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domingo, 26 de octubre de 2025

34. El otoño avanza

El otoño atmosférico y también el vital porque, nos guste o no nos guste, nos vamos haciendo viejos y uno se va adentrando en ese callejón con final anunciado, en cuya singladura lo peor que se puede hacer es entristecerse y venirse abajo. Así que aquí me tienen, progresando adecuadamente con el inglés, el yoga, la guitarra y mis carreritas por el Retiro, súper entretenido y encima con nuevas empresas y afanes. Ya les iré dando detalles, pero hace unos cuantos lunes repetí mi clase en la ETSAM sobre el proceso de realojo de los chabolistas de Palomeras, para el curso que dirige mi amiga Sonia de Gregorio, con la particularidad de que se me ocurrió invitar a mi también amiga, la periodista chilena Gabriela, que apura sus últimos días en Madrid antes de regresarse a su tierra.

La clase me quedó bastante bien y, al acabar, Sonia y Gabriela, me acorralaron para hacerme una especie de pinza o sándwich, a la manera de ciertos partidos políticos, y animarme a contar todo eso en un libro, con los argumentos de que es un tema muy interesante, que casi nadie lo conoce y que es bueno que lo ponga por escrito para que quede testimonio para la posteridad y no se pierda en el olvido, como lágrimas en la lluvia. Y les diré que estoy en ello, sin prisa pero sin pausa. De todo esto les haré un relato más detallado en posts sucesivos. De momento quedémonos en que vamos para viejos, que hay que mantener el ánimo y la actividad física y mental y que, por supuesto, un ingrediente básico e imprescindible es no perder el sentido del humor, para lo que les muestro un chiste sin palabras, que me parece ciertamente impagable. 

Ya ven: como parte del proceso, uno se va reviniendo, perdiendo estatura, en una deriva que se puede constatar por la evidencia de que, por ejemplo, hemos de subirnos a una silla para alcanzar algunas fuentes en la balda más alta de los armarios de la cocina, a las que antes llegábamos sin ayudas. Mi vida de jubilado, en estos tiempos posteriores a mi viaje de vuelta al mundo, transcurre con cierta tranquilidad, básicamente en actividades caseras, porque mi barrio está lleno de turistas pedorros que me impiden entrar en mis bares favoritos, tiendas y centros culturales del entorno, e incluso caminar por las aceras, invadidas por esa masa de gentes de todas las nacionalidades, arrastrando maletas gigantes y embelesados mirando sus móviles.

Para colmo, por los alrededores de Atocha, un día sí y otro también, hay manifestaciones, desfiles militares, procesiones y toda clase de eventos multitudinarios, lo que recrudece el agobio e impide salir con el coche a negocios más lejanos, adónde tampoco se puede ir en transporte público, porque tanto el Metro como los autobuses llegan retrasados y petados de gente a todas horas, por culpa de la interminable serie de obras en la calzada que simultáneamente ha puesto en marcha el alcalde Caradeculo, haciendo honor a su otro apodo de El Topillo. Dejemos para luego la cera que le solemos dar a este idiota en nuestra tribuna y centrémonos en lo que les decía más arriba: mi barrio, conocido como de Las Letras, se colapsa cada día por esa suma de calamidades reseñadas.

Y DIGO YO:

¿No sería posible que, para variar, alguno de los organizadores de cualquiera de estas protestas, fanfarrias, chundaratas, aquelarres y saraos varios, decidiera situarla en otro lugar que no sea el entorno de la Glorieta de Atocha? Más que nada, para repartir el coñazo. Desde este foro queda hecha la sugerencia, casi como un mensaje guardado en una botella metafórica y lanzado a ese maremagnum externo que cada vez me hace más difícil salir de casa. Yo comprendo que localizaciones como Vallecas o Carabanchel no tendrían la misma repercusión y otras como Colón las tiene acaparadas la fachosfera, pero es que lo de mi barrio es de verdad insoportable.

Es cierto que el mundo está muy mal y es comprensible que surjan manifestaciones como hongos. La gente está al corriente a través de las redes sociales de cómo se vive entre los millonarios, o simplemente en los países más poderosos, y protesta contra ello. Especialmente enfadados están los chavales de la llamada Generación Z, que vislumbran un futuro bastante negro para los de su edad. Y, a veces, una simple chispa hace desbordar el malestar y el personal sale a la calle. En los tiempos recientes, varios de estos movimientos han conseguido sus objetivos (por ahora y siempre entre comillas). Pero les cuento algunos de estos acontecimientos. En julio de 2024, mientras yo andaba por ahí de garbeo planetario, surgió la que se considera la primera revolución liderada por la Generación Z: la ocurrida en Bangla Desh.

