En fin, ahora que empezamos a pasar unas noches más fresquitas, que hace como quince días que no conecto el aire acondicionado y ya ni siquiera extiendo los toldos de mi terraza, es momento para proclamarlo bien alto: este ha sido un verano de mierda. Si no sé qué científico ha dicho que nos preparemos, porque este ha sido el verano más fresco de lo que nos queda de vida, pues ya ven ustedes qué panorama. Y yo tengo la suerte de que sólo he sufrido el calor y la sobredosis de turistas pedorros que atestan mi barrio, pero al menos no se me ha caído el techo sobre la cabeza. Las imágenes de algunas de las tragedias colectivas sufridas por los diferentes pueblos en estos días, son suficientemente explícitas. Veamos algunas. Empezando por la tremenda riada de barro que ha sepultado toda una zona habitada en la frontera de Nepal con el Tíbet ocupado por el gigante chino.
Debajo de esa masa de barro hay edificios, vehículos, cultivos, personas. Terrible. Veamos ahora una imagen del terremoto en Venezuela (hubo otros en Colombia y diferentes lugares del globo, incluido uno pequeño en Granada).
Pruebas suficientes de algo que les vengo repitiendo hace tiempo: la Tierra se está defendiendo con todas sus armas de ese virus altamente tóxico que es el ser humano. Los incendios, riadas, huracanes y terremotos suman sus esfuerzos en ese sentido. Pero, encima, a veces no es ni siquiera la Tierra la que determina esas catástrofes; son los propios seres humanos los que se esmeran para destruirse mutuamente, unos a otros: Ucrania, Gaza, Irán y otras guerras en marcha, por no hablar de otras formas de exterminio como la que se está practicando minuciosamente en Cuba. El asesino Netanyahu, yo creo que es el peor de todos los agentes del mal y, después de casi tres años de destrucción y bombardeos indiscriminados y cerca de 75.000 víctimas mortales entre la población civil, resulta que Israel únicamente controla el 50% del suelo de Gaza. La población superviviente se hacina en el otro 50%, sometida a un acoso similar al que sufre Cuba. Aprovechando que ya no hay tanto bombardeo, algunos han regresado a sus casas, o a lo que queda de sus casas. No sé si conocen esta imagen que les muestro abajo.
Irlanda es un país tradicionalmente machacado por los ingleses y que, como consecuencia de ello, hace unos cien años sufrió una hambruna terrible y buena parte de su población se vio obligada a emigrar, sobre todo a Estados Unidos. Además de la guerra de independencia y la posterior guerra civil, de la que surgió la división entre el norte pro-británico y el resto nacionalista e independiente. Eso hace que su capital, Dublín sea una ciudad de interés medio, modesta y poco monumental, nada comparable a las grandes capitales europeas. Cuando la crisis económica de 2008, Irlanda fue incluida en los llamados PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y Spain-España), los patitos feos de la Unión a los que había que ayudar y a los que se masacró con un austericidio indecente. Por cierto, el ingenioso que nos tildó de cerdos, es ese mismo Mark Rutte que ahora, al frente de la OTAN, le hace la pelota a Trump llamándole daddy. Abajo unas imágenes del memorial que recuerda a la citada hambruna.
Lo mejor de Dublín son los pubs y el ambiente callejero de ciertos barrios. En tiempos más recientes, tiempos post-crisis, Irlanda ha logrado atraer con beneficios fiscales a las grandes multinacionales tecnológicas, como Google, Microsoft y otras, que han instalado en Dublín sus sedes corporativas para toda la Unión Europea. Eso se nota también en el personal, en el que no es difícil detectar una fauna de jóvenes ejecutivos agresivos que tienen sus propios bares y restaurantes gourmet, sus tiendas de ropa cara y sus lugares de reunión en los nuevos barrios. Estas sedes de las grandes tecnológicas se han construido a las orillas del río Liffey, en nuevos edificios de los llamados inteligentes y también aprovechando los viejos edificios portuarios de ladrillo, como pueden ver abajo.
En realidad, lo que me resultó más interesante de este viaje fue la visita a Belfast, una ciudad dividida entre dos comunidades que se odian y se miran de reojo, separadas por los mismos altos muros que se construyeron durante los 30 años de guerra urbana entre los católicos y los protestantes, lo que en Gran Bretaña se conoce eufemísticamente como The Troubles. Durante los años que van desde el primer atentado del IRA en 1968, hasta el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, el conflicto produjo un saldo de muertos de 3.500. Callejeando por el centro de Belfast, una ciudad pujante y llena de vida, parece increíble que hace poco tiempo se estuvieran pegando entre ellos a tiros y bombazos. A ese extremo llevan los nacionalismos, las religiones y las ideologías, y toquen ustedes madera de que las cosas en Ceuta no terminen igual.
