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martes, 28 de julio de 2026

50. El fuego y la manipulación informativa

Pues mientras nos tenían a todos entretenidos con que si estamos en la tercera ola de calor o la cuarta, la realidad se ha impuesto: desde las lluvias del mes de marzo, no ha vuelto a caer una gota sobre la región madrileña, salvo alguna tormenta esporádica, y desde el 1 de junio estamos soportando unas temperaturas de treintaytantos a cuarenta, el caldo de cultivo perfecto para una ola de incendios como la que estamos sufriendo (lo mismo está pasando en Francia, en la zona de Burdeos-Arcachon, que visité a comienzos de este año, y también en grandes extensiones del Canadá). Señores, esto no es una sucesión de olas de calor de tres días, esto es un verano infernal, nunca antes sufrido. Y las perspectivas son que los próximos veranos van a ser iguales, si no peores. Así que dejémonos de contar una, dos y tres olitas de calor sucesivas y llamemos a las cosas por su nombre.

Y en situaciones de emergencia grave como esta, es cuando se ven las consecuencias de las políticas neoliberales de la señora Ayuso, que cada año reduce el apoyo a la sanidad y educación públicas, estrangula a las Universidades y recorta el presupuesto de la prevención de incendios y la dotación de medios para combatirlos, a la par que dedica más dinero público a la tauromaquia y el nuevo circuito de Fórmula 1, horteramente denominado Madring, que hay que joderse qué nombre más feo que le han puesto. Tal vez alguno de ustedes, queridos lectores, pueda pensar que estoy ideologizado y predispuesto a criticar a la derecha con cualquier excusa; que este post es un ejercicio más de oportunismo y demagogia.

Pero es que, como residente en Madrid, yo vivo en directo las nefastas consecuencias de las políticas acompasadas del dúo Ayuso-Almeida. Mi barrio se ha convertido en un parque temático para turistas pedorros y les diré una cosa: menos mal que no tenemos mar por aquí, que en tal caso, esta gente construiría los muelles más grandes del mundo, para que llegaran a nuestra ciudad simultáneamente todos los cruceros gigantes del universo, a terminar de destrozar nuestra vida urbana. Y la ciudad está más sucia que nunca, porque esta dupla destina más dinero a la Fórmula 1 que a cualquier política de limpieza urbana medianamente efectiva, total al turismo pedorro le da igual que las calles estén hechas una pocilga y haya hasta ratas pululando por ahí en ciertos barrios. Vean la foto que tomé el otro día saliendo de mi clase de yoga en la plaza de Jacinto Benavente, en medio de las obras eternas de la zona.

Otro ejemplo: a mí me van a pagar 120€ por mi clase de máster del otro día, una presentación que los propios directores del curso reconocen con vergüenza que se merecería mucha mayor remuneración, pero la Universidad Complutense está estrangulada financieramente por la Comunidad de Madrid y eso les impide pagarme más. Y, desde luego, por mi terraza han volado estos días pequeñas cenizas que caen del cielo, además del olor a chamusquina que nos atufa intermitentemente. Ayer me preparé una ensalada de tomate para comérmela en la terraza y al rato estaba llena de puntitos negros y les juro que no le había echado pimienta. Lo de los bomberos no es cosa mía ni resultado de la ojeriza que le tengo a la derecha: en esta región llevan protestando por la falta de medios e incluso de vehículos desde hace más de tres años, y han sostenido huelgas indefinidas los dos últimos inviernos que, al llegar los calores, suspenden por sentido del deber. La foto que les muestro abajo, corresponde a su último acto de protesta de este año, el 24 de julio, dos días antes de que se desatasen los incendios más terribles, ante la sede de la Consejería de la que dependen.

Estos incendios que brotan por todos lados, son la consecuencia del cambio climático que ya ha llegado, aunque los negacionistas sigan diciendo que ellos no notan el calor. Junto con danas, huracanes y terremotos como el de Venezuela, son señales inequívocas de que la Tierra se está defendiendo del virus letal que es el ser humano. Frente a un desafío tan descomunal, parece claro que personajes como la señora Ayuso se ven claramente rebasados y han de pedir ayuda, aunque sea al odiado Gobierno social-comunista-bolivariano, presidido por el inicuo Sánchez, al que incluso ha tenido que darle la mano. Si se dice que Glenn Ford no se lavó la mano en varios meses después de darle la mítica bofetada a Rita Hayworth, es imaginable el asco y la rabia con que la señora Ayuso se habrá apresurado a lavarse la mano tras dicho saludo, frotando enérgicamente con Fairy o lo que haya pillado en los retretes del puesto de mando. Vean la imagen del apretón, y otras de la doña, disfrazada de Dora la Exploradora, como se han apresurado a señalar desde la izquierda patria.  


Es comprensible que, en los cenáculos la izquierda, se le tenga a esta señora una merecida manía, pero yo he pedido en este blog que intentemos criticar lo que está mal y valorar lo que está bien, desglosando unas cosas de las otras sin pensar en a quién afectan. Y esos sectores de izquierdas, que masivamente se han carcajeado del atuendo de Ayuso, no son ni siquiera conscientes del sesgo machista que comporta ese cachondeo. A mí me parece que, con el calor que está haciendo en Madrid en estos meses, el pantalón corto es algo muy adecuado; yo lo llevo todo el tiempo, y si esta señora tiene las piernas bonitas de corredora (dice salir cada mañana a correr) pues no veo por qué no habría de mostrarlas. La izquierda tiene a veces un tufo puritano e inquisitorial que no comparto para nada. ¿Acaso esta señora tendría que acudir vestida de luto y cubierta de los pies a la cabeza con un sayón? También es contradictorio que a Feijoo se le ponga verde por no acudir y a Ayuso por lo contrario. Dicho todo esto en el ánimo de no contribuir desde este blog a la crispación y la polarización, que para eso ya hay muchas tribunas en las redes.

A mí lo que, en cambio, me cruje bastante, es lo que podríamos llamar la redundancia señalética, el hecho de que el chaleco de Ayuso lleve un letrero que diga PRESIDENTA, y el de su acólito el señor Novillo otro que diga CONSEJERO. Me recuerda los tiempos en que algunas papeleras urbanas ostentaban encima un cartel enorme que decía: PAPELERA. Por cierto, a este señor Novillo, para que se integrara en el comité de emergencia por los fuegos descontrolados, hubo que rescatarlo de la ronda de acontecimientos taurinos que iba presidiendo por los pueblos de toda la Comunidad, tarea a la que Ayuso destina más presupuesto que a la prevención de incendios y para la que este ínclito consejero parece predestinado por apellido.

Así que no pasa nada por reconocer que la señora Ayuso ha estado estos días donde tenía que estar y ha pedido a tiempo la ayuda que necesitaba, aunque los bomberos llevaran años pronosticando lo que iba a suceder si el grueso de los presupuestos regionales se destina a los toros y a la Fórmula 1. El que sigue superando todas las cotas de deslealtad es el señor Feijoo que, desde su presumible retiro en alguna playa gallega, ha publicado un comunicado dando las gracias a los gobiernos autonómicos por su esfuerzo contra el fuego, sin citar al Gobierno central, que es el que les está sacando las castañas del fuego con la UME, una unidad por cierto creada por el señor Zapatero entre el escepticismo y las bromas de la oposición liderada entonces por el ínclito M.Rajoy. El señor Feijoo es para mí uno de los peores políticos de la historia reciente de la democracia en España y mira que es difícil superar en este ranking a Albert Rivera, record Guiness de autodestrucción de un partido político.

Yo ya he dado mi versión sobre esto: el PP daba por ganadas las Generales de 2023 casi sin bajarse del autobús y las hubiera ganado con un candidato un poco menos feo, gafe y poco capacitado. Y ahora están a punto de repetir el error, con el agravante de que en tres años de liderazgo de este inútil, el partido se ha puesto en manos de Vox y está abrazando todos sus postulados. Podemos afirmar sin faltar a la verdad que el PP es ya un partido de extrema derecha, a la altura de los liderados por Le Pen, Meloni y la líder de AfD, de cuyo nombre no quiero acordarme. Así que vamos a ver si nos vamos concienciando a votar bien, que nos va quedando cada vez menos margen. Yo, desde luego, pienso votar a Sánchez, como ya he anunciado. En primer lugar, por exclusión, porque no me seduce nada el guirigay que hay a la izquierda del PSOE, incluyendo a la señora Belarra, que va a repetir el error de Pablo Iglesias y tiene todas las papeletas para acabar abriendo otra taberna. Pero también por los méritos en positivo del presidente, a los que me referiré en posts venideros.

Porque hoy quiero hablarles de otro tema que, seguramente se les habrá pasado por alto y que me parece paradigmático de hasta dónde llega la manipulación informativa en este país de nuestras desdichas. En las pasadas semanas, toda España ha vibrado con la trayectoria de nuestra Selección de Fútbol, que ha ganado el campeonato mundial de manera justa y brillante. En la final, consiguieron doblegar a Argentina que, sintiéndose inferior, recurrió a toda clase de tretas sucias y rastreras y estuvo a punto de llegar a la tanda de penaltis, con ese muestrario de marrullerías de la mejor escuela del señor Mourinho, ahora fichado de nuevo por el Real Madrid para que las despliegue por los campos de España.

