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miércoles, 7 de enero de 2026

40. Vamos bien por lotería II

Pongo dos palitos al final del título, para subrayar que este es el segundo post que escribo con semejante encabezamiento. En efecto, el día 11 de septiembre de 2016, yo titulé así un escrito que elaboré desde mi habitación de la octava planta del Park Inn Pribaltiyskaya Hotel, un mamotreto de tiempos soviéticos erigido cerca del extremo oeste de la isla Vasilyevskiy, que compone uno de los distritos históricos de la ciudad de San Petersburgo. Estaba allí para participar con una ponencia sobre Madrid Río en un congreso sobre el llamado urbanismo subterráneo y les reseñaba para Reflexiones a la Carrera la peripecia de mi llegada a esta ciudad, en un vuelo en el que me perdieron el equipaje y de ahí el nombre del post. El título alude a la frase tipo que, a modo de conjuro, pronunciábamos los jugadores de pinball, aquellas míticas y ruidosas máquinas de bolas predigitales, que en su día había en todos los bares de España, e imagino que de todo el mundo occidental.

Cuando la partida iba mal y tomaba una deriva desastrosa, aún quedaba la posibilidad de ganar por lotería, un albur improbable, aunque a mí me sucedió más de una vez. Uno peleaba con todas sus artimañas para conseguir una partida gratis que le permitiera seguir jugando, pero, cuando la cosa se tornaba imposible, los optimistas aún confiábamos en el sorteo final en el que tal vez la lotería de la máquina te daba esa partida gratis y exteriorizábamos nuestra remota esperanza con la frasecita: Vamos bien por lotería. No tengan duda de que yo era un auténtico pinball wizard y he de decirles que mi admirada Samantha Fish, la musa de este blog, también adora estas maquinitas, como ven en la foto de abajo, aunque dudo que sea tan ducha como yo lo era. En algún momento de los primeros 80, estas máquinas desaparecieron súbita y misteriosamente de todos los bares, para ser sustituidas por esas horribles ruletas en las que los jubilados se juegan la paga, confiando sólo en la suerte, no en ninguna habilidad; sólo hay que bajar una palanca y esperar. No he arriesgado jamás un solo euro en esas máquinas diabólicas.

Pues este comienzo de año no ha podido ser peor, con el inverosímil ataque del señor Trump a Venezuela, del que hablaremos enseguida y que augura el peor de los futuros para nuestro mundo. En fin, hace ya cinco años de otro principio de año nefasto, el de 2021, con el ataque al Congreso en Washington y la nieve de la Filomena enterrando Madrid bajo un manto blanco también inverosímil, pero igualmente real. Luego, el año no fue tan desastroso como apuntaba y conseguimos seguir tirando con nuestras vidas. Confiemos en superar también ahora el trago. En el horizonte, un evento del que les vengo advirtiendo hace meses: las Mid Term Elections en los USA, en donde se renovará totalmente el Congreso, además de un tercio del Senado. Esas elecciones tienen ya fecha definida: el martes 3 de noviembre de este año del Señor de 2026. Quedan, pues, algo menos de diez meses.

Yo creo que Trump puede perder el control de ambas cámaras, lo que recortaría bastante la libertad de actuar de la que ahora goza. Lo mismo que le sucedió a Obama, que después de esas primeras Mid Term se vio atado de pies y manos. Luego volvería a ganar las generales para ser reelegido pero, durante seis de sus ocho años de mandato, apenas pudo desarrollar sus políticas. Aun así, hizo cosas de más enjundia que dar medallas a Bruce Springsteen y otros, como suelen decir sus críticos: en esas condiciones logró sacar adelante el Obamacare, que ahora Trump está descafeinando. El ejercicio del poder desgasta y yo confío mucho en el pueblo americano, al menos en la gente culta de ambas costas y de Chicago. Ese pueblo, tan alejado de los garrulos de Arkansas y de Idaho, se está empezando a movilizar ya y quiero que escuchen la declaración de nuestro muy admirado Bernie Sanders, a raíz del ataque de Trump a Venezuela. Creo que sabrán ponerle subtítulos en castellano si los necesitan.

