1.- Lo escrito anteayer, 19.11.2025, por la noche
Mientras las dos grandes
formaciones políticas del bipartidismo clásico se entregan a la orgía del y-tú-más, en medio del asco del público
y sin que les importe una mierda el hecho de que se estén cargando el tinglado
y eso es malo para ellos, pues yo me he dedicado a los tres apartados que se
citan en el título. A la situación política nacional, sólo le falta que ambos
bandos empiecen a hacer atentados (Dios no lo quiera) para reproducir la
situación final de la Segunda República, que terminó con la guerra civil (me
resisto a ponerle mayúsculas como indica la RAE). Ahora bien, a mí mi padre
siempre me dijo una cosa sobre la guerra: en ambos bandos se cometieron
barbaridades horribles, cierto. Pero en el bando republicano, esas tropelías
eran perseguidas por el Gobierno, mientras que en el bando franquista no sólo
no se perseguían sino que se fomentaban.
Ahora hay también una diferencia.
En los medios, digamos, de la izquierda, se habla todos los días de los
escándalos del PSOE, a los que se da la misma importancia que a los del PP. En
cambio, en los medios de la fachosfera, se pasa de puntillas sobre las
corruptelas del PP, se les dedica apenas una mínima reseña al día siguiente y
luego desaparecen del periódico. Así es como el inMundo y el ABC han tratado la
comparecencia de Mazón en el Congreso (un bochorno mayúsculo), la detención de
los dirigentes peperos de Almería o la comparecencia del novio de Ayuso en el
juicio contra el Fiscal General. En cambio, todos los días dedican grandes
titulares a informar sobre si Ábalos se ha rascado el culo o le han descubierto otra
evidencia nueva. El resultado final de haber puesto el ventilador sobre la
mierda iniciando una esgrima cruzada asquerosa, es el descrédito general de la
política y que Vox siga y siga subiendo.
Pero Vox no sólo recluta ya a
cabreados, resentidos, franquistas, toreros y cazadores. Ahora les siguen
también muchos jóvenes, que no tienen todavía motivo para rencor alguno, y esto
ya requiere un análisis con una perspectiva más amplia. Esto es el resultado de
una generación abducida por los móviles, sin una base educacional sólida y
expuestos a creerse cualquier patraña que les llegue por las redes sociales. Incapaces
de leer un libro pequeño, tampoco escuchan la radio, ni van al cine, ni leen la prensa. Sólo se
fían de lo que les llega por el maldito aparato que consultan compulsivamente y
que les nutre sin parar de contenidos seleccionados para ellos en exclusiva por
el algoritmo correspondiente. Ellos solitos se han condenado a ser unos
epsilones de por vida, explotados por los poderosos e incapaces de pensar por
sí mismos. No es de extrañar que les guste Vox.
Encima, les han comido el coco
contra nosotros, los boomers, con la cantinela de que vivimos muy bien con las
pensiones que se nos pagan gracias a sus sueldos de mierda de repartidores del
Glovo. Hace unos días, uno de estos cretinos imberbes dijo en la radio que a
ver por qué teníamos que tener los mayores el abono de transporte gratis, que
paguemos como todo el mundo. Si a través de las redes se tragan que la Tierra
es plana o que Vox les va a sacar de la incuria mental, también pueden creerse
que la culpa de su miseria la tenemos los boomers. Esta teoría que les han implantado en sus cerebros a través de las redes, no es más que una nueva artimaña de los poderosos para dividirnos entre nosotros, para enfrentar
a mayores contra jóvenes. Hay que ser muy obtuso para no darse cuenta de ello.
2.- Lo escrito ayer, 20.11.2025, a lo largo del día
Discúlpenme, pero anoche no pude seguir más allá de esta especie de prólogo antes de contarles mis aventuras últimas, que ya sé que es lo que más
les interesa de este blog. Y, miren por dónde, hoy cincuentenario de la muerte de Franco-Franco-Franco, la
justicia de nuestro país ha tenido a bien recordarnos que ese caballero sigue vivo y contraprogramar
los fastos del evento, filtrando la inminente condena del Fiscal General,
cuando la sentencia no está ni redactada, pero ya hay cinco fachas del Tribunal
Supremo que han decidido comprar el relato de MAR y del horrendo novio de Ayuso, que
estarán hoy dando palmas con las orejas a cuenta de esa sentencia nonata.