En ese mes, diversos movimientos juveniles y estudiantiles, salieron a la calle para protestar por la mala calidad de vida de la mayoría de la población del país, la corrupción y la inoperancia del gobierno encabezado por una mujer, Sheikh Hasina. La protesta fue duramente reprimida y la primera ministra intentó acabar con ella decretando tres días de fiesta, toque de queda y cierre de Internet. Esto enfureció aun más a la gente, que salió ya en masa a la calle. Se registraron 142 muertos entre ellos 14 policías. La revuelta triunfó y el 5 de agosto la primera ministra huyó del país en un helicóptero, acompañada de su hermana, con destino a la India. Los líderes de la revolución pidieron que se nombrara primer ministro al Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus. El presidente y el Ejército aceptaron, pero este octogenario caballero, al que la revuelta pilló en París por una revisión médica, prefirió quedarse de primer asesor de otro político, que él mismo eligió. Desde entonces, parece que el país se ha calmado. Vean un par de imágenes: los rebeldes asaltando el Congreso y las patrullas callejeras regulando el tráfico durante las revueltas.


En Corea del Sur, al presidente Yoon Suk-yeol se le ocurrió decretar la Ley Marcial y suspender todos los derechos de sus súbditos, con la excusa de que había que detener las actividades de unos nebulosos infiltrados de Corea del Norte de los que nadie tenía noticia. Sucedió esto en diciembre de 2024. La rebelión callejera, secundada por los partidos de la oposición, terminó con la destitución del presidente y su posterior ingreso en prisión, donde sigue todavía. Mi amigo Woo me mantiene puntualmente informado de la deriva de su país y últimamente me escribe con verdadero alivio.

Más recientemente, el primer ministro de Nepal, tuvo la ocurrencia de cerrar las redes sociales en todo el país, por un asunto de impago de impuestos por las compañías. La gente joven salió a la calle en Katmandú y los reprimieron duramente (19 muertos). Al día siguiente volvieron a salir y quemaron el Parlamento y la casa del primer ministro, que tuvo que salir por piernas. El saldo final de víctimas subió a 72. El ejército se hizo con el control de la ciudad y negociaron con los rebeldes, que aceptaron un gobierno de transición, encabezado por la hasta entonces presidenta del Tribunal Supremo, que sigue en el poder a día de hoy.

La dinámica fue similar en Madagascar, donde los chavales salieron a protestar por los continuos apagones de luz y el presidente terminó huyendo también en avión. Por cierto, ese presidente era un antiguo DJ y propietario de numerosas salas de fiesta por todo el país, tal como nos explicaron en 2019 cuando visité el país con mis amigos de Ciudad Real. Pero en este caso, la revuelta no acabó de la forma prevista: una unidad militar se unió a los rebeldes y aprovechó para dar un golpe de estado y hacerse con el poder. Parece que el saldo de muertos no fue muy alto para un país africano: sólo 22. Desde el 14 de octubre, el país tiene un gobierno militar, con un coronel que ejerce de presidente y que ha prometido convocar elecciones libres en dos años, aunque el talante del sujeto no parece augurar nada bueno para los pobres malgaches. Juzguen por ustedes mismos.

Tremendo lo sucedido, por cíclico y archirrepetido, en el Perú, donde la chispa fue el ametrallamiento de un popular grupo de música mientras actuaba en una verbena, la gota que colmó el vaso del malestar ciudadano por el crecimiento de la delincuencia y la inseguridad. Resulta que allí, la Constitución prevé un proceso equivalente al de la moción de censura de España y otros países democráticos, pero con un lenguaje grandilocuente y tremendista: la forma de echar a un presidente que ha perdido la mayoría parlamentaria es presentar una “moción de vacancia por incapacidad moral permanente”. Como lo oyen. Los últimos diez o doce presidentes del Perú han sido cesados por este procedimiento, todos los que han ostentado el cargo desde 2018, y la mayoría han terminado entre rejas.

Menos mal que en España no existe ese supuesto, porque a Pedro Sánchez se lo habrían aplicado hace tiempo. En Perú basta la firma de 26 diputados para presentar esa moción. Luego han de votar a favor de la moción dos tercios de los congresistas. Y el presidente (presidenta en este último caso), sólo dispone de una intervención de una hora para defenderse. Ahora mismo hay un presidente interino que trata de contener las revueltas callejeras e imponer el orden. Y revoluciones similares han surgido en estos días en lugares tan dispares como Indonesia, Filipinas, Marruecos, Kenia y Paraguay, por ahora sin grandes resultados. El mundo está muy revuelto, como ven. Pero la madre de todas las protestas brotó el pasado 18 de octubre en los USA. Nada menos que siete millones de norteamericanos salieron a la calle en todas las ciudades del país, para protestar por las políticas de Donald Trump, bajo el lema No Kings.

