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miércoles, 3 de junio de 2026

47. Sobre higos y brevas

A este ritmo cansino o trote cochinero que he adoptado últimamente para la publicación de mis posts, este blog debería pasar a llamarse Reflexiones de higos a brevas, pero esto es lo que hay: por desgracia para ustedes, se me están agotando las ganas de escribir y sin ganas este invento no funciona. Lo de los higos y brevas es por buscar una denominación más laica que la que propone mi ami­ga África (de Pascuas a Ramos), aunque, con los fastos previstos en el entorno de mi casa por la archianunciada visita del Papa, tal vez sea mejor esta otra. Recuerdan cuando al ínclito M. Rajoy lo grabaron murmurando: Y mañana, el coñazo del desfile. Pues esto me pasa a mí, que no puedo dejar de pensar: y pasado mañana el coñazo del Papa. El domingo bajé a sumarme a la gran manifestación para defender la sanidad pública y atravesamos la plaza de Cibeles, ya preparada para el gran acontecimiento ecuménico.

Para quien no lo sepa o no lo recuerde, la temporada de los higos arranca en agosto y se extiende hasta septiembre, mientras que las brevas, que son en realidad higos rezagados del año anterior, empiezan a verse en los mercados justo ahora, a primeros de junio y duran hasta finales del mes que viene. Así que de higos a brevas ya se imaginan ustedes lo que quiere decir. En cuanto a lo del Papa, será una buena ocasión para que el mundo entero compruebe cuál es exactamente la talla física y política del aguacilillo este que nos gobierna, a quien en este foro se suele llamar El Topillo, mote menos cruel que otros que circulan sobre él en esta desdichada ciudad. De entrada, la preparación de la visita del Papa ha comenzado talando seis ejemplares, seis, de árboles de gran porte de los que daban alguna sombra en Cibeles, para encajar la tribuna de los invitados a la misa urbi et orbi que dará allí el Pontífice en unos días. Un detalle proverbial de este alguacil arboricida que, para colmo, ha recomendado a todos los funcionarios municipales que, durante estos días de desenfreno pío, hagan teletrabajo desde sus casas, para no estorbar a los beatos en manada. La calle para ellos, los ciudadanos a sus casas.

Hace poco, el gran periodista argentino Martín Caparrós publicó un artículo demoledor sobre la deriva que ha tomado la ciudad de Madrid y lo desagradable que se está volviendo. Pueden leerlo pinchando AQUÍ si es que son suscriptores de El País, o conocen algún truco para burlar el bloqueo a los no suscritos. Su lectura es apabullante y más siendo de la pluma de un tipo que, como yo, amaba esta ciudad sin reservas. Por si no lo pueden leer, les diré que abunda en algo que yo ya les llevo contando en el blog desde hace tiempo: Madrid es una de las escasísimas grandes urbes de Europa (y, en general, del mundo occidental) que tiene un alcalde de derechas. Ilustra esta afirmación con una lista no exhaustiva de ciudades actualmente gobernadas por equipos que mantienen políticas de izquierda moderada, centradas en las preocupaciones sociales y medioambientales. La lista es abrumadora: Londres, París, Berlín, Roma, Milán, Varsovia, Praga, Viena, Atenas, Ámsterdam, Bruselas, Lyon, Barcelona, Estambul, Nueva York, Washington, Los Ángeles, San Francisco, Chicago, Toronto, Ciudad de México, Bogotá. Una vergüenza, lo nuestro.

Así, de primer vistazo, yo añadiría Vancouver, Santiago de Chile, Montevideo, Estocolmo, Zurich, Ginebra, Basilea. Y tantas otras. En las ciudades, en general, se concentra el conocimiento y la vanguardia, mientras en el campo abunda la tendencia conservadora, inducida por el miedo a todo lo nuevo, que abona y alimenta la ignorancia. No quiero insultar a nadie, a mí me sigue gente muy rural y además creo que en donde se educa uno mejor hasta los trece o catorce años es en el campo; después hay que huir. Pero, como sugiere Caparrós, esta ciudad ha sido derrotada muchas veces, la última en 2019, cuando los votantes le dieron una patada en el culo a la señora Carmena. Mucho antes, durante la guerra civil, Madrid había sido bombardeada cruelmente, viviéndose escenas como las actuales de Gaza. En mi barrio, una de las bombas de los sublevados cayó precisamente sobre la histórica farmacia El Globo, en Antón Martín, con el resultado que ven en estas imágenes. 


La segunda de estas fotos está tomada desde una de las casas de la acera de los impares de Atocha, más o menos donde décadas después unos pistoleros fascistas entraron y mataron a cinco abogados laboralistas. La señora Carmena y otras personas se libraron por casualidad de la matanza, que marcó otra de las derrotas de nuestra ciudad. No viene mal que veamos imágenes como estas, porque en este mundo enloquecido con el señor Trump al mando, cualquier cosa puede suceder. Por cierto, otra de las bombas destruyó completamente la iglesia de San Sebastián, donde se decía que estaba enterrado Lope de Vega, destrucción que seguramente se debió a un error de puntería aunque, después de la guerra, el relato oficial de los ganadores sostuvo que se bombardeó porque los rojos la habían requisado y convertido en depósito de municiones. La iglesia fue luego reconstruida fielmente, haciendo un pastelito de esos que tanto irritan a los arquitectos, para intentar reproducir un edificio magnífico del siglo XVI.  

Y desde luego que las ciudades del mundo siguen ahora la senda abierta por París que, en apenas unas décadas se ha reconvertido en una urbe sostenible, en donde mucha gente de todas las edades se mueve andando o en bici, porque los coches no tienen sitio. Yo he podido presenciar en directo esa mutación porque, como saben, viajo a menudo a la Ciudad de la Luz y justo acabo de volver de allí, después de más de dos años sin visitarla, si exceptuamos una breve estancia el año pasado por la boda de mi hijo Kike. De dos años para acá la ciudad se ha reconvertido en una urbe sostenible, de aire limpio, llena de jóvenes y con una vida rica y variada en sus barrios. Todo esto se debe a la decidida actuación de su alcaldesa de origen gaditano, la estupenda señora Hidalgo, a la que pude ver, al poco de volver de París, contando su experiencia de estos años en el COAM, asistida por su principal asesor urbanístico, el colombiano Carlos Moreno, del que ya se ha hablado en este blog en diversas ocasiones. Vean el cartel anunciador del evento.  

Antes de hablarles de esto, conviene que les refresque algo de la historia más reciente de París, que tal vez no sepan ustedes. Porque durante muchos años (en concreto, 106), la ciudad fue sometida al castigo de no poder elegir a sus representantes políticos y ser en cambio gobernada por una autoridad (el Prefecto) nombrada a dedo por el Estado. ¿Y por qué semejante castigo? Pues porque los parisinos han sido siempre gente muy revoltosa y violenta, recuerden la Revolución, la guillotina y los diversos episodios similares, que culminaron en la histórica Comuna. La Comuna fue aplastada en sangre en 1871 y la ciudad castigada a no tener un alcalde elegido. Algo parecido sucedió en Ciudad de México que, durante los largos años en que fue Distrito Federal (DF), tampoco tenía alcalde, sino un Jefe de Departamento del Distrito, nombrado a dedo por el Gobierno Federal.

No se extrañen ustedes demasiado, que por estas tierras, durante la Dictadura Franquista, el alcalde de turno era nombrado digitalmente por el Caudillo, que también los cesaba cuando le fallaban o se hartaba de ellos. Es prototípico el caso del alcalde José Moreno Torres, que antes había sido Director General de Regiones Devastadas y por tanto responsable de la construcción de un montón de pueblos de los llamados de colonización. En 1952, a raíz de un terrible accidente, el del tranvía que iba a Carabanchel, fue cesado fulminantemente por Franco. Ese día el tranvía de la línea 31 se quedó sin frenos nada más dejar atrás la Puerta de Toledo y se precipitó cuesta abajo en dirección al Puente homónimo. Allí, siguió en línea recta, obviando que el puente tiene una ligera desviación respecto a la directriz de la cuesta. El tranvía acabó en el río Manzanares, hubo un montón de muertos y, aunque el suceso se minimizó en la prensa del régimen, Franco entendió necesario cesar al alcalde, a quien sustituyo por el Conde de Mayalde, un filonazi que estuvo muchos años en el puesto, hasta que lo relevó Arias Navarro.

Por cierto, Franco perpetraba sus ceses como Dios manda: con motorista y a primera hora del día. El tipo se acostaba alcalde (o ministro), se retiraba a su casa agotado y, al día siguiente, cuando se estaba duchando o empezando a desayunar, llegaba el motorista, llamaba al timbre, le hacía entrega del sobre con el cese y se largaba. Curioso fue el caso de Gabriel Arias Salgado, que fue cesado como ministro de Información y Turismo (para ser sustituido por Fraga Iribarne) y se llevó semejante disgusto que ya no remontó y se murió de pena un par de días más tarde. Historias que poca gente conoce y que les reto a comprobar en Internet si no me creen. Si Madrid ha logrado sobrevivir a sus sucesivas derrotas, no duden ustedes de que saldremos adelante y discúlpenme esta larga digresión, porque estábamos en la lucha de las ciudades que no tenían alcalde (o lo tenían nombrado a dedo, que viene a ser lo mismo). En Madrid, esa lucha culminó con su primera elección local libre desde la República, que llevó a la alcaldía en 1978 a Tierno Galván, mi primer jefe supremo, como ya les he dicho muchas veces.