Respecto a esto de Trump y Venezuela, no hace falta que les insista en la condena, es un hecho insólito y un indicativo de lo que nos viene. Al menos hasta noviembre. Yo creo que Trump va a hacer lo posible por anular esas elecciones o manipularlas de todas las maneras posibles (habremos de estar atentos), pero también sabe que es muy probable que las pierda, así que estos diez meses pueden ser terribles, porque el tipo se va a poner a correr para hacer todas las barrabasadas que tenga planeadas, mientras disponga de margen para hacerlas. Lo de Venezuela es un horror garrafal y discúlpenme, pero no entiendo por qué ese adjetivo sólo se puede utilizar con los errores. Es garrafal, es peligroso y es para que nos echemos a temblar. Y no sólo Bernie Sanders se ha pronunciado al respecto en los USA. Por ejemplo, vean una foto de las concentraciones que desde ese día se organizan frente a la Casa Blanca.

Pero yo quiero resaltarles algunos matices en los que tal vez no hayan reparado. En primer lugar, la secuencia temporal. El pasado 15 de agosto, Trump y Putin se reunieron en Alaska. Salieron los dos muy satisfechos, pero no concretaron lo que habían hablado o acordado y por qué les satisfacía tanto. La guerra de Ucrania, sobre la que en teoría iban a hablar, siguió después al mismo ritmo, si no más encarnizada. Cuando dos se reúnen y no cuentan lo que han hablado, es porque no se puede contar (el mismo caso que Mazón y Vilaplana: no cuentan lo que hicieron en el Ventorro, porque no se puede contar). Sin embargo (pueden comprobarlo), fue a partir de esa fecha cuando Trump empezó a jugar a los barcos frente a las costas de Venezuela.

Supongo que ustedes, de niños, jugaban a los barcos en el recreo, eran tiempos predigitales. Sólo se requerían un par de papeles cuadriculados. Cada uno pintaba su gran barco, de cuatro cuadraditos, y otros de tres, dos y uno. Y empezaba a bombardear al otro. Las frases eran míticas: tocado uno de dos; hundido uno de uno. Al final ganaba el que primero conseguía acabar con la flota del otro. Pues a eso ha estado jugando Trump, que no tiene una complejidad mental muy superior a la de un niño. Lo único, es que, cada vez que hundían uno de dos, o uno de tres cuadraditos, se cargaban a unos cuantos marineros y tripulantes (ya superan el centenar los asesinados desde el aire, en algún caso incluso volviendo a por ellos para rematarlos, lo que ya constituye un auténtico crimen de guerra).

Todo esto era una preparación para la captura de Maduro, a quien querían quitar de en medio a toda costa. Pero, como pueden comprobar, el juego de los barcos no empezó hasta después de la cumbre de Alaska. Eso sugiere que allí se tomaron decisiones. Mira, tú vas a seguir machacando Ucrania, que no vamos a hacer nada para evitarlo, pero tú, igual de calladito si a mí me da por atacar Venezuela, o Cuba o Nicaragua (que pueden ser las siguientes). Al chino no le contamos nada, pero esta historia le va a venir bien, porque legitimaría que, cuando quiera, se apodere de Taiwan. Es la ley de los más fuertes. Cada uno de los tres se autoasigna una zona de influencia en la que domina con mano de hierro. Y lo tremendo es que esta Europa en la que estamos tan a gusto (salvo los fachas), se puede quedar desvalida frente a Putin, que puede acabar de machacar Ucrania, apropiarse de Estonia, Letonia y Lituania de un solo bocado y continuar luego si le apetece con Polonia o Rumanía. Tremendo. Vean una portada reciente del semanario alemán Der Spiegel. 