Lo que está haciendo el presidente loco tiene ya hartos a los propios yanquis y veremos que sucede con las mid term elections dentro de un año. A la conclusión de la mayor de estas manifestaciones, la de Washington DC, subió a la tribuna de oradores una persona de la que yo llevo hablando desde hace muchos años en mis sucesivos blogs: el gran Bernie Sanders. Por si no lo recuerdan, la élite del Partido Demócrata bloqueó fraudulentamente su nominación para enfrentarse a Donald Trump en 2016, aunque estaba claro que hubiera tenido más opciones que Hillary Clinton. Mi amigo Gonzalo López, activo militante demócrata de San Diego, disgustado por ese pucherazo, terminó votando a una ecologista que no sacó ni un escaño, y lo mismo hicieron muchos otros votantes potenciales del partido. A sus 84 años, este veterano senador por Vermont, mantiene su energía y su verbo vibrante y les voy a poner el vídeo de su discurso al final de la marcha. Dura más de veinte minutos, pero les juro que merece la pena y es sencillo subtitularlo en español.

Gran discurso. Hay que salir a la calle y rebelarse; un sujeto como Trump no puede actuar sin control. Además, el tipo prometió que lograría la paz en Gaza y Ucrania (en el caso de este último conflicto, en 24 horas) y está haciendo el ridículo, porque Putin lo torea como quiere y lo de Gaza es un alto el fuego precario, que no soluciona las responsabilidades por el destrozo causado en la Franja. Pero Trump vive en un mundo de telerrealidad y sólo le interesa seguir incrementando su riqueza personal. Que siete millones de sus ciudadanos salgan a la calle le trae sin cuidado. Él está ahora dedicado a la obra de reforma de la Casa Blanca, cuya Ala Este ha demolido para construir una edificación más grande, dedicada a salón de baile, desatando las protestas de los conservacionistas del patrimonio arquitectónico. Vean un esquema comparativo del edificio antes y después de los trabajos en curso.

Todo lo que propone este señor es desmesurado, grandilocuente, ordinario, basto, chabacano, vulgar, ostentoso, pretencioso, hortera. El colmo del mal gusto. Supongo que han visto el vídeo que se hizo con Inteligencia Artificial para responder a la marea de manifestaciones del día 18, que él mismo publicó en sus perfiles de redes sociales. Por si no lo vieron, abajo lo tienen. Lo de este señor es increíble.

Tiempos volátiles e inciertos, grandes dificultades para mantener un mundo injusto y mal repartido, que puede estallar por cualquiera de sus costuras imperfectas. ¿Ha empezado ya la revolución? Yo tengo mis dudas. Cuando la llamada Primavera Árabe de 2015, parecía que algo iba a cambiar. Pero al final se quedó todo en agua de borrajas. El presidente Trump se caga en sus ciudadanos y he de decirles que aquí en Madrid no hace falta que nos echen mierda desde un caza o un helicóptero: la ciudad tiene mierda por todos los rincones, resultado del malhadado acuerdo que perpetró la señora Botella con las grandes empresas de la construcción que acaparan el negocio de la recogida de basuras en la capital, con métodos no muy diferentes de los que usa la Camorra en Nápoles, o los que usaba la familia de Los Soprano, que también se dedicaba a ello. Aislado en mi casa por la marea de turistas, si quiero salir he de atravesar a veces por vericuetos llenos de basuras y cacas. Lo pueden comprobar en este vídeo que grabé el otro día en el trayecto desde mi casa hasta la calle Atocha.

Nuestro ínclito alcalde Caradeculo sigue metiendo la pata a diestro y siniestro, como cuando dice que a las mujeres que quieran abortar se les dirá que cuidado, que les puede atropellar un coche o caérseles un tiesto de un balcón, pero sólo se les informará de esto si ellas quieren. Maravilloso. Sin embargo, como yo no soy igual que la fachosfera de El inMundo y los demás, puedo decir un par de cosas favorables a este caballerete y no me duelen prendas por ello. Primera: la idea de imponernos una tasa de basuras no es suya; por el contrario, es una imposición del Gobierno de la Nación, que se ha visto obligado a trasponer una Ley Europea que obliga a ello en las grandes ciudades.

Es justo reconocer esto. Como también salir al paso del reportaje de hoy en El País que dice que este señor, a pesar de ser abogado del Estado, pierde todos los juicios a que se somete el Ayuntamiento. Esto es cierto, pero no lo es menos el hecho de que el Ayuntamiento ya perdía todos los procedimientos legales que emprendía, antes de tener un alcalde Caradeculo. Lo que no deja muy bien a los servicios jurídicos municipales, que ejercen los pomposamente conocidos como letrados consistoriales. Estos letrados consistoriales son unos mantas y llevan luciéndose desde hace décadas. Así que: al César, sólo lo que es del César, que ya tiene bastante con ello.

