable que amenaza con no aliviarse hasta bien entrado octubre, qué hartura. Para colmo, hay obras en todas las viviendas colindantes con la mía, con su corolario de ruidos ensordecedores, polvo y sentimiento de insularidad acrecentado: no se puede salir a la calle por el calor y la sobredosis de turistas arrastrando maletas enormes por las aceras colapsadas, y dentro de casa no se puede estar tampoco por el estruendo de los albañiles desenfrenados.

No se crean que me faltan entretenimientos; el domingo pasado, sin ir más lejos, participamos mis colegas y yo en una jam session en el mismo antro donde celebré mis 75, con un resultado bastante deficiente en cuanto al sonido y los medios técnicos disponibles, pero aceptable por parte de los músicos, que al menos le pusimos esfuerzo y una moral a la altura de la del mítico Alcoyano. Ya les contaré algo al respecto, si viene a cuento. De momento, enlazaré con el post anterior en el que les hablaba del coñazo de la visita del Papa que se preparaba. Sobrevivimos a esa ecuménica efeméride y entramos en la siguiente, que esto es un sinvivir planetario: el Mundial de Fútbol. Como ya saben, no soy un gran forofo del fútbol, salvo por lo que respecta al Deportivo de La Coruña, del que ya se hablará en un post específico; no en vano hemos vuelto a Primera División tras ocho años de penar por divisiones inferiores.

Pero, en fin, ahora mismo parece que ya no hay nada más importante que el Mundial: en los diferentes países, las celebraciones de cada gol retumban en los bares y plazas de todas las ciudades, en los barrios de chabolas y los extrarradios deprimidos, la gente celebra toda la noche y de pronto parece que ya no hay más problemas domésticos; por ejemplo, en Ecuador, el gobierno decretó un día de fiesta nacional para festejar que habían pasado a la segunda ronda, algo que también se replicó en Paraguay por similar motivo. Una precisión gramatical: por lo menos ahora se habla de el Mundial. Porque, los más viejos entre mis seguidores, tal vez recuerden que, en 1982, cuando se celebró en España, y en los años siguientes, todo el mundo se refería al evento como Los Mundiales y nunca conseguí entender a qué se refería ese plural.

Dentro de la avalancha de información al respecto, se manifiesta en toda su crudeza la ignorancia supina de los locutores y periodistas deportivos. Por ejemplo, la selección española ha estado todos estos días alojada en la coqueta ciudad de Chattanooga, en el estado yanqui de Tennessee, a la que los corresponsales se han referido todo el rato como un pequeño pueblito, cuando se trata de la cuarta ciudad del estado, por detrás de Nashville y Memphis, las grandes capitales del country y el rock, con una población cercana a los 200.000 habitantes. Y lo más sangrante: ni uno solo de estos plumíferos ha sido capaz de hacer una mínima referencia al clásico estándar de la música orquestal de baile Chattanooga Choo Choo, publicado por la orquesta de Glenn Miller en 1941, en plena Guerra Mundial, que era un cántico al ruidoso y alegre tren que partía desde la Penn Station de Nueva York en dirección a esta ciudad. Escúchenlo y les cuento algo más al respecto.

Yo he bailado ese tema en la Sala de Fiestas El Seijal, donde lo tocaban cada día las orquestas locales, como los legendarios Los Tamara, con su vocalista Pucho Boedo, ocasión que los zagales aprovechábamos para arrimar cebolleta en aquellos tiempos grises del franquismo crepuscular. Que nadie se haya acordado de esto, da el nivel de estos supuestos periodistas, a los que educan para cantar los goles como si les asaltara una súbita diarrea vocal, pero no tienen la más mínima cultura musical. Según leo en la Wikipedia, este tema que han escuchado, tiene en su haber el hito de haberse llevado el primer disco de oro de la historia, es decir, es el primer vinilo del que se consiguieron vender un millón de copias. Pero en este Mundial hay también algunas novedades y peculiaridades curiosas, por ejemplo, las llamadas pausas de hidratación, interrupciones en medio de cada uno de los dos tiempos (primero y segundo), supuestamente para que los deportistas beban un poco de agua, aunque en realidad son un simple truco para intercalar publicidad en los lapsus televisivos, a la manera tradicional de los deportes en los USA.

Además, ha aumentado el número de países participantes, de modo que habrá más de cien partidos, algo realmente insufrible. Yo sólo he visto los dos primeros de España, me salté el tercero porque era a las dos de la mañana y no me resultaba lo suficientemente atractivo (recuerden que, hace tres años yo solía trasnochar para ver los partidos de la selección femenina en Australia, donde finalmente ganaron aquel mundial). Ahora mismo, yo me siento atrapado en un barrio central de Madrid, convertido en parque temático para turistas y con un calor insoportable, lo que me impulsa a estar la mayor parte del día encerrado en medio del estruendo de las obras y solamente salir raterizo en contadas ocasiones a tomarme un vermú, al yoga o por alguna compra mañanera. Y en casa, prefiero ver alguna película del Netflix, porque la alternativa es sentarse a ver un Argelia-Uzbekistán, por decir algo, que, excepto como somnífero, apenas tiene el menor interés. 