Hablaremos de esto en textos posteriores, no tan en caliente, no vaya a ser que
me condenen a pagarle al novio otros diez mil del ala por insultos, dicterios y
mofas. Me limitaré a decir que una mujer tan guapa como Ayuso, demuestra muy mal
gusto al elegir como pareja a un tipo de aire tan sórdido. Sería bueno conocer la
opinión de su anterior pareja, por más señas su a la sazón peluquero titular,
que seguramente olía mejor que este impresentable.
Vale: ya me he desahogado y voy a
darme prisa a contarles mis tres eventos reseñados en el título, antes de que
nos llegue alguna nueva noticia horrible que nos vuelva a distraer de nuestro
propósito inicial. Entre los días 8 y 11 de noviembre estuve de visita en
Praga, una ciudad maravillosa que ya había visitado en 2011. En esta nueva
ocasión, he encontrado la ciudad muy mejorada en algunos aspectos y peor en
otros. Entre lo bueno, muchos de los edificios del centro se han rehabilitado y
lucen espléndidos con sus flamantes revocos. Mi recuerdo de la otra visita
estaba lleno de inmuebles con aire decadente y mal conservados, como sucede por
ejemplo en ciertos barrios de Lisboa. Praga está preciosa y se percibe como una ciudad
boyante y bien cuidada. Seguramente es el dinero que trae el turismo, que
también está en el origen de lo que ha empeorado. Porque la ciudad está
invadida por hordas de turistas, en buena parte españoles, latinoamericanos y
también de los países del Este, más algunos italianos. Apenas se ven franceses
o británicos.
La ciudad es ya como Venecia,
Florencia o Barcelona, está atrapada por el turismo masivo. Como nosotros en
Madrid, con la diferencia de que por aquí tenemos las calles llenas de mierda.
Tengo un par de fotos nuevas para añadir a las ya publicadas en este blog, que
me parecen significativas. La de arriba muestra cómo queda la calle Atocha al
acabar el día. Luego llegan los basureros municipales, descargan los
contenedores en el camión deprisa y corriendo y dejan lo demás allí tirado. La
imagen de más abajo se comenta después.
Esta imagen es paradigmática de lo que es Madrid hoy. La
Puerta del Sol, la plaza más fea del mundo, en una escena cotidiana de un
mediodía invernal. Al fondo, el edificio que alberga el Gobierno de la señora
Ayuso, anterior sede de la DGS, en la que, en tiempos de Franco-Franco-Franco, se detenía e interrogaba por todos los métodos a los partidarios de la
democracia, que en muchos casos llegaban allí convenientemente apaleados (a
pesar de ello, la señora Ayuso se niega a poner una simple placa que recuerde el
uso anterior). A la izquierda, la estatua del oso y el madroño relegada a una
esquina por la obra eterna y cara que se ha perpetrado sobre la plaza. Y en
primer plano, las deposiciones de algún caballo de la policía montada, que
nadie se molesta en recoger porque, total, el resto del espacio público está
también lleno de porquería. En medio de estos elementos, las hordas de turistas
tóxicos escuchan la cantinela de algún guía poco cualificado, más interesados
en hacerse selfies poniendo morritos y haciendo la uve de la victoria.
Vaya, que no consigo ir a lo que
iba. Por cierto, en Praga, los caballos de las calesas que transportan a los
turistas, van provistos de una especie de bragas gigantes, o sostenes-panza, de
colores grises muy discretos, en los que se quedan las deposiciones, que luego
se tiran a los contenedores correspondientes. No sé por qué los policías de
aquí no se proveen de un artilugio higiénico semejante. Como les decía: he pasado cuatro
días en Praga, con un frío considerable y una lluvia fina continua, de esa que
te acaba calando. Una ciudad maravillosa, empero. La Stare Mesto, o ciudad
antigua, es un barrio medieval lleno de callejas tortuosas cuajadas de
tiendecitas de artesanos y pequeños cafés y cervecerías antiguas. Estas calles
confluyen finalmente en la Plaza Mayor, junto a la que hay un famoso reloj
astronómico que da cada hora con un carillón y varias figuras que se mueven. A
las doce, la masa de turistas esperando el evento, es como se imaginan. Vean una foto del reloj.