Pero he dicho que toda España ha participado en esa especie de éxtasis eucarístico de la victoria final. ¿Toda? Pues miren ustedes que, al parecer, entre los fachas pro-taurinos y negacionistas del cambio climático, había mucha gente que habría estado encantada de que perdiéramos, para incidir en el discurso catastrofista de lo mal que va el país y luego culpar de todo a Pedro Sánchez, de quien se sugirió que no debía acudir a la final porque es gafe. Ellos querían que perdiéramos, pero no se atrevían a decirlo en público, en medio del fervor popular que se desató en los últimos días y que terminó con dos millones de personas festejando en las calles, entre ellas el que suscribe. Pero, hay un periodista de El inMundo que llegó a preparar anticipadamente una crónica de la derrota, como suele hacerse cuando se intuye que alguien famoso se va a morir y escriben la necrológica antes, para tenerla lista en cuanto suceda.

Este periodista se llama Arcadi Espada, y es un tipo repulsivo, cuyo discurso es siempre un compendio de vileza, odio y bilis mal digerida, mezclado con la soberbia del típico listillo que ve más allá que los demás seres humanos, que para él no somos más que epsilones del montón. Y resulta que este señor envió su crónica de la derrota al periódico, para ser el primero que la publicase. Y en este periodicucho amarillista son tan inútiles que nadie revisó su contenido y se publicó tal cual el lunes día 20 de julio, cuando todo el país vibraba con el éxito sideral del día anterior. Cuando se dieron cuenta, se apresuraron a eliminarlo, pero ya mucha gente lo había copiado y guardado porque, encima, salió en la edición en papel, y estas son más difíciles de corregir. Es un ridículo espantoso, monumental, estratosférico. Pero, curiosamente, nadie de la prensa ha dicho una palabra del tema, salvo el Público y elDiario.es, ambos con la boca pequeña, por si acaso; no vaya a venir MAR a cumplir la amenaza que les envió por escrito, a saber: Os vamos a triturar. Váis a tener que cerrar. Idiotas. Que os den.

Me parece un tema gravísimo, con muchas implicaciones y muy significativo de lo que es ahora mismo la prensa, que dedica cada día páginas y páginas al escándalo Zapatero y ni un renglón a este tema que es también un escándalo mayúsculo. Para que vean que no les estoy contando una historia de ciencia ficción les voy a mostrar primero una foto de este repelente caballero, por cierto, pareja actual de Cayetana Álvarez de Toledo, otra listilla llena de odio a la gente normal, cuya última intervención en el Congreso fue para lanzar el bulo de que Sánchez está gravemente enfermo, algo de lo que el aludido se rió a carcajadas. Al lado les voy a poner la foto del artículo en el diario en papel. Pero, como se ve muy pequeño, les añado abajo la transcripción y les pido que lo lean. Tal vez deben tomarse primero un anti-emético, porque la lectura de este panfleto produce unas acusadas ganas de vomitar.



Nunca es sólo futbol, recordadlo siempre

Arcadi Espada, publicado en El Mundo el 20.07.2026

NUNCA ES solo fútbol. La magnitud de la decepción española en el Mundial obliga a algo más que a un análisis táctico. No es difícil ver en este equipo –en su devoción litúrgica por el sistema, en su miedo al desequilibrio táctico, en la sumisión del talento a la coreografía– un reflejo de lo que es y de lo que amenaza seguir siendo este país en el siglo XXI: una sociedad que ha hecho de la desconfianza ante la excelencia una forma de cortesía.

Nunca es solo fútbol. Luis de la Fuente, que siempre fue un meritorio jugador de equipo, había convertido la grave falsa modestia de Alfredo Di Stéfano: «Ningún jugador es tan bueno como somos todos juntos». España tenía a Lamine Yamal, acaso el mayor talento de su historia: solo hay que ver cuál ha sido el resultado de dos años instruyéndole en el pase hacia atrás. El tikitaka de 2010 era una cultura; el tiktok de 2026 es relax. La selección española ha sido patrocinada como símbolo de una España trans: mestiza, igualitaria y risueña. Anoche descubrimos su cara b. El mestizaje sin fusión es yuxtaposición. La igualdad entre desiguales, nivelación. Y los equipos serios no sonríen mientras suena el himno, sino cuando recogen la Copa.

Nunca es solo fútbol. La estrella disuelta en el grupo, el mérito prorrateado. Una parábola nacional. Nuestra escuela iguala hacia abajo, nuestra legislación recela del mérito y nuestra conversación pública dedica a demoler reputaciones el tiempo que otros dedican a construirlas. Pedirle a este vestuario que se atreva a la excelencia es pedirle que desobedezca a su país. Los jugadores no viven en una burbuja: son hijos de un tiempo en que el largo aliento cotiza menos que la viralidad instantánea, y en que los jóvenes, sin horizonte ni proyecto, no pueden emanciparse, sobre todo de sí mismos.

Nunca es solo fútbol. El desenlace tampoco puede sorprender al que observe el clima moral del país. Es lógico que una sociedad secuestrada por la polarización, donde las reglas se tuercen al servicio de la supervivencia de las élites y donde la palabra pública es ruido, solo pueda exportar la parálisis y hasta la infelicidad que se vieron en el césped.

Nunca es fútbol. La eliminación deja lecciones urgentes de cara a 2030, cuando España organizará el Mundial junto a Portugal y Marruecos. Ninguna selección fracasa sola: fracasa el país que se proyectaba en ella. Y esos once hombres, perfectamente organizados para la mediocridad, pixelan una imagen que España debe atreverse a contemplar, sosteniendo largamente la mirada sobre sí misma.  

Hasta aquí el suelto. Es algo increíble. Y discúlpenme, pero he tenido que parar de escribir por las nauseas que me ha producido transcribir un texto tan lleno de odio. Sigo después de calmar el malestar de mis entrañas. La magnitud del fallo del periódico la da el recuerdo de las celebraciones que tuvieron lugar en toda España, al tiempo que ese libelo estaba en los kioscos y, por un rato, en la Web de El inMundo. Pero esta historia tiene unas cuantas implicaciones diferentes, que me dispongo a analizar para ustedes, numeradas para ir por orden.

1.- El contenido del escrito en sí mismo. Parece mentira que alguien sea capaz de sintetizar en tan pocos párrafos toda la inquina, el odio, la ojeriza de esta gente a todo lo que huela a moderno, progresista, solidario, social o climático, adjetivos que ellos unifican en el término inglés woke. La fachosfera está obsesionada con echar a Sánchez del poder, porque saben que, en una contienda electoral limpia, pueden volver a perder, sobre todo con un candidato tan obtuso y romo como Feijoo. A partir de ese convencimiento no reconocido públicamente, a estos señores les vale todo. Hasta una columna sobre fútbol escrita por un ignorante supino de las entretelas de este deporte de masas. Dejaré para otro día los aspectos futbolísticos para no desviarme del tema principal.

Para la Brunete mediática, cualquier recurso es válido con tal de echar del poder a Sánchez y, desde luego hubieran estado encantados de que España perdiera la final. Porque para ellos, lo fundamental es eso y están dispuestos a cargarse la democracia, el prestigio de la Justicia y lo que haga falta. Feijoo no es capaz siquiera de disimular su ansiedad por llegar al poder, para lo que mejor le valdría aprender, formarse como líder, aprender inglés y elaborar un programa de gobierno. Pero todo eso le da mucha pereza, así que su programa es muy sencillo: echar a Sánchez y luego ya veremos. Y la prensa afín, esa que no informa sino que jalea, se dedica a construir un relato paralelo a la realidad, como si Sánchez ya estuviera en las últimas, relato al que el aludido responde haciendo de Don Tancredo y tratando de gobernar en el estrecho margen que le dejan. Ya les he dicho que a mí me encantaría que agotara la legislatura hasta el final.

Y esto explica que hayan metido la pata de manera tan estrepitosa. Han escrito el epitafio de alguien que todavía no se había muerto y que, para cuando la publicación, acababa de ganar el título de Campeones del Mundo, después de un partido primoroso. Arcadi Espada les es de mucha utilidad, aunque esta vez la haya cagado de forma clamorosa mandando por anticipado un artículo sobre algo que no había sucedido. A lo mejor es que le pagan por artículo entregado. De todas maneras, sabiendo quién es su pareja, no es de extrañar que esté así de amargado, porque vaya tela, la señora Cayetana, con su doctorado en Oxford, que le hace mirarnos a todos muy desde arriba, y su melena rubia de bote (ya saben: rubia de bote, chocho morenote, y disculpen la bastez, este era un dicho de cuando éramos adolescentes y la hormona desatada se nos salía por las orejas). La señora nos mira tan desde arriba que, con el photoshop, algunos se han dedicado a estilizar su imagen, en la forma que ven abajo.