La traducción sería algo así: dos cabrones y un solo objetivo. La nómina mundial de cabrones es amplia: Xi Jinping, Netanyahu, Erdogan, Kim Jong-un, Ortega, Bin Salman y tantos otros. De la mano de Trump, el mundo parece haber retrocedido hasta el siglo XIX, antes de las dos guerras mundiales, y esperemos que no termine de la misma manera. El orden instaurado a partir de 1945 por los ganadores de la guerra, que garantizaba al menos una cierta apariencia de legalidad internacional bajo la tutela de la ONU, ha saltado en pedazos, y el papelón que están haciendo, tanto la citada ONU como la Unión Europea, es ciertamente patético. Las previsiones para el año que empieza son, pues, muy preocupantes y así lo refleja una imagen creada con Photoshop, que ha circulado estos días por los whatsapps, y que remite a una de las, para mí, mejores películas de la historia del cine.

North by Northwest se llamaba originalmente esta obra maestra que, en España, vio modificado su título, como de costumbre, para llamarse Con la muerte en los talones. Pero permítanme que insista en algunos otros matices de la Operación Resolución Absoluta, como pomposamente han bautizado los yanquis su razzia venezolana. Un nombre pomposo y también falso, porque estas cosas nunca resuelven nada, y no tienen más que ver los antecedentes de Sadam Hussein o Gadafi: tanto en Irak, como en Libia, se vivía mucho mejor bajo los regímenes de estos dos personajes. Bien, hay una cosa que parece clara: esta operación no se podría haber acometido sin apoyo interior. Recuerden que, hace no mucho, Estados Unidos subió la recompensa por ayudar a capturar a Maduro hasta 50 millones de dólares. Por ese dinero, más de un venezolano vendería a su madre. Aparte de que el señor Maduro debía de tener bastantes enemigos en su propio entorno.

¿Será Delcy Rodríguez la que ha actuado como quintacolumnista? Ciertamente, no lo sabemos. Yo más bien me inclino a pensar que la situación la ha atropellado y se ha visto obligada a templar gaitas para que no se monte una guerra civil. La foto de los nuevos dirigentes del país con ella al frente y el propio hijo de Maduro, muy sonriente, a un lado, da bastantes pistas sobre lo que ha sucedido. Sus movimientos futuros nos confirmarán el resto. De momento, hay una cifra de muertos que no se da a conocer, entre ellos toda la guardia personal de Maduro, a la que Trump se refiere despectivamente como cubanos, la deshumanización habitual del enemigo real o inventado. No sé si lo saben, pero la esposa de Maduro ha comparecido ante el juez de Brooklyn con la cabeza fuertemente vendada y un ojo morado, algo cuyas imágenes han cuidado minuciosamente de ocultar. Ni la mala cara de la señora Maduro, ni la cifra de muertos en el ataque se nos han revelado, dentro de la batalla por servirnos la información enlatada, para que no nos indignemos aun más.

Pero la captura no debió de ser sencilla, Maduro es un hombretón de 1.90 y parece en bastante buena forma. El ejército venezolano debe de ser potente y su inoperancia en este caso sólo puede explicarse por algún elemento infiltrado con bastante autoridad como para ordenar que todos quietos. Tal vez los únicos fieles fueron los cubanos y por eso se los cargaron. Además, Maduro contaba con un bunker, al que se dirigió apresuradamente cuando empezó a oír las explosiones, pero no le dio tiempo a llegar, porque la operación fue muy rápida. Escucho a un experto militar, que afirma que, en Irak, por ejemplo, cualquier pastor con poco más que un simple tirachinas era capaz de derribar un helicóptero de los invasores y es muy sorprendente que ni uno solo de los aviones y helicópteros usados ahora haya tenido un mínimo rasguño. Esto huele bastante a chamusquina o, como dicen en mi tierra, algo ten o cordeiro baixo o rabo.