Pero si hay una máxima por la que se rige este blog es esa de que una imagen vale más que mil palabras. Las fotos de Almeidinha Caradeculo hablan por sí solas. Pero también las de Ayuso. Esta señora, acorralada por el caso blanco y en botella (que no Ana Botella) de su novio defraudador, está echando una fisionomía o careto también bastante evidente. Por cierto, el personaje del novio, no puedo evitar que me induzca una cierta ternura. La de broncas que tendrá que soportar de su pareja… Puedo imaginármelo: Desde luego, hay que ser inútil, mira que reconocer tus delitos por escrito, eso es de primero de defraudador del fisco, nunca hay que reconocerlo y menos por escrito, hay que sostenella y no enmendalla y echarle la culpa de todo a Pedro Sánchez, pero ¿en qué país crees que vives? Pobre hombre, toda mi solidaridad machista con él. Pero les decía que una imagen vale más que mil palabras. Vean una foto de Ayuso y el alcaldillo en el acto de primera piedra (segunda, en este caso, después de los años) de la renacida Ciudad de la Justicia. 


¿Cómo dicen? ¿Que no observan nada raro. No me extraña. No es fácil de ver en este tamaño. Hagamos un zoom y se lo explico debajo.

Ya lo van cogiendo, imagino. Todos los presentes en el acto, menos uno, escuchan con atención concentrada al técnico que les explica el proyecto delante de la maqueta. A todos parece interesarles y no pierden detalle de lo que se les cuenta. La señora Ayuso es la nota discordante en este grupo. A esta señora le importa un bledo lo que le están contando. Mientras aguanta el coñazo, su mente está ya maquinando alguna nueva treta para joder a Sánchez y su rostro desvela el disfrute que le produce esa idea. Esta señora es ya toda una malvada de película. Podrían ficharla para hacer de Cruella de Ville o la madrastra de Blanca Nieves. Pero ojo, que tonta no es. Tiene intuición política, la suficiente como para haber fichado de asesor áulico a MAR, que es un genio de las comunicaciones.

Mi añorado amigo Mariano pronosticaba que Ayuso moriría por fuego amigo, que en el partido se hartarían de su deriva maleducada, descarada y faltona y la torpedearían desde dentro. Ahora él está bajo tierra y ella cada día más fuerte, a pesar del novio pedorro que se ha echado. Pero, si el pronóstico de Mariano se cumple algún día y el partido le da la espalda y la deja caer (acuérdense de lo que les digo), MAR estará con ella hasta el final y se inmolará a su lado. Este señor puede tener todos los defectos del mundo, pero es también un caballero a la antigua. Y por cerrar nuestro habitual repaso al trío de la bencina, vean otra imagen que vale más de mil palabras, la del conspicuo Fake Joo-oh en un acto reciente.

Este señor, torpe y desmañado, con quién hemos agotado en posts anteriores todos los adjetivos y epítetos infamantes del diccionario, que encima es un pésimo orador, con una voz desagradable y proclive al gallo permanente no deseado, sigue haciendo el ridículo, allá por donde va. ¿Se lo imaginan dando un discurso en Europa como los de Rajoy? It’s very dificult todo esto… Pues ahora se va a un acto del partido y le sacan una instantánea bailando el baile del chinito. Desde luego, al asesor de imagen que le recomendó quitarse las gafas, deberían de mandarlo de meritorio del partido a Melilla. Por decir un lugar lejano. A Ayuso no es fácil echarla porque hay mucha gente que la adora, pero este percebe está haciendo todos los méritos para que su partido le monte una moción de vacancia, no sólo por incapacidad moral permanente, sino también por incompetencia política manifiesta. ¿Y ahora qué es lo que quieren? Están pesaditos hoy con sus preguntas. Que no saben lo que es el baile del chinito. Muy bien. Pues abajo les hago una demostración. 

Lo dicho, un mundo absurdo y en riesgo de ir a peor. Por eso yo me refugio en mi casa la mayor parte del tiempo; creo que ahora mismo no podría repetir mi viaje de vuelta al mundo y no por falta de ganas ni por ser un año más viejo. Mis contactos en Lima, Ciudad de México y Berkeley ya no viven en estos lugares, la parte de Latinoamérica no me quedaron muchas ganas de repetirla, salvo mi delicioso paso por Brasil, y ahora mismo los USA son un lugar que me da miedo visitar, no vaya a ser el demonio que, por el simple hecho de hablar español, me secuestren unos encapuchados, me rapen el pelo al cero y me muestren en la tele encadenado y agachado, antes de enviarme a un penal en El Salvador. Quita, quita. Por acá las cosas no están demasiado bien, los de Junts pel tres per cent amenazan con mandar la legislatura a la mierda y mientras tanto, la imagen del Congreso es la que con su puntería certera habitual retrataba hace unos días El Roto.