Eso sí, de vez en cuando, combato el aburrimiento, el calor y el sentimiento de encierro e insularidad, haciendo mi reglamentaria pausa de hidratación, para calzarme una Estrella Galicia con unos panchitos, en compañía del bueno de Tarick Marcellino, que prefiere el calor al frío invernal. Otra de las innovaciones de este mundial es que a cualquier jugador que se tape la boca con la camiseta para decirle algo a un contrario, se le saca inmediatamente tarjeta roja y se le expulsa del campo por presuponer que ha proferido un insulto. Ya le ha pasado al menos a uno y me parece una buena medida, porque los jugadores son bastante malhablados. Si la prohibición de taparse la boca se aplicara en el Congreso, deberían expulsar a la portavoz de Junts pel tres percent, de acuerdo con la foto que les muestro abajo. 

Lo cierto es que a Feijoo, Tellado y sus colegas, habría que expulsarlos también, aunque no se tapan la boca para insultar a Sánchez todo el rato. En la pasada liga española esta norma no se estimó necesaria y así sucedía que, por ejemplo, en los minutos finales del partido Valladolid-Dépor, en el que mi equipo certificó el ascenso a Primera, el árbitro expulsó a un jugador argentino del equipo local y escribió en el acta del partido que la expulsión fue “por dirigirse a mí en tono airado en los siguientes términos: sos un pelotudo, la concha de tu madre”. Pues cosas peores se dicen cada día en nuestro maltratado Parlamento.

Nada, que al final acaba uno hablando de lo que no quiere hablar. Es que en este momento hay algo todavía más pesado y estomagante que el calor, los turistas y las obras en la casa de al lado todo junto: la actualidad política nacional. Como ya les he repetido hasta la saciedad, yo no soy un analista político cualificado y, si de algo puedo alardear es de tener una sabiduría, adquirida con la edad, sobre las personas y su aspecto. Ya conocen mi tesis: la gente parece lo que es y finalmente es lo que parece. No sé, por poner un ejemplo, a mí me basta un simple vistazo a la imagen del hermano director de orquesta del presidente Sánchez, para convencerme de que estoy viendo a un hombre bueno, en el sentido en que lo definía Antonio Machado. Vean una foto y a ver si entienden lo que les digo.

Sin embargo, en el otro extremo del espectro ético, vean los caretos de estos dos elementos, a los que caracterizaremos con precisión, a saber: el mamporrero de Ábalos y el mamporrero de ZP.


A lo mejor soy yo, que estoy mayor y veo lo que quiero ver, pero a mí me parece que estos dos elementos tienen muchos rasgos en común. Esa barba entrecana y medio recortada, esa mirada torva, ese aire conspirativo, entre valleinclanesco y siniestro. Rasgos todos ellos inquietantes. Es más, es que me resulta insólito que ciertos políticos sean todavía capaces de confiar los entresijos de sus corruptelas a personajes con esa pinta. Hace un montón de años ya supimos de la categoría moral de Luis Roldán, otro del mismo fenotipo, cuya foto ven abajo. Sin embargo, los políticos siguen confiando en fontaneros con ese tipo de caretos.

Y el ejemplo proverbial de sujeto que es lo que parece y parece lo que es, lo tenemos en el señor Feijoo, a quien en este blog le hemos asignado durante mucho tiempo el mote de Fake Jo-Oh. Véanlo.

Les juro que esta imagen no ha sido alterada por la Inteligencia Artificial; este señor es exactamente así. Y yo no quiero que un tipo con ese careto llegue a presidente. Se imaginan lo que se iban a reír de nosotros si este señor tiene que representarnos en las cumbres de la OTAN, o en el foro de Davos. Este señor, que no tiene ninguna idea en la cabeza, salvo su obsesión por echar del poder a Pedro Sánchez y luego ya veremos, ha desencadenado una ofensiva por tierra, mar y aire contra el denominado sanchismo, que se está llevando por delante muchas de las estructuras estatales de las que nos dotamos tras la muerte de Franco. Y está logrando un efecto rebote nada desdeñable: conozco a muchas personas que no pensaban votar al PSOE, pero ahora están firmemente determinadas a hacerlo. Entre ellas, yo mismo: en estos momentos, me proclamo solemnemente sanchista incondicional.

Cegado por su obsesión de echar del asiento a Sánchez, Feijoo ha desencadenado una serie de elecciones autonómicas en cascada para desgastar al Gobierno, que han terminado todas fatal para sus intereses, puesto que le han hecho perder poder dentro de la derecha, en favor de Vox, que ahora tiene la sartén por el mango en todas las administraciones regionales. Y además, su alianza con Vox le ha roto todos los puentes posibles con otros aliados como el PNV o Junts. Y en cuanto a la blitzkrieg judicial contra el presidente, se ha pasado muchos pueblos. Era suficiente con los casos Zapatero, Leire y otros para hacerle daño a Sánchez, no hacía falta meterse también con su hermano y su señora, ni con el Fiscal General, cuyo juicio fue un auténtico despropósito. Si un día gana el PPVox, se encontrarán con un país sin la más mínima confianza en la Justicia; el prestigio de la institución se habrá resentido de forma radical y estas cosas cuesta mucho recuperarlas.