Por cierto, es un hecho
confirmado que Praga es la ciudad del mundo con más relojes callejeros, un
elemento clave de su mobiliario urbano. Todos están en hora y algunos son
preciosos. Pero en la plaza de la Stare Mesto hay otro hito destacado: la
estatua de Jan Hus. Ahora me van a decir ustedes que saben quién fue Jan Hus.
¡¡Venga ya!! Vaaaaale, ya se lo explico. Jan Hus fue una de las personas más
destacadas de Praga en el siglo XIV. Filósofo y teólogo, llegó a ser el rector
de la prestigiosa Universidad de Praga, puesto desde el que defendió unas tesis
reformistas que pretendían acabar con el despelote de la jerarquía católica (en
ese momento había hasta tres Papas simultáneos) y volver a la esencia de la
iglesia de Cristo, línea que se adelantó un siglo a la aparición de Martín
Lutero. Era un hombre santo, que arrastraba multitudes y era muy querido en su
tierra.
Con el objetivo de acabar con la
simultaneidad de los tres Papas, se convocó el Concilio de Constanza, en el sur
de Alemania y Jan Hus fue invitado a asistir y defender sus teorías. Hus aceptó
la invitación, sus fieles acudieron en masa a despedirlo y marchó confiado al
Concilio, puesto que le garantizaron que le escucharían con respeto. Pero ya
nunca volvió. En el Concilio, sus tesis fueron tachadas de herejías y fue
detenido y condenado a morir en la hoguera. Uno de sus seguidores más
destacados, el predicador Jerónimo de Praga, viajó a Constanza para tratar de
defender a su maestro, pero finalmente corrió su misma suerte. Ambos fueron
quemados vivos en un descampado a las afueras de la ciudad. Sus seguidores
montaron en cólera, crearon una nueva iglesia (los husitas), que años después
se integrarían en el protestantismo de Lutero. Una historia terrible. En la
plaza de la Ciudad Vieja de Praga, una estatua moderna honra a este líder religioso
regional. Y la estatua es también tremenda. Vean una imagen.
El santo varón, que parte
confiado a su destino, acechado a distancia por las fuerzas del mal. La foto no
hace justicia a la estatua, que es más impresionante al natural. Las cosas no
han cambiado mucho desde entonces, salvo por el hecho de que ahora, por
ejemplo, al Fiscal General del Estado Español no lo quemarán de verdad en la
hoguera; sólo metafóricamente. Y han de saber que esta terrible historia (la de
Hus, por supuesto), indujo desde entonces un justificado fatalismo en el pueblo
checo, una pequeña etnia eslava, que se entiende en un idioma endiablado como
el euskera, rodeada por estados poderosos y tan depredadores como las figuras
que acechan a Hus en la estatua: Alemania, Polonia, Rusia. Cinco siglos más
tarde la historia se repitió y reforzó ese fatalismo secular.
En efecto, en los 60 del siglo
pasado, durante el largo dominio soviético, el secretario general del Partido
Comunista checo Alexander Dubcek inició una línea reformista y aperturista, que
desembocó en la llamada Primavera de Praga. Este señor era tan querido por su
pueblo como Hus y también a él le prometieron que respetarían su línea,
aprobada en los sucesivos órganos del partido. Pero la gerontocracia rusa no
podía tolerar eso y, como en Hungría en 1956, mandaron a los tanques y
aplastaron la revuelta. A Dubcek tampoco lo quemaron, pero lo mandaron
desterrado a una zona montañosa, donde vivió largos años trabajando de
guardabosques. Los checos se sienten como un pueblo creativo e imaginativo, a
quien siempre vienen los de fuera y les machacan o les roban sus inventos.
