Por primera vez en muchos años,
estamos teniendo un invierno como Dios manda, yo he tenido que sacar mis
abrigos más calentitos, arrumbados hace tiempo en los armarios, para protegerme
del frío que ha hecho en enero y ahora con la lluvia que nos está anegando y
convierte en incómoda la vida urbana. Se consuela uno con eso de que a ver si
de una vez nos dejan de hablar de la sequía, los pantanos deben de estar a
desbordar, aunque los garrulos rurales siguen torciendo el gesto y dicen entre
dientes: ya verás, ya verás cuando pare; nos va a venir un verano seco que nos va a
joder. Los del campo siempre se están quejando y por eso no es de extrañar que
acaben votando a Vox, que capitaliza ese malestar permanente y les promete que
va a echar a todos los inmigrantes, para que puedan volver a ser felices en
sus campos.
Entre unas cosas y otras está el
mundo como está y a mí me da hasta pereza ponerme a escribir para ustedes, que
no sé cómo me siguen aguantando, teniendo en cuenta que mi discurso es siempre
el mismo, es repetitivo y conforma una especie de bucle infinito. Algunos de mis lectores piensan que no tengo abuela, pero les diré que yo empecé a escribir
estas reflexiones, primero a la carrera y ahora más pausadas, allá por el mes
de septiembre de 2012, que ya ha llovido desde entonces. A veces, por entretener mi ocio, entro a repasar alguno de mis textos antiguos y
sucede que, me crean o no, no encuentro una sola afirmación o apreciación que
no seguiría firmando ahora mismo. Catorce años después, sigo opinando lo mismo.
Cierto que nunca he ejercido de adivino, yo no hago pronósticos, me limito a
analizar lo pasado y lo que está pasando. Si no fuera así, seguro que me habría
equivocado todo el rato.
Vean, al respecto, lo que cantaba
una jovencísima Tracy Chapman en el concierto homenaje a Nelson Mandela por su
70 cumpleaños. Pongámonos en contexto. Junio de 1988. Nelson Mandela sigue en
la cárcel, donde lleva más de 25 años, y el mundo del rock se congrega en el
estadio de Wembley en Londres, para un macroconcierto con las estrellas más
famosas del momento. Tracy Chapman es una chica negra, pobre y lesbiana que, después
de años de cantar por las calles, ha conseguido un contrato con una
discográfica minúscula y acaba de publicar un disco hace menos de un mes, que
nadie parece interesado en comprar. Por una casualidad, le llega la oferta de
viajar a Londres y sumarse al concierto en lista de espera. Pululando por el
backstage, la organización le avisa de que una megaestrella acaba de cancelar su
actuación por un problema vocal grave, y le ofrece salir a escena inmediatamente. Se arma
de valor y, casi sin tiempo para peinarse, agarra su guitarra acústica y sale ante la
multitud. Y se convierte en la sensación del evento, el momento que décadas después se sigue recordando. Vean esa grabación. Pantalla grande, por favor, esto es Historia.
Es difícil no emocionarse
escuchando esto. Casi cuarenta años después, Tracy tiene 61 y mal que bien ha
logrado vivir de la música y que la dejen a su bola. Pero como profeta no se
hubiera comido una rosca. De todo aquello que cantaba apenas queda nada. Los
jóvenes no hicieron la revolución y los que intentaron luchar fueron
arrasados. Yo los vi en mi paso por los USA hace ya año y medio, tumbados en
las calles con colchonetas y sacos de dormir, devastados por el crack y otras sustancias. También en los baños del albergue de la YMCA donde pasé la última noche de mi viaje de vuelta
al mundo, cuando salí de madrugada a inspeccionar los baños comunes, armado con
mi toalla y mi pastilla de jabón. Allí había unos cuantos, rumiando su derrota mientras se aseaban por partes, con la mirada
vacía de los expulsados del paraíso yanqui. Ese paraíso al que no sé si yo podría
volver, suponiendo que quisiera, porque ya les conté que me han anulado la ESTA
y, para pedir otra, he de permitir que revisen mis redes, incluyendo las opiniones que se vierten en este
blog.
Si mis escritos de hace catorce
años me siguen pareciendo vigentes, qué decir de los que llevan año y medio goteando de este mi tercer blog. Del peligro que traía el segundo triunfo de
Donald Trump les alerté desde el principio. El 18 de marzo, hace casi un año
titulé mi Post #17: El fascismo ya está aquí. No me digan que no estaban
advertidos. Las imágenes de los asesinatos de Renée Good y Alex Pretti no se
habían visto en el mundo occidental desde las razzias de la Gestapo en los años
40. Estos vídeos de dos crímenes a sangre fría en plena calle igualan la
presidencia de Trump con el régimen de los ayatollahs de Irán o la tiranía del gordo de Corea
del Norte. También les llevo avisando de que Trump hará todo lo posible por que
las elecciones Mid Term no se celebren. Pues ya ha empezado a enseñar la
patita.
