El otoño atmosférico y también el
vital porque, nos guste o no nos guste, nos vamos haciendo viejos y uno se va adentrando
en ese callejón con final anunciado, en cuya singladura lo peor que se puede hacer es entristecerse
y venirse abajo. Así que aquí me tienen, progresando adecuadamente con el inglés,
el yoga, la guitarra y mis carreritas por el Retiro, súper entretenido y encima
con nuevas empresas y afanes. Ya les iré dando detalles, pero hace unos cuantos
lunes repetí mi clase en la ETSAM sobre el proceso de realojo de los
chabolistas de Palomeras, para el curso que dirige mi amiga Sonia de Gregorio,
con la particularidad de que se me ocurrió invitar a mi también amiga, la periodista chilena Gabriela,
que apura sus últimos días en Madrid antes de regresarse a su tierra.
La clase me quedó bastante bien y, al acabar, Sonia y
Gabriela, me acorralaron para hacerme una especie
de pinza o sándwich, a la manera de ciertos partidos políticos, y animarme a
contar todo eso en un libro, con los argumentos de que es un tema muy interesante, que casi nadie lo conoce y que es bueno que lo ponga por escrito para que quede testimonio para la posteridad y no se pierda en el olvido, como lágrimas en la lluvia. Y les diré que estoy en ello, sin prisa pero sin
pausa. De todo esto les haré un relato más detallado en posts sucesivos. De momento quedémonos
en que vamos para viejos, que hay que mantener el ánimo y la actividad física y
mental y que, por supuesto, un ingrediente básico e imprescindible es no perder
el sentido del humor, para lo que les muestro un chiste sin palabras, que me
parece ciertamente impagable.
Ya ven: como parte del proceso,
uno se va reviniendo, perdiendo estatura, en una deriva que se puede constatar por la evidencia de que, por ejemplo, hemos de subirnos a una silla para alcanzar
algunas fuentes en la balda más alta de los armarios de la cocina, a las que antes llegábamos sin ayudas. Mi vida de
jubilado, en estos tiempos posteriores a mi viaje de vuelta al mundo, transcurre
con cierta tranquilidad, básicamente en actividades caseras, porque mi barrio está lleno
de turistas pedorros que me impiden entrar en mis bares favoritos, tiendas y
centros culturales del entorno, e incluso caminar por las aceras, invadidas por
esa masa de gentes de todas las nacionalidades, arrastrando maletas gigantes y
embelesados mirando sus móviles.
Para colmo, por los alrededores de Atocha, un día sí y otro también, hay manifestaciones, desfiles militares,
procesiones y toda clase de eventos multitudinarios, lo que recrudece el agobio
e impide salir con el coche a negocios más lejanos, adónde tampoco se puede ir
en transporte público, porque tanto el Metro como los autobuses llegan
retrasados y petados de gente a todas horas, por culpa de la interminable serie
de obras en la calzada que simultáneamente ha puesto en marcha el alcalde
Caradeculo, haciendo honor a su otro apodo de El Topillo. Dejemos para luego la
cera que le solemos dar a este idiota en nuestra tribuna y centrémonos en lo que les decía más
arriba: mi barrio, conocido como de Las Letras, se colapsa cada día por esa
suma de calamidades reseñadas.
Y DIGO YO:
¿No sería posible que, para
variar, alguno de los organizadores de cualquiera de estas protestas, fanfarrias,
chundaratas, aquelarres y saraos varios, decidiera situarla en otro lugar que no sea el entorno de la Glorieta de Atocha? Más que nada, para repartir el coñazo. Desde este foro queda hecha la sugerencia, casi como un mensaje guardado en una botella
metafórica y lanzado a ese maremagnum externo que cada vez me hace más difícil
salir de casa. Yo comprendo que localizaciones como Vallecas o Carabanchel no
tendrían la misma repercusión y otras como Colón las tiene acaparadas la
fachosfera, pero es que lo de mi barrio es de verdad insoportable.
Es cierto que el mundo está muy
mal y es comprensible que surjan manifestaciones como hongos. La gente está al
corriente a través de las redes sociales de cómo se vive entre los millonarios,
o simplemente en los países más poderosos, y protesta contra ello. Especialmente
enfadados están los chavales de la llamada Generación Z, que vislumbran un
futuro bastante negro para los de su edad. Y, a veces, una simple chispa hace
desbordar el malestar y el personal sale a la calle. En los tiempos recientes,
varios de estos movimientos han conseguido sus objetivos (por ahora y siempre
entre comillas). Pero les cuento algunos de estos acontecimientos. En julio de
2024, mientras yo andaba por ahí de garbeo planetario, surgió la que se
considera la primera revolución liderada por la Generación Z: la ocurrida en
Bangla Desh.