Por ejemplo, la cerveza. Han de
saber ustedes que en Praga se despacha la cerveza de barril más barata de Europa y una
de las más ricas. La marca Urkel es la más popular y pueden probarla en Madrid
en las Bodegas La Ardosa de la calle Colón, en Malasaña. Los checos dicen que
ellos son los inventores de la cerveza moderna (de hecho, la cerveza más
frecuente en el mundo es la tipo Pilsen, que toma su nombre de una ciudad checa),
pero que, como de costumbre, vinieron los alemanes y se apropiaron de su invento,
de modo que ahora todo el mundo cree que la cerveza se creó en Alemania y hasta
la fiesta de la cerveza se celebra cada año en Munich. Cosas del fatalismo
patrio. Es sabido que el ser humano lleva fabricando y bebiendo cerveza al
menos desde los sumerios, y que en países como Bélgica, Reino Unido y hasta
Estados Unidos se fabrican cervezas magníficas desde hace mucho tiempo. Pero
los checos alimentan su victimismo con historias como esta.
Por cierto, los checos tienen una patente reconocida sobre la forma de tirar correctamente la cerveza de barril: la llamada hladinka. Para tirar una hladinka de manual, hay que dejar exactamente tres dedos de espesor de espuma. Esta es la forma en que el líquido de abajo conserva su sabor y textura perfectos. Esto no sólo no se lo han quitado, sino que por ejemplo, en París, si le sirves una cerveza hladinka a un autóctono, te mirará con condescendencia, como si le estuvieras tratando de estafar, y te indicará que se la sirvas hasta arriba, sin espuma. Así de estúpidos son los parisienses. En Praga hay unas cervecerías estupendas en las que se come bien y barato, a la manera de las sidrerías del País Vasco. Y no puede visitarse la ciudad sin recalar al menos una vez en el U Fleku. Vean primero unas fotos del lugar.
El U Fleku es la pivovar (cervecería en checo) más antigua de Praga, abierta en 1499. Es un lugar bullicioso y alegre, donde te sientan en el medio de unas largas mesas de madera y te toca confraternizar con los de al lado. Unos camareros pasan continuamente sosteniendo en alto amplias bandejas con pintas de cerveza rubia o tostada recién tirada a la manera checa y sólo tienes que hacerles una señal para que te repongan la bebida. Otros toman nota de lo que quieres comer y te lo traen enseguida, porque la carta es corta: goulash, salchichas blancas y rojas con chucrut y codillo. Te ponen al lado una tira de papel donde los camareros van poniendo rayas por cada una de las cervezas que te sirven y otros signos para la comida. Al final hay que ir a la caja con el papelito para que te cobren. Ameniza la comida un acordeonista que toca y canta canciones locales que la gente corea y acompaña con palmas. Y no es un lugar muy machacado por el turismo masivo, porque a ese personal no le hace gracia compartir mesa y tampoco reservan para grandes grupos. Un lugar imprescindible.
3.- Lo escrito hoy, 21.11.2015, a lo largo de la tarde
En esta ocasión, me vi obligado anoche
a interrumpir la escritura por un fallo en el móvil, que ha decidido dejar de
permitirme enviar imágenes y vídeos al ordenador en el que escribo, de modo que
no pude capturar las del U Fleku y ya me dio la soñera. Esta mañana he tenido
mi clase regular de yoga y he debido ocuparme de otros de mis asuntos, así que
después de comer y echarme una merecida siesta, reanudo mi relato sobre Praga.
Ayer les hablaba del Stare Mesto. Pero además de este barrio, el más antiguo de
Praga, hay otros dos contiguos, a ambos lados. Se trata del Nove Mesto o ciudad
nueva y el Josefov, o barrio judío. Les muestro unas imágenes más de esta
hermosa ciudad.
Otro asunto que entristeció a los
checos intensificando su fatalismo histórico. Durante mucho tiempo, los checos
fueron de la mano de los eslovacos, en la Checoslovaquia que se fundó en 1918.