Yo creo que Feijoo está desesperado, porque antes o después, su partido se dará cuenta de que es un incompetente supino y lo apartará a un lado. De hecho, yo estoy convencido de que las Generales de 2023, que la fachosfera daba por ganadas casi sin bajarse del autobús, el PP las perdió por concurrir con un candidato tan malo. Desde entonces, sus muestras de deslealtad, comportamiento antideportivo y mala educación, son constantes. Sus intervenciones en el Congreso son una pura alharaca. Y hay que tener mucha cara para intentar llegar a presidente sin tener un mínimo programa. Él sólo vive para su obsesión, que está causando grandes destrozos. En las regiones en las que ha ganado, sus barones se están teniendo que acostumbrar a gobernar como Vox manda. Les sugiero que lean un reciente artículo aparecido en El Huff Post, de la pluma de una dirigente socialista, texto con el que coincido bastante. Para ello han de pinchar AQUÍ.

Pero entre las hipérboles, alharacas, insultos y rabietas de la oposición, a las que Sánchez responde como Don Tancredo, pues es cierto que han aparecido una serie de casos de corrupción que son impresentables y que por sí solos le hubieran bastado al PP para estar en la posición que tiene hoy. Con especial relevancia para el caso Zapatero, que es una vergüenza absoluta y ha caído sobre la izquierda de este país como una bomba de racimo en la línea de flotación. No es mi caso; yo nunca he tenido a este señor como referente de nada y así lo escribí en su día en el blog. Cuando se hizo con la secretaría general del PSOE, un amigo de León me advirtió: ya verás, ya verás, lo que es este señor. Más adelante, llegué a la conclusión de que era tonto, cuando salió a la palestra a decir aquella memez de que bajar los impuestos es de izquierdas. No sólo por la memez en sí misma, sino por la cara que ponía al decirlo, como si acabara de descubrir el hilo negro.

Después, cometió la felonía de promover una enmienda a la Constitución para garantizar el pago de nuestras deudas de país, por encima de cualquier otra consideración (incluida el hambre de la gente, por ejemplo). El ínclito M. Rajoy, a la sazón jefe de la oposición, se apresuró a apoyar esta reforma constitucional en el Parlamento. Y, a pesar de esa bajada de pantalones frente al sistema financiero, la crisis acabó por arrasarlo, dando paso al austericidio al que se nos sometió con el beneplácito del susodicho M. Rajoy. Así que, como les digo, para mí, nada de personaje de referencia ética. Sí que admito que pensaba que era honrado, y que es un tipo con una cara que contradice mi tesis de que la gente parece lo que es.

Pero es que, precisamente, los grandes tramposos han de tratar de disimular al máximo. Recuerden el caso del policía anti-drogas al que le encontraron más de veinte millones emparedados en su casa. A este sujeto, sus propios compañeros lo conocían como Óscar el Anodino. También viene al caso mi anécdota al entrar en Australia, hace poco más de dos años, en donde me sometieron a una inspección minuciosísima durante más de una hora, justo por mi aspecto de buena gente (o de anodino), aura que me convertía en tipo perfecto para hacer de mula de los grandes traficantes. De todas formas, en el caso de ZP, esa discreción casaba mal con los nombres de las empresas creadas para la trama: Análisis Relevante, Inteligencia Prospectiva, más la de las hijas, What the Fav, que manda carallo que este señor haya metido a sus hijas en semejante problema.

Lo de Zapatero huele muy mal, pero yo he de confesarles algo. En mi entorno familiar hay más de un cuñao, de esos que te dan la paliza con sus opiniones alineadas con lo más retrógrado de Vox. Me toca sufrirlos cada cena de Nochebuena y les puedo jurar, que en la última, en diciembre pasado, esta gente ya me anunció que Zapatero estaba a punto de caer. Entre el facherío, todo esto ya se sabía entonces, lo que deja en bastante mal lugar a la Justicia, esa institución que se da tanta prisa en condenar a los de un lado, mientras retrasa de forma escandalosa los procesos contra los del otro lado. Al Fiscal General lo condenaron por filtrar una información (que no fue él quien la filtró), mientras que entre ellos se cuentan y se comentan los procesos cinco meses antes de que salten a la prensa.

En esta tesitura, yo quiero que Sánchez aguante todo lo que pueda. Mientras él esté de presidente, se seguirán implementando políticas de tinte social y climático. Me dice gente del PSOE que a medio plazo esto va a ser la ruina del partido, que lo va a dejar hecho un erial. Mi respuesta: ¿y qué? A mí me importa un rábano su partido. Lo que quiero es que redondee este período legislativo para el que fue elegido y en el que ha conseguido gobernar a pesar del acoso indigno y continuado sobre su familia y sus gentes. Y superando pandemias, guerras, crisis financieras y erupciones de volcán. Con esa resistencia y manteniendo su andadura sin perder el ángulo social y la perspectiva climática, ha demostrado una talla de político que en estos momentos no tiene nadie en España. Desde luego que yo le votaré, a ver si conseguimos evitar que el incompetente de Feijoo llegue a gobernar como Vox manda.