En la Ciudad de México, las primeras elecciones locales tuvieron lugar en 1997. Desde entonces la ciudad está gobernada por la izquierda, siendo su primer alcalde Cuauhtémoc Cárdenas y la penúltima la señora Sheinbaum, que luego saltaría a presidenta federal. Parece lógico que esto de recuperar las elecciones locales, que es una larga y dura lucha de la ciudadanía, termine con el nombramiento de un alcalde de izquierdas, del pueblo. Sin embargo, no fue así en Paris y aquí termino de cerrar este círculo argumentativo. Después de muchos años de reivindicación popular, en los que los ciudadanos siguieron siendo revoltosos y violentos, como se vio en mayo de 1968 (donde los agitadores arrancaban los adoquines porque debajo estaba la playa), la ciudad consiguió por fin celebrar unas elecciones locales en 1977. ¿Y saben quién ganó? Pues nada menos que el derechista por antonomasia: el señor Jacques Chirac.  

Chirac representaba la grandeur de los parisinos de derechas, que son bastante insufribles, y tenía un carisma indudable, que le hizo ganar las elecciones locales tres veces. Han de saber que en Francia, los períodos legislativos de los ayuntamientos y regiones son de seis años, algo mucho más lógico que los nuestros de cuatro (en cuatro años no te da tiempo a hacer nada), así que Chirac estuvo de alcalde 18 años, hasta 1995, año en que decidió que eso de la alcaldía de Paris era demasiado poco para su ego desbordado y que se presentaría a presidente de la República, puesto que ganó holgadamente. En la ciudad dejó a su segundo, un tipo más bien gris que se llamaba Tiberi y que ganó las elecciones locales por el efecto Chirac, pero sólo aguantó una legislatura, porque no tenía el carisma de su jefe y mentor. En 2001 volvió a presentarse, pero perdió con el socialista Bertrand Delanoë, un personaje ciertamente curioso, del que no me resisto a ponerles una foto.

¿Por qué es curioso este personaje, de aire inequívocamente francés? Pues se lo cuento. Bertrand Delanoë es el primer político en toda la historia de Francia que se declaró abiertamente homosexual, confesión que hizo en una entrevista en directo para la televisión pública. Pero no sólo eso, sino que estaba casado con una señora perdidamente enamorada de él, a la que llevaba como sonriente acompañante a todos los fastos y eventos propios de su puesto de alcalde de París. No es este un caso único; si recuerdan el blog que escribí durante mi viaje de vuelta al mundo, allí les conté el caso del por entonces alcalde de Curitiba (Brasil) Rafael Greca, también homosexual declarado y con esposa enamoradísima de él. Este Rafael Greca, es el que, durante un debate preelectoral, zanjó el tema de su homosexualidad, traído a colación por sus oponentes, proclamando que él iba a gobernar con la cabeza y no con el culo, lo que cerró definitivamente la polémica (eu non vou gobernar co cu).

Delanoë ganó la alcaldía de París en marzo de 2001, sumando los escaños del Partido Comunista de Francia y de los Verdes a los suyos del Partido Socialista, lo que le daba ventaja sobre la candidatura de derechas de Tiberi. Y ¿saben ustedes quien fue su primera teniente de alcalde desde el primer día de mandato? Sí, han acertado: la señora Anne Hidalgo, hija de republicanos españoles huidos a Francia. Delanoë traía un programa electoral cuajado de medidas innovadoras y objetivos medioambientales ambiciosos, París era por entonces una ciudad asfixiada por el automóvil y con una contaminación bestial. De acuerdo con su perfil disfrutón, implantó una serie de fiestas anuales, como la Noche Blanca, la Noche de los Museos, la Noche del Teatro, que luego se han copiado en muchas otras ciudades con éxito desigual. También creó una playa en el Sena, con arena traída de canteras, que todos los veranos se llena de  gente joven dispuesta a pasar el día en sus instalaciones.

Precisamente, durante la primera de las Noches Blancas, el Alcalde, que estaba paseando tranquilamente entre la multitud de noctámbulos, fue apuñalado por un desempleado de origen árabe que dijo odiar a los maricones y que dos años más tarde fue recluido en un  psiquiátrico, después de que un tribunal lo declarase inimputable por su locura. Delanoë recibió una puñalada en el vientre con un cuchillo de grandes dimensiones pero, llevado al hospital y operado, logró reponerse y continuar su trabajo sin graves secuelas y esto elevó definitivamente su popularidad. Además, su primera legislatura se alargó un año más, al ser retrasadas las elecciones locales para que no coincidieran con las Generales de 2007. En marzo de 2008, Delanoë ganó por goleada, dejó de necesitar a sus socios más a la izquierda y se ganó el derecho a seguir siendo el Alcalde de París hasta 2014, manteniendo a su lado en todo momento a la señora Hidalgo, que le sucedería en el cargo.

Quiero aquí hacer un inciso chusco. No sé si lo recuerdan pero, entre 1999 y 2003 yo estuve involucrado en un proyecto de colaboración con el Ayuntamiento de París, consistente en implantar un sistema de información georreferenciada en la ciudad de Colombo (Sri Lanka). Quiere eso decir que yo estaba trabajando codo con codo con los técnicos de urbanismo de París cuando Delanoë ganó por primera vez. No sé si se imaginan los chistes sobre este señor que tuve que soportar en mi equipo de trabajo, compuesto por funcionarios más bien escorados a la derecha. Fue por entonces cuando el nuevo alcalde anunció que crearía un sistema de bicicletas públicas (luego copiado en numerosas ciudades; en Madrid lo puso en marcha la señora Botella, que se dio un paseo en bici el primer día). Bien, pues decían mis colegas franchutes que las nuevas bicicletas tendrían el asiento desenroscable, para quienes quisieran usar sólo el soporte del sillín. Les cuento esto para que vean que en todas partes cuecen habas: me cuesta imaginar al señor Tellado diciendo una barbaridad semejante.

En 2014, la señora Hidalgo gana la alcaldía, tras trece años de experiencia política como mano derecha de Delanoë. Y aquí aparece la figura de Carlos Moreno. Carlos Moreno es hijo de un campesino colombiano a quien su padre, consciente de su inteligencia, mandó a estudiar a París, no sin un gran esfuerzo económico, becas y ayudas, etcétera. Carlos se enamoró de esta ciudad que ya nunca ha abandonado y en donde estudió Matemáticas y Programación Informática. Acabado este doble grado, consiguió un trabajo para el Ministerio de Defensa francés, que le encargó diseñar un sistema de mapificación de ciudades y regiones, probablemente destinado a bombardearlas de forma más eficiente (todo esto lo contó él mismo en una conferencia que le escuché en la Fundación Telefónica). Pero entonces, el Ministerio anuló el programa en el que él trabajaba y se le ocurrió que ese brillante sistema se podría aplicar a objetivos más nobles, como la regulación urbanística de las ciudades.

Y se fue a ver a la señora Hidalgo. Desde esa primera entrevista, hubo un flechazo entre ambos, que les llevó a formar un tándem invencible. Durante doce años han aplicado la sabiduría de Moreno a crear una ciudad más sostenible, han puesto tranvías, han eliminado la autopista que estrangulaba el Sena entre sus dos sentidos, han creado una red de carriles bici por donde ahora se desplaza todo el mundo y han logrado reducir el porcentaje de viajes en automóvil desde el 60% que se encontraron, hasta el 20 actual. París es una ciudad vibrante, en la primera línea del urbanismo mundial y creadora del concepto de la Ciudad de los 15 minutos, que no es otra cosa que una regulación urbanística basada en la mezcla de usos y la distribución espacial policéntrica, de modo que la gente no necesite más de 15 minutos para ir al trabajo, la compra, la escuela de los niños o el ocio. Una idea de Moreno implementada en París por la señora Hidalgo y sobre la que hablaron en el COAM, acompañados por el santón local Ezquiaga, que hizo de presentador de la charla, como pueden ver en la foto.

Preguntados por cómo empezar a implantar algo parecido en Madrid, Moreno precisó que hacen falta dos cosas; valentía y rapidez. No cabe duda de que la señora Hidalgo es una mujer con mucho coraje, capaz de seguir las directrices que le marcaba Moreno, a pesar de las advertencias de parte de su equipo, que le decían que iba a ser un desastre y que así no iban a ganar nunca. Las mismas advertencias agoreras aparecen entre los medios conservadores cada vez que se propone algo contra el automóvil. En tiempos de Franco, cuando se peatonalizó la primera calle de la ciudad, la calle Preciados, los comerciantes pusieron el grito en el cielo: se iban hundir todos. Unos años después, ya nadie quería volver a la situación anterior. Parecido proceso se produjo cuando se decidió cerrar al tráfico el Retiro, que antes se podía atravesar por el Paseo de Coches y registraba un tráfico muy denso. Aquello iba a ser un desastre para la ciudad, pero poco después ya nadie ponía en cuestión la nueva regulación.