2.- La profesionalidad de la prensa. ¡Madre mía! ¿Cómo es posible que se les haya colado un fallo tan tremendo. ¿Es que El inMundo no tiene presupuesto para tener unos correctores, unos revisores del material que está a punto de publicarse? Nadie se dio cuenta del fiasco hasta que se empezó a comentar en redes, justo en el día de la euforia nacional desatada, un frenesí que  hizo que durante un par de días ni siquiera se hablara nada de Zapatero. Este libelo fue fundado por el señor Pedrojota R. que ahora difunde su veneno desde El Español. Yo dudo que este caballero se hubiera colado un gol en propia meta como este. Lo que pasa es que un medio tan mediocre y que se comporta con tanta bajeza, no necesita gastar mucho en la calidad periodística del producto, al fin y al cabo, sus lectores no creo que pasen de ojear los titulares.

3.- La nula repercusión en los medios de tirada nacional. Que quieren que les diga, los demás medios de la fachosfera han guardado un pudoroso silencio, la mierda es mejor no removerla; disimular y hacer como que esto no ha sucedido jamás, es una buena forma de que se vuelva invisible y se evite el bochorno. Es como si te tiras un pedo sonoro en medio de una reunión: lo mejor es disimular y seguir actuando como si tú no hubieras sido. El propio Arcadi ha publicado ya una nueva columna en la que no hace la menor alusión al descalabro. Podemos imaginar la bronca que le habrá caído en casa, ya saben: mira que eres inútil, te dije que tuvieras cuidado, que los escritos para la prensa los carga el diablo. La rubia de bote ha de tener un humor de perros.

Pero es que los demás diarios no han hecho una sola referencia al caso. El País y la SER, en su nueva deriva con Mangurrián al mando de PRISA, están ya en la misma sintonía. Los medios regionales parecen no haberse enterado. Y los de la izquierda, como se ha dicho arriba, han hablado en voz baja, por la cuenta que les trae. De todas formas, a mí me parece demasiado silencio para un tema tan grave. Me huele más a reacción gremial del mundo del periodismo: vamos a correr un tupido velo, para que la gente no se dé cuenta de lo malos profesionales que somos todos. Al fin y al cabo, Arcadi es uno del gremio, incluso con un pasado en las páginas de El País. También podemos pensar en una reacción de corte mafioso: ojo con hacer mucha sangre con esto, que tú también tienes tus trapos sucios y los podemos sacar a ventilar. No sé, elijan ustedes lo que les parezca más plausible.

4.- La explicación del propio diario. Aunque en los grandes medios el tema no se ha aireado, por redes el asunto se ha comentado y desde El InMundo han tenido que salir al paso para que no creciera la bola de nieve. Y la explicación es igual de acojonante que el hecho en sí. Dicen de fuentes de ese diario que para nada se ha tratado de un error, que ellos revisan todo y sabían perfectamente cuál era el sentido del texto que estaban publicando. Que se trata de un texto irónico, que pretende actuar como contrapunto de la euforia generalizada de la nación española, haciendo ver que uno u otro estado de ánimo dependían de una pelotita que, lo mismo que entró en la portería, podría haberse marchado fuera. Que el problema lo tenemos los lectores, sobre todo los de izquierdas, que no sabemos captar la ironía del autor.

La explicación es casi más vergonzosa que la propia metedura de pata; revela que El inMundo considera a sus lectores idiotas perdidos. Tan tontos como para tragarse semejante teoría, por no hablar del hecho cierto de que, en cuanto se dieron cuenta, lo eliminaron de su página Web. Además, ¿alguien puede encontrar una micra de ironía en el fúnebre texto que les he transcrito? Pero este tipo de excusas tiene unos cuantos antecedentes en el PP. El más famoso, cuando la señora Ayuso estaba escuchando en el Congreso a Pedro Sánchez y la cámara la enfocó en el momento en que este se refería a los negocios turbios de su hermano con las mascarillas. No hacía falta ser lector profesional de labios para ver que esta señora dijo con toda claridad qué hijo de puta. Pero luego, todo el partido cerró filas en torno a la explicación delirante de que lo que había dicho era me gusta la fruta. Incluso fabricaron camisetas con ese lema.  


Y hay un caso más reciente: el del señor Rajoy cuando dijo hace unos días que la selección francesa jugaba sin franceses de verdad (le faltó añadir: son todos negros), generando un incidente diplomático, por el que no tuvo a bien disculparse. Aquí el problema también era nuestro, que no sabíamos captar la ironía de este rancio sujeto. Bien pensado, manda carallo que hayamos tenido a este señor de presidente durante seis años y medio, un tipo que según propia admisión, no leía un solo libro al año, sólo ojeaba el Marca por las noches, para ayudarse a coger el sueño. Con ese bagaje intelectual, no es de extrañar que el periódico de la derecha eclesiástica El Debate le encargara escribir una crónica de cada uno de los partidos de España en el pasado Mundial (ahí fue donde dijo lo de la selección francesa). Pues bien, el primero de estos artículos, empezaba con un párrafo que les voy a transcribir, porque creo que sintetiza perfectamente la hondura ontológica de este caballero. Ahí va.

En el fútbol, lo que de verdad importa es meter más goles que el rival. Si no lo haces, pierdes. O, en el mejor de los casos, empatas. España fue incapaz de hacer un gol, tampoco recibió ninguno y, por eso, el resultado fue de 0-0.

Sí señor. Con dos cojones. El rey de la perogrullada ataca de nuevo. El tipo que decía que los catalanes son muy españoles y mucho españoles, o que es el vecino el que elige al alcalde y es el alcalde el que quieren los vecinos que sea el alcalde, en estado puro. Le encargan una serie de columnas sobre el único tema del que parece ser un poco experto y su primer artículo empieza por el párrafo que acaban de leer. Podría haberlo cerrado con un ¡Viva el vino! Como dice un amigo mío, al final va a resultar que el misterioso señor M.Rajoy es Pedro Sánchez. Que pasen un buen verano.

miércoles, 22 de julio de 2026

49. Doce días vertiginosos

Sí señor, doce días de blues y fútbol a todo trapo, que me dispongo a contarles en plan diario. Doce días en los que me he centrado en diversos temas, olvidándome del calorazo que nos agobia, así como del coñazo del caso Zapatero, dos circunstancias que nos tienen agobiados y que hoy martes han renacido como la mala hierba. Me hace gracia que se hable ahora de la tercera ola de calor: pero qué tercera ola ni que niño muerto (expresión esta en desuso pero muy corriente cuando yo era uno de esos niños de la casi posguerra). Repito: qué tercera ola ni que niño muerto, si llevamos mes y medio con un calor insufrible. Prácticamente desde el uno de junio, aquí en Madrid no hay quien pare; yo me paso los días encerrado en mi ático, protegido por el aire acondicionado que he de tener conectado todo el día. No les extrañe, pues, que me apunte a todos los bombardeos bluesísticos y futboleros que pueda. Pero, después de estos doce días de alivio, aquí estamos otra vez, bajo el calor asfixiante y con la radio hablando todo el rato de Zapatero. Vayamos pues con el diario.

Jueves 8 de julio. Después de un miércoles típico, en que madrugué para salir a correr al Retiro a la única hora en que resulta recomendable ese ejercicio y luego caminé hasta Chueca para comer con mi última jefa Silvia y mi querida compañera M. a modo de despedida hasta la vuelta del verano, el jueves me levanté algo más tarde y asistí a mi habitual clase de inglés on line hasta las 10.30. Necesité una hora más para diversas tareas: terminar de hacer mi maleta para una salida de cuatro días, tender los toldos de la terraza, asegurarme de que el riego estaba en orden y que las plantas de interior tenían agua suficiente y dejarle comida y bebida a Tarick Marcelino en tres puntos diferentes de la casa para prevenir la eventualidad de que vuelque alguno de ellos y se quede sin agua. El bueno de Tarick llevaba ya desde el día anterior con un mosqueo regular, como siempre que me ve empezar a ordenar mis cosas para la maleta, ceremonial que le entristece visiblemente.

Provisto de mi maleta pequeña (la que me regalaron mis colegas de trabajo con motivo de la jubilación, hace ya más de cinco años) y también con la guitarra española en su funda, bajé al garaje, arranqué el Toyota y me dirigí a Vallecas a recoger a mis colegas musiqueros, Henry Guitar y Críspulo el batería, que ya me esperaban al fondo de la Avenida de la Albufera. Cogimos carretera y nos dirigimos hacia Béjar, municipio mediano del sur de la provincia de Salamanca, que muchos consideran un pueblo, aunque tiene el título de ciudad desde hace varios siglos. Allí se viene celebrando anualmente uno de los mejores festivales de blues de España al que ya es la tercera vez que asistimos. Este año, el cartel del Festival de Cazorla, en Jaén, era mucho más interesante, con motivo de su treinta aniversario: Walter Trout, Charlie Musselwhite, Mike Zito, Ghalia Volt y otros.

El problema de Cazorla, a donde fuimos Henry y yo en 2022 para ver a Samantha Fish, es que tiene el inconveniente para nosotros de que no conocemos ningún alojamiento cercano a la plaza de toros del pueblo, donde tiene lugar el festival. En el año 22, nos alojamos en un hotel a diez kilómetros, lo que nos suponía hacer ese recorrido de vuelta a las cuatro de la mañana, bien servidos de alcohol, con el riesgo de encontrarnos con un control antidoping, o bien pasarnos toda la velada bebiendo menos para conducir después con garantía. En Béjar, como les he contado otras veces, controlamos una casita a cinco minutos a pie de la plaza de toros y con magníficas vistas a la sierra, lo que hace todo más llevadero. En 2023 la localizamos por primera vez y vivimos un festival genial. No pudimos repetir en 2024, a cuenta de mi viaje de vuelta al mundo y teniendo en cuenta que soy yo el conductor oficial, o gorrilla, del trío.