Pero de aquí a las Elecciones Generales hay mucho que pelear, porque el enemigo controla los principales medios de comunicación, incluido El País que, desde que ha llegado Mangurrián a la cabeza de PRISA, ha decidido descaradamente dejar caer a Sánchez, sumándose a esa realidad paralela que presentan los demás medios de la fachosfera, para lo que no ha dudado en prescindir de Pepa Bueno, Angels Barceló y otros periodistas de primer nivel. Vienen tiempos duros y conviene que tengamos claros los conceptos. Lo que está mal, está mal, lo haga quien lo haga. No diferenciemos a nuestros cabrones de los cabrones de enfrente. Un cabrón es un cabrón, aunque sea uno de los nuestros.

Y por Dios, dejemos de ser tan exquisitos (me explico). Un amigo mío que se considera de izquierdas, dice que él no puede votar a Sánchez porque eso sería como hacerle ver que nos da igual que se haya rodeado de corruptos, que vale todo, que tiene un cheque en blanco. Con todos los respetos, ese amigo mío es un tonto. Porque mientras nosotros tenemos tantos remilgos, la derecha acude a votar en bloque, le da igual que el candidato que le propongan sea feo como Almeida, malvado como Ayuso o, por supuesto, corrupto como tantos. Ellos votan en pelotón sin dudarlo ni un ápice. Así que a ver si nos dejamos de tiquismiquis. Sin dejar por ello de condenar a los que se pruebe que han delinquido, de uno y de otro lado.

Entre los remilgados y los puristas que van a tirar su voto a la basura apoyando a Belarra (que va a reproducir el error de Pablo Iglesias) y otros candidatos de esa izquierda fractal que hay más allá del PSOE, pues puede que vayamos de culo. Como si no hubiera bastante desgracia con los fachapobres, que compran el discurso de Vox. A estos va dirigido este clip del punk abertxale más genuino, preciso y cortante como un rayo, que les pido que escuchen.

Me gusta especialmente ese grito final, puro surrealismo: CÓMETE LA FRUTA, ATONTAO. Es lo que me pide el cuerpo gritarle a Feijoo. Pero la vida sigue y yo me voy el jueves día 9 a Béjar, con mis amigos Henry Guitar y Críspulo, para asistir a una nueva edición del Festival de Blues de la localidad. Nos llevaremos las guitarras y no descartamos tocar en alguna esquina del pueblo, con el sombrero sobre la acera, para lo que nos quiera echar el personal. Aunque a veces, lo que el cuerpo nos pide es lo que se refleja en la viñeta de El Roto que les dejo como final. Sean felices si pueden y no se preocupen por mí: no es imposible que recupere las ganas de escribir más seguido, cosas más raras se han visto.

miércoles, 3 de junio de 2026

47. Sobre higos y brevas

A este ritmo cansino o trote cochinero que he adoptado últimamente para la publicación de mis posts, este blog debería pasar a llamarse Reflexiones de higos a brevas, pero esto es lo que hay: por desgracia para ustedes, se me están agotando las ganas de escribir y sin ganas este invento no funciona. Lo de los higos y brevas es por buscar una denominación más laica que la que propone mi ami­ga África (de Pascuas a Ramos), aunque, con los fastos previstos en el entorno de mi casa por la archianunciada visita del Papa, tal vez sea mejor esta otra. Recuerdan cuando al ínclito M. Rajoy lo grabaron murmurando: Y mañana, el coñazo del desfile. Pues esto me pasa a mí, que no puedo dejar de pensar: y pasado mañana el coñazo del Papa. El domingo bajé a sumarme a la gran manifestación para defender la sanidad pública y atravesamos la plaza de Cibeles, ya preparada para el gran acontecimiento ecuménico.

Para quien no lo sepa o no lo recuerde, la temporada de los higos arranca en agosto y se extiende hasta septiembre, mientras que las brevas, que son en realidad higos rezagados del año anterior, empiezan a verse en los mercados justo ahora, a primeros de junio y duran hasta finales del mes que viene. Así que de higos a brevas ya se imaginan ustedes lo que quiere decir. En cuanto a lo del Papa, será una buena ocasión para que el mundo entero compruebe cuál es exactamente la talla física y política del aguacilillo este que nos gobierna, a quien en este foro se suele llamar El Topillo, mote menos cruel que otros que circulan sobre él en esta desdichada ciudad. De entrada, la preparación de la visita del Papa ha comenzado talando seis ejemplares, seis, de árboles de gran porte de los que daban alguna sombra en Cibeles, para encajar la tribuna de los invitados a la misa urbi et orbi que dará allí el Pontífice en unos días. Un detalle proverbial de este alguacil arboricida que, para colmo, ha recomendado a todos los funcionarios municipales que, durante estos días de desenfreno pío, hagan teletrabajo desde sus casas, para no estorbar a los beatos en manada. La calle para ellos, los ciudadanos a sus casas.