Para implementar una política de movilidad local innovadora hay que ser valientes y rápidos. Y en Madrid no lo hemos sido nunca, excepto quizá Ruiz-Gallardón, nos gusten o no sus proyectos. Aquí, el Plan General de 1997, que sigue vigente, se limitó en este tema a promover la desincentivación voluntaria del uso del automóvil, una declaración que ya entonces producía sonrojo. El tráfico de coches privados es un fluido que llega hasta donde se le ponen barreras y eso lo sabe todo el mundo. Hacen falta medidas drásticas, como las que se han adoptado en París y otras muchas ciudades del mundo. Con medidas timoratas no se llega a ninguna parte y he de decirles que la señora Carmena no aprovechó sus cuatro años de poder local para intervenir decididamente en este tema. Por el contrario, llenó la ciudad de los llamados carriles compartidos, que se limitan a pintar de vez en cuando unos círculos en el suelo que indican prioridad ciclista. Esto es algo que no sirve para nada, porque no permite superar el miedo de la gente (quitando cuatro pioneros o fanáticos de la bici) a meterse en medio del caótico y vertiginoso tráfico de Madrid. Esta ciudad se merecería una política de movilidad innovadora, decidida y rápida, pero no caerá esa breva (por seguir con el let motiv), al menos mientras sigamos eligiendo a personajes como el ínclito Topillo.

A este respecto, les cuento que, en plena pandemia, participé como oyente en un debate on line sobre qué tipo de ciudad nos íbamos a encontrar cuando saliéramos del encierro. Allí, yo pedí la palabra para preguntar por qué no se aprovechaba el encierro para cambiar la sección de las calles y establecer una red real de carriles bici con separador, para que la gente se la encontrara hecha al volver a salir al exterior. No era una idea genial propia, sino resultado de saber que eso se estaba haciendo en muchas ciudades (París, Milán, Bogotá y otras). La respuesta que recibí del moderador (para variar, el señor Ezquiaga), consistió en afear mi conducta proponiendo dicha medida, por considerar que era una forma de hacerle trampa al ciudadano; que una cosa tan delicada no se podía implantar sin consultar primero a la ciudadanía. Ya ven qué valentía y qué rapidez tenemos por aquí. Si Gallardón hubiera hecho eso cuando llegó a la alcaldía, Madrid Río nunca se hubiera llegado a construir.

Voy a cortar aquí, que esto está alcanzando ya el tamaño crítico. ¿Cómo dicen? ¿Que ustedes querían que les hablara de Zapatero? ¿Pero no tienen bastante con el coñazo que está dando toda la prensa? Incluyendo El País, que desde la llegada del señor Mangurrián o como se llame el nuevo presidente de PRISA, como yo me temía, se ha igualado a la baja con los medios de la fachosfera, ha decidido dejar caer a Sánchez y además le sobran ya gentes como Pepa Bueno o Ángels Barceló. De todo esto hablaremos otro día, a ver si me voy animando a recuperar un poco mi anterior frecuencia de publicaciones. De momento, preparémonos todos para los fastos papales (y que quede constancia de que este Papa me cae bien; sigue la línea de Francisco y es menos broncas). Para sumarme a ese fervor ecuménico que nos va a invadir en unos días, les dejaré de propina una coplilla apócrifa, que solía yo cantar con el añorado Coronel Groucho, así que sirve también de homenaje a mi amigo perdido. 

domingo, 10 de mayo de 2026

46. La vida sigue

El pasado jueves por la tarde murió mi querido hermano mayor Antonio, 91 años, (no me gusta usar el verbo falleció, un modismo que parece tratar de suavizar para los demás un trance tan duro). Anteayer quemamos sus restos en el crematorio de la Almudena y en unas semanas llevaremos las cenizas al Cementerio de Alicante. Toda la familia le acompañó hasta el último segundo y ahora hemos de pasar página y pensar en positivo: con 91 años, hace menos de un mes estaba tomándose una cervecita conmigo en una terraza del barrio Salamanca donde vivía. Desde luego que yo, ahora mismo, firmaba llegar a esa edad con su misma energía y saber estar. Para mí fue siempre una referencia en todos los terrenos y lo echaré de menos.

A los 90, la muerte es algo bastante previsible. Aunque me viene a la memoria el caso del filósofo francés Edgar Morin que, a punto de cumplir 105 años, continúa en plena actividad, escribiendo y publicando sus reflexiones en artículos de diversos medios franceses y extranjeros. Siendo yo el hermano pequeño, a bastante distancia de los anteriores, desde siempre he tenido interiorizada, más o menos conscientemente, la idea de que me iba tocar ver morir a todos mis hermanos. Pero llegado el momento, es algo muy duro, un proceso tremendo para el que nadie nos ha preparado, aunque a medida que envejecemos lo vamos normalizando porque no nos queda otro remedio. De estas historias, yo trato de salir con más ganas de vivir lo que me quede, de disfrutar de estos años postreros que son como de regalo. En ese sentido viene a cuento un discurso delicioso que pronunció hace poco Joan Manuel Serrat en una especie de congreso sobre la tercera edad. El vídeo ha circulado por los whatsapps de todo el mundo, pero, por si no lo han visto, abajo lo tienen.

No podría estar más de acuerdo con este caballero, siete años mayor que yo. Mi vida es también una especie de veranillo y, cada día que me levanto y compruebo que no me duele nada y me encuentro bien, pues es el punto de partida para disfrutar de otro venturoso día de esta vida que es un regalo que se nos ha dado. Mi hermano descansa en paz; de tres que tenía ya sólo me queda uno, pero hemos de seguir adelante y poner toda nuestra energía en el esfuerzo cotidiano. Pero aquí surge un tema nuevo. El proceso de la enfermedad de mi hermano ha durado unos veinte días. Y yo llevo casi mes y medio sin publicar ni un solo renglón. Un lapsus inusualmente largo, incluso para un blog que se autoproclama de reflexiones al tran-tran. ¿Qué ha sucedido? Ante una interrupción como esta, yo creo que ya huelga toda disculpa, como era mi costumbre hasta ahora, en cuanto me retrasaba un poco. Lo que sigue no es en modo alguno una disculpa, pero sí creo que esto se merece un análisis y una mínima explicación.

Como les conté, a primeros de marzo se me estropeó fatalmente mi anterior ordenador, el segundo Lenovo que he tenido y el segundo que se avería prematuramente. Lo llevé a arreglar y tardaron mucho en llegar a la conclusión de que no era reparable, tras de lo cual, entré en el proceso de asesorarme debidamente sobre qué aparato comprar, valorar las diferentes ofertas, elegir uno y ponerlo a punto con la ayuda de mis amigos Boni y Ángel. El resultado de todo eso es que me vi desprovisto de ordenador durante más o menos un mes. Ya me había sucedido lo mismo a comienzos de 2025 y, durante el largo mes de enero de ese año, tal vez recuerden que me pasé todo el tiempo con un síndrome de abstinencia brutal, consultando todo el rato la aplicación del servicio de reparaciones de Media Markt, tienda a la que acudí al menos dos veces para ver qué había de lo mío, además de intentar escribir nuevos posts para ustedes usando el móvil, algo que resulta muy arduo, por no hablar del proceso de enviar esos posts demediados a todos los socios de este pequeño club de seguidores.

Esta vez, les confieso que empecé mi período de ayuno y abstinencia informática, con la misma sensación de añoranza invencible, de echar en falta hasta límites dolorosos un aparato que parece haberse vuelto imprescindible para nuestra felicidad cotidiana. En esos primeros días escribí un texto cortito, pero desistí de enviarlo al mailing (había que hacerlo uno a uno con todas las direcciones de mail de mis seguidores), de modo que nadie se enteró de su publicación. Pero en paralelo, empecé a experimentar una sensación creciente de gozo y tranquilidad. Al no tener ordenador, tenía más tiempo útil para cosas como tocar la guitarra, ver a los amigos, ordenar mi casa, cocinar. Vivir la vida, en suma. Y, desde luego, leer.

A este respecto he de precisarles que, como saben, no hace mucho me di de baja en la tertulia literaria Billar de Letras, en la que creo que llevaba más de quince años. Necesitaba cortar con esa historia que cada vez me aportaba menos, Y, como un corolario lógico, estuve unos meses sin leer absolutamente nada, como una especie de cura mental. Después, poco a poco, he vuelto a disfrutar del placer de la lectura y me he calzado ya unos cuantos tochos, cuyas reseñas les debo. Todo esto viene a demostrar que el ordenador, como el móvil, es un aparato que te engancha como una droga y cuya falta te produce un tremendo síndrome de abstinencia (lo que los ingleses llaman cold turkey). Y yo esta vez he superado ese síndrome y me siento como más libre. Esta es más o menos la explicación de esta transformación, que me ha llevado a dejarles sin mis textos durante mes y medio.

Pero el asunto tiene una secuela innegable. Cuando uno deja de practicar cualquier tarea, idioma, disciplina o instrumento musical, va perdiendo sus habilidades y se vuelve más torpe. Yo dejé de andar en bici después de mi rotura de húmero y después me costaba muchísimo subirme a una bicicleta, hasta el punto que ya lo he dejado del todo. Uno de los motivos por los que yo mantengo una serie de blogs desde finales de 2012 es que esto es una forma de practicar la escritura. Si uno para de practicar, pues pierde el punto y la finura. Así que ya les digo que voy a seguir entreteniendo su ocio con mis historias, aun no sé con qué frecuencia, simplemente trataré de escribir cuando me apetezca o cuando encuentre algo que piense que merece ser contado. Con este texto de hoy enlazo con mi post anterior y empezaré por algo obligado: relatar mis aventuras en este mes y medio de silencio, que han sido variadas y divertidas. Esta faceta del blog me es de bastante utilidad, pues me permite dejar constancia de mis andanzas y evitar que caigan en el olvido, como lágrimas en la lluvia.