¡Así que todo se reducía a quitar de enmedio a Maduro, como parece deducirse de las últimas imágenes! Yo tengo una opinión bastante desfavorable de este gigantón chavista, creo que su manera chulesca de hablar lo delata. Lo cierto es que el chavismo nacionalizó el petróleo y eso es lo que le duele a los USA, pero no es menos cierto que desde que llegó Chaves con su revolución bolivariana, siete millones de venezolanos se han exiliado. En esta diáspora hay un sector de ricachones ofendidos, que se han ido a los propios USA, o a España, donde se están comprando edificios enteros en los mejores barrios de Madrid, por ejemplo. Por cierto, Ayuso, Fake Jo-oh y sus corifeos no paran de decir que el gobierno de Sánchez es una tiranía, su política es dictatorial, bananera y bolivariana y nuestro país va como el culo. ¿No se darán cuenta de la contradicción que esto supone con la llegada de miles de venezolanos a España? Porque, si se trata de huir de una república bananera y bolivariana, no tendría ningún sentido que justo se vengan a otra igual. La tontuna de los peperos se eleva al cubo todo el rato, pero a sus votantes les da igual.

Pero de Venezuela no se han ido sólo los ricachones. Durante mi periplo por el mundo del año pasado, me tocó hablar al menos con tres taxistas venezolanos, que recuerde: uno en Chile, otro en Perú y otro en Estados Unidos. Y los tres eran simples trabajadores que se habían tenido que largar de su tierra porque ya no podían más. Su discurso era también común: estaban muy esperanzados con que Maduro perdiera las inminentes elecciones, que luego manipuló y cuyas actas nunca mostró. Esa victoria de la oposición les alimentaba la esperanza de poder volver pronto a su país. Las cosas no son nunca totalmente negras o blancas. Pero, de aquí a noviembre, hemos de estar muy atentos, porque con Trump al frente del mundo es como para estar preocupados.

Estaremos, pues, al loro a la espera de las siguientes barbaridades que se le vayan ocurriendo a este caballero, a quien desde ahora vamos a bautizar como El Agente Naranja, porque es igual de tóxico que ese compuesto usado por los yanquis en Vietnam y otros lugares. Les pongo abajo otra imagen en la que se juega con diversas palabras que en inglés terminan todas en ist: racista, violador, fascista, terrorista, misógino y narcisista. Habría que añadir putero; a lo mejor por eso la Delcy se entiende con él, porque recuerden que estuvo pelando la pava en el aeropuerto de Barajas con el prototipo de los puteros, el ínclito señor Ábalos. No hace falta que diga que a mí, la señora Rodríguez me da tan poca confianza como sus dos antecesores al frente de Venezuela, señores Chaves y Maduro. ¡Pobres venezolanos! 

El caso es que estaba yo preparando un post a medio camino entre resumen de lo acontecido en el año ya difunto y deseos de un próspero año nuevo para todos ustedes mis lectores supervivientes, que cada vez van siendo menos. Lo que pasa es que la realidad nos atropella en este mundo líquido que se mueve a toda pastilla. Una solución es la que nos propone Byung-Chul Han: quedarnos en casa y dedicarnos a levitar, reflexionar y escuchar música clásica. Les puedo asegurar que yo lo intento, pero hasta nuestro último refugio nos llega el ruido de la alterada actualidad que nos deparan El Agente Naranja, el auténtico Hijo de Putin y los demás conmilitones. Y, si nos van a bombardear para secuestrar a Pedro Sánchez (como ha sugerido el idiota de Fran Rivera), pues hay que estar atentos para que nos dé tiempo a llegar al bunker, en mi caso la estación de Metro de Antón Martín.

En la Navidad, felizmente finiquitada, todo parece pasar a un segundo plano. Bueno, estamos en un mundo que se nos sirve a la medida de los poderosos, para que estemos anestesiados y no nos enteremos de lo que pasa en la realidad. Porque ahora vienen las rebajas, luego San Valentín y luego el Carnaval y la Semana Santa. Con esto y un bizcocho, otra vez al verano y enseguida vuelta a la Navidad, qué hartura. Pero cumpliré con mi propósito, aunque de forma breve. En el año que termina he continuado felizmente con mis carreras por el Retiro, el yoga, la guitarra y el inglés.