El año pasado llamamos a la dueña y nos dijo que nos reservaba otra vez la casa, así que repetimos la jugada. Al despedirnos, nos la ofreció también para este año, salvo que la llamáramos para cancelar, y lo mismo este año para el que viene; somos ya como de la familia. En fin, hicimos el recorrido de un tirón, apenas tres horas de carretera y llegamos a tiempo de comer en el restaurante Casa Senén-La Alegría del Castañar, a donde nos fuimos directamente. Es un lugar fresco, con una terraza bajo un emparrado magnífico y donde se come estupendamente, con especial mención al morro de cerdo con tomate, bien cargado de pimentón de la Vera, capaz de recuperar a un muerto. Abajo unas fotos de nuestro almuerzo. Luego fuimos a casa de Cristina, nuestra anfitriona, que nos hizo entrega de la llave. Tomamos posesión y nos obsequiamos con una siesta de reglamento.


Duchados y acicalados, cogimos el coche para ir al centro urbano, donde aparcamos sin problemas. Allí, delante del bar La Alquitara, se celebran los conciertos complementarios del festival, y el jueves había ya un primer concierto de bienvenida a los viajeros. Visitamos primero a nuestra amiga Susi, a la que conocimos en 2023 y que este año trabaja en otro bar cerca de la Alquitara. Susi tiene un hermano que regenta un restaurante español en Londres donde yo fui a comer un día, durante mi última visita a la City. Continuamos la ronda en el bar Eladio, que tiene unos pinchos de buena calidad. Y escuchamos a la banda que tocaba en la calle, formada por dos hermanos gordos y barbudos que interpretaban a Jimmy Hendrix con cierta soltura. Finalizado el concierto y las copas, buscamos el coche y nos retiramos a nuestros aposentos.

Viernes 9 de julio. Iniciamos ese día nuestra rutina habitual de cada año. Alertados por la alarma que habíamos preparado por la noche, nos levantamos a las siete, para ver el encierro de San Fermín, una tradición que no desatendemos nunca, porque Críspulo es taurino y no perdona un encierro. Después nos tomamos un café con unas galletas que nos había dejado Cristina, estuvimos un rato improvisando con las guitarras y luego nos fuimos de excursión. En años anteriores, habíamos visitado Candelario, Hervás y La Alberca. Decididos a no repetir, escogimos esta vez Baños de Montemayor, un pueblo con balneario bastante bonito, con dos iglesias diferentes, correspondientes al momento histórico medieval, cuando la parte norte del pueblo pertenecía a Salamanca y la parte sur a Extremadura. Ahora es un solo municipio extremeño, igual que Hervás, un poco más al sur.

Después de dar una vuelta por los lugares de más interés, nos fuimos a un bar junto al balneario principal, rodeado de abuelos disfrutando del lugar, a mejorar nuestro desayuno, con otro café con leche y lo que en el sur de España se conoce como media tostada, con aceite, tomate, sal y jamón. Compramos rosquillas para acompañar nuestros cafés post-sanfermines. Hicimos una parada en un restaurante del camino de vuelta, que se llama El Solitario y tiene unas magníficas vistas a todo el valle. Allí nos sentamos un buen rato a tomar un refresco y contemplar el paisaje. Y yo me hice la típica foto haciendo el mono, ya pensando en subirla a mi crónica.  

De vuelta en Béjar, puntuales a la una para ver otra actuación frente a la Alquitara, nos tomamos las copas correspondientes en el bar de Susi y en el Eladio, mientras escuchábamos a un grupo encabezado por una cantante, a la que acompañaban un bajo y nuestros conocidos Pablo Sampa a la guitarra y Antonio Pax a la batería, a los que saludamos. A mediodía cogimos el coche a nuestro alojamiento y caminamos hasta Casa Senén, para darnos otra comilona y tener la casa cerca para la siesta reglamentaria. Después, nuestra rutina: guitarreos, duchas y otros entretenimientos, antes de salir, bien maqueados y perfumados, en dirección a la plaza de toros de Béjar, que presume de ser la más vieja de España. En la entrada, nos pusieron la pulsera azul fosforito, que te permite entrar y salir del recinto todas las veces que quieras y accedimos al coso, donde daba un sol poniente amoratado y débil. Allí nos hicimos la foto para la Historia.  


Nos encontramos por allí a mi amigo José Luis, de Jaén, que cada año organiza con su hermano Rafa el festival de blues de Torreperogil, al que nunca hemos ido porque es el 15 de agosto, una fecha muy mala. Hablamos un rato y comprobamos que todos veníamos al festival para ver a Jackie Venson, de la que luego les hablo y que tocaba por primera vez en España. Nos fuimos a la primera fila y asistimos al primero de los conciertos, un negro de Texas cuyo nombre no recuerdo y que era bastante bueno para abrir boca. A las diez empezaba el segundo artista y se nos planteó un dilema. Teníamos que cenar algo, no nos íbamos a acostar en ayunas. Y además, si salíamos en ese momento, podíamos ver el segundo tiempo del España-Bélgica. Así que nos acercamos al Senén, el único lugar decente del entorno y allí nos picamos algunas cosas con unas cervezas, mientras veíamos el partido, de medio lado en una pantalla grande que habían instalado.

Les confieso que, de este Mundial recientemente terminado, he visto únicamente los partidos de España, excepto el de Uruguay, que era a las dos de la mañana. Con Bélgica acabamos ganando y, nada más terminar, volvimos al festival a ver el final de la actuación del veterano Elliot Murphy. Es este un cantautor de setentaytantos años, a quien yo vi de joven en la desaparecida sala MM y me pareció un triste. Después, he leído que se instaló en París, porque un cantante protesta no tiene mucho que hacer en los USA y menos ahora. Eso explica el hecho de que venga por aquí casi todos los años. Escuchamos su última canción y dos propinas, bastante brillantes, porque le acompañaba un grupo potente, con una violinista virtuosa que le daba mucho cuerpo al asunto. Terminado el anciano Murphy, volvimos a coger sitio adelante para ver a la estrella de la noche, de quien no sabíamos nada.

El tipo atiende por Eric Sardinas y es un hortera refinado, que toca a un volumen ensordecedor, acompañado solamente por un bajo con aires de zombie y un batería explosivo, ambos negros. Su música es una especie de barullo descomunal tocada de forma vertiginosa, en la que no se advierte si falla una nota, y además da igual. A mí no me gustó nada, pero, para mi estupefacción, había parejitas de rockeros que se sabían las letras y se las coreaban entre ellos con arrobo de enamorados. Que haya gente que se sabe sus letras supone que este sujeto graba discos con ese ruido demoníaco y que hay gente que los compra y se los pone en su casa hasta que se los aprende. Todo ello muy sorprendente. Nos dejó tan agotados, que nos subimos a las gradas para ver al último grupo de la noche.

Eran estos un trío clásico de rockabilly: guitarra y voz, contrabajo y batería, que estaba formado por tres músicos belgas veteranos, muy buenos y muy animosos y simpáticos. Un bálsamo, después del coñazo del Sardinas. Mostraron su pena por haber perdido con España, y nos desearon suerte en el resto del campeonato. Su música era bastante refrescante y nos quedamos hasta el final de su actuación. Luego desfilamos con toda la concurrencia y nos fuimos a casa, a donde llegamos a las tres de la madrugada y volvimos a poner el despertador a las siete. Globalmente, el primer día de festival no fue demasiado brillante. Nada que ver con el cartel de Cazorla de este año. Pero recuerden que nosotros veníamos a ver a Jackie Venson.

Sábado 11 de julio. Después de haber dormido tan poco, no teníamos el cuerpo para otra excursión mañanera, así que, tras el encierro de turno, entretuvimos parte de la mañana con las guitarras y nos obsequiamos con un merecido desayuno con media tostada en el hotel Los Duques, que está por allí al alcance. Bajamos luego al centro de Béjar y estuvimos viendo el mercadillo de los sábados, donde rebuscamos en busca de regalos para nuestros respectivos compromisos. A la hora del vermú, repetimos de lugares, volvimos a escuchar a Sampa, Pax y los demás, nos despedimos de Susi y enfilamos para el Senén y la siesta correspondiente. Por la tarde teníamos la gran cita por la que habíamos venido a Béjar. La gran Jackie Venson. Vean en primer lugar una foto actual de la chica.

Jackie es de Austin, Texas, y tiene como treintaytantos. Conscientes de su potencial talento musical, sus padres la mandaron a la prestigiosa Berkeley Music School, de Boston, al otro lado de los USA, para que estudiara piano y composición. Se graduó tres años después, en 2018, pero ya ese último año descubrió la guitarra eléctrica y decidió que era mucho más divertida que el piano. Empezó entonces a componer, cantar y desarrollar su arte, que no se parece al de nadie. Su música es original, alegre, poderosa y se nota mucho su formación clásica. Además, esta chica pasa ampliamente de las grandes discográficas multinacionales. Con su hermana Christina ha montado una pequeña productora propia, en la que va a su bola. En su primera visita a España, ha tocado en sitios tan raros como Bergara, Palencia y Zaragoza.