Como les anuncié, en el tiempo de Semana Santa me fui de viaje con mi chica a un hotel con encanto en la falda de las montañas de Cantabria. Era un lugar que se anunciaba en Internet como refugio ideal para una escapada romántica y costaba bastante encontrarlo, al final de un autentico camino de cabras, en medio de un grupo de unas diez casas de labranza algunas de ellas reconvertidas también en alojamientos para turistas. Algo que resultaría exagerado llamar aldea. Por supuesto, allí no había ni un bar ni una tienda o supermercado. El hotel debía de ser una antigua mansión de algún indiano, en donde había unas quince o veinte habitaciones bien acondicionadas, que cada fin de semana se llenan íntegramente con parejas de enamorados de edades uniformes: ni muy mayores, ni muy jóvenes.

Y ¿qué se puede hacer en un  lugar así? Pues coger el coche cada día y bajar a los pueblos de la costa a pasar el día. Y por la noche regresar al cubil con algunas provisiones para cenar, ver alguna película en la estupenda smart TV, y lo de después ya lo dejo a su imaginación, que en esta tribuna me consta que entran niños. Por las mañanas, uno podía disfrutar de un excelente desayuno de bufet y saludar a las demás parejas, con las que intimamos bastante. Por cierto, es un lugar pet friendly, así que bastantes de estas parejas se alojaban con sus perros y gatos, con los que también hicimos amistad. Los tres días completos que pasamos en ese hotel, los dedicamos a visitar respectivamente San Vicente de la Barquera, Castro Urdiales y Santoña, lugares vistosos donde se puede pasear, se come bien y, en concreto en Santoña, se pueden comprar sus míticas anchoas, de las que nos volvimos bien provistos. Algunas fotos mías: la primera con el hotel al fondo a la derecha.



Tras una semana de ínterin rutinario, volví a viajar, esta vez para pasar una semana en París, los primeros días en casa de mi hijo Kike y los segundos donde mi querido amigo Alain Sinou. Respecto a esto, tengo una historieta que cubre otro de los objetivos de este blog: el de advertirles a ustedes de estafas o peligros del mundo moderno, para que no caigan en los mismos errores que yo o, como suele decirse, escarmienten en cabeza ajena. Les cuento. Yo había sacado mis billetes de Air France con bastante tiempo, el de ida para el sábado 11 de abril a mediodía. Como es de rigor, el día anterior, viernes, entré en la página de Air France para sacar la tarjeta de embarque. Desde esa Web me derivaron a otra para dicho trámite. En esta página subsidiaria, lo primero que hicieron fue decirme que tenía que pagar 0,79€ para poder seguir. Me pareció raro pero, en estos tiempos acelerados, pensé que tal vez habían cambiado las cosas y las líneas aéreas habían encontrado una nueva forma de sablear al cliente.

El caso es que pagué 0,79€ con mi tarjeta Visa y continué. Me pidieron entonces una serie de datos personales, nombre, DNI, correo electrónico, número de reserva. Los rellené y no me dejaba seguir: decía que los datos eran incorrectos. Lo intenté hasta tres veces y ahí me empecé a mosquear. Decidí salirme y volver a entrar en la Web de Air France. Entonces, oh milagro, no me derivaron a ninguna parte, sino que la propia Web me cumplió el trámite y me envió la tarjeta de embarque. Inmediatamente, llamé a atención al cliente del BBVA y les conté mi peripecia. En la página del banco, figuraba un pago de 0,79€ a nombre de My Pro Travel Limited. Los del banco coincidieron conmigo en que se trataba de una estafa y me aconsejaron anular ipso facto la tarjeta, puesto que los estafadores tenían los datos de esa tarjeta y podían cargarme nuevos pagos. Pero yo me iba una semana de viaje y quería disponer de esa Visa para pagar en determinados establecimientos parisinos donde me podía fallar la Revolut, que es la otra tarjeta que tengo.

Ante eso, me dijeron que había una opción: yo podía anular la tarjeta sólo para pagos on line y mantenerla útil para pagos en tiendas o restaurantes y también para sacar dinero en cajeros. Eso es lo que hice, ayudado por la amable telefonista que me estaba atendiendo. Desde ahí hasta que me subí al avión con mi reglamentaria tarjeta de embarque, me estuvieron acribillando a correos electrónicos desde My Pro Travel, en los que me advertían que había dejado a medias mi trámite de obtención de la tarjeta de embarque y que podía tener problemas para subir al avión y que por favor les facilitara los datos personales restantes. Ya en la sala de espera del embarque, me harté del coñazo y respondí a uno de esos correos. Les dije que eran unos estafadores, que ya tenía la maldita tarjeta de embarque, que había anulado la tarjeta Visa y, para terminar, que hicieran el favor de reintegrarme los 0,79€ cobrados indebidamente, o les pondría una denuncia ante la policía.

El efecto de esto es que, en la Web del banco apareció un nuevo cargo, en este caso de devolución de 0,79€. Ambos, el del pago y el de la devolución, aparecían en color rojo, como pendientes de comprobación. Ya en Paris, utilicé mi Visa un par de veces sin problemas y, en dos ocasiones, me llegaron mensajes sms, comunicándome que se había intentado por dos veces cargarme 79€, cargo que había sido denegado por el banco al tener mi tarjeta anulada para trámites on line. La empresa que intentaba cobrarme esos 79 euracos era My Pro Travel, ahora con un dato adicional: se trataba de una empresa radicada en Nicosia (Chipre). Al volver a Madrid, anulé completamente la tarjeta y estuve una semana sin Visa hasta que me mandaron la nueva a mi buzón de correo postal. Y los dos apuntes, de pago y devolución de 0,79€ desaparecieron de la página como por arte de magia. Así que ya tienen una doble moraleja. Por un lado, si alguien intenta cobrarles por algo habitualmente gratuito, cuidado. Y si alguien les pide una cantidad insignificante, ojo también; eso sólo puede significar que quieren hacerse con los datos de su tarjeta.

Por lo demás, llegué a París el sábado 11 de abril por la tarde, a tiempo de sumarme a la celebración del cumple de mi hijo Kike, que había preparado un festejo en un bar parisino de unos amigos suyos, conjuntamente con un italiano que cumplía también en esos días. El domingo, mis hijos KIke y Clarissa me llevaron a un restaurante chino a comer una modalidad de noodles que no conocía: los llamados biang-biang, originarios de la región de Shaan Xi, que pueden tener hasta dos metros de largo y son muy anchos. Kike se manejaba para comerlos con palillos, pero yo me tuve que pedir un tenedor. En Paris hay bastantes restaurantes de biang-biang, en donde suelen proveerte de un mandilón de plástico para que no te pongas perdido. Abajo hay una serie de fotos de estos eventos. Los restantes días entre semana, me dediqué a callejear por Paris hasta encontrarme con mis hijos para cenar en casa. Otro día quedé a comer con mi joven amigo Carlos, radicado en París, y la última parte de la semana me fui a la casa de Alain para seguir visitando zonas de la ciudad con él. Las fotos de este viaje. Primero las del biang-biang.




Ahora algunas de mis callejeos parisinos






Mis encuentros en esta ciudad maravillosa.


De vuelta en Madrid, acudí a un encuentro en el COAM con la alcaldesa de París y tuve también una historia con unos luthiers, a los que llevé mi guitarra eléctrica para que le dieran un repaso completo. Pero con estos dos asuntos voy a confeccionar el siguiente post que les prometo que llegará pronto. Aprovecharé también para contarles el nuevo viaje a La Coruña, que voy a emprender este martes. Porque este post está ya alcanzando su tamaño crítico y no quiero aburrirles. Como ven, en este mes y medio no he parado. Y, como una primera consecuencia recíproca de mi viaje de vuelta al mundo, he recibido la visita de dos de los amigos que me acogieron en las distintas ciudades. A todos les dije que serían bienvenidos a Madrid, pero sólo estos han respondido por ahora a la invitación: mi amigo coreano JJ, con quien me encontré en Vancouver y mis no menos amigos entrañables Gonzalo y Judy, que me acogieron en San Diego y me ayudaron a recuperarme del peor momento del viaje.

El sábado 18 de abril regresé de París y el domingo 19 lo dediqué íntegramente a JJ, que llegaba en tren a Atocha, cerca de la hora de comer. Hace dos años, yo no tenía pareja y podía emprender aventuras solitarias como darme una vuelta al mundo. Sin embargo, JJ tenía una novia canadiense con la que no vivía, pero salía todos los findes a acampar por las montañas de la Columbia Británica. Y resulta que ahora, nuestras situaciones personales se han intercambiado, porque lo primero que me dijo nada más encontrarnos fue we’ve split up. Acompañó esta frase con un gesto en aspa con ambas manos con las palmas hacia abajo, con lo que tuve muy claro lo que quería decirme. Fuimos directamente a comer algo a La Canibal, en la calle Argumosa, donde tienen cerveza IPA artesanal y luego nos subimos a mi casa, en donde mi amigo se echó una siesta de cerca de cuatro horas, con Tarick Marcelino encima, porque arrastraba un jet-lag de puta madre.

Como les digo, nuestras situaciones personales se han intercambiado y ahora es él el que emprende viajes de solitario. En este caso se vino a visitar a sus amigos de Barcelona y Madrid. Sus amigos de aquí son nuestro común colega César, que fue quien me dio su contacto antes de mi viaje mundial y una chica muy mona que se llama Paula. Los tres vivieron juntos en Vancouver, aunque sólo JJ ha conseguido quedarse allí. César, que estuvo en mi fiesta de cumpleaños, regresaba ese domingo de una de sus citas del activismo mundial: venía de participar en una acampada solidaria internacional cerca de Manresa contra la proyectada implantación de una industria tóxica cuya construcción envenenaría los ríos y campos del entorno. Tras la siesta monumental, JJ y yo fuimos hasta el portal de la casa de César, en donde lo esperamos.