Hace unos días, perpetró un
discurso de conmemoración de su primer año de mandato. Todo está mucho mejor en
los USA desde que él llegó, faltaría más. Los neoyorkinos han visto cómo el
precio del café que se toman camino al trabajo a primera hora de la mañana, en esos vasos de
plástico con tapadera y pajita que les sirven para calentarse las manos, se ha
duplicado gracias a las guerras arancelarias de su presidente. Pero su discurso
fue una retahíla de triunfos, logros y mejoras para los ciudadanos. La mejor
definición de la verborrea de Trump es la que aporta el periodista Martín Caparrós:
cada vez que a este señor le ponen un micrófono delante, aprovecha la ocasión y
se habla encima. Tal cual. Pues el
otro día, tras media hora de hablarse encima, enumerando la retahíla de enormes victorias de su primer año, se permitió
un chiste, de esos que él mismo se ríe a continuación: Está todo tan bien, que
no sé para qué queremos unas elecciones a final de este año. Poquita broma con esto.
Es difícil escribir algo en este momento sin centrarse en Trump y su enloquecida deriva. Y el peligro que se cierne sobre todos nosotros, ustedes y yo. Pero a la vez es agotador. Es cansino. Intento hablar de otras cosas y no puedo. Pero ha quedado claro que el mundo del rock está en el lado correcto de la Historia. Junto con el cine, el teatro y la cultura en general. El gran Bruce Springsteen se sentó ante el pentagrama y compuso en dos días una canción sobre los sucesos de Minneapolis, que apenas tardó otros dos días en arreglar, grabar y subir a las redes. El mensaje y la fuerza del tema hablan por sí solos. Pero yo quiero destacar algo que nadie ha dicho. El tema suena a Bob Dylan por todos sus rincones. Dylan creó una manera de componer y de cantar. El Boss admira y mucho a Dylan y no hay nada mejor que el estilo de este señor para un auténtico himno, que es lo que es esta canción. Se la he seleccionado para ustedes con subtítulos en español e inglés para que la puedan seguir mejor.
Muy acongojante también este
tema. Por cierto, el tipo que dirigió la represión en Minneapolis, cuya imagen
se ve en este vídeo, el único del ICE que no va enmascarado, se llama Greg
Bovino, en la línea de nombres impagables de la que les hablaba en mi anterior
post. El tipo es realmente un animal de pezuña. Les supongo igualmente al tanto
de que el domingo pasado se entregaron los premios Grammy, los más importantes
del mundo del rock. Yo estuve viendo un rato la llegada de los artistas, hasta
que por Facebook me confirmaron que Samantha Fish se quedaba por segundo año
consecutivo sin el premio para el que estaba nominada, mejor álbum de
Blues Contemporáneo. No tenía yo esta vez muchas esperanzas en que Sam
consiguiera ese premio, la cosa no pintaba bien y mi olfato se confirmó. Así
que apagué la pantalla y me dediqué a otros entretenimientos. Esto de la
llegada de los artistas y sus posados en el photocall, es un tostón importante.
Aunque a mí me llamó la atención el vestido que llevaba una chica y que tal vez
han visto ya también. Un par de fotos.

No sé cómo se llama la chica, ni me interesa. Como ven, el vestido cuelga de un par de piercings anulares que atraviesan sus pezones. Esto es otro indicativo del mundo en el que vivimos. Lo cierto es que a la chica no se la ve muy feliz con semejante atuendo. Tal vez está preocupada pensando: como dé un tropezón y me pise el vestido por delante, me voy a hacer una avería importante, aunque así seguro que saldría en todas las primeras planas. Bien, lo interesante de esta gala es que muchos de los artistas premiados, en lugar de dedicar su galardón a sus familias, amigos, colegas, músicos, productores y demás técnicos, aprovecharon su instante de gloria para darle cera a Donald Trump y sus matones del ICE. En el vídeo de abajo se ve un resumen de las frases de Bad Bunny, Billie Eillys y otros premiados, más la broma del presentador, que dice que Trump quiere Groenlandia porque ya no tiene la isla de Epstein, broma por la que el presidente ha amenazado con ponerle una querella criminal apoteósica. A lo mejor acaba poniéndoles unos aranceles a los Grammys.