En ese mes, diversos movimientos
juveniles y estudiantiles, salieron a la calle para protestar por la mala
calidad de vida de la mayoría de la población del país, la corrupción y la
inoperancia del gobierno encabezado por una mujer, Sheikh Hasina. La protesta
fue duramente reprimida y la primera ministra intentó acabar con ella decretando
tres días de fiesta, toque de queda y cierre de Internet. Esto enfureció aun más a la
gente, que salió ya en masa a la calle. Se registraron 142 muertos entre ellos
14 policías. La revuelta triunfó y el 5 de agosto la primera ministra huyó del
país en un helicóptero, acompañada de su hermana, con destino a la India. Los
líderes de la revolución pidieron que se nombrara primer ministro al Premio
Nobel de la Paz Muhammad Yunus. El presidente y el Ejército aceptaron, pero este octogenario
caballero, al que la revuelta pilló en París por una revisión médica, prefirió quedarse de primer
asesor de otro político, que él mismo eligió. Desde entonces, parece que el
país se ha calmado. Vean un par de imágenes: los rebeldes asaltando el Congreso
y las patrullas callejeras regulando el tráfico durante las revueltas.
En Corea del Sur, al presidente
Yoon Suk-yeol se le ocurrió decretar la Ley Marcial y suspender todos los
derechos de sus súbditos, con la excusa de que había que detener las
actividades de unos nebulosos infiltrados de Corea del Norte de los que nadie tenía noticia. Sucedió esto en
diciembre de 2024. La rebelión callejera, secundada por los partidos de la
oposición, terminó con la destitución del presidente y su posterior ingreso en
prisión, donde sigue todavía. Mi amigo Woo me mantiene puntualmente informado
de la deriva de su país y últimamente me escribe con verdadero alivio.
Más recientemente, el primer ministro
de Nepal, tuvo la ocurrencia de cerrar las redes sociales en todo el país, por
un asunto de impago de impuestos por las compañías. La gente joven salió a la
calle en Katmandú y los reprimieron duramente (19 muertos). Al día siguiente
volvieron a salir y quemaron el Parlamento y la casa del primer ministro, que
tuvo que salir por piernas. El saldo final de víctimas subió a 72. El ejército
se hizo con el control de la ciudad y negociaron con los rebeldes, que
aceptaron un gobierno de transición, encabezado por la hasta entonces presidenta
del Tribunal Supremo, que sigue en el poder a día de hoy.
La dinámica fue similar en Madagascar, donde los chavales salieron a protestar por los continuos apagones de luz y el presidente terminó huyendo también en avión. Por cierto, ese presidente era un antiguo DJ y propietario de numerosas salas de fiesta por todo el país, tal como nos explicaron en 2019 cuando visité el país con mis amigos de Ciudad Real. Pero en este caso, la revuelta no acabó de la forma prevista: una unidad militar se unió a los rebeldes y aprovechó para dar un golpe de estado y hacerse con el poder. Parece que el saldo de muertos no fue muy alto para un país africano: sólo 22. Desde el 14 de octubre, el país tiene un gobierno militar, con un coronel que ejerce de presidente y que ha prometido convocar elecciones libres en dos años, aunque el talante del sujeto no parece augurar nada bueno para los pobres malgaches. Juzguen por ustedes mismos.
Tremendo lo sucedido, por cíclico
y archirrepetido, en el Perú, donde la chispa fue el ametrallamiento de un
popular grupo de música mientras actuaba en una verbena, la gota que colmó el
vaso del malestar ciudadano por el crecimiento de la delincuencia y la
inseguridad. Resulta que allí, la Constitución prevé un proceso equivalente al
de la moción de censura de España y otros países democráticos, pero con un
lenguaje grandilocuente y tremendista: la forma de echar a un presidente que ha
perdido la mayoría parlamentaria es presentar una “moción de vacancia por incapacidad
moral permanente”. Como lo oyen. Los últimos diez o doce presidentes del Perú
han sido cesados por este procedimiento, todos los que han ostentado el cargo
desde 2018, y la mayoría han terminado entre rejas.