En este transcurrir lento y gozoso del otoño atmosférico y vital, tengo la impagable compañía de Tarick Marcelino Martínez que por la noche está educado para situarse a los pies de la cama, so pena de guantazo, y sin embargo ha aprendido que a la hora de la siesta puede subirse a mi regazo, remolón y ronroneante para acompañar mi breve cabezada cotidiana de media hora. Les pongo abajo un par de imágenes de una de mis siestas. Parecen la misma, pero si se fijan bien son distintas: en la de arriba está empezando a dormirse y en la de abajo ha avanzado unos milímetros en ese proceso.


Como les digo, el gato me hace mucha compañía y, pensando sobre esto, se me ha ocurrido una idea. Si algunas chicas se hacen de oro enseñando el culo o mostrándose en pleno trance de darle alegría a su cuerpo macareno, yo podría hacer lo mismo con mis escenas de amor con el bueno de Tarick Marcelino Martínez. Si estas chicas ligeras de equipaje se autodenominan creadoras de contenido para adultos, yo podría triunfar como creador de contenido para abuelos solitarios y faltos de cariño. A lo mejor me forro. Así, a modo de ensayo general, me he grabado un autoselfie que yo creo que es bastante original. Véanlo.


Ya lo ven, porno duro, puro hardcore. Pero hemos empezado por lo de que cada día estoy más viejo y terminaré diciéndoles que, como todos los años, me estoy sometiendo a revisión para ver cómo andan las constantes. Hasta ahora he pasado una analítica con nota alta. Mis colesteroles, triglicéridos y similares están no sólo igual que el año pasado, sino que incluso se han reducido. Puede que esté sufriendo una deriva como la del conocido Benjamin Button, aunque no soy Brad Pitt. También me he vacunado del Covid y la gripe. Me faltan la revisión oftálmica de seguimiento de mis desaparecidas cataratas, otra revisión, en este caso dermatológica, la limpieza dental y la vacuna del herpes zoster, que se recomienda para todos los mayores de 70. Pero lo de la analítica era lo más decisivo y he salido a hombros por la puerta grande. Así que, adelante con los faroles. Terminaré, como de costumbre, instándoles a ser buenos. Mientras puedan.

sábado, 11 de octubre de 2025

33. ¿POTUS o FOTUS?

Me levanté ayer viernes asustado y sobresaltado y, nada más abrir el ojo, corrí a ver las noticias y comprobé con enorme alivio que no le habían dado el Nobel de la Paz a Donald Trump. ¡Uf! Qué susto. Me había acostado el jueves con un oscuro presentimiento, una especie de barrunto funesto: ¿Mira que si le dan el premio a este energúmeno? Cosas más raras se han visto, como el propio Nobel de la Paz a Kissinger, responsable de dar unas órdenes que supusieron la muerte de miles de personas. Y, por si no lo saben, el Nobel de Literatura se le concedió en 1953 a Winston Churchill, por su libro de memorias y (sic) por la brillantez oratoria de sus discursos. Para mí, el mayor escándalo en la historia de estos premios, creados por el inventor de la dinamita, para calmar su mala conciencia planetaria. 

Con antecedentes como estos, era normal que estuviéramos inquietos. Y ya les advierto de que, como se consolide la paz en Oriente Medio, el año próximo volverá la matraca de que Trump se merece ese galardón tan desprestigiado. Acuérdense que se dijo en este foro. El tipo del pelo naranja está encaprichado o encocorado con que le den dicho premio; lo de presidente de los USA se ha quedado minúsculo para su desmedido ego y ahora quiere más. Que este mastuerzo haya llegado a presidente es ya algo inconcebible y los propios americanos están sufriendo sus políticas represivas que le han llevado a mandar el ejército a Los Ángeles y últimamente también a Portland y a Chicago, dos de las ciudades con mejor rollo de Estados Unidos, tal como yo mismo tuve ocasión de comprobar. 

Sólo le falta enviar tropas también a Seattle otra de las ciudades más libres y creativas de los USA, como San Francisco y Nueva York. En Seattle surgió a finales de los ochenta el movimiento musical grunge, con Nirvana y Pearl Jam a la cabeza, que revolucionó el mundo del rock como hacía tiempo que no se veía. Y, ya mediados los noventa, en la ola del post-grunge, surgió un grupo en Seattle que rescataba las esencias más gamberras y rompedoras del mejor punk. El grupo se llamaba precisamente The Presidents of the United States of America. Además, sus temas se promocionaban con unos vídeos que realmente eran una bomba. Les voy a pedir que vean uno de ellos. El tema se llama Peaches, o sea, melocotones. Al pie de un árbol en el que los melocotones crecen ya envasados en latas (se supone que en almíbar) estos sujetos despliegan unas letras con mensaje, como todo el punk: me voy al campo, voy a comer un montón de melocotones, y luego el estribillo: melocotones a millones, melocotones gratis, melocotones pa’ mí.