Así que el viernes repetimos nuestra deriva del día anterior: vimos la primera actuación, de una inglesa de origen jamaicano que hacía un soul bastante estándar, y salimos a cenar al Senén, aunque ese día no había partido. De vuelta, pillamos un tramo largo de la segunda performance. Sus responsables eran el gran guitarrista Vasti Jackson, a quien vimos el año anterior, como parte del súper grupo The Kings of the Blues, esta vez acompañado por la veterana cantante de soul Toni Green. Sonaban bien y les grabé un pequeño clip que les reproduzco abajo, con la calidad de sonido que se obtiene normalmente con un móvil en medio del barullo de la gente, pero que les dará una idea del tipo de cosas que se pueden ver en esta clase de festivales.

Al acabar estos dos grandes y veteranos músicos, la gran mayoría de los asistentes se fueron a pillar cervezas y lo que pudieran. Y nosotros tres aprovechamos para situarnos en la primera fila, agarrados a las vallas, para escuchar a nuestra admirada Jackie. Miramos alrededor y al lado estaban nuestros colegas de Torreperogil. La expectación era máxima. Christina, la hermana de Jackie estaba en el escenario dirigiendo todo el asunto técnico, pruebas de sonido, conexiones, etc. Es idéntica a Jackie, no sé si son gemelas, hasta el punto que llevaba una camiseta con un gran letrero que rezaba: no soy Jackie. Esta artista toca a menudo con un teclista, un bajo y una batería. Pero en su venida a España, sólo la acompañaba el batería; toda la parte de bajo y teclados la trae pregrabada y la desarrolla ella con sus aparatos, lo que comporta una coordinación bastante difícil.

Salió Jackie a escena, con el batería, que está completamente ciego; de hecho, Christina lo guió hasta su asiento, en donde tanteó entre los platillos para orientarse. Y empezó el show. Ciertamente asistimos a una actuación portentosa, que hizo que nos mereciera la pena este viaje. Jackie desarrolla una música original, única, que bebe del blues, de Jimmy Hendrix, de Laurie Anderson y de muchos otros. A veces, intercalaba algún mínimo silencio y no se escuchaba ni una mosca, con el barullo que suele haber en estos festivales a esas horas de la noche y con la gente bien puesta de alcohol y lo demás. El público estaba estupefacto ante tanta belleza. Le pregunté a Henry qué le parecía y me dijo que se estaba reprimiendo para no llorar. Algo así sentíamos todos. José Luis, el hombre de Torreperogil, estaba lívido, escuchando con la máxima atención. Le grabé varios clips, pero ustedes no se merecen escuchar a Jackie Venson con esa calidad ínfima, así que les voy a pedir que vean un video de Youtube de hace tres años. Es un blues clásico, no es el corte más original de esta mujer, pero da una idea de su arte, de su virtuosismo, de su alegría, de su personalidad arrolladora. Pantalla grande, por favor.

En el escenario emplazó a los que quisieran a reunirse con ella después, para comprar sus discos, camisetas y demás merchandising, además de charlar un rato y hacerse fotos con ella. La actuación fue apoteósica y, sin decir nada, nos fuimos a buscar unas cervezas en los puestos de venta dentro de la plaza de toros. La necesitábamos, porque estábamos alucinados. Mientras, se organizó una larga cola para las fotos y la firma de discos. Comentando lo que acabábamos de ver, los tres decidimos que ya no queríamos quedarnos a ver al cuarto artista, que cerraba el festival. Después de lo que acabábamos de ver, ninguna otra música nos podía interesar. Nos sentamos por allí, mientras preparaban el escenario. La cola con Jackie se iba reduciendo, así que nos pusimos al final.

El cuarto artista había empezado ya su actuación, cuando abordé a Jackie (soy el único que habla un poco de inglés) y le dije que nosotros éramos un trío muy veterano de músicos, que no le habíamos comprado nada, pero que nos había encantado su forma de cantar y queríamos una foto con ella. Se rió mucho, dijo que por supuesto y nos dio unos abrazos tan pasionales como su música. A instancia de Críspulo le aclaré que él era nuestro batería y que apenas ve nada tampoco. Eso le valió a mi colega un abrazo adicional aun más sentido. A propósito, habíamos oído por ahí que Jackie vendría a Madrid para presentar el Festival de Blues de Moratalaz, pero no sabíamos si era un bulo. Nos confirmó que era cierto, quedamos en vernos de nuevo en Moratalaz y nos hicimos la foto deseada. Abajo la tienen. Después caminamos hasta nuestro cubil, bajo una hermosa noche estrellada extremeña, sumidos en una sensación muy cercana a la felicidad suprema.   

Domingo 12 de julio. Después del portento al que habíamos asistido la noche anterior, el domingo no tuvo mucho que contar. Vimos el encierro, tomamos nuestro café con rosquillas, hicimos las maletas, las llevamos al coche y pasamos a despedirnos de nuestra anfitriona Cristina (y a pagarle el alojamiento). Nos aseguró que para el año que viene tenemos la casa reservada. Cruzamos al hotel Los Duques, donde desayunamos con José Luis y su hermano, que cada año se alojan allí. Y cogimos la carretera. Hasta el bar gallego El Dolmen, en Vallecas Villa, junto a la casa de Críspulo, donde nos tomamos unos dobles que nos entraron fenomenal. Dejé luego a Henry en su puerta y me fui a casa. Tarick Marcelino, que en ocasiones similares suele empezar a maullar en cuanto escucha el ascensor, esta vez me castigó con un silencio sepulcral. Pero le duró poco: enseguida se puso tan cariñoso y remolón como de costumbre y descansamos juntos toda la tarde.

Lunes 13 de junio. Día de transición sin grandes novedades. Inmersión en el calor extremo y recopilación de recuerdos tras unos días tan intensos. Los lunes suelo ir a yoga por la tarde y comer luego en el restaurante Viet Nam, donde soy ya un cliente habitual. Ese día, la chica que suele atenderme decidió invitarme a la cerveza. Revisé la cuenta y le dije que no tenía por qué. Entonces me dijo que yo le recordaba a su abuelo y ella nunca le cobraría una cerveza a su abuelo. Esto que les cuento es un paso más en mi decadencia como smooth operator, o ligón respetuoso. Hace años que muchas chicas de las que me gustan empezaron a decirme que les recordaba a sus padres respectivos; ya saben lo que decía Campoamor: las hijas de las mujeres que amé tanto, me besan ya como se besa a un santo. Pero ninguna me había dicho que le recordara a su abuelo. La vida.

Martes 14 de julio. Ese día recuperé mi clase de inglés, hice varias compras y me preparé para ver el partido España-Francia en casa de mi chica, a la que no le gusta el fútbol, pero esto era algo que trascendía al mero fútbol: eran las semifinales del Mundial, el día de la Fiesta Nacional en Francia, el adversario presumía de ser el favorito y todo el país estaba pendiente de este partido, con el inmenso alivio para mí de que no se hablara de Zapatero y otras desgracias. El partido fue fabuloso, como supongo saben o vieron; España dominó de principio a fin y remató con un gol espectacular de Pedro Porro, a quien llama la gente Pedro Canuto, Porrito de Don Benito y otros motes hilarantes, pero es un futbolista superlativo.

Miércoles 15 de julio. Salí a correr a las siete de la mañana y aun así hacía bastante calor, por lo que terminé bastante agotado. Normalmente, habría visto el otro partido de semifinales, Argentina-Inglaterra, que hubiera sido el primero que viese sin que jugara España. Pero yo tenía ese día otro compromiso. A las nueve de la noche tocaba en la Sala Villanos, a diez minutos de mi casa, mi querida amiga Ghalia Volt, la chiquita belga que vive en Nueva Orleans y a la que hace unos años guardé las guitarras en mi casa. En 2023 viajé a Baeza sólo para verla actuar en el Teatro-Café Central y el año pasado la vimos en la sala Rockville. Mis amigos no me acompañaron esta vez, pero yo tenía que ir y caminé solo hasta el lugar, en medio del calor sofocante. Había muy poca gente en la sala, tal vez estaba todo el mundo viendo el fútbol. Me situé en la primera línea, como me gusta, y nos saludamos con un gesto y una sonrisa nada más salir a escena.

Ghalia hace un blues muy típico del Mississippi y toca con una energía grande, si bien como es lógico, prefiere que haya más gente para recibir el feedback y venirse arriba. Estuvo bastante bien, tocó varios de sus clásicos y, en un momento dado, proclamó que ella venía a Madrid porque quería y que le daba igual que hubiera lleno o media entrada, porque ella iba a seguir viniendo por aquí siempre. En otro momento empezó a gritar: ¡¡Emilio!! ¡¡Emilio!! Pensé que se dirigía a otro y me señalé el pecho incrédulo. Sí, Emilio, no conozco a ningún otro Emilio. No esperaba que se acordara de mi nombre. Luego preguntó: ¿Cuándo vas a venir a América de una vez? Le aclaré también a voces que ya había hecho el viaje del que le hablé, hacía dos años y se quedó de piedra. Al final del concierto le compré un vinilo de su último disco; me lo firmó (para mi Emilio), me regaló un vaso de chupito y nos hicimos las consabidas fotos que les muestro. 