Hace poco, el gran periodista argentino Martín Caparrós publicó un artículo demoledor sobre la deriva que ha tomado la ciudad de Madrid y lo desagradable que se está volviendo. Pueden leerlo pinchando AQUÍ si es que son suscriptores de El País, o conocen algún truco para burlar el bloqueo a los no suscritos. Su lectura es apabullante y más siendo de la pluma de un tipo que, como yo, amaba esta ciudad sin reservas. Por si no lo pueden leer, les diré que abunda en algo que yo ya les llevo contando en el blog desde hace tiempo: Madrid es una de las escasísimas grandes urbes de Europa (y, en general, del mundo occidental) que tiene un alcalde de derechas. Ilustra esta afirmación con una lista no exhaustiva de ciudades actualmente gobernadas por equipos que mantienen políticas de izquierda moderada, centradas en las preocupaciones sociales y medioambientales. La lista es abrumadora: Londres, París, Berlín, Roma, Milán, Varsovia, Praga, Viena, Atenas, Ámsterdam, Bruselas, Lyon, Barcelona, Estambul, Nueva York, Washington, Los Ángeles, San Francisco, Chicago, Toronto, Ciudad de México, Bogotá. Una vergüenza, lo nuestro.

Así, de primer vistazo, yo añadiría Vancouver, Santiago de Chile, Montevideo, Estocolmo, Zurich, Ginebra, Basilea. Y tantas otras. En las ciudades, en general, se concentra el conocimiento y la vanguardia, mientras en el campo abunda la tendencia conservadora, inducida por el miedo a todo lo nuevo, que abona y alimenta la ignorancia. No quiero insultar a nadie, a mí me sigue gente muy rural y además creo que en donde se educa uno mejor hasta los trece o catorce años es en el campo; después hay que huir. Pero, como sugiere Caparrós, esta ciudad ha sido derrotada muchas veces, la última en 2019, cuando los votantes le dieron una patada en el culo a la señora Carmena. Mucho antes, durante la guerra civil, Madrid había sido bombardeada cruelmente, viviéndose escenas como las actuales de Gaza. En mi barrio, una de las bombas de los sublevados cayó precisamente sobre la histórica farmacia El Globo, en Antón Martín, con el resultado que ven en estas imágenes. 


La segunda de estas fotos está tomada desde una de las casas de la acera de los impares de Atocha, más o menos donde décadas después unos pistoleros fascistas entraron y mataron a cinco abogados laboralistas. La señora Carmena y otras personas se libraron por casualidad de la matanza, que marcó otra de las derrotas de nuestra ciudad. No viene mal que veamos imágenes como estas, porque en este mundo enloquecido con el señor Trump al mando, cualquier cosa puede suceder. Por cierto, otra de las bombas destruyó completamente la iglesia de San Sebastián, donde se decía que estaba enterrado Lope de Vega, destrucción que seguramente se debió a un error de puntería aunque, después de la guerra, el relato oficial de los ganadores sostuvo que se bombardeó porque los rojos la habían requisado y convertido en depósito de municiones. La iglesia fue luego reconstruida fielmente, haciendo un pastelito de esos que tanto irritan a los arquitectos, para intentar reproducir un edificio magnífico del siglo XVI.  

Y desde luego que las ciudades del mundo siguen ahora la senda abierta por París que, en apenas unas décadas se ha reconvertido en una urbe sostenible, en donde mucha gente de todas las edades se mueve andando o en bici, porque los coches no tienen sitio. Yo he podido presenciar en directo esa mutación porque, como saben, viajo a menudo a la Ciudad de la Luz y justo acabo de volver de allí, después de más de dos años sin visitarla, si exceptuamos una breve estancia el año pasado por la boda de mi hijo Kike. De dos años para acá la ciudad se ha reconvertido en una urbe sostenible, de aire limpio, llena de jóvenes y con una vida rica y variada en sus barrios. Todo esto se debe a la decidida actuación de su alcaldesa de origen gaditano, la estupenda señora Hidalgo, a la que pude ver, al poco de volver de París, contando su experiencia de estos años en el COAM, asistida por su principal asesor urbanístico, el colombiano Carlos Moreno, del que ya se ha hablado en este blog en diversas ocasiones. Vean el cartel anunciador del evento.  

Antes de hablarles de esto, conviene que les refresque algo de la historia más reciente de París, que tal vez no sepan ustedes. Porque durante muchos años (en concreto, 106), la ciudad fue sometida al castigo de no poder elegir a sus representantes políticos y ser en cambio gobernada por una autoridad (el Prefecto) nombrada a dedo por el Estado. ¿Y por qué semejante castigo? Pues porque los parisinos han sido siempre gente muy revoltosa y violenta, recuerden la Revolución, la guillotina y los diversos episodios similares, que culminaron en la histórica Comuna. La Comuna fue aplastada en sangre en 1871 y la ciudad castigada a no tener un alcalde elegido. Algo parecido sucedió en Ciudad de México que, durante los largos años en que fue Distrito Federal (DF), tampoco tenía alcalde, sino un Jefe de Departamento del Distrito, nombrado a dedo por el Gobierno Federal.