Y poco después lo vimos aparecer por la esquina, como un nuevo Indiana Jones, con su sombrero y sus numerosos pertrechos colgantes, entre ellos la tienda de campaña y el saco de dormir. Subimos a su casa para que JJ dejara allí su bolsa de viaje y luego le dejamos duchándose y nos fuimos al histórico Café Barbieri, en donde nos reunimos con Paula y con César recién duchado. De allí nos fuimos a cenar al Automático de Argumosa, en donde JJ mostró sus deseos de buscar un lugar en donde bailar salsa, algo en lo que al parecer es un experto. Después de una siesta de cuatro horas, estaba como nuevo y, en cuanto a César, es un tipo indestructible. Paula parecía dispuesta a seguirles pero yo ya no tengo edad para estas cosas, así que allí me despedí y caminé a casa. Un domingo magnífico, del que les muestro algunas fotos más. 



En cuanto a Gonzalo y Judy, son viajeros incansables y suelen hacer estación al principio del verano en Madrid, donde siempre se hospedan en una pensión barata del Barrio de las Letras. Ya les he traído al blog en múltiples ocasiones. Hace dos años recalaron aquí, pero no pude encontrarme con ellos porque andaba yo por Asia- Australia, pero luego me alojaron en su casa de San Diego. El año pasado no incluyeron Madrid en su periplo habitual, pero este año han recuperado las buenas costumbres y nos hemos podido ver. Como seguramente recuerdan, Gonzalo López es colombiano nacionalizado norteamericano, y su mujer, Judy Cascales, es yanqui de origen murciano. Se conocieron en San Francisco, luego se radicaron con sus hijos en Colombia, pero finalmente regresaron a los USA, donde los jubilados tienen mejores condiciones económicas. Esta vez, les invité un día a comer un potaje en mi casa, momento al que corresponden estas fotos, que tomó Judy con su cámara.



Otro día, Gonzalo y yo quedamos con su amigo madrileño Miguel Rico para irnos de copas. Empezamos con un vermú de grifo en la Maripepa, seguimos en La Vinícola Mentridana, taberna clásica reconvertida, y rematamos en la Taberna de Antonio Sánchez, que presume de ser el bar más antiguo de Madrid. La foto de abajo corresponde al segundo de estos lugares míticos.

Como se pueden imaginar, yo he debido ajustar mis viajes a Cantabria y París para poder encontrarme con mis amigos de allende los mares. Pero toda esta actividad frenética que les cuento, son simples minucias al lado de lo que vino después. Desde que Gonzalo y Judy tomaron su avión de vuelta a San Diego, toda mi atención se concentró en acompañar a mi hermano Antonio y su familia. Es una pérdida irreversible y creo que es de justicia que cerremos este post con una imagen suya de no hace mucho, para que puedan ustedes brindar por su recuerdo. Que tengan un buen domingo.  






martes, 31 de marzo de 2026

45. Otra vez renaciendo para ustedes

Buenos días, queridos lectores y seguidores de este mi blog de Reflexiones al tran-tran. Hoy les reenvío mi post anterior, que muy pocos de ustedes han leído, junto con este, que hace el número 45 del blog. En ese post precedente se explicaba cuál era la problemática sobrevenida a mi equipo de producción bloguera y mi esperanza de salvarlo frente al deterioro que sufría. Hoy ya les anuncio que he tenido que tirar mi Lenovo y que les estoy escribiendo con un nuevo ordenador, en este caso un HP, que espero que me dure al menos diez o doce años y no como los dos anteriores. Y que, en adelante, no quiero volver a saber nada de la marca Lenovo, a la vista de que mi antepenúltimo aparato me duró unos cuatro años (bien es cierto que su deterioro se aceleró el día en que se me cayó al suelo y aterrizó de esquinazo, lo que suele ser letal para este tipo de devices) y el penúltimo no me ha durado ni tres años, puesto que ese tercer cumpleaños lo va a celebrar en el próximo mes de mayo, si es que queda algo de él en el Punto Limpio adonde ya lo he llevado y donde duerme el sueño, en este caso de los injustos, puesto que su trato conmigo ha sido, no ya injusto, sino directamente indecente.

Así que les pido por favor que lean primero el Post #44 (es muy cortito), para que se hagan cargo de por dónde ha ido el proceso y por qué he estado un tiempo tan largo en silencio (por suerte para mí, no se ha tratado de ningún problema de salud) ¿Lo han leído ya? Pues seguimos. El 14 de marzo yo escribí ese post con el teléfono móvil y traté de enviarlo al mailing colectivo que tengo con ustedes. A pesar de mis esfuerzos, pronto comprobé que mi habitual mail colectivo en el que se adjunta el link de cada post recién escrito, se perdía en la inmensidad del universo informático, sin llegar a sus destinatarios. En esa lista de seguidores, yo tengo exactamente 31 direcciones de correo. Y mis textos suelen recibir una media de visitas por encima de las 50, incremento que yo atribuyo a que algunos de ustedes entran varias veces para leerlos por partes, o repasarlos, más alguno que quizá se lo reenvía a su vez a otros amigos por haberle gustado tanto como para recomendárselo. Bien, pues, unos días más tarde, el número de visitas de dicho Post #44 era exactamente de 13, correspondientes a algunos de ustedes que, extrañados de que no escribiera nada, entraron en el blog por su cuenta para ver qué estaba pasando.

El jueves 19, me llamaron por fin del taller y, esta vez con malas noticias. La tarjeta gráfica deteriorada no se podía sustituir por estar soldada con no sé qué otras piezas del aparato, cuya sustitución conjunta me llevaría ya a unos precios desorbitados que convertían el arreglo en poco recomendable, frente a la alternativa de adquirir uno nuevo. El sábado fui a recogerlo y, de acuerdo con lo pactado, no me cobraron nada por el trabajo. Les pregunté qué hacer para conseguir un ordenador disponible y me recomendaron adquirir uno de segunda mano, puesto que los nuevos se han puesto por las nubes, por la subida de las memorias RAM, inducida por el auge de la Inteligencia artificial (más abajo se lo intento explicar). Ellos tenían diversas ofertas, a las que les hice fotos para mostrárselas a mis nuevos asesores para este mundo tan ajeno para mí, que es la informática.

A estas alturas, yo ya llevaba tres semanas sin ordenador y he de confesarles que los primeros días me encontré algo incómodo por la falta de costumbre, pero muy pronto me adapté y empecé a sentirme fenomenal. Tenía todo el tiempo del mundo para leer, organizar mi casa, hacer yoga, ensayar con la guitarra y cuidar a mis amigos. Les diré que, si no llega a ser por mantener vivo el blog, algo inviable sólo con el teléfono, hubiera mandado a la reverenda mierda a Lenovo, HP, Samsung y demás multinacionales dedicadas con esmero a generarnos un mundo de falsas necesidades. Si no llega a ser por una cierta forma de sentido del deber que me impide dejarles a ustedes huérfanos de blog, hubiera dado un paso atrás y me habría acomodado a esa nueva realidad analógica felizmente recuperada. Además, este asunto vino a recordarme que estamos pendientes de unos hilos más frágiles de lo que creemos y hemos de tener recursos por si un día nos cortan la luz o el agua, o bien nos empiezan a caer pepinazos letales por la extensión de esa guerra insensata que ha desatado el señor Trump y de la que también les hablo más abajo. De momento, confórmense con una imagen icónica, de ese pseudoayatollah yanqui, que nos está llevando al desastre.   

No es mala la imagen, generada por supuesto con Inteligencia Artificial y cuyo mensaje viene a igualar, en términos morales, al señor Trump con esos clérigos chiitas que dominan en Irán desde hace décadas (en mi opinión, Trump es claramente peor, y encima estúpido, pero cada uno que piense lo que quiera). Pero volviendo a mis penas domésticas, les diré que mi recién generada tirria a la marca Lenovo se amplía también al amigo que me recomendó esos dos aparatos y con quien no tengo ya una relación muy fluida. Así que recurrí a unos asesores áulicos alternativos, a saber, el marido y el hijo de una muy querida amiga, cuyas identidades no les voy a revelar, que yo lo cuento todo sobre mí (aparentemente), pero trato de ser cuidadoso con la intimidad de mis seres queridos y amigos: si ellos, que siguen mi blog, quieren salir de detrás de las bambalinas, allá ellos.

Mis dos amigos coincidieron en refrendar la opinión de los señores de la tienda: en estos momentos no es buena idea comprarse un ordenador nuevo, en El Corte Inglés o Media Markt, por decir un par de tiendas icónicas del sector. El precio de las memorias RAM se ha duplicado o triplicado desde la irrupción de la Inteligencia Artificial, sobre todo a partir de declararse la pandemia. ¿Por qué? Pues porque ordenadores caseros y servidores de la IA comparten componentes de materiales raros (de esos que están sobre todo en China), y al ser mucho mayor la demanda de los grandes magnates que están desarrollando la IA, casi toda la producción de semiconductores (o lo que sean) se centra en este sector en expansión, dejando lo que podríamos llamar la purrela, para estos aparatejos que, al no tener preferencia, se encuentran con problemas de suministro, que han derivado en subidas grandes de precios. No olviden que una de las empresas ahora mismo más punteras es Nvidia, que yo suelo llamar Nvidia-Kochina, y que se dedica precisamente a fabricar y comercializar esos componentes para el mundo de la informática.