En la última pueden ver que no les miento respecto a su dedicatoria. Me dijo que le había gustado mucho verme, como siempre y que volvería por Madrid el año que viene. Un encanto de mujer. Y ahora la pregunta del millón: ¿me verá ella también como a su abuelo? Ahí lo dejo. El caso es que volví caminando tranquilamente a mi casa. Al salir de la Sala Villanos miré mi móvil: Inglaterra ganaba 1-0 casi al final del partido, de lo que me alegré porque pensé que sería un rival más fácil para nosotros en la final. Pero, llegando al frente del Reina Sofía, sonó un alarido que venía de muchas ventanas y locales: había empatado Argentina. Me acerqué a un bar de la plaza en el que tenían una pantalla exterior. Y entonces se duplicó el alarido. Argentina había ganado y sería nuestro rival en la Final. El partido del siglo.

Jueves 15 de julio. Otro día para la locura. Por la mañana tuve inglés de nuevo, pero por la tarde no tenía derecho a descansar, en medio de la expectación generalizada por el partido del siglo. La presencia de Jackie Venson en Moratalaz era de verdad. A las siete estábamos convocados en el Centro Cultural El Torito, donde he dado yo unas cuantas charlas organizadas por la Junta de Distrito. El festival de Blues de Moratalaz se suele celebrar en septiembre, con acceso gratis en un parque del distrito y tal vez recuerden que yo he asistido varias veces y se ha reseñado en el blog. Pero el año pasado no se celebró. Este año han decidido recuperarlo y han tirado la casa por la ventana organizando un concierto de Jackie Venson para el acto de presentación.

El concierto era gratuito, pero había que sacar entradas en el lugar, no más de dos por persona, que se pondrían a la venta dos días antes. Mis amigos se encargaron de ponerse en la cola y allí nos vimos para presenciar otro concierto fabuloso, aunque esta vez ya sin el factor sorpresa. La sala tiene una cabida de 200 personas y estaba a reventar. Y allí aparecieron Christina conectando todo el equipo y acompañando a Rodney, el batería ciego. Y la gran Jackie con su guitarra y sus teclados. Al final, de nuevo nos reunimos con ella y abajo tienen el testimonio de nuestro nuevo encuentro. 




Todas estas fotos las tomé yo para inmortalizar el momento, pero después quise salir también para que nadie pensara que no estaba. Y abajo tienen el resultado.


Viernes 17 de julio. Después de haber dormido lo justo, madrugue de nuevo este día por un motivo discordante con lo que vengo contando en este post. A las nueve en punto debía estar en un aula de la Facultad de Ciencias de la Información, para dar una clase de dos horas a los titulados de diversas carreras que han venido de toda Latinoamérica a cursar el Máster de Urbanismo y Gestión Urbana de la Complutense. Ya he dado esta clase otros años y me alegra que me sigan llamando. Este año incorporé a mi discurso un tramo sobre Madrid Nuevo Norte, antes Operación Chamartín, y otro final sobre el nuevo Plan Estratégico Municipal que prepara el Topillo, en coordinación con la Ley LIDER que está elaborando la señora Ayuso. Este es un tema que dejaré para desarrollar en otro post, que este ya está siendo muy largo.

Sábado 18 de julio. Tampoco pude descansar demasiado ese día, porque eran las fiestas del Distrito de Puente de Vallecas y mis dos colegas quisieron estar en la celebración y asistir al concierto de Santiago Auserón. No hay mucho que contar aquí, apenas vimos el concierto, pero logramos encontrar una mesa libre en la terraza de The Godfather, donde he visto yo varios conciertos locales de rock. En medio de la masa que atestaba las calles, fue todo un triunfo encontrarla y disponer de un lugar en donde comentar tranquilamente los acontecimientos vividos en los días anteriores.

Domingo 19 de julio. Y llegamos al gran día, el del mejor partido de futbol de todos los tiempos. Fui a yoga por la mañana, acudí a una comida familiar a mediodía y ya me quedé para ver el gran espectáculo. España volvió a jugar fenomenal, pero le costó doblegar a una Argentina correosa que, consciente de ser inferior, lo fió todo a llegar a la tanda de penaltis, en donde llevaban ventaja por tener un portero especialista en pararlos. Por diez minutos no lo lograron y pudimos dar rienda a toda la tensión acumulada (recuerden que el Mundial empezó el 11 de junio). Esta forma de jugar ante equipos superiores practicando el antifútbol, es la especialidad del señor Mourinho, de quien espero que se estrelle este año en el Madrís. Volví a casa en un taxi, por no haber ya a esas horas servicio de autobuses. El taxista atravesó con dificultad la masa de automovilistas haciendo sonar sus cláxones con las banderas al viento.

Lunes 20 de julio. Ultimo día de esta docena de fechas de locura. Al ser lunes, volví a hacer una sesión vespertina de yoga, de la que salí sudando a chorro. En el restaurante vietnamita me volvieron a invitar a la cerveza con la que acompañé unas gyozas y un pho, que me recuperaron las energías. Y, al salir, me atrapó una especie de onda gravitatoria que me llevó en sentido contrario a mi casa. Una masa de gentes de todas las edades caminaba decidida, enfundados en sus camisetas de la selección española, en dirección a Cibeles. Pensando que el bus de la selección llegaría por Gran Vía como en otras ocasiones similares, me dirigí allí, pero en la Gran Vía sólo había otro río de gente vestida de rojo. Consulté el móvil y me enteré de que el bus llegaría por Serrano. Así que bajé hasta Libertad, luego tomé Barquillo y Prim, a duras penas logré cruzar la abarrotada Castellana y llegué a la Puerta de Alcalá, a coger un buen punto de observación.

Llegaron primero una batería de furgones de la policía. Y enseguida el bus, con Rodri subido en el frontal, y Cucurella y Borja Iglesias y todos los demás. Me sumé al alarido general mientras el bus pasaba despacio por la plaza. Detrás del bus, un batallón de policías a caballo resguardando un espacio libre de seguridad. Y luego la masa avanzando decidida, como si no hubiera un mañana. Intenté cruzar la riada, pero apenas podía moverme. Con algunos compañeros hicimos cuña y empezamos a avanzar muy despacio. Una chica se desmayó por el calor y la gente la llevó en volandas a un lateral en busca de una silla de terraza. A cámara lenta, logramos llegar a la acera este de Serrano. Allí la cosa se aliviaba y pude seguir hasta meterme en un abarrotado Retiro, en donde busqué los caminos que la gente no conoce. Llegué a casa bastante cansado, pero también feliz. Según la prensa, dos millones de gentes se lanzaron a la calle, de los poco más de siete que tiene el Área Metropolitana de la ciudad. Y yo formé parte de semejante locura.

Hoy es ya martes, la locura se ha terminado y hemos vuelto al calor asfixiante y al tema Zapatero, qué hartura. La nueva normalidad. Sinceramente, no me hubiera importado seguir unos días más con el blues y el fútbol. Como no se puede ni salir a la calle por el calor, pues he decidido aprovechar el encierro para escribir para ustedes. Lo único es que estoy terminando después de las doce de la noche. Así que ya lo dejo para publicar mañana. Con el calor no sé si podré salir a correr. Mañana se lo cuento.  

                                                             *   *   *

P.D. Ya es miércoles, finalmente he salido a correr a las siete y aun así he pasado bastante calor. Luego he desayunado, he repasado este texto y estoy listo para publicarlo. El bochorno es hoy especialmente agobiante y la radio la he tenido que apagar, que no quiero saber nada más de Zapatero, hombre. Ahora hay dos versiones, la del amigo traidor y los corruptores que han optado por la llamada via Aldama, a ver si se libran del trullo, y la del propio Zapatero. Si quieren que les diga la verdad, yo me inclino más por creer la primera. ¿Quieren saber por qué? Pues precisamente por los nombres dados a las empresas pantalla: Análisis Relevante e Inteligencia Prospectiva. Estos nombres recuerdan a la Alianza de Civilizaciones, lo de que bajar los impuestos es de izquierdas y otras lindezas. No es difícil llegar a la presunción de que todo viene de la misma pluma. Y encima con un juez dilucidadando quién miente y quién dice la verdad. Qué Dios le ampare a este señor. Sánchez deberá dejarlo caer en algún momento si quiere llegar al final de la legislatura. Asi que: que ustedes lo pasen bien. Y no se quejen del calor, que no hay mal que cien años dure.

viernes, 3 de julio de 2026

48. Caretos y alharacas

Desde el horno madrileño de cada verano, esta vez adelantado y extendido en forma de ola de calor europea, tomo impulso para tratar de escribir algo nuevo para ustedes, porque me veo entrando en una especie de espiral descendente, en la que no sé si es que no escribo porque estoy desanimado o, por el contrario, estoy desanimado porque ya no escribo. Estas cosas suelen ser procesos evolutivos que se realimentan mutuamente y con los que hay que tener cuidado, porque ya saben que el desánimo es la antesala de la depresión, la enfermedad consustancial de esta era disparatada.