Menos mal que en España no existe
ese supuesto, porque a Pedro Sánchez se lo habrían aplicado hace tiempo. En Perú
basta la firma de 26 diputados para presentar esa moción. Luego han de votar a
favor de la moción dos tercios de los congresistas. Y el presidente (presidenta
en este último caso), sólo dispone de una intervención de una hora para
defenderse. Ahora mismo hay un presidente interino que trata de contener las
revueltas callejeras e imponer el orden. Y revoluciones similares han surgido
en estos días en lugares tan dispares como Indonesia, Filipinas, Marruecos,
Kenia y Paraguay, por ahora sin grandes resultados. El mundo está muy revuelto,
como ven. Pero la madre de todas las protestas brotó el pasado 18 de octubre en
los USA. Nada menos que siete millones de norteamericanos salieron a la calle
en todas las ciudades del país, para protestar por las políticas de Donald
Trump, bajo el lema No Kings.
Lo que está haciendo el presidente loco tiene ya hartos a los propios yanquis y veremos que sucede con
las mid term elections dentro de un año. A la conclusión de la mayor de estas manifestaciones, la de
Washington DC, subió a la tribuna de oradores una persona de la que yo llevo
hablando desde hace muchos años en mis sucesivos blogs: el gran Bernie Sanders. Por
si no lo recuerdan, la élite del Partido Demócrata bloqueó fraudulentamente su nominación para
enfrentarse a Donald Trump en 2016, aunque estaba claro que hubiera tenido más
opciones que Hillary Clinton. Mi amigo Gonzalo López, activo militante
demócrata de San Diego, disgustado por ese pucherazo, terminó votando a una ecologista que
no sacó ni un escaño, y lo mismo hicieron muchos otros votantes potenciales del
partido. A sus 84 años, este veterano senador por Vermont, mantiene su energía y su verbo
vibrante y les voy a poner el vídeo de su discurso al final de la marcha. Dura
más de veinte minutos, pero les juro que merece la pena y es sencillo
subtitularlo en español.
Gran discurso. Hay que salir a la
calle y rebelarse; un sujeto como Trump no puede actuar sin control. Además, el tipo prometió que lograría la paz en Gaza y Ucrania (en el caso de este último conflicto, en 24
horas) y está haciendo el ridículo, porque Putin lo torea como quiere y lo de
Gaza es un alto el fuego precario, que no soluciona las responsabilidades por
el destrozo causado en la Franja. Pero Trump vive en un mundo de telerrealidad
y sólo le interesa seguir incrementando su riqueza personal. Que siete millones
de sus ciudadanos salgan a la calle le trae sin cuidado. Él está ahora dedicado
a la obra de reforma de la Casa Blanca, cuya Ala Este ha demolido para
construir una edificación más grande, dedicada a salón de baile, desatando las
protestas de los conservacionistas del patrimonio arquitectónico. Vean un
esquema comparativo del edificio antes y después de los trabajos en curso.
Todo lo que propone este señor es
desmesurado, grandilocuente, ordinario, basto, chabacano, vulgar, ostentoso, pretencioso, hortera.
El colmo del mal gusto. Supongo que han visto el vídeo que se hizo con Inteligencia
Artificial para responder a la marea de manifestaciones del día 18, que él
mismo publicó en sus perfiles de redes sociales. Por si no lo vieron, abajo lo
tienen. Lo de este señor es increíble.
Tiempos volátiles e inciertos,
grandes dificultades para mantener un mundo injusto y mal repartido, que puede
estallar por cualquiera de sus costuras imperfectas. ¿Ha empezado ya la
revolución? Yo tengo mis dudas. Cuando la llamada Primavera Árabe de 2015,
parecía que algo iba a cambiar. Pero al final se quedó todo en agua de
borrajas. El presidente Trump se caga en sus ciudadanos y he de decirles que
aquí en Madrid no hace falta que nos echen mierda desde un caza o un
helicóptero: la ciudad tiene mierda por todos los rincones, resultado del
malhadado acuerdo que perpetró la señora Botella con las grandes empresas de la
construcción que acaparan el negocio de la recogida de basuras en la capital,
con métodos no muy diferentes de los que usa la Camorra en Nápoles, o los que
usaba la familia de Los Soprano, que también se dedicaba a ello. Aislado en mi
casa por la marea de turistas, si quiero salir he de atravesar a veces por
vericuetos llenos de basuras y cacas. Lo pueden comprobar en este vídeo que
grabé el otro día en el trayecto desde mi casa hasta la calle Atocha.