Mis nuevos asesores eligieron, entre los ordenadores de la oferta de segunda mano de la tienda, uno que es ya este desde el que les escribo y que, nuevo, me habría costado el doble. Y la verdad es que va como un tiro. Me contaron también que el gran problema, tanto de los ordenadores como de esos servidores gigantescos que requiere la IA, es la refrigeración. Los componentes raros de este aparataje, se deterioran cuando se calientan y se echan a perder definitivamente. Eso es lo que le ha sucedido a mi Lenovo, que yo me ponía a veces sobre las piernas, tapadas con una mantita de sofá, para leer o trabajar. Así que yo tengo también mi parte de culpa, no solo es cosa de la marca Lenovo. Y en esto radica también el encocoramiento de Trump con Groenlandia: un lugar desolado, sin siquiera árboles, donde hay sitio de sobra para instalar cientos de esos servidores gigantes, sin necesidad de gastar millonadas en refrigerarlos, porque hace un frío que pela. Ya ven qué cosas se aprenden cuando uno trata con verdaderos especialistas y no con especialistos que te recomiendan Lenovos y mierdas similares.

El Lenovo era malo, yo hacía a veces la tontería de no ponerlo sobre una superficie lisa, y tengo también el convencimiento de que mi viaje de vuelta al mundo le sentó bastante mal. Entre cambios de temperatura, diferentes tipos de corriente alterna, también algún bajón de energía de la red. Los ordenadores también tienen jet-lag, y este exteriorizó su malestar desmembrando la carcasa como ya les conté y, apenas un año después estropeándose del todo. Así que esto es lo que hay. Pero les repito que yo he estado encantado todo este tiempo de regreso al mundo analógico en el que se ha desarrollado la mayor parte de mi vida. En estos días, me he dedicado a leer, al yoga, a correr por el Retiro y a tratar de mejorar con la guitarra, además de disfrutar de mi pareja, mis amigos y el bueno de Tarick Marcellino. Y hablando de mi gato, les cuento algo que ya les anuncié hace tiempo.

Como saben ustedes, hay por este mundo de nuestros pecados una serie de chicas de conducta, digamos ligera o desahogada, que se están literalmente forrando, a base de tomarse videoselfies enseñando el culo o lo que se tercie. Antes se las llamaba putas y otros epítetos infamantes similares. Ahora no. Ahora son influencers y su profesión, con la que se hacen de oro, es la de creadoras de contenido para adultos. Pensando en esto, se me ocurrió que, dado que mis ingresos se han visto claramente demediados con la jubilación, tal vez podría yo también dedicarme a lo mismo. Quiero decir, creador de contenido para amantes de los gatos. Y aquí tienen mi primer producto. Les aviso que esto es porno duro, tengan cuidado. Les pido que lo vean y me digan si creen que puedo yo hacer algún dinero enseñando esto. Ahí les va.

En fin. En estos días de dolce far niente, he leído bastante y me he tragado un par de tochos. En primer lugar, el libro sobre la hambruna en España durante la posguerra, que firma el historiador Miguel Ángel del Arco. Es un libro interesante, que aporta muchos datos y testimonios y que viene a sostener la tesis de que el hambre desatada en España entre 1939 y 1942 tras el desastre de la Guerra Civil, y el posterior rebrote en 1946 inducido por la pertinaz sequía, fueron consecuencia de la mala política del franquismo, derivada de la llamada autarquía, más la corrupción de los estamentos del régimen, que acaparaban alimentos para derivarlos luego al estraperlo. En un contexto de Guerra Mundial, las cosas no eran fáciles para el país, pero el libro viene a decir que esta escasez fue potenciada por Franco para castigar aún más a los vencidos.

El libro tiene un tono muy sesgado (los franquistas son todos malísimos y los republicanos buenísimos) y adolece de un exceso de adjetivos. Ya sabemos que la vida en las cárceles era terrible pero no hace falta decir todas las veces la horrible situación de los presos. A mí me parece que sería interesante escuchar también a los del otro bando. No niego que una parte de lo que dice este libro es cierta, pero no me gustan los planteamientos maniqueos. Finalmente, la situación del país mejoró con la desaparición del racionamiento y el estraperlo, más o menos en 1951, el año en que yo nací. El libro no es de literatura, sino de Historia, no es especialmente ameno pero es de interés, salvando el sesgo ideológico, para cualquiera que como yo tenga curiosidad por saber cosas de esa época, de la que venimos todos. Les diré que también he terminado el libro de Cercas sobre el Papa Francisco, otro tocho importante del que les hablaré en algún post sucesivo.

También les cuento que en este mes después de mi cumpleaños, mis colegas músicos con los que toqué en la fiesta se han animado mucho, dicen que si salió bien sin haber ensayado, tal vez podemos mejorar con un poco de trabajo y dedicarnos a tocar por ahí en cumpleaños o festejos privados. Y nos estamos reuniendo casi todos los domingos en la escuela de música, en torno a las siete de la tarde, para afinar nuestro repertorio. Solemos acabar a las diez, momento en que nos vamos a tomar unos vinos a la Palomeras profunda. Una forma estupenda de terminar las semanas. Por otro lado, yo sigo con mis clases de los miércoles con el profe que sustituyó a Henry Guitar, así que esfuerzo no me falta. Así empezaron muchos grupos, si bien hay que admitir que tenían 20 años y no 70. Uno de estos días he llevado mi guitarra eléctrica a unos luthiers vallecanos llenos de tatuajes, para que me la pongan a punto.

Con esto y el yoga voy tirando. Pero llega la Semana Santa y ya tengo preparada una escapada con el coche para pasarla en un hotel con encanto en la montaña de Cantabria. A la vuelta les contaré. Si es que para entonces el señor Trump no la ha liado parda. No tengo muchas ganas hoy de hablar de este señor que, aparte de sus defectos que hemos destacado en este foro, está demostrando ser muy tonto, de modo que Putin le chulea y Netanyahu (un verdadero criminal) le ha liado a meter el pie en un avispero del que no sabe cómo salir. En los USA empiezan a estar hartos de este caballero, a quien muchos votaron para que no se metiera en guerras y se dedicara a la política interior. La elecciones del Mid Term pueden ser una debacle para él, pero cuidado que no las vaya a anular o tergiversar. Un tipo sin escrúpulos ni cortapisas morales de ningún tipo es capaz de eso y más y ya está dando pasos para intentarlo. Lo dicho, sean buenos y tiren para adelante. No creo que hayan tenido mucho problema para vivir sin mi blog, pero ya estoy otra vez aquí. Abrazos a puñados.

sábado, 14 de marzo de 2026

44. Un poco de paciencia

Bien, aquí me tienen otra vez sin ordenador, esto es ya un clásico. Repaso mis textos blogueros y encuentro que el ordenador de marras fue adquirido por mí en mayo de 2023, o sea, que no tiene ni tres años. Decididamente, este Lenovo no me ha salido bueno; a la gente le duran los PCs doce o catorce años. El viernes 6 de marzo, el aparato funcionó normalmente y lo apagué antes de acostarme. Pero el sábado 7 ya no funcionaba. Observé que estaba muy caliente y se me ocurrió meterlo un rato en la nevera. Ya frío, arrancó bien y funcionó correctamente unos veinte minutos. Luego se volvió a joder.

Estás cosas suceden en fin de semana por la Ley de Murphy, así que tuve que esperar al lunes para llevarlo a un taller que me han recomendado. El hombre que me atendió, me escuchó con paciencia y dijo que lo que yo le contaba tenía una lógica: que cuando la tarjeta gráfica se empieza a deteriorar, deja de funcionar al calentarse y tira todavía cuando se enfría, aunque ya va cada vez peor. Dejé allí el aparato y el jueves me llamaron. Efectivamente, es la tarjeta gráfica. 

La pueden sustituir seguramente (no me lo aseguran al 100%). En caso de que sea técnicamente factible, me costaría 125€. Si no se puede, no me cobrarán nada. Les dije que adelante. Pero a partir de ahí, tenían que pedir a fábrica la nueva tarjeta. Y con el fin de semana enmedio, no la tendrán hasta el martes. Entonces tienen que sustituirla y tener el aparato allí un par de días más, para comprobar que funciona bien. Paciencia.

Mientras no tenga ordenador, no puedo cumplir con ustedes. Así que tengan ustedes también paciencia. Escribir en el móvil es como un dolor, y yo creo que tenemos que esperar una semanita para que les pueda atender en condiciones. Hasta pronto.

jueves, 26 de febrero de 2026

43. One more time

Una vez más (one more time) tengo que empezar por pedirles disculpas por un silencio de casi un mes. La cosa está justificada por una circunstancia que enseguida les preciso, que me ha dejado sin margen para escribir, porque, sumada al inglés, el yoga, el running y lo demás, ha ocupado todo mi tiempo libre en este Mes del Señor, de febrero de 2016. La circunstancia es que el día 19 cumplí 75 años y, ante cifra tan redonda, se me ocurrió organizar una celebración, que más abajo les cuento y cuya logística acaparó toda mi energía mental sobrante. Más abajo les cuento los detalles de esta aventura, que me ha llevado a un lapsus de silencio mayor del habitual, por el que les pido encarecidamente disculpas. Una vez más. La cosa de ponerlo en inglés, no es sólo por mi proverbial esnobismo, que también, sino porque últimamente uso la melodía de la canción de ese nombre, para mis salidas a correr por el Retiro. Es un tema sensacional, que firmó el gran músico británico Joe Jackson, nada menos que en 1978 y que es perfecta para correr a una buena velocidad. Escúchenla, porfa.