Les hago una pregunta. ¿Ustedes creen que un grupo con ese nombre y con unas letras tan gamberras sería autorizado a publicar sus discos en el momento actual? Yo creo que no. Los noventa fueron una década de bastante libertad en los USA y ahora todo el mundo está aterrorizado con las decisiones y la deriva del actual inquilino de la Casa Blanca. Que está enfurruñado por no haberse llevado el Nobel de la Paz, con todo lo que se ha apresurado para forzar un acuerdo en Gaza, que no se sabe hasta donde llegará (la paz la da la justicia y mientras Netanyahu no sea juzgado por crímenes contra la Humanidad, no habrá ni un gramo de justicia). Ya que estamos, les pido que vean otro vídeo del grupo citado, uno de sus mayores éxitos. En este caso, no les digo nada de la letra, ininteligible para mí. Pero merece la pena verlo.

Bien, el acuerdo sobre Gaza no sé qué alcance tendrá, pero, si sirve para que dejen de morir niños bajo las bombas o por hambre, pues bienvenido sea. Aunque lo promuevan Trump y Netanyahu y lo aprueben con la boca pequeña los activistas de Hamas, que no dejan de ser unos criminales también. Esa es mi opinión y cada uno de ustedes puede tener la suya, porque, como les he dicho mil veces, las opiniones son como los culos, que cada uno tiene el suyo. Lo que quiero resaltar es que, si yo condenara este acuerdo sólo porque lo promueve Trump, estaría cayendo simétricamente en el error de Fake Jo-ho, que se opone a cualquier iniciativa del gobierno sólo porque la promueve Sánchez, antes de analizarla ni ver qué repercusiones tiene esa oposición. 

Como Sánchez ya se lo sabe, ahora lanza anzuelos al agua, diciendo cosas como que el derecho al aborto libre, gratuito y por la Seguridad Social debería recogerse en la Constitución. Y el otro pica el anzuelo, entra al trapo, se pasa de frenada y se mete en un jardín, porque en España la gente que está contra el aborto es muy minoritaria y además ya votan a Vox. Y en este paso de frenada, le sigue el tonto del Alcalde Caradeculo, que es un simple. Pero a este ya le daré caña al final de este post, que me tiene contento con su nueva tasa de basuras. De Sánchez baste decir que, a pesar de la presión a la que están sometidos su familia y sus más cercanos, el tipo da la impresión de estarse divirtiendo, al tener que lidiar con un enemigo tan cortito e incapaz (de ahí lo de Ánimo Alberto). Pero aquí estábamos centrados en Trump, un auténtico vampiro que nos va a chupar la sangre, junto con sus colegas al frente de los estados más grandes que dominan el mundo.  



Ya ven qué cosas se hacen con la Inteligencia Artificial. Trump es como un bebé cabreado porque su madre no le compra el juguete más caro en El Corte Inglés y se tira al suelo a patalear y berrear. Él quería su juguete, el Nobel de la Paz, y no se lo han dado. Y hoy ha reaccionado ya, subiéndole los aranceles a China hasta el 130%, por un quítame allá esas tierras raras. Como si eso le importara algo al gigante pilotado por el vampiro en jefe Xi Jinping. Y el lunes viajará a Egipto para presidir la firma del acuerdo con Hamas. Un experto en la telerrealidad como él, no puede dejar pasar esa solemne ocasión. Recuerden que, tras la final del Mundial de Clubes de futbol, los responsables del protocolo le dijeron que no podía seguir allí en la primera fila junto a los futbolistas que iban a levantar la copa. Pero le dio igual: allí estaban los campeones, con Trump al lado, feliz como una perdiz. Por algo es el actual POTUS.

¿Cómo dicen? ¿Que no saben que significan esas siglas? Pues pregúntenselo al Chat GPT. Vaaaaaaaale, es mi habitual vacile. POTUS es un acrónimo bastante usado en Norteamérica para designar a su presidente, por sus iniciales en inglés: President Of The United States. POTUS. O sea, que el grupo de punk post-grunge que les he descubierto más arriba, podrían haberse llamado los POTUS. Trump está tan feliz de ser el POTUS, que lideró una auténtica insurrección para tomar el Capitolio en enero de 2021 y no ceder el puesto que había perdido en las elecciones. En esos días, nos caía por aquí la Filomena. Y ahora hará lo posible por falsear, entorpecer y hasta suspender las Mid Term Elections, a celebrar a finales del año que viene. Les vengo previniendo de esa fecha clave, en la que el Congreso podría pasar a manos demócratas y empezar a ejercer un mínimo control al presidente majareta. Al que ya los sectores críticos han cambiado su acrónimo por el de FOTUS: Felon Of The United States. Para los que, a estas alturas, ya se estén preguntando si les estoy tomando el pelo, por favor pinchen AQUÍ y vean el titular de un artículo del prestigioso Newsweek.