Nuestro ínclito alcalde
Caradeculo sigue metiendo la pata a diestro y siniestro, como cuando dice que a
las mujeres que quieran abortar se les dirá que cuidado, que les puede
atropellar un coche o caérseles un tiesto de un balcón, pero sólo se les
informará de esto si ellas quieren. Maravilloso. Sin embargo, como yo no soy igual
que la fachosfera de El inMundo y los demás, puedo decir un par de cosas
favorables a este caballerete y no me duelen prendas por ello. Primera: la idea
de imponernos una tasa de basuras no es suya; por el contrario, es una imposición
del Gobierno de la Nación, que se ha visto obligado a trasponer una Ley Europea
que obliga a ello en las grandes ciudades.
Es justo reconocer esto. Como
también salir al paso del reportaje de hoy en El País que dice que este
señor, a pesar de ser abogado del Estado, pierde todos los juicios a que se
somete el Ayuntamiento. Esto es cierto, pero no lo es menos el hecho de que el
Ayuntamiento ya perdía todos los procedimientos legales que emprendía, antes de
tener un alcalde Caradeculo. Lo que no deja muy bien a los servicios jurídicos
municipales, que ejercen los pomposamente conocidos como letrados consistoriales. Estos letrados
consistoriales son unos mantas y llevan luciéndose desde hace décadas. Así que:
al César, sólo lo que es del César, que ya tiene bastante con ello.
Pero si hay una máxima por la que
se rige este blog es esa de que una imagen vale más que mil palabras. Las fotos
de Almeidinha Caradeculo hablan por
sí solas. Pero también las de Ayuso. Esta señora, acorralada por el caso blanco
y en botella (que no Ana Botella) de su novio defraudador, está echando una
fisionomía o careto también bastante evidente. Por cierto, el personaje del novio,
no puedo evitar que me induzca una cierta ternura. La de broncas que tendrá que
soportar de su pareja… Puedo imaginármelo: Desde luego, hay que ser inútil,
mira que reconocer tus delitos por escrito, eso es de primero de defraudador
del fisco, nunca hay que reconocerlo y menos por escrito, hay que sostenella y
no enmendalla y echarle la culpa de todo a Pedro Sánchez, pero ¿en qué país
crees que vives? Pobre hombre, toda mi solidaridad machista con él. Pero les decía
que una imagen vale más que mil palabras. Vean una foto de Ayuso y el alcaldillo
en el acto de primera piedra (segunda, en este caso, después de los años) de la
renacida Ciudad de la Justicia.
Ya lo van cogiendo, imagino.
Todos los presentes en el acto, menos uno, escuchan con atención concentrada al
técnico que les explica el proyecto delante de la maqueta. A todos parece
interesarles y no pierden detalle de lo que se les cuenta. La señora Ayuso es
la nota discordante en este grupo. A esta señora le importa un bledo lo que le
están contando. Mientras aguanta el coñazo, su mente está ya maquinando alguna
nueva treta para joder a Sánchez y su rostro desvela el disfrute que le produce
esa idea. Esta señora es ya toda una malvada de película. Podrían ficharla para
hacer de Cruella de Ville o la madrastra de Blanca Nieves. Pero ojo, que tonta
no es. Tiene intuición política, la suficiente como para haber fichado de
asesor áulico a MAR, que es un genio de las comunicaciones.
Mi añorado amigo Mariano
pronosticaba que Ayuso moriría por fuego amigo, que en el partido se hartarían
de su deriva maleducada, descarada y faltona y la torpedearían desde dentro. Ahora él está bajo tierra y ella
cada día más fuerte, a pesar del novio pedorro que se ha echado. Pero, si el
pronóstico de Mariano se cumple algún día y el partido le da la espalda y la
deja caer (acuérdense de lo que les digo), MAR estará con ella hasta el final y
se inmolará a su lado. Este señor puede tener todos los defectos del mundo,
pero es también un caballero a la antigua. Y por cerrar nuestro habitual
repaso al trío de la bencina, vean otra imagen que vale más de mil palabras, la
del conspicuo Fake Joo-oh en un acto reciente.