Bueno, tras este chute de energía musiquera, pasemos a lo cotidiano, un pequeño repaso de algunas de las cosas más destacadas que han sucedido en este mes. Empezando por el intermedio de la Superbowl en América, en donde la actuación del portorriqueño Bad Bunny dejó a todo el mundo boquiabierto. Y saben que Donald Trump había contraprogramado con una actuación retransmitida por otra cadena, con un show patriótico de alguien afín. Pero a la hora de la verdad le pudo la curiosidad y vio completo por la tele el show de Bad Bunny. E inmediatamente lo comentó en su red social, de la manera compulsiva habitual, con estas palabras: Esta actuación ha sido TERRIBLE, nadie entiende lo que dice ese tío.

A este respecto, tengo que confesarles que yo tampoco entiendo nada de la dicción de este señor, a quien tengo un cierto respeto como músico, aunque el reguetón no es lo mío. Hace años que mi hijo Kike me está hablando en los mejores términos de Bad Bunny, pero, qué quieren que les diga, yo prefiero a los Beatles y a los Stones (y a Joe Jackson). De este hombre sólo me gusta media canción, esa que dice: Pol la mañana café, pol la talde ron. El arranque, cuando entona ese estribillo, es buenísmo; luego el tema se va por otros vericuetos que ya me gustan menos, aunque reconozco que no están mal tampoco. Escúchenlo hasta donde quieran y córtenlo entonces, porque a medio tema se pone un poco cansino.

Pero lo cierto es que a mí, como a Donald Trump, me cuesta entender lo que canta este señor, de quien admito que sus letras constituyen un valor añadido, puesto que han suprimido el viejo imaginario machista del reguetón original. Pero sentado esto, me asalta una gran preocupación: ¿es posible que yo llegue a coincidir con Trump en algo? Sería algo TERRIBLE para el blog y permítanme que use las mayúsculas a la manera trumpista. Por cierto, Trump se cree que poniendo mayúsculas se enfatiza el valor de una palabra, cuando no es así. Para enfatizar un término, se utilizan universalmente la cursiva o el ponerlo entre comillas. Las mayúsculas significan que esa palabra se grita, se vocifera, se proclama a voces. A lo mejor es eso precisamente lo que pretende este maleducado proverbial, pero me temo que la sobredosis de mayúsculas en sus tuits se debe más a la ignorancia de su valor semántico. Pero, como les digo, yo estaba preocupado por coincidir en algo con Trump, así que he recurrido a las fuentes. Es decir, al gran José Mota. En uno de sus sketchs navideños (de hace dos años), este estupendo cómico pone en contexto el problema de por qué los boomers no entendemos a Bad Bunny. Véanlo, es desternillante.  

La deriva de Donald Trump es muy peligrosa, como les llevo pronosticando desde hace mucho y confirmando día a día. Yo confío en que los americanos salven las Mid Term Elections, que desde ya está tratando de torpedear, prostituir o directamente anular. Nos jugamos mucho todos en esas elecciones para las que quedan poco más de ocho meses. Lo que me gustaría resaltar es que mi opinión respecto a este impresentable no es en absoluto única y aislada; todo el mundo está horrorizado con la deriva de semejante personaje. Ya les he contado que, tanto en Canadá, como en Australia, los partidos socialdemócratas han ganado las últimas elecciones presidenciales, para las que partían en amplia desventaja según los sondeos. Algo parecido ha sucedido en Portugal y otros lugares, y la propia opinión pública norteamericana registra unos ínfimos valores de popularidad sin precedentes en otros presidentes anteriores. Tal vez la irrupción de Trump pueda servir al mundo como una especie de vacuna contra el fascismo. Supongo que saben también que durante la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Milán-Cortina d'Ampezzo, el desfile de la delegación norteamericana fue acogido con un abucheo sonoro y unánime de todos los presentes. Vean también el chiste de un humorista británico.

A mí cada vez me resulta más incomprensible que un pueblo como el americano haya elegido presidente a un patán, iletrado, colérico, compulsivo, maleducado, histriónico, ególatra, vengativo, abusón, machista, putero, corrupto, incapaz para la empatía… se me acaban los adjetivos; creo que este señor sería acreedor de todos los epítetos reseñados en el Gran Libro de los Insultos, de Pancracio Celdrán, del que ya les he hablado muchas veces. Lo más reciente de este energúmeno es el discurso de casi dos horas sobre el Estado de la Unión. Les voy a pedir que escuchen la respuesta inmediata de Bernie Sanders. Les pongo la versión original en el delicioso inglés de Sanders y una traducción automática al español de Sudamérica, directamente perpetrada con Inteligencia Artificial, para que elijan la que mejor les vaya.


Vaya, les estoy poniendo muchos deberes visuales en este post, pero no se quejen, que podría ser peor. Después de un mes de silencio, hay muchos temas sobre la mesa por los que poner verde a Donald Trump y, por supuesto, también a Feijoo, que es el otro deporte habitual de este blog. No quiero ser pesado, pero a mí me intranquiliza mucho la posibilidad de que este tipo llegue a ser presidente en España, y encima con Abascal de vicepresidente. A mí me parece que no está capacitado, es un vago (en la línea de Rajoy, sólo que este tenía más gracia) y es un sieso, adjetivo que creo que le cuadra como anillo al dedo, según define el término el Libro de los Insultos arriba citado, es decir, desagradable, antipático y desabrido (en Andalucía, suele utilizarse más la palabra malaje). Y, como le pasa a todos los siesos, su presencia suscita toda clase de burlas, chanzas y cuchufletas. Por ejemplo, los de El Mundo Today, lo proponen como sucesor de El Mencho, al frente del Cartel Jalisco Nueva Generación. Si no se lo creen, pueden leerlo pinchando AQUÍ.

Es también una noticia desternillante. Es oportuno que lo moten de Frijolito Feijoo, porque ese es precisamente el significado de su apellido; por ejemplo, en portugués se dice feijão para designar toda clase de alubias: blancas, pintas, negras o verdinas, con especial referencia al feijão frade, que es el menos valorado para elaborar guisos calientes y, por el contrario, se usa para hacer una de las ensaladas más tradicionales de Portugal. Este feijão frade se llama en Norteamérica black-eyed pea y es muy popular en el sur profundo, especialmente en la cocina cajun y criolla. Por otro lado, la feijoada es el plato nacional de Brasil, yo probé una buenísima en Curitiba con mi querida amiga Gisele. La feijoada proviene de los guisos que elaboraban los esclavos negros, aprovechando las sobras que se tiraban de la comida de sus amos, para cocinarlos de nuevo con frijol negro y arroz blanco. Es una exquisitez. Pero nuestro Feijoo, más bien responde al modelo del feijão frade, listo para la ensalada con Abascal. A un tipo tan sieso, como les digo, todo el rato le hacen cuchufletas como la que ven abajo.

Pero es que no hace falta recurrir a la manipulación de imágenes para reírse de este señor. Basta poner una imagen como la que les muestro abajo, en las Cortes. O el vídeo que aparece aun más abajo, que es también auténtico. Se trata de un acto durante la campaña aragonesa, en el que le invitan a hablar de una empresa de Binefar, y el tipo se aprende mal el nombre y lo dice ocho veces mal, delante de un cartel en el que está bien escrito. Díganme: ¿ustedes querrían a un sujeto tan gafe como presidente? Encima es que se lo van a comer entre Ayuso y Abascal. Vean lo que les digo.


Brifín. Ya lo han escuchado. Este lapsus no supera lo de Anotop at, que es insuperable, pero abunda en la misma línea. Quizá recuerden también un tercer episodio, cuando en las Cortes proclamó con su solemnidad impostada que él, en cuanto llegara a presidente, encargaría la resolución del problema de la vivienda en España a su primer vicepresidente. Todos en el Congreso, menos los del PP, empezaron a reírse a carcajadas, sin que él se enterara del motivo de la hilaridad, que no era otro que el hecho cierto de que quien tiene todas las papeletas para ocupar esa primera vicepresidencia es el señor Abascal. Aviados vamos si el problema de la vivienda lo tiene que arreglar este caballero.

Por lo demás, Feijoo ha diseñado esta cascada de elecciones regionales, para que el PSOE las pierda todas y así ir deteriorando poco a poco la posición de Sánchez, a ver si se va. Pero le está saliendo el tiro por la culata, porque tanto en Extremadura como en Aragón, el PP ha perdido peso y ha pasado a depender aún más de Abascal, que ahora le chulea retrasando sine die la constitución de ambos parlamentos. Le está bien empleado: convocar elecciones en Extremadura y Aragón no era necesario desde un punto de vista estrictamente local, ambos comicios se han ordenado desde Génova, en clave nacional. Y Abascal responde también en clave nacional. Los problemas de extremeños y aragoneses son irrelevantes para ambos partidos de la derecha, dedicados full time a derribar a Sánchez.

En fin, ya ven que la actualidad no se detiene aunque yo no escriba en el blog. Por cierto, ya me da pereza meterme también con Almeida; además ya me he adaptado a correr por fuera del Retiro, cuando a este hombre le da por cerrarlo y hasta podría admitir que cerrar el parque por una climatología como la que hemos sufrido el último mes puede tener una cierta lógica (aunque se han caído árboles por toda la ciudad y no tendría sentido prohibir a la gente que salga a la calle). Lo que sigue siendo indescifrable es que cierren el parque cuando hace mucho calor, cuando en las demás ciudades del mundo hacen justo lo contrario: ampliar el horario para que los ciudadanos puedan estar más frescos. También me molesta que en la Web del Ayuntamiento digan que los cierres sólo suceden un 1% de los días: en lo que va de 2026, el Retiro ha estado más días cerrado que abierto.