No se extrañen ustedes demasiado, que por estas tierras, durante la Dictadura Franquista, el alcalde de turno era nombrado digitalmente por el Caudillo, que también los cesaba cuando le fallaban o se hartaba de ellos. Es prototípico el caso del alcalde José Moreno Torres, que antes había sido Director General de Regiones Devastadas y por tanto responsable de la construcción de un montón de pueblos de los llamados de colonización. En 1952, a raíz de un terrible accidente, el del tranvía que iba a Carabanchel, fue cesado fulminantemente por Franco. Ese día el tranvía de la línea 31 se quedó sin frenos nada más dejar atrás la Puerta de Toledo y se precipitó cuesta abajo en dirección al Puente homónimo. Allí, siguió en línea recta, obviando que el puente tiene una ligera desviación respecto a la directriz de la cuesta. El tranvía acabó en el río Manzanares, hubo un montón de muertos y, aunque el suceso se minimizó en la prensa del régimen, Franco entendió necesario cesar al alcalde, a quien sustituyo por el Conde de Mayalde, un filonazi que estuvo muchos años en el puesto, hasta que lo relevó Arias Navarro.

Por cierto, Franco perpetraba sus ceses como Dios manda: con motorista y a primera hora del día. El tipo se acostaba alcalde (o ministro), se retiraba a su casa agotado y, al día siguiente, cuando se estaba duchando o empezando a desayunar, llegaba el motorista, llamaba al timbre, le hacía entrega del sobre con el cese y se largaba. Curioso fue el caso de Gabriel Arias Salgado, que fue cesado como ministro de Información y Turismo (para ser sustituido por Fraga Iribarne) y se llevó semejante disgusto que ya no remontó y se murió de pena un par de días más tarde. Historias que poca gente conoce y que les reto a comprobar en Internet si no me creen. Si Madrid ha logrado sobrevivir a sus sucesivas derrotas, no duden ustedes de que saldremos adelante y discúlpenme esta larga digresión, porque estábamos en la lucha de las ciudades que no tenían alcalde (o lo tenían nombrado a dedo, que viene a ser lo mismo). En Madrid, esa lucha culminó con su primera elección local libre desde la República, que llevó a la alcaldía en 1978 a Tierno Galván, mi primer jefe supremo, como ya les he dicho muchas veces.

En la Ciudad de México, las primeras elecciones locales tuvieron lugar en 1997. Desde entonces la ciudad está gobernada por la izquierda, siendo su primer alcalde Cuauhtémoc Cárdenas y la penúltima la señora Sheinbaum, que luego saltaría a presidenta federal. Parece lógico que esto de recuperar las elecciones locales, que es una larga y dura lucha de la ciudadanía, termine con el nombramiento de un alcalde de izquierdas, del pueblo. Sin embargo, no fue así en Paris y aquí termino de cerrar este círculo argumentativo. Después de muchos años de reivindicación popular, en los que los ciudadanos siguieron siendo revoltosos y violentos, como se vio en mayo de 1968 (donde los agitadores arrancaban los adoquines porque debajo estaba la playa), la ciudad consiguió por fin celebrar unas elecciones locales en 1977. ¿Y saben quién ganó? Pues nada menos que el derechista por antonomasia: el señor Jacques Chirac.  

Chirac representaba la grandeur de los parisinos de derechas, que son bastante insufribles, y tenía un carisma indudable, que le hizo ganar las elecciones locales tres veces. Han de saber que en Francia, los períodos legislativos de los ayuntamientos y regiones son de seis años, algo mucho más lógico que los nuestros de cuatro (en cuatro años no te da tiempo a hacer nada), así que Chirac estuvo de alcalde 18 años, hasta 1995, año en que decidió que eso de la alcaldía de Paris era demasiado poco para su ego desbordado y que se presentaría a presidente de la República, puesto que ganó holgadamente. En la ciudad dejó a su segundo, un tipo más bien gris que se llamaba Tiberi y que ganó las elecciones locales por el efecto Chirac, pero sólo aguantó una legislatura, porque no tenía el carisma de su jefe y mentor. En 2001 volvió a presentarse, pero perdió con el socialista Bertrand Delanoë, un personaje ciertamente curioso, del que no me resisto a ponerles una foto.