Nuestra excursión incluía una visita en autobús a los barrios católicos y unionistas, algo que me resultó impresionante. Los muros que separan a unos de otros tienen como cinco metros de alto y están coronados por verjas para hacerlos más difíciles de cruzar. En ambos lados hay innumerables murales, que los turistas fotografían sin parar. Pero los del lado católico incluyen imágenes a favor de Palestina, Gaza y Ucrania. Retratos de personajes como Nelson Mandela, Yasser Arafat o el Che Guevara. Mientras que en el lado unionista sólo hay retratos del Rey Carlos y de su madre la reina Isabel, con cientos de banderas de la Gran Bretaña y hasta alguna pintada a favor de Israel. El famoso Acuerdo de Viernes Santo consiguió que dejen de pegarse, que no es poco, pero aquello es un polvorín que puede estallar en cualquier momento (como Ceuta y Melilla). Abajo unas imágenes sacadas desde el bus en la parte católica; en la otra, me quedé tan anonadado que no saqué ninguna.
Y no es este el único punto del globo terráqueo en el que conviven dos comunidades que se odian. A veces, separadas por una frontera. Como Chipre y la República pro-turca del norte de la isla. Otras veces, separados por comunidades como en Irlanda del Norte. Por ejemplo, Bosnia, que en realidad son dos estados, uno musulmán con capital en Sarajevo y otro pro-serbio, con capital en Banja Luka. Y lo mismo entre Moldavia y la región separatista pro-rusa de Transnistria. Por no extenderme, no digo nada de los numerosos casos similares que hay en África. En general, esto suele suceder más frecuentemente en zonas pobres o atrasadas. Pero lo sorprendente aquí en Belfast es que este odio se desatara en plena Unión Europea. También saben que en la rica Bélgica, hubo que dividir la prestigiosa universidad de Lovaina en otras dos: una en la zona flamenca, que se llama Leuven y una nueva construida en la zona francófona, denominada Lovaine la neuve.
Si quieren ustedes saber algo bien narrado y fundamentado sobre el conflicto en estas tierras, les recomiendo ver la trilogía de películas que realizaron los cineastas Jim Sheridan y Terry George entre 1993 y 1997. Son tres cintas tremendas en las que ambos intercambian sus papeles como director y guionista. La primera y tal vez la más conocida, se llama En el nombre del padre y creo que es una de las películas que más me ha impactado en mi vida. Narra la historia de los llamados Cuatro de Guildford, unos ciudadanos de la parte católica de Irlanda del Norte, que fueron falsamente acusados de haber puesto una bomba en un pub de Londres y condenados a prisión. Buena parte de la película transcurre en la cárcel de KilmaInham, que yo visité en este viaje. Vean un par de fotos.
De verdad, si no han visto En el nombre del padre, ya están tardando en recuperarla. La segunda de la trilogía se llamó originalmente Some mother’s son, que sería algo así como el hijo de algunas madres, y que en España bautizaron con su tradicional ingenio rancio como En el nombre del hijo. Es también una película impresionante, que narra la famosa huelga de hambre de los presos del IRA para reivindicar que no les pusieran los mismos uniformes de los presos comunes. La recién elegida Margareth Thatcher se puso burra, no dio su brazo a torcer y hasta diez presos murieron de hambre. Por cierto, desde entonces las huelgas de hambre no son de verdad, puesto que, aunque se nieguen a comer, les ponen suero intravenoso, con lo cual se quedan hechos polvo, pero no se mueren.
La película se centra en la madre de uno de estos presos, de clase media alta, que se entera de que su hijo es un miembro del IRA sólo cuando lo detienen. La interpreta una espectacular Helen Mirren, una de mis actrices favoritas y la cámara la sigue todo el rato en su particular descenso a los infiernos. Es una película muy poco conocida en España, pero que les recomiendo sin dudarlo. Por último, la tercera se llama The Boxer y narra la historia de un ex boxeador que vuelve a Belfast tras cumplir condena como miembro del IRA e intenta dedicarse a lo suyo (una escuela de boxeo) sin involucrarse más en la contienda política, algo que el entorno presiona para que no lo consiga. También les recomiendo una película más reciente, Belfast, en la que el famoso Kenneth Branagh plasma sus recuerdos de infancia en dicha ciudad, con una omnipresente música a cargo de Van Morrison.
Y ya que estamos de recomendaciones fílmicas, otra de las películas que me han gustado más en mi vida, es irlandesa y se llama The Commitments. Narra la historia de un grupo de chavales de Dublín que quieren formar un grupo musical para hacer soul, la música más auténticamente negra. Siendo ellos blanquitos y rubios, la historia de las dificultades que van sufriendo para hacerse un hueco en el mundo del rock, no tiene precio. Buena parte de esa película se rodó en un pub precioso de Dublín, que yo visité y que se llama The Hairy Lemon, o sea el limón peludo. Es un lugar muy recomendable, donde se comen buenos platos de la cocina irlandesa, siempre mejor que la británica, especialmente el Iris Stew, el mítico estofado de cordero, que está para chuparse los dedos.