En fin, como les vengo diciendo, yo confío en que el pueblo norteamericano pueda frenar la deriva de este presidente desquiciado. Sólo ellos pueden hacerlo, porque los demás países están aterrorizados. Todos estos artistas que se han pronunciado, tienen bastante predicamento entre la gente y yo estoy seguro de que las elecciones del Mid Term, si se consiguen celebrar limpiamente, supondrán el control de Congreso y Senado por el Partido Demócrata. Veremos. Dice Pablo Iglesias que los que creemos que a este señor se le puede frenar con unas elecciones, somos unos ingenuos. Yo, por mi parte, estoy más con el discurso que pronunció el primer ministro de Canadá en el foro de Davos (si tienen interés en escucharlo, no es difícil de encontrar en redes). Este señor, cuya imagen tienen abajo, se llama Mark Carney y es un banquero, es decir, un hombre de derechas, como Mario Draghi.
Mark Carney no era favorito en las elecciones generales de su país, las encuestas señalaban a un trumpista como ganador. Pero El Agente Naranja empezó enseguida a perpetrar sus tropelías y eso revirtió el signo de las elecciones canadienses y también de las australianas, entre otras. La gente no quiere tiranos al frente de sus países. En Davos y en presencia del propio Trump, Carney se largó un discurso escrito por él solito en la soledad de su hotel y dejó boquiabierto al mundo con una propuesta de alianza de los países de tamaño medio para resistir juntos la presión de los grandes. Se refería a la Unión Europea, la India, Japón, Canadá, Brasil. Una línea a seguir. No se pueden imaginar cuánto anhelo que surja en nuestro país un líder de derechas de esta talla. Hasta me pensaría si votarle.
Porque lo de Feijoo es algo
increíble. A pesar de la presión constante de los medios afines (la famosa
fachosfera), el tipo sigue haciendo el ridículo cada vez que tiene una mínima
ocasión. Algunos de mis seguidores dicen que es que le tengo manía. Desde luego
que se la tengo y creo que el PP adelantará mucho cuando admita que las últimas
elecciones generales las perdió este señor, por sieso y por mediocre. Además,
es un vago, no se prepara las comparecencias ni los discursos, alguien se los
escribe y por eso le pasan cosas como lo de anotop-at. Yo creo que ha debido de dar unas lecciones de foniatría para mejorar su facilidad de palabra. A mí
ahora me recuerda al que hace los anuncios de la Agencia Negociadora del
Alquiler. He intentado hacerme con algún audio de estos anuncios, para ponérselo
en el blog, pero no lo he conseguido (si se conectan a la SER, están saliendo
todo el rato). Pues con esa misma grandilocuencia impostada habla el señor
Feijoo en las Cortes y en todos lados. Le falta cerrar sus discursos proclamando:
llame usted al 900 20 20 11.
Con el tema este de la
revalorización de las pensiones, le han vuelto a pillar. Sánchez lo llevaba en
uno de esos llamados decretos-ómnibus, una práctica que a mí no me gusta nada, entre
otras cosas porque la usaba cada año Esperanza Aguirre para colarnos diversos
gatos en el paquete de liebres. El año pasado, ya tuvimos la misma historia y
el PP votó en contra con la disculpa de que se incluía la venta de no sé qué
palacete del PNV en París. La verdad es que votaban en contra, sólo por ponerle
palos en las ruedas al gobierno, como hacen durante todo el año. Al final,
separaron las votaciones: la revalorización de las pensiones por un lado y el
resto por otro y así se salvó nuestra subida. Por cierto, hablando de
pensiones, les recomiendo que lean un artículo reciente de un catedrático de
Historia de la Economía de la Universidad de las Islas Baleares y Consejero del
Banco de España, que se llama Carles Manera, sobre la falacia de que nuestro
sistema de pensiones está en riesgo. Se publicó hace unos días en el medio
balear Última Hora, sólo para suscriptores, pero pueden leerlo pinchando AQUÍ.
Este año, con el antecedente del
anterior, ya se sabía lo que iba a pasar. Yo en ningún momento he temido por la
subida de mi pensión; estaría acojonado si estuviera el PPVox en el gobierno.
Entonces, si se sabía lo que iba a pasar, ¿por qué ha repetido Sánchez la jugada?
Pues para mí está muy claro: para ponerle un anzuelo a Feijoo. Que este se ha
tragado hasta la garganta. Esta vez no había ningún palacete del PNV en danza,
todas las medidas incluidas en el ómnibus estaban relacionadas y componían lo
que se ha dado en llamar el escudo social. Así que se ha hecho el paripé, el PP
ha votado no y a los pocos días lo han llevado separado. Entre ambas
votaciones, el gobierno ha podido proclamar a voz en grito que el PP quiere
quitarnos la subida a los abuelos que tenemos la suerte de tener pensión. A ver
si con eso atenúan la hostia que se van a llevar en las inminentes elecciones
aragonesas.