La verdad es que, a lo largo de más de trece años de blog, creo que sólo les he engañado de verdad una vez. Fue al principio del todo, cuando me inventé un personaje que se llamaba Lisardo, supuesto ordenanza de mi oficina del Ayuntamiento, con quien tenía largas discusiones centradas en mi ignorancia del mundo informático, universo que mi amigo dominaba. Mantuve vivo ese personaje durante casi cuatro años, hasta que me inventé una muerte para él. Y conté un proceso inventado, que empezaba cuando lo visitaba, ya jubilado, en la UVI de un hospital, hasta su despedida en el tanatorio. Se narró esta historia en el Post #511 de Reflexiones a la Carrera, post que finalizaba revelando que era todo una superchería que les había colado. Si tienen curiosidad, pueden releer ese post pinchando AQUÍ.

Las restantes ocasiones en que ustedes han creído que les estaba metiendo una bola al estilo de El Mundo Today, resulta que les estaba diciendo la verdad. Salvo en algunos posts en los que desde el principio se podía deducir que estaba contando una historia imaginada. Pero ya saben el dicho: por un perro que maté, mataperros me llamaron. Por cierto, no hace mucho escuché a un paisano de La Coruña una versión chusca de ese dicho, que me parece muy graciosa y que desde aquí le brindo al bueno del Ateo Piadoso para que la incorpore a la colección de refranes, dimes y diretes que cultiva desde hace años con mimo de jardinero: pa’ una vez que me agaché, todo el culo se me vio. Queda consignada.

Lo cierto es que la realidad supera siempre lo que una mente humana pueda inventarse. No me digan que no resulta increíble, por ejemplo, que el señor Macron siga empeñado en nombrar primer ministro una y otra vez a un tipo que se llama Lecornu y que el otro día batió un record Guiness: le nombraron el lunes 6 de octubre por la mañana y dimitió por la tarde, cosa que, con semejante apellido no es muy de extrañar. Bueno, pues esta mañana le ha vuelto a nombrar otra vez y el tipo ha cogido fuerzas para proseguir en ese calvario, haciendo el gesto que ven abajo, en el que no se sabe si está haciendo fuerzas para tirarse un pedo, eventualidad que los que le rodean con cara de funeral no parecen esperarse. 


En la película El gran Lebowsky, uno de los personajes episódicos de la historia era un pobre hombre que se dedicaba al teatro amateur y se daba ánimos con ese mismo gesto de Monsieur Lecornu, a pesar de que a sus pésimas performances únicamente acudía el propio Lebowsky y sólo porque el actor frustrado era en realidad su casero y le debía unas cuantas mensualidades. En fin, con cosas como estas me voy entreteniendo mientras espero la llegada real del otoño, con cuarenta actividades que no tiene sentido que les recuerde: el inglés, el yoga, mis carreras por el Retiro, las clases de guitarra con el nuevo profesor y mis cañas con los diferentes amigos y amigas. Ya saben que desde que abrí este mi tercer blog le estoy dando preferencia a vivir, por encima de contar lo vivido. Y por supuesto, también tengo mis ratos de relax, con el bueno de Tarick Marcelino, como pueden ver en la foto de abajo.

El mundo exterior es nefasto y a veces uno no puede menos que refugiarse en su guarida. Este finde, a falta de grandes planes, estoy aquí pendiente de la nueva dana que, como de costumbre, ha suscitado que se promulgue la alerta roja en Valencia, Murcia, Baleares y Este de Andalucía. Y, por supuesto, también en El Retiro. Hace tiempo que les vengo dando la matraca sobre el hecho de que tenemos al frente de nuestro Ayuntamiento al único alcalde del mundo que cierra los parques por el calor. Y que tiene la ciudad llena de obras en espacios públicos, carreteras y edificios públicos y privados. Por eso se le llamaba en este blog, caritativamente, El Topillo. Pero ya hace días que este señor ha rebasado mi paciencia y he pasado a llamarle el Alcalde Caradeculo.

¿Por qué? Bueno, pues porque hay que ser muy tonto para salir a la palestra a explicar que lo de Israel en Gaza no es un genocidio; todos ustedes pudieron escucharlo. Y ya rota la barrera que separa lo simple de lo ridículo, hace unos días volvió a equivocarse apoyando la moción de Vox de que a las mujeres que quieran abortar se les avise de que esa operación las puede provocar alcoholismo, depresión, no sé cuántas infecciones, agresividad, insomnio, pesadillas, sentimiento de culpa, esterilidad y dificultades para orinar. Deberían haber añadido la posibilidad de que les caiga un tiesto en la cabeza, o el riesgo de que las atropelle un camión. Cuando se dieron cuenta de lo que acababan de aprobar, entraron en pánico y tuvo que salir el Caradeculo a hacer el ridículo de nuevo para decir que es que no lo habíamos entendido bien.