Pero vayamos ya con el tema de mi cumpleaños 75. Manda carallo, tres cuartos de siglo me contemplan. La cosa es que estas cifras redondas son una excusa perfecta para hacer una fiesta y reunirse con los amigos. Yo lo hice cuando cumplí 60. Por aquel entonces, era yo Subdirector General, corría carreras de 10 kilómetros sin inmutarme, tenía una pareja nueva que me gustaba mucho y me sentía poderoso y contento: el rey del mundo. Con ese motivo, cerré durante dos horas una discoteca bastante de moda entonces, el Honky Tonk, por la zona de Olavide. De diez a doce de la noche. Vino mucha gente, en especial de los servicios técnicos del Urbanismo municipal a los que yo pertenecía. Yo pagué al club un tanto por todo, según lo que me dijeron, y por allí pasaban todo el rato camareros uniformados portando bandejas con pinchos y cosas de picar. La bebida era libre y ellos se encargaban de la música. A las doce, abrían las puertas al público, entraba todo el mundo y las copas posteriores había ya que pagarlas. No recuerdo cuánto me costó, pero era una propuesta cara, un lujo.

Cuando cumplí 65, mi situación había cambiado. En el Ayuntamiento me habían cesado como jefazo, gracias a la imbecilidad de una concejala inane nombrada por la señora Botella. En otro orden de cosas, mi chica también me había cesado, aunque yo me resistía a asumirlo. Así que no estaba la cosa para muchas fiestas. Y menos mal que no organicé nada porque, la misma mañana de mi cumpleaños, me rompí el brazo izquierdo, en un incidente nefasto, del que se dio debida cuenta en el blog, que ya llevaba un tiempo abierto. Por fin, cuando cumplí 70, mis expectativas eran muy amplias, me jubilaba y planeaba iniciar una nueva vida, empezando por la idea de hacer un viaje de vuelta al mundo. Pero se cruzó por medio la maldita pandemia, de modo que ni siquiera pudimos hacer la habitual fiesta de despedida en el trabajo. En realidad, la hicimos, pero en versión on line. El viaje mundial quedó también suspendido, aunque finalmente lo hice a los 73, como saben, animado por mis hijos, que me dijeron que, o lo hacía ya, o no lo haría nunca. Es cierto, creo que ahora no emprendería un viaje como ese; yo estoy más viejo y el mundo también ha cambiado, por culpa de El Agente Naranja, del que no quiero hablar más.

Ahora, para los 75, no tenía excusa para saltarme la celebración. Pero me pareció que una fiesta tipo Honky Tonk no era procedente. Yo no tengo ya el dinero que manejaba a los 60, soy un jubilado y la gente que podía reunir no es ya tan noctámbula como hace quince años. Y encontré una solución maravillosa: el Mona Club, en pleno centro de Madrid, a 50 metros de la plaza de Cascorro, cabecera del Rastro. La fiesta se celebró el sábado 21 y resultó muy bien. Les cuento algo del lugar. Este club se llamaba hace unos años Mona Pinkerton y era bastante exitoso, especialmente los fines de semana, por el Rastro. El alma de este club, que se anuncia como cultural y vegano, es el gran Julián, ya mi nuevo amigo para siempre. A Julián le traspasaron el negocio como bar y club. Y fue como un tiro: daban comidas de menú vegetariano, había conciertos y actos de todo tipo y era un negocio floreciente. El local tiene una planta baja amplia y, por una escalera empinada se baja a una especie de cueva, perfecta para la música.

Todo fue bien durante cinco años, el negocio era rentable, cada año pasaban unos policías municipales que comprobaban los papeles del lugar y, en esa situación lograron hasta superar los encierros de la pandemia. Hasta que, de pronto, un aparejador municipal descubrió que el local carecía de licencia de actividad. Se la pidieron a Julián, que no la encontró. El tipo que le había traspasado el negocio le había estafado. Le clausuraron el sitio y le pusieron 60.000€ de multa. Pero el problema es que el rollo del lugar le había atrapado, se lo pasaba muy bien allí, ganaba dinero y decidió reflotarlo. Pidió una licencia de actividad. Y entonces descubrió que su bar estaba en una ZPAE. Zonas de Protección Acústica Especial. Son zonas en las que, en 2012 se estableció que no se podrían abrir nuevos bares, para responder a las quejas vecinales por el ruido. Sólo se dan licencias de actividad para lugares donde antes ha habido un bar legal, con todos sus papeles en regla. Mi casa está también en una ZPAE.

Ante esto, a Julián le queda sólo una solución: legalizarlo como club cultural. Está en ello con un arquitecto y a través de una ECU, esas empresas a las que Gallardón externalizó la gestión de estas licencias. Mientras consigue los papeles, va organizando saraos como el mío, con los que mantiene vivo el asunto, además de jam sessions, mercadillos, conferencias y similares. Todo eso, de la forma más silenciosa posible porque, como le denuncie un vecino, se le puede caer el pelo. Él podría argüir que ya ha pedido la licencia y no se la han dado todavía por ineptitud municipal, pero con estas cosas es mejor no jugar. Con motivo de esta situación provisional, los asistentes a la fiesta debían entrar por el portal y buscar una puerta lateral para acceder al local, lo que le daba al tema un mayor nivel de aventura y rollo misterioso.

Pero esta vez yo no podía contar con camareros de levita sirviendo comida. Había que organizar muchas cosas. Julián ofrece un catering vegano, pero yo lo completé con jamón, queso y empanadas gallegas, mi chica y mi compañera Cristina Moreno aportaron diversas exquisiteces. Compré una caja de vino blanco para tenerlo bien frío. Esto en cuanto a la manduca. Además tenía que ocuparme de la música, a través de Spotify. Y ayudar a recolocar los muebles del bar para poner las mesas a un lado. Pensar en unos percheros donde la gente dejara los abrigos y los bolsos. Más las tartas de cumpleaños y las velitas. Y pensar en la organización general del evento. Y encima, la gente se empeñó en que teníamos que tocar algo en el escenario de la cueva, lo que supone revisar el equipo de amplificación, hacer pruebas de sonido, etcétera. Al final, todo salió bien.

El programa era que, a las 19.00, se iba recibiendo a la gente, dejaban sus cosas, pedían bebidas en la barra y tenían a su disposición las cosas de comer en las mesas del fondo. Yo tenía que saludarlos a todos, recibir los regalos y amontonarlos en un rincón. Al final nos reunimos 42 personas, que no está nada mal. Gente transversal, diversa, entre la que nadie conocía a casi nadie. Mis hijos y algunos de sus amigos, mi pareja y su grupo más próximo, más algunos amigos antiguos, compañeras de mis 40 años de trabajo en el Ayuntamiento, profesoras de las escuelas de arquitectura que aún me siguen llamando para dar clases magistrales, mis colegas músicos de Vallecas, gente del yoga, el pequeño grupo de vecinos de la calle Almadén que nos solemos encontrar por el barrio. La cosa era divertida.

En un momento dado, Henry Guitar, Críspulo y yo bajamos a la cueva, ajustamos los instrumentos y empezamos a tocar. La gente bajó enseguida y yo tuve que dar un pequeño speech agradeciendo la presencia de todos y presentando al grupo. Ahí iniciamos un conciertillo improvisado, del que tengo algunas imágenes. Al final, mi hijo Kike me presentó la tarta con las velas y pusimos la música para bailar, distinta de la que habíamos puesto arriba, que era mayormente blues. Arriba de nuevo, atacamos las tartas con nuevas bebidas y la gente empezó a desfilar. Una de las ventajas del lugar es su localización, muy cerca del Metro Latina o la Plaza Mayor. Los últimos cerramos el lugar a las doce de la noche y caminamos a nuestras guaridas, agotados pero felices. Y ahora vamos con las imágenes. Primero, el escenario desde el fondo.  

Cronológicamente, ahora viene un video de nuestra actuación. Me grabaron muchos, pero ya saben que con los teléfonos móviles el resultado es muy malo y el sonido regular, con el barullo que monta la gente. Entre todos los que me grabaron, les he seleccionado este, porque realmente es un momento mágico, a pesar del sonido ratonero. Es la interpretación que perpetramos del Stand by me, del gran Ben E. King, año 1961. Les juro que no habíamos ensayado nada, la canción surgió espontánea, pero Henry y Crispulo son unos músicos excepcionales y yo hice lo posible por estar a la altura. El rock es una cultura que pasa de padres a hijos y esta canción se la sabe todo el mundo y la cantaron allí a coro. No se la pierdan. Y pantalla grande, por favor.

Espectacular, ¿verdad ustedes? Bien, vean ahora una imagen del momento en que me sacan la tarta.

Y, al final, nos hicimos todos los presentes una foto emulando la portada del Sargent Peppers, para que quede para la posteridad. También les he seleccionado dos entre las muchas versiones que se hicieron.


Nada, que fue una noche inolvidable para mí. Desde que me fui por ahí a dar la vuelta al mundo, no había vivido unos momentos tan intensos. Así que, que ustedes lo pasen bien. Quieran a sus amigos, déjense querer por ellos, y disfruten en suma de la vida: sólo tenemos una.