En realidad, este viaje relámpago a Irlanda ha sido un pequeño fogonazo de brillo en medio de uno de los peores veranos que he pasado en los últimos años. A nivel personal y colectivo. En este terreno, ya hemos citado un par de veces la crisis de Ceuta. Como saben, yo me he declarado sanchista empedernido, en primer lugar por exclusión (no encuentro a nadie que me genere un poquito de ilusión de futuro), pero también en positivo, porque me parece que un tipo que lleva ocho años haciendo una política coherente, en medio de una continua avalancha de la peor oposición de Europa, por tierra, mar y aire, pues revela una talla de estadista que yo no veo ahora mismo en nadie. Pero, sin bajarme de esa burra, tengo que admitir que su actuación en el tema de Ceuta es bastante penosa. Un asunto tan candente y peligroso como ese se merecía una actitud activa, no quedarse de vacaciones en Lanzarote cinco semanas, a ver si la cosa se arregla sola.
Yo tengo muy claro que la avalancha del 31 de julio fue provocada, o azuzada o consentida por el régimen marroquí. 80.000 sujetos no se ponen en marcha de forma coordinada arriesgando su vida si alguien no les induce a ello. Algún bulo les calzaron, extendido por las redes sociales, y se dirigieron todos al matadero como borregos. Cierto que 70.000 volvieron al día siguiente con el rabo entre las piernas. El error del Gobierno español fue pensar que el tema ya estaba resuelto. No. Los 10.000 que quedan son un problema muy gordo, que se ha enfrentado tarde y mal. Yo, que siempre he visto a Sánchez afrontar problemas graves (pandemias, incendios, volcanes) con cierta rapidez, esta vez estoy pasmado ante su pasividad y falta de reflejos. Quizá está cansado después de lo que ha sufrido en estos años. O es que ya no da para más.
Ahora bien, ¿por qué se produjo esa movilización masiva? Pues yo no lo sé. Tal vez fue un simple ensayo de Marcha Verde, para el día que decidan ir a por Ceuta y Melilla, ahora que tienen el beneplácito de los USA y de Israel. Parece demostrado que la policía marroquí no hizo nada por impedirlo, incluso les ayudaba a subir a los camiones que les llevaba a la frontera. ¿Estaba el rey al tanto? Yo no estoy seguro, es un tipo que vive aislado en un castillo de París la mayor parte del año y es posible que no se entere de nada. Pero, al menos, su camarilla estaba detrás de la avalancha humana. Ceuta y Melilla son históricamente españolas, ya lo eran antes de la creación del reino de Marruecos. Pero geográficamente, son África. Y a mí me parece que van de culo, lo mismo que el estado de Taiwan y otros similares, en este mundo geopolíticamenmte enfermo que hemos tenido la mala suerte de llegar a sufrir.
Sánchez se ha enfrentado a Trump y Netanyahu y se lo están haciendo pagar, a través de Marruecos, el estado firmante de los acuerdos de Abraham. El estrecho tiene un valor estratégico incalculable y Trump quiere controlarlo. Y no descarten ustedes, queridos lectores que todo este sarao tenga como objetivo más inmediato que la final del próximo Mundial de fútbol se juegue finalmente en Rabat. Por si no lo saben, la organización de ese Mundial se concedió inicialmente a España y Portugal. Luego se invitó a sumarse a Marruecos como comparsa, pero enseguida empezaron a construir el súper estadio que tienen a medias. ¿Por qué se les invitó? Tampoco lo sé, fue una decisión de Sánchez en la línea de su cambio de chaqueta en el tema del Sahara, tal vez impuestos ambos por los Estados Unidos.
No sabemos qué hay detrás de todo este asunto, tal vez esos acuerdos secretos son los que están impidiendo a Sánchez una respuesta más firme frente a Marruecos. En cualquier caso, no me parece muy conspiranoico ver la mano de USA e Israel detrás de la avalancha sobre Ceuta. Las reacciones de ambos fueron muy rápidas, Trump se mostró consternado con las imágenes de la invasión y ustedes saben lo que le importa un asunto humanitario como este en la periferia de su imperio. En cuanto a Israel, tal vez ustedes no se hayan enterado de la reacción, también inmediata, del hijo de Netanyahu, un sujeto que vive en Miami a cuerpo de rey, donde hasta se ha cambiado el nombre. El mismo 31 de julio, publicó en la red X el tuit que les dejo de despedida. Hay que ser desgraciado para burlarse de la solución de dos estados (Israel y Palestina) transponiéndola a España y añadiendo que, los que no estén de acuerdo, serán tachados de violadores de los derechos humanos. Vayan con Dios, queridos lectores, que nos viene un año marinero de verdad.





