La edad que ya voy teniendo es un factor a tener en cuenta, además de las cornadas que te va dando la vida y, encima, con este calor insoportable que amenaza con no aliviarse hasta bien entrado octubre, qué hartura. Para colmo, hay obras en todas las viviendas colindantes con la mía, con su corolario de ruidos ensordecedores, polvo y sentimiento de insularidad acrecentado: no se puede salir a la calle por el calor y la sobredosis de turistas arrastrando maletas enormes por las aceras colapsadas, y dentro de casa no se puede estar tampoco por el estruendo de los albañiles desenfrenados.

No se crean que me faltan entretenimientos; el domingo pasado, sin ir más lejos, participamos mis colegas y yo en una jam session en el mismo antro donde celebré mis 75, con un resultado bastante deficiente en cuanto al sonido y los medios técnicos disponibles, pero aceptable por parte de los músicos, que al menos le pusimos esfuerzo y una moral a la altura de la del mítico Alcoyano. Ya les contaré algo al respecto, si viene a cuento. De momento, enlazaré con el post anterior en el que les hablaba del coñazo de la visita del Papa que se preparaba. Sobrevivimos a esa ecuménica efeméride y entramos en la siguiente, que esto es un sinvivir planetario: el Mundial de Fútbol. Como ya saben, no soy un gran forofo del fútbol, salvo por lo que respecta al Deportivo de La Coruña, del que ya se hablará en un post específico; no en vano hemos vuelto a Primera División tras ocho años de penar por divisiones inferiores.

Pero, en fin, ahora mismo parece que ya no hay nada más importante que el Mundial: en los diferentes países, las celebraciones de cada gol retumban en los bares y plazas de todas las ciudades, en los barrios de chabolas y los extrarradios deprimidos, la gente celebra toda la noche y de pronto parece que ya no hay más problemas domésticos; por ejemplo, en Ecuador, el gobierno decretó un día de fiesta nacional para festejar que habían pasado a la segunda ronda, algo que también se replicó en Paraguay por similar motivo. Una precisión gramatical: por lo menos ahora se habla de el Mundial. Porque, los más viejos entre mis seguidores, tal vez recuerden que, en 1982, cuando se celebró en España, y en los años siguientes, todo el mundo se refería al evento como Los Mundiales y nunca conseguí entender a qué se refería ese plural.

Dentro de la avalancha de información al respecto, se manifiesta en toda su crudeza la ignorancia supina de los locutores y periodistas deportivos. Por ejemplo, la selección española ha estado todos estos días alojada en la coqueta ciudad de Chattanooga, en el estado yanqui de Tennessee, a la que los corresponsales se han referido todo el rato como un pequeño pueblito, cuando se trata de la cuarta ciudad del estado, por detrás de Nashville y Memphis, las grandes capitales del country y el rock, con una población cercana a los 200.000 habitantes. Y lo más sangrante: ni uno solo de estos plumíferos ha sido capaz de hacer una mínima referencia al clásico estándar de la música orquestal de baile Chattanooga Choo Choo, publicado por la orquesta de Glenn Miller en 1941, en plena Guerra Mundial, que era un cántico al ruidoso y alegre tren que partía desde la Penn Station de Nueva York en dirección a esta ciudad. Escúchenlo y les cuento algo más al respecto.

Yo he bailado ese tema en la Sala de Fiestas El Seijal, donde lo tocaban cada día las orquestas locales, como los legendarios Los Tamara, con su vocalista Pucho Boedo, ocasión que los zagales aprovechábamos para arrimar cebolleta en aquellos tiempos grises del franquismo crepuscular. Que nadie se haya acordado de esto, da el nivel de estos supuestos periodistas, a los que educan para cantar los goles como si les asaltara una súbita diarrea vocal, pero no tienen la más mínima cultura musical. Según leo en la Wikipedia, este tema que han escuchado, tiene en su haber el hito de haberse llevado el primer disco de oro de la historia, es decir, es el primer vinilo del que se consiguieron vender un millón de copias. Pero en este Mundial hay también algunas novedades y peculiaridades curiosas, por ejemplo, las llamadas pausas de hidratación, interrupciones en medio de cada uno de los dos tiempos (primero y segundo), supuestamente para que los deportistas beban un poco de agua, aunque en realidad son un simple truco para intercalar publicidad en los lapsus televisivos, a la manera tradicional de los deportes en los USA.

Además, ha aumentado el número de países participantes, de modo que habrá más de cien partidos, algo realmente insufrible. Yo sólo he visto los dos primeros de España, me salté el tercero porque era a las dos de la mañana y no me resultaba lo suficientemente atractivo (recuerden que, hace tres años yo solía trasnochar para ver los partidos de la selección femenina en Australia, donde finalmente ganaron aquel mundial). Ahora mismo, yo me siento atrapado en un barrio central de Madrid, convertido en parque temático para turistas y con un calor insoportable, lo que me impulsa a estar la mayor parte del día encerrado en medio del estruendo de las obras y solamente salir raterizo en contadas ocasiones a tomarme un vermú, al yoga o por alguna compra mañanera. Y en casa, prefiero ver alguna película del Netflix, porque la alternativa es sentarse a ver un Argelia-Uzbekistán, por decir algo, que, excepto como somnífero, apenas tiene el menor interés. 

Eso sí, de vez en cuando, combato el aburrimiento, el calor y el sentimiento de encierro e insularidad, haciendo mi reglamentaria pausa de hidratación, para calzarme una Estrella Galicia con unos panchitos, en compañía del bueno de Tarick Marcellino, que prefiere el calor al frío invernal. Otra de las innovaciones de este mundial es que a cualquier jugador que se tape la boca con la camiseta para decirle algo a un contrario, se le saca inmediatamente tarjeta roja y se le expulsa del campo por presuponer que ha proferido un insulto. Ya le ha pasado al menos a uno y me parece una buena medida, porque los jugadores son bastante malhablados. Si la prohibición de taparse la boca se aplicara en el Congreso, deberían expulsar a la portavoz de Junts pel tres percent, de acuerdo con la foto que les muestro abajo. 

Lo cierto es que a Feijoo, Tellado y sus colegas, habría que expulsarlos también, aunque no se tapan la boca para insultar a Sánchez todo el rato. En la pasada liga española esta norma no se estimó necesaria y así sucedía que, por ejemplo, en los minutos finales del partido Valladolid-Dépor, en el que mi equipo certificó el ascenso a Primera, el árbitro expulsó a un jugador argentino del equipo local y escribió en el acta del partido que la expulsión fue “por dirigirse a mí en tono airado en los siguientes términos: sos un pelotudo, la concha de tu madre”. Pues cosas peores se dicen cada día en nuestro maltratado Parlamento.

Nada, que al final acaba uno hablando de lo que no quiere hablar. Es que en este momento hay algo todavía más pesado y estomagante que el calor, los turistas y las obras en la casa de al lado todo junto: la actualidad política nacional. Como ya les he repetido hasta la saciedad, yo no soy un analista político cualificado y, si de algo puedo alardear es de tener una sabiduría, adquirida con la edad, sobre las personas y su aspecto. Ya conocen mi tesis: la gente parece lo que es y finalmente es lo que parece. No sé, por poner un ejemplo, a mí me basta un simple vistazo a la imagen del hermano director de orquesta del presidente Sánchez, para convencerme de que estoy viendo a un hombre bueno, en el sentido en que lo definía Antonio Machado. Vean una foto y a ver si entienden lo que les digo.

Sin embargo, en el otro extremo del espectro ético, vean los caretos de estos dos elementos, a los que caracterizaremos con precisión, a saber: el mamporrero de Ábalos y el mamporrero de ZP.


A lo mejor soy yo, que estoy mayor y veo lo que quiero ver, pero a mí me parece que estos dos elementos tienen muchos rasgos en común. Esa barba entrecana y medio recortada, esa mirada torva, ese aire conspirativo, entre valleinclanesco y siniestro. Rasgos todos ellos inquietantes. Es más, es que me resulta insólito que ciertos políticos sean todavía capaces de confiar los entresijos de sus corruptelas a personajes con esa pinta. Hace un montón de años ya supimos de la categoría moral de Luis Roldán, otro del mismo fenotipo, cuya foto ven abajo. Sin embargo, los políticos siguen confiando en fontaneros con ese tipo de caretos.

Y el ejemplo proverbial de sujeto que es lo que parece y parece lo que es, lo tenemos en el señor Feijoo, a quien en este blog le hemos asignado durante mucho tiempo el mote de Fake Jo-Oh. Véanlo.