Corté definitivamente con el Billar de Letras y estoy feliz por ello. Esa tribuna, que empezó en formato presencial, dejó de ser interesante para mí cuando se pasó a modo on-line por la pandemia y ya no recuperó el formato original. Ahora era un foro en el que su mentor, el escritor cubano Ronaldo Menéndez, ocupaba bastante más de la mitad de las dos horas que duraba. Los participantes, entre los que yo era el único varón, disponían de algo más de cinco minutos para intervenir, la mitad de cuyo tiempo empleaban en dar gracias a Ronaldo, dar gracias al autor del libro que se analizaba y también al editor y hasta a los traductores, por haberles permitido llegar a disfrutar de la indiscutible belleza del libro en cuestión. Yo trataba a veces de ser más crítico, pero entonces me ponían todas verde.

Y, lo cierto es que, a la vuelta de mi viaje de vuelta al mundo, los libros que nos tocó leer eran bastante malos en mi opinión. Y, con la cantidad de otras actividades que desarrollo, no me quedaba tiempo de leer otras cosas que las determinadas desde el club. Le escribí a Ronaldo un mail, anunciándole que me borraba y le dije que me llamara por teléfono para explicarle mis razones, que no le quería poner por escrito. Nunca me llamó, lo cual confirma lo poco que pintaba yo en ese foro femenino, atrapado en un gineceo de adoradoras. Como nunca se lo pude explicar, ahora lo hago mediante el blog.

Y, después de un tiempo sin leer absolutamente nada, por higiene mental, he empezado de nuevo mis lecturas. Ahora mismo me estoy terminando Alcaravea, de Irene Reyes-Noguerol, una chica de veintitantos que asombra por la intensidad de su temática y su forma precisa de escribir. Y tengo en cola el libro de Cercas sobre el Papa Francisco y La Hambruna Española, una investigación del historiador Miguel Ángel del Arco, en donde se demuestra que Franco-Franco-Franco utilizó el hambre deliberadamente para desmoralizar aun más a los perdedores de la guerra que no se exiliaron, especialmente en el período 1939-1942, donde hasta se retenían convoyes con alimentos, igual que se hace ahora en Gaza. Parece que a partir de 1942, la cosa se relajó un poco, ya se daba por derrotados del todo a los pobres que habían osado defender a su gobierno legítimamente constituido. En fin, libros que no hubiera podido disfrutar si hubiera permanecido preso en la jaula de oro del Billar de Letras.

En el yoga, he completado mi primer año con la academia Ashtanga Madrid, en la calle Espoz y Mina, que me gusta más que la anterior y en la que estoy profundizando mucho en mis prácticas. También he cambiado de maestro guitarrero y estoy contento con Oscar mi nuevo profesor, aunque no negaré que echo bastante de menos a Henry Guitar y el estupendo grupo que formábamos con Carlos y Borjita, con los que hacíamos combo después de las clases hasta terminar en unas cañas en el bar Los Cuñaos, a donde no he vuelto a ir desde entonces. Las cosas han de evolucionar. Por lo demás, en el año que acaba de terminar, he continuado haciendo viajes, no ya de vuelta al mundo, pero igualmente interesantes.

Este año he viajado con mi pareja a Atenas, Soria, Budapest, París (para la boda de mi hijo Kike), Noruega y Praga. También me recorrí la Borgoña con mi querido amigo Alain Sinou, y acudí al festival de blues de Béjar con Henry Guitar y Críspulo, mis amigos musiqueros vallecanos. Entre los conciertos de rock a los que he asistido, por supuesto, destacar la primera actuación en Madrid de nuestra adorada Samantha Fish, en el mes de junio, séptimo de sus conciertos que presencio, con la que pude charlar un buen rato y renovar nuestra amistad. También asistí a bastantes otros conciertos de rock, sobre todo de ámbito local, si bien me gustaría destacar los de Jess Dayton en marzo y Larkin Poe, en noviembre, este último realmente fabuloso, a la altura del de Sam. Pero no cabe duda que mi encuentro con ella el 24 de junio fue el punto cumbre de mi deriva bloguera de este año y les recuerdo dos de las fotos que nos tomaron, donde se puede ver el cariño mutuo.