Porque lo de Aragón va a ser una estación más del vía crucis que le están haciendo pasar a Sánchez, aunque yo confío en que aguante lo que le queda, poco más de un año para
las siguientes generales. La verdad es que tiene mucho mérito que este señor
siga gobernando mientras la oposición se dedica a acorralar a su mujer, su
hermano, sus ayudantes y hasta los que pasaron por delante de la Moncloa y se
cruzaron con él un día. Yo desde luego prefiero que siga en el poder todo lo
que pueda, porque ese es tiempo de bonanza que podremos disfrutar, antes de que
llegue el PPVox y empiece a ponernos leyes-mordaza. Porque, finalmente, se
harán con el poder. ¿Saben por qué? Pues porque nuestra gran lacra colectiva es la corrupción,
tanto en un lado como en el otro. Lo que pasa es que a los votantes de derechas
no les importa, ellos van a seguir votando a los mismos, aunque huelan a
podrido. Los de izquierdas, en cambio, somos más exquisitos, más remilgados y, ante
personajes como Ábalos o Cerdán, nos retraemos y no vamos a votar. Y así nos
va.
Tenemos que irnos preparando para
aguantar un gobierno de derechas, no pasa nada, en Madrid ya los llevamos
aguantando mucho tiempo, tanto en el Ayuntamiento, como en la Comunidad. Yo lo
único que pediría es que se buscasen a unos dirigentes un poco más
presentables, al estilo de Mark Carney. Feijoo es penoso. Ayuso es lo que todo
el mundo ve, y eso que a veces parece que va aprendiendo, pero tiene un lastre
importante con ese novio que se ha buscado. Y qué decir de Almeidiña-Caradeculo.
Ustedes creen que exagero, pero el Retiro lleva casi desde primeros de enero
cerrado por el temporal. Los que fiamos nuestro mantenimiento físico a poder
salir a trotar un rato por el parque, nos tenemos que joder. Las calles
circundantes están abarrotadas de corredores, porque somos una raza de
resistentes y estamos equipados para la lluvia. Pero si nos cierran el parque un
mes, no podemos hacer nada.
Como ya hemos entrado en terrenos
más personales, voy a cerrar con una anécdota reciente, por si les sirve de enseñanza.
Yo tengo una cocina de gas, porque no me gusta cocinar con placa eléctrica,
pero ese es mi único consumo de la red de gas. Cada dos meses me llega un
recibo de unos 30 o 40€, que ya me parece caro, pero es lo que hay. Pues a
primeros de enero, me llegó uno de 95. Abrí la factura y venía un cuadro de
barras donde se veía la desproporción entre la última columna y las de todos
los meses anteriores. Había un teléfono de reclamaciones al que llamé enseguida
(por cierto, mi compañía es Naturgy). Tuve que dar una serie de datos a un
interlocutor automático de esos que te dicen que pulses almohadilla y enseguida
me pasaron con una chica sudamericana bastante simpática.
Le expliqué lo que me sucedía y
estuvo de acuerdo en que parecía un poco extraño. Indagó en el sistema y sacó
una primera conclusión: el nuevo recibo partía de una estimación de consumo. Es
decir, que a mí nadie me ha leído el contador y por el contrario ha sido un
algoritmo quien ha decidido que yo tenía un consumo por valor de 95€. No pude
evitar un comentario: esa estimación está muy mal hecha. La chica me preguntó
si yo podía acercarme al contador y decirle que cifras marcaba. Así lo hice y a
la vista del consumo real, decidió que íbamos a hacer una reclamación allí
mismo, on line. Me pidió que le diera un tiempo. Al ratito volvió y me dijo
que mi reclamación estaba ya cursada y aceptada. Que, con los datos de mi
contador, me correspondía una devolución de 73€ (como lo oyen). Le di
encarecidamente las gracias y pasé a la encuesta de satisfacción en la que le
puse a la chica un diez. Ahora estoy esperando que me lleguen ambos recibos al banco,
el de 95€ y el de -73€.
La moraleja es múltiple. Los algoritmos son muy peligrosos; hay que revisar con cuidados todas las cuentas que paguemos, hasta en el supermercado. Porque el algoritmo nunca se equivoca a tu favor, siempre es en tu contra. Y parece obvio que las grandes compañías ya se han dado cuenta de que eso de tenerle que hablar a un loro mecánico sin alma es algo que irrita muchísimo al cliente. Por ejemplo, he podido comprobar que Apple, DIGI o el BBVA tienen servicios de atención en los que enseguida te atiende alguien cualificado, con paciencia y empatía. El mundo está organizado para que la gente tenga servicios y los pague y eso no lo van a destruir Trump ni Putin, pero hay que pelear todas las batallas, hasta las más pequeñas. Así que, como siempre les digo, sean buenos y estén atentos para que no se la cuelen doblada. Y, por supuesto: ¡¡¡¡FUCK ICE!!!!





