Este inútil, este mequetrefe, este botarate, en vez de dedicarse a mejorar la gobernabilidad de la ciudad, sigue las consignas de Fake Jo-ho y la Frutty Woman y se lanza a hablar de lo que no sabe. Por cierto, los adjetivos mequetrefe y botarate, suelen ir asociados no sólo a la imbecilidad supina del calificado, sino también a su escasa estatura. Este señor no gobierna nada, tiene la ciudad llena de mierda y también de obras sin cuento, que empieza sin ninguna planificación, como pollo sin cabeza; el transporte público va fatal y las calles están invadidas por hordas de turistas sin límite, que se mueven como pueden entre las basuras y los montones de escombros de las obras. La ciudad se está convirtiendo en un lugar hostil y desagradable. Ayer, después del alivio del Nobel de la Paz, me bebí medio litro de agua y un café solo y caminé hasta mi academia de yoga. Todas las fotos que les muestro abajo están tomadas en mi camino al yoga. Vean.




En esta última pueden ver los escombros de una de las mil obras del Topillo. Estos llevan abandonados en esa esquina bastante tiempo. Pero quiero mostrarles otra imagen, en este caso de una montaña de desechos en la mismísima calle de Atocha, que a mi vuelta del yoga ya había sido recogida. Sólo para que se hagan una idea de la escala del frenesí que le ha entrado al personal después de la pandemia por demoler las casas del centro para reconvertirlas en apartamentos turísticos (no es raro que haya derrumbes con desgracias personales, como el de hace unos días, tema del que no quiero hacer sangre, pero que cabe atribuir a la precipitación).

Y, con la calle como se ve en estas imágenes, este señor, en vez de hacer algo para mejorar la recogida de residuos, lo que ha hecho es ponernos a los ciudadanos una nueva tasa de basuras. A mí ya me ha llegado el aviso y he de pagar nada menos que 233€ en un solo pago anual. No es que sea mucho es que llega en el momento más inoportuno, cuando la suciedad nos invade. Pero qué se puede esperar de un tipo que cierra los parques por el calor. Continuando con mi paseo de ayer, me pasé por la Puerta del Sol, para reponer café natural de la tienda de La Mexicana en la calle Preciados. Y la plaza más fea del mundo estaba okupada en su mitad Este por un gigantesco escenario, preparado para los fastos de la Hispanidad de la Frutty Woman. Un conjunto que interpretaba boleros acaramelados de cualquier país latino, estaba atronando la zona a un volumen ensordecedor, no sé si probando el sonido o ya como parte de los fastos, aunque era viernes a media mañana.

Con mi café en la mochila, reculé hacia mi casa, atravesando a duras penas la masa de turistas tóxicos con el ánimo ya bastante bajo, pero me esperaba la propina. En el Paseo del Prado estaban probando la megafonía para el desfile militar de mañana, Día de la Patria y este año de la Hispanidad. Y, también a todo volumen, sonaba esa marcha militar bizarra y retrechera que dice: ¡¡Banderita tú eres roja!! ¡¡Banderita tú eres gualda!! Lo que me faltaba. Un anticipo de las fanfarrias y chundaratas de mañana. Como el vino de Jerez/y el vinito de Rioja/son los cólores que tiene/la bandérita española. ¿Cómo dicen? ¿Que he puesto mal los acentos? No, no, no. Para nada. Los he puesto exactamente en las sílabas tónicas de la canción.

¡Ah! Que tampoco saben qué es eso de chundaratas. No es una palabra que aparezca en el Diccionario de la RAE, pero es una voz onomatopéyica bastante fiel a lo que describe. Piensen en cualquier marcha militar y comprueben cuál es su ritmo: CHUN-darata CHUN-darata CHUN-da CHUN-da-CHUN. En fin, que mañana me espera una mañana en la que creo que ni me voy a quitar el pijama, haciendo honor a la famosa canción de Brassens que (según la estupenda adaptación de Paco Ibáñez) rezaba: Cuando la fiesta naciónal/yo me quedo en la cama igual/que la música militar/nunca me supo levantar. Supongo que me quedaré por aquí leyendo, con buenos tapones en los oídos para que no me ensordezcan las fanfarrias y los aviones que suelen pasar todo el rato y que ya han hecho sus ensayos en esta semana. Por lo demás, que pasen ustedes un buen finde, si pueden.