Este señor, torpe y desmañado,
con quién hemos agotado en posts anteriores todos los adjetivos y epítetos
infamantes del diccionario, que encima es un pésimo orador, con una voz
desagradable y proclive al gallo permanente no deseado, sigue haciendo el
ridículo, allá por donde va. ¿Se lo imaginan dando un discurso en Europa como
los de Rajoy? It’s very dificult todo
esto… Pues ahora se va a un acto del partido y le sacan una instantánea
bailando el baile del chinito. Desde luego, al asesor de imagen que le
recomendó quitarse las gafas, deberían de mandarlo de meritorio del partido a
Melilla. Por decir un lugar lejano. A Ayuso no es fácil echarla porque hay mucha gente que la adora, pero este percebe está haciendo todos los méritos para que su partido le monte una moción de vacancia, no sólo por incapacidad moral permanente, sino también por incompetencia política manifiesta. ¿Y
ahora qué es lo que quieren? Están pesaditos hoy con sus preguntas. Que no
saben lo que es el baile del chinito. Muy bien. Pues abajo les hago una demostración.
Lo dicho, un mundo absurdo y en riesgo de ir a peor. Por eso yo me refugio en mi casa la mayor parte del tiempo; creo que ahora mismo no podría repetir mi viaje de vuelta al mundo y no por falta de ganas ni por ser un año más viejo. Mis contactos en Lima, Ciudad de México y Berkeley ya no viven en estos lugares, la parte de Latinoamérica no me quedaron muchas ganas de repetirla, salvo mi delicioso paso por Brasil, y ahora mismo los USA son un lugar que me da miedo visitar, no vaya a ser el demonio que, por el simple hecho de hablar español, me secuestren unos encapuchados, me rapen el pelo al cero y me muestren en la tele encadenado y agachado, antes de enviarme a un penal en El Salvador. Quita, quita. Por acá las cosas no están demasiado bien, los de Junts pel tres per cent amenazan con mandar la legislatura a la mierda y mientras tanto, la imagen del Congreso es la que con su puntería certera habitual retrataba hace unos días El Roto.
En este transcurrir lento y gozoso
del otoño atmosférico y vital, tengo la impagable compañía de Tarick Marcelino
Martínez que por la noche está educado para situarse a los pies de la cama, so
pena de guantazo, y sin embargo ha aprendido que a la hora de la siesta puede
subirse a mi regazo, remolón y ronroneante para acompañar mi breve cabezada
cotidiana de media hora. Les pongo abajo un par de imágenes de una de mis
siestas. Parecen la misma, pero si se fijan bien son distintas: en la de arriba
está empezando a dormirse y en la de abajo ha avanzado unos milímetros en ese
proceso.
Como les digo, el gato me hace mucha compañía y, pensando sobre esto, se me ha ocurrido una idea. Si algunas chicas se hacen de oro enseñando el culo o mostrándose en pleno trance de darle alegría a su cuerpo macareno, yo podría hacer lo mismo con mis escenas de amor con el bueno de Tarick Marcelino Martínez. Si estas chicas ligeras de equipaje se autodenominan creadoras de contenido para adultos, yo podría triunfar como creador de contenido para abuelos solitarios y faltos de cariño. A lo mejor me forro. Así, a modo de ensayo general, me he grabado un autoselfie que yo creo que es bastante original. Véanlo.
Ya lo ven, porno duro, puro hardcore. Pero hemos empezado por lo de que cada día estoy más viejo y terminaré diciéndoles que, como todos los años, me estoy sometiendo a revisión para ver cómo andan las constantes. Hasta ahora he pasado una analítica con nota alta. Mis colesteroles, triglicéridos y similares están no sólo igual que el año pasado, sino que incluso se han reducido. Puede que esté sufriendo una deriva como la del conocido Benjamin Button, aunque no soy Brad Pitt. También me he vacunado del Covid y la gripe. Me faltan la revisión oftálmica de seguimiento de mis desaparecidas cataratas, otra revisión, en este caso dermatológica, la limpieza dental y la vacuna del herpes zoster, que se recomienda para todos los mayores de 70. Pero lo de la analítica era lo más decisivo y he salido a hombros por la puerta grande. Así que, adelante con los faroles. Terminaré, como de costumbre, instándoles a ser buenos. Mientras puedan.


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