¿Por qué es curioso este personaje, de aire inequívocamente francés? Pues se lo cuento. Bertrand Delanoë es el primer político en toda la historia de Francia que se declaró abiertamente homosexual, confesión que hizo en una entrevista en directo para la televisión pública. Pero no sólo eso, sino que estaba casado con una señora perdidamente enamorada de él, a la que llevaba como sonriente acompañante a todos los fastos y eventos propios de su puesto de alcalde de París. No es este un caso único; si recuerdan el blog que escribí durante mi viaje de vuelta al mundo, allí les conté el caso del por entonces alcalde de Curitiba (Brasil) Rafael Greca, también homosexual declarado y con esposa enamoradísima de él. Este Rafael Greca, es el que, durante un debate preelectoral, zanjó el tema de su homosexualidad, traído a colación por sus oponentes, proclamando que él iba a gobernar con la cabeza y no con el culo, lo que cerró definitivamente la polémica (eu non vou gobernar co cu).

Delanoë ganó la alcaldía de París en marzo de 2001, sumando los escaños del Partido Comunista de Francia y de los Verdes a los suyos del Partido Socialista, lo que le daba ventaja sobre la candidatura de derechas de Tiberi. Y ¿saben ustedes quien fue su primera teniente de alcalde desde el primer día de mandato? Sí, han acertado: la señora Anne Hidalgo, hija de republicanos españoles huidos a Francia. Delanoë traía un programa electoral cuajado de medidas innovadoras y objetivos medioambientales ambiciosos, París era por entonces una ciudad asfixiada por el automóvil y con una contaminación bestial. De acuerdo con su perfil disfrutón, implantó una serie de fiestas anuales, como la Noche Blanca, la Noche de los Museos, la Noche del Teatro, que luego se han copiado en muchas otras ciudades con éxito desigual. También creó una playa en el Sena, con arena traída de canteras, que todos los veranos se llena de gente joven dispuesta a pasar el día en sus instalaciones.

Precisamente, durante la primera de las Noches Blancas, el Alcalde, que estaba paseando tranquilamente entre la multitud de noctámbulos, fue apuñalado por un desempleado de origen árabe que dijo odiar a los maricones y que dos años más tarde fue recluido en un psiquiátrico, después de que un tribunal lo declarase inimputable por su locura. Delanoë recibió una puñalada en el vientre con un cuchillo de grandes dimensiones pero, llevado al hospital y operado, logró reponerse y continuar su trabajo sin graves secuelas y esto elevó definitivamente su popularidad. Además, su primera legislatura se alargó un año más, al ser retrasadas las elecciones locales para que no coincidieran con las Generales de 2007. En marzo de 2008, Delanoë ganó por goleada, dejó de necesitar a sus socios más a la izquierda y se ganó el derecho a seguir siendo el Alcalde de París hasta 2014, manteniendo a su lado en todo momento a la señora Hidalgo, que le sucedería en el cargo.

Quiero aquí hacer un inciso chusco. No sé si lo recuerdan pero, entre 1999 y 2003 yo estuve involucrado en un proyecto de colaboración con el Ayuntamiento de París, consistente en implantar un sistema de información georreferenciada en la ciudad de Colombo (Sri Lanka). Quiere eso decir que yo estaba trabajando codo con codo con los técnicos de urbanismo de París cuando Delanoë ganó por primera vez. No sé si se imaginan los chistes sobre este señor que tuve que soportar en mi equipo de trabajo, compuesto por funcionarios más bien escorados a la derecha. Fue por entonces cuando el nuevo alcalde anunció que crearía un sistema de bicicletas públicas (luego copiado en numerosas ciudades; en Madrid lo puso en marcha la señora Botella, que se dio un paseo en bici el primer día). Bien, pues decían mis colegas franchutes que las nuevas bicicletas tendrían el asiento desenroscable, para quienes quisieran usar sólo el soporte del sillín. Les cuento esto para que vean que en todas partes cuecen habas: me cuesta imaginar al señor Tellado diciendo una barbaridad semejante.

En 2014, la señora Hidalgo gana la alcaldía, tras trece años de experiencia política como mano derecha de Delanoë. Y aquí aparece la figura de Carlos Moreno. Carlos Moreno es hijo de un campesino colombiano a quien su padre, consciente de su inteligencia, mandó a estudiar a París, no sin un gran esfuerzo económico, becas y ayudas, etcétera. Carlos se enamoró de esta ciudad que ya nunca ha abandonado y en donde estudió Matemáticas y Programación Informática. Acabado este doble grado, consiguió un trabajo para el Ministerio de Defensa francés, que le encargó diseñar un sistema de mapificación de ciudades y regiones, probablemente destinado a bombardearlas de forma más eficiente (todo esto lo contó él mismo en una conferencia que le escuché en la Fundación Telefónica). Pero entonces, el Ministerio anuló el programa en el que él trabajaba y se le ocurrió que ese brillante sistema se podría aplicar a objetivos más nobles, como la regulación urbanística de las ciudades.