Con este bagaje me alcanzaron las fiestas navideñas, la llegada de mis hijos y la interrupción de las rutinas entre las que me suelo mover, obligado a quedarme en casa por la invasión de turistas del entorno más inmediato, que vienen a ver las luces, como las polillas, y atiborran el espacio público de mi barrio. En relación con esto, he de decir que por fin han acabado las obras de la Plaza de Santa Ana y tengo que reconocer que al final no han quedado tan mal, la plaza se parece bastante a la anterior, hay algunos árboles más grandes que se han sustituido por otros más pequeños, pero el concepto es el mismo y esos arbolitos irán creciendo poco a poco. Al menos no ha quedado tan mal como la horrible Puerta del Sol.

Como novedad, he de contar también que, por primera vez desde que era estudiante, no he jugado un solo euro a la Lotería Nacional. A lo largo de mis casi cuarenta años de trabajo en el Ayuntamiento, siempre solía participar de los números que se repartían en el curre, más los bares y otros lugares. Pero nunca me tocaba nada. Situación que he mantenido después de jubilarme, con idéntico resultado. Además, leí un artículo de un economista que decía que es muy improbable que te toque ningún sorteo y que finalmente, la lotería es el impuesto de los pobres y de los tontos. Confirmado esto viendo el careto de los que hacen colas kilométricas a la puerta de Doña Manolita, he decidido este año no jugar nada. Y estoy encantado.

Hay que evolucionar: se acabó el Billar de Letras, nuevo profe de guitarra, nueva academia de yoga, cero gastos en lotería. También este año, me cambié el WiFi a DIGI y dejé de consentir que me estafaran cada mes los de ORANGE. Y arreglé el hardware de mi ordenador que se estaba esmendrellando peligrosamente, lo que conseguí que me saliera gratis por estar cubierto por la garantía. También tengo que reconocer con tristeza que, por tercer año consecutivo, continúa la escabechina de amigos que se me van muriendo, este año Partearroyo y El Coronel Groucho, pero de esto no quiero hablar hoy, que ya bastante tenemos con el Agente Naranja y sus tropelías. Hoy es día de comenzar el año con una sonrisa y a ello nos puede ayudar la Inteligencia Artificial, capaz de convertir los miedos y penumbras del momento en motivo de sonrisas, como en el vídeo que pueden ver abajo.

La omnipresencia de la Inteligencia Artificial es otra de las novedades que nos ha traido el 2025. Pero hay rutinas que continúan, como el hecho de que mis hijos vengan de visita por Navidad, como el Calvo del anuncio de loterías. Kike ya está de vuelta en París y Lucas se vuelve a Londres en unos días. Terminaré por mostrarles la foto que nos hicimos un día en la Casa de las Torrijas. Imagen que les dejo con un ardiente deseo: que tengan ustedes un Feliz Año 2026. Aunque vamos bien por lotería, con el esfuerzo mental de todos conseguiremos llegar a estas fechas del año que viene. Pórtense bien y estén al loro.

2 comentarios:

  1. Emilio, the man in black de la lotería española, como llamaban a Clive Arrindell, el Calvo de los anuncios, ya no está entre nosotros para desear que la suerte nos acompañe. Murió en agosto del 24, pero no lo supimos hasta que este año lo buscó un lotería y se enteró de tan triste noticia. Como te has borrado del juego, no estás al tanto. En fin, te ha tocado el reintegro. Enhorabuena.

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    1. Pues gracias por el dato aportado. No conocía esta historia. Besos.

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