Les juro que esta imagen no ha sido alterada por la Inteligencia Artificial; este señor es exactamente así. Y yo no quiero que un tipo con ese careto llegue a presidente. Se imaginan lo que se iban a reír de nosotros si este señor tiene que representarnos en las cumbres de la OTAN, o en el foro de Davos. Este señor, que no tiene ninguna idea en la cabeza, salvo su obsesión por echar del poder a Pedro Sánchez y luego ya veremos, ha desencadenado una ofensiva por tierra, mar y aire contra el denominado sanchismo, que se está llevando por delante muchas de las estructuras estatales de las que nos dotamos tras la muerte de Franco. Y está logrando un efecto rebote nada desdeñable: conozco a muchas personas que no pensaban votar al PSOE, pero ahora están firmemente determinadas a hacerlo. Entre ellas, yo mismo: en estos momentos, me proclamo solemnemente sanchista incondicional.

Cegado por su obsesión de echar del asiento a Sánchez, Feijoo ha desencadenado una serie de elecciones autonómicas en cascada para desgastar al Gobierno, que han terminado todas fatal para sus intereses, puesto que le han hecho perder poder dentro de la derecha, en favor de Vox, que ahora tiene la sartén por el mango en todas las administraciones regionales. Y además, su alianza con Vox le ha roto todos los puentes posibles con otros aliados como el PNV o Junts. Y en cuanto a la blitzkrieg judicial contra el presidente, se ha pasado muchos pueblos. Era suficiente con los casos Zapatero, Leire y otros para hacerle daño a Sánchez, no hacía falta meterse también con su hermano y su señora, ni con el Fiscal General, cuyo juicio fue un auténtico despropósito. Si un día gana el PPVox, se encontrarán con un país sin la más mínima confianza en la Justicia; el prestigio de la institución se habrá resentido de forma radical y estas cosas cuesta mucho recuperarlas.

Yo creo que Feijoo está desesperado, porque antes o después, su partido se dará cuenta de que es un incompetente supino y lo apartará a un lado. De hecho, yo estoy convencido de que las Generales de 2023, que la fachosfera daba por ganadas casi sin bajarse del autobús, el PP las perdió por concurrir con un candidato tan malo. Desde entonces, sus muestras de deslealtad, comportamiento antideportivo y mala educación, son constantes. Sus intervenciones en el Congreso son una pura alharaca. Y hay que tener mucha cara para intentar llegar a presidente sin tener un mínimo programa. Él sólo vive para su obsesión, que está causando grandes destrozos. En las regiones en las que ha ganado, sus barones se están teniendo que acostumbrar a gobernar como Vox manda. Les sugiero que lean un reciente artículo aparecido en El Huff Post, de la pluma de una dirigente socialista, texto con el que coincido bastante. Para ello han de pinchar AQUÍ.

Pero entre las hipérboles, alharacas, insultos y rabietas de la oposición, a las que Sánchez responde como Don Tancredo, pues es cierto que han aparecido una serie de casos de corrupción que son impresentables y que por sí solos le hubieran bastado al PP para estar en la posición que tiene hoy. Con especial relevancia para el caso Zapatero, que es una vergüenza absoluta y ha caído sobre la izquierda de este país como una bomba de racimo en la línea de flotación. No es mi caso; yo nunca he tenido a este señor como referente de nada y así lo escribí en su día en el blog. Cuando se hizo con la secretaría general del PSOE, un amigo de León me advirtió: ya verás, ya verás, lo que es este señor. Más adelante, llegué a la conclusión de que era tonto, cuando salió a la palestra a decir aquella memez de que bajar los impuestos es de izquierdas. No sólo por la memez en sí misma, sino por la cara que ponía al decirlo, como si acabara de descubrir el hilo negro.

Después, cometió la felonía de promover una enmienda a la Constitución para garantizar el pago de nuestras deudas de país, por encima de cualquier otra consideración (incluida el hambre de la gente, por ejemplo). El ínclito M. Rajoy, a la sazón jefe de la oposición, se apresuró a apoyar esta reforma constitucional en el Parlamento. Y, a pesar de esa bajada de pantalones frente al sistema financiero, la crisis acabó por arrasarlo, dando paso al austericidio al que se nos sometió con el beneplácito del susodicho M. Rajoy. Así que, como les digo, para mí, nada de personaje de referencia ética. Sí que admito que pensaba que era honrado, y que es un tipo con una cara que contradice mi tesis de que la gente parece lo que es.

Pero es que, precisamente, los grandes tramposos han de tratar de disimular al máximo. Recuerden el caso del policía anti-drogas al que le encontraron más de veinte millones emparedados en su casa. A este sujeto, sus propios compañeros lo conocían como Óscar el Anodino. También viene al caso mi anécdota al entrar en Australia, hace poco más de dos años, en donde me sometieron a una inspección minuciosísima durante más de una hora, justo por mi aspecto de buena gente (o de anodino), aura que me convertía en tipo perfecto para hacer de mula de los grandes traficantes. De todas formas, en el caso de ZP, esa discreción casaba mal con los nombres de las empresas creadas para la trama: Análisis Relevante, Inteligencia Prospectiva, más la de las hijas, What the Fav, que manda carallo que este señor haya metido a sus hijas en semejante problema.

Lo de Zapatero huele muy mal, pero yo he de confesarles algo. En mi entorno familiar hay más de un cuñao, de esos que te dan la paliza con sus opiniones alineadas con lo más retrógrado de Vox. Me toca sufrirlos cada cena de Nochebuena y les puedo jurar, que en la última, en diciembre pasado, esta gente ya me anunció que Zapatero estaba a punto de caer. Entre el facherío, todo esto ya se sabía entonces, lo que deja en bastante mal lugar a la Justicia, esa institución que se da tanta prisa en condenar a los de un lado, mientras retrasa de forma escandalosa los procesos contra los del otro lado. Al Fiscal General lo condenaron por filtrar una información (que no fue él quien la filtró), mientras que entre ellos se cuentan y se comentan los procesos cinco meses antes de que salten a la prensa.

En esta tesitura, yo quiero que Sánchez aguante todo lo que pueda. Mientras él esté de presidente, se seguirán implementando políticas de tinte social y climático. Me dice gente del PSOE que a medio plazo esto va a ser la ruina del partido, que lo va a dejar hecho un erial. Mi respuesta: ¿y qué? A mí me importa un rábano su partido. Lo que quiero es que redondee este período legislativo para el que fue elegido y en el que ha conseguido gobernar a pesar del acoso indigno y continuado sobre su familia y sus gentes. Y superando pandemias, guerras, crisis financieras y erupciones de volcán. Con esa resistencia y manteniendo su andadura sin perder el ángulo social y la perspectiva climática, ha demostrado una talla de político que en estos momentos no tiene nadie en España. Desde luego que yo le votaré, a ver si conseguimos evitar que el incompetente de Feijoo llegue a gobernar como Vox manda.

Pero de aquí a las Elecciones Generales hay mucho que pelear, porque el enemigo controla los principales medios de comunicación, incluido El País que, desde que ha llegado Mangurrián a la cabeza de PRISA, ha decidido descaradamente dejar caer a Sánchez, sumándose a esa realidad paralela que presentan los demás medios de la fachosfera, para lo que no ha dudado en prescindir de Pepa Bueno, Angels Barceló y otros periodistas de primer nivel. Vienen tiempos duros y conviene que tengamos claros los conceptos. Lo que está mal, está mal, lo haga quien lo haga. No diferenciemos a nuestros cabrones de los cabrones de enfrente. Un cabrón es un cabrón, aunque sea uno de los nuestros.

Y por Dios, dejemos de ser tan exquisitos (me explico). Un amigo mío que se considera de izquierdas, dice que él no puede votar a Sánchez porque eso sería como hacerle ver que nos da igual que se haya rodeado de corruptos, que vale todo, que tiene un cheque en blanco. Con todos los respetos, ese amigo mío es un tonto. Porque mientras nosotros tenemos tantos remilgos, la derecha acude a votar en bloque, le da igual que el candidato que le propongan sea feo como Almeida, malvado como Ayuso o, por supuesto, corrupto como tantos. Ellos votan en pelotón sin dudarlo ni un ápice. Así que a ver si nos dejamos de tiquismiquis. Sin dejar por ello de condenar a los que se pruebe que han delinquido, de uno y de otro lado.

Entre los remilgados y los puristas que van a tirar su voto a la basura apoyando a Belarra (que va a reproducir el error de Pablo Iglesias) y otros candidatos de esa izquierda fractal que hay más allá del PSOE, pues puede que vayamos de culo. Como si no hubiera bastante desgracia con los fachapobres, que compran el discurso de Vox. A estos va dirigido este clip del punk abertxale más genuino, preciso y cortante como un rayo, que les pido que escuchen.

Me gusta especialmente ese grito final, puro surrealismo: CÓMETE LA FRUTA, ATONTAO. Es lo que me pide el cuerpo gritarle a Feijoo. Pero la vida sigue y yo me voy el jueves día 9 a Béjar, con mis amigos Henry Guitar y Críspulo, para asistir a una nueva edición del Festival de Blues de la localidad. Nos llevaremos las guitarras y no descartamos tocar en alguna esquina del pueblo, con el sombrero sobre la acera, para lo que nos quiera echar el personal. Aunque a veces, lo que el cuerpo nos pide es lo que se refleja en la viñeta de El Roto que les dejo como final. Sean felices si pueden y no se preocupen por mí: no es imposible que recupere las ganas de escribir más seguido, cosas más raras se han visto.