Y se fue a ver a la señora Hidalgo. Desde esa primera entrevista, hubo un flechazo entre ambos, que les llevó a formar un tándem invencible. Durante doce años han aplicado la sabiduría de Moreno a crear una ciudad más sostenible, han puesto tranvías, han eliminado la autopista que estrangulaba el Sena entre sus dos sentidos, han creado una red de carriles bici por donde ahora se desplaza todo el mundo y han logrado reducir el porcentaje de viajes en automóvil desde el 60% que se encontraron, hasta el 20 actual. París es una ciudad vibrante, en la primera línea del urbanismo mundial y creadora del concepto de la Ciudad de los 15 minutos, que no es otra cosa que una regulación urbanística basada en la mezcla de usos y la distribución espacial policéntrica, de modo que la gente no necesite más de 15 minutos para ir al trabajo, la compra, la escuela de los niños o el ocio. Una idea de Moreno implementada en París por la señora Hidalgo y sobre la que hablaron en el COAM, acompañados por el santón local Ezquiaga, que hizo de presentador de la charla, como pueden ver en la foto.

Preguntados por cómo empezar a implantar algo parecido en Madrid, Moreno precisó que hacen falta dos cosas; valentía y rapidez. No cabe duda de que la señora Hidalgo es una mujer con mucho coraje, capaz de seguir las directrices que le marcaba Moreno, a pesar de las advertencias de parte de su equipo, que le decían que iba a ser un desastre y que así no iban a ganar nunca. Las mismas advertencias agoreras aparecen entre los medios conservadores cada vez que se propone algo contra el automóvil. En tiempos de Franco, cuando se peatonalizó la primera calle de la ciudad, la calle Preciados, los comerciantes pusieron el grito en el cielo: se iban hundir todos. Unos años después, ya nadie quería volver a la situación anterior. Parecido proceso se produjo cuando se decidió cerrar al tráfico el Retiro, que antes se podía atravesar por el Paseo de Coches y registraba un tráfico muy denso. Aquello iba a ser un desastre para la ciudad, pero poco después ya nadie ponía en cuestión la nueva regulación.

Para implementar una política de movilidad local innovadora hay que ser valientes y rápidos. Y en Madrid no lo hemos sido nunca, excepto quizá Ruiz-Gallardón, nos gusten o no sus proyectos. Aquí, el Plan General de 1997, que sigue vigente, se limitó en este tema a promover la desincentivación voluntaria del uso del automóvil, una declaración que ya entonces producía sonrojo. El tráfico de coches privados es un fluido que llega hasta donde se le ponen barreras y eso lo sabe todo el mundo. Hacen falta medidas drásticas, como las que se han adoptado en París y otras muchas ciudades del mundo. Con medidas timoratas no se llega a ninguna parte y he de decirles que la señora Carmena no aprovechó sus cuatro años de poder local para intervenir decididamente en este tema. Por el contrario, llenó la ciudad de los llamados carriles compartidos, que se limitan a pintar de vez en cuando unos círculos en el suelo que indican prioridad ciclista. Esto es algo que no sirve para nada, porque no permite superar el miedo de la gente (quitando cuatro pioneros o fanáticos de la bici) a meterse en medio del caótico y vertiginoso tráfico de Madrid. Esta ciudad se merecería una política de movilidad innovadora, decidida y rápida, pero no caerá esa breva (por seguir con el let motiv), al menos mientras sigamos eligiendo a personajes como el ínclito Topillo.

A este respecto, les cuento que, en plena pandemia, participé como oyente en un debate on line sobre qué tipo de ciudad nos íbamos a encontrar cuando saliéramos del encierro. Allí, yo pedí la palabra para preguntar por qué no se aprovechaba el encierro para cambiar la sección de las calles y establecer una red real de carriles bici con separador, para que la gente se la encontrara hecha al volver a salir al exterior. No era una idea genial propia, sino resultado de saber que eso se estaba haciendo en muchas ciudades (París, Milán, Bogotá y otras). La respuesta que recibí del moderador (para variar, el señor Ezquiaga), consistió en afear mi conducta proponiendo dicha medida, por considerar que era una forma de hacerle trampa al ciudadano; que una cosa tan delicada no se podía implantar sin consultar primero a la ciudadanía. Ya ven qué valentía y qué rapidez tenemos por aquí. Si Gallardón hubiera hecho eso cuando llegó a la alcaldía, Madrid Río nunca se hubiera llegado a construir.

Voy a cortar aquí, que esto está alcanzando ya el tamaño crítico. ¿Cómo dicen? ¿Que ustedes querían que les hablara de Zapatero? ¿Pero no tienen bastante con el coñazo que está dando toda la prensa? Incluyendo El País, que desde la llegada del señor Mangurrián o como se llame el nuevo presidente de PRISA, como yo me temía, se ha igualado a la baja con los medios de la fachosfera, ha decidido dejar caer a Sánchez y además le sobran ya gentes como Pepa Bueno o Ángels Barceló. De todo esto hablaremos otro día, a ver si me voy animando a recuperar un poco mi anterior frecuencia de publicaciones. De momento, preparémonos todos para los fastos papales (y que quede constancia de que este Papa me cae bien; sigue la línea de Francisco y es menos broncas). Para sumarme a ese fervor ecuménico que nos va a invadir en unos días, les dejaré de propina una coplilla apócrifa, que solía yo cantar con el añorado Coronel Groucho, así que sirve también de homenaje a mi amigo perdido.