Juntos lucharon contra el dominio soviético, lucha que, en los estertores del
régimen cristalizó en la creación de la plataforma Foro Cívico, presidida por
el dramaturgo Vaclav Havel, antiguo seguidor de Dubcek, que seguía su lucha
después de haber pasado largas temporadas en la cárcel. A la caída del muro de
Berlín, Havel negoció con las autoridades soviéticas en lo que se dio en llamar
la Revolución de Terciopelo, porque se materializó sin un solo muerto y con
Havel como primer presidente de la República libre de Checoslovaquia. Sucedía
esto en 1989 y sólo tres años después, los eslovacos, que son unos bolos,
rurales e incultos, se empeñaron en organizar un referéndum para separarse y lo
ganaron. Havel, desanimado, se retiró de la política. Lo de que son unos bolos,
lo digo con conocimiento de causa: he viajado por el sur de Polonia y me consta
que por allí hacen chistes de eslovacos, como los nuestros de Lepe.
Pero siguiendo con mis recomendaciones
por si un día se les ocurre visitar Praga, les diré que los tres barrios
citados están en la margen derecha del majestuoso río Moldava, cuyas orillas
tienen unos paseos preciosos. Cruzando el llamado Puente de Carlos, considerado
el puente más bonito del mundo (suponiendo que consigan ustedes atravesar la
masa de turistas que lo atestan desde primeras horas de la mañana), llegarán a
la zona más turística, la del llamado Castillo de Praga, en cuyo interior están
el Palacio de Gobierno, la Catedral y otros monumentos también llenos de
turistas. Pero entre el Castillo y el río se sitúa otro barrio muy interesante,
el Mala Strana (o pequeña ciudad), también lleno de tiendecitas y cafés
agradables. A este barrio corresponden las imágenes siguientes. Primero una tienda de porcelanas y el interior de un comercio de las tradicionales marionetas.
Por cerrar el capítulo de Praga,
si un día deciden ustedes visitarla, no dejen de probar el postre más típico:
el trdelnik, una especie de bizcocho
que se hace enrollando la pasta en un palo de madera (trdlo). El palo se pone a la brasa y cuando está hecho, se
espolvorea con azúcar y se vende como cucurucho, que se puede completar con
helado o crema pastelera. La ciudad está llena de puestos y tiendas exclusivamente
dedicados a la elaboración y venta de trdelnik y registré para ustedes un vídeo
donde se puede ver esta elaboración.
Y pasamos a los siguientes hitos
a reseñar sobre mi actividad de estos días pasados. El viernes 14 de noviembre
bajé caminando la Cuesta de Segovia para asistir al concierto de Larkin Poe en
La Riviera. Larkin Poe es un grupo de blues moderno que comandan dos hermanas
de Atlanta (Georgia), Rebecca y Megan Lovell. Ellas dos, con otra hermana
mayor, comenzaron como un grupo infantil que hacía blue grass tradicional,
patrocinado por sus propios padres. En el grupo The Lovell Sisters, la mayor
tocaba el acordeón, Megan la steel guitar horizontal y Rebecca el banjo. Pero
con los años, la mayor dejó la música para casarse y formar una familia.
Rebecca decidió dirigir su carrera hacia el blues y el rock, aprovechando su
voz potente y su dominio de la guitarra al estilo de Malcolm Young, de ACDC. Y Megan
se fue con ella para seguir haciendo punteos con su steel guitar horizontal,
además de la segunda voz.
Las chicas tomaron su nombre de
un antepasado suyo que era primo de Edgar Allan Poe. Llevan una carrera
poderosa, el año pasado se llevaron el Grammy al mejor disco de blues
contemporáneo, venciendo a Samantha Fish que, como les dije, vuelve a concursar
este año con su último disco. Suelen incluir España en sus tours anuales, pero
yo era la primera vez que las veía. Tuve que ir solo, porque no encontré quién
se quisiera sumar al plan, pero ya les digo que fue un concierto fabuloso, de
los mejores que he visto en el año. Tienen un sonido muy potente, tocan y
cantan muy bien y son muy simpáticas y próximas. A mitad del concierto, dejaron
sus instrumentos eléctricos para adoptar la forma de un grupo de blue grass,
disciplina de la que dijeron que nunca han renegado, e hicieron un interludio
acústico muy largo (cinco o seis canciones), para el que pidieron que el
público procurara guardar silencio. Lo mejor es que vean los vídeos que les
grabé. Son cortitos y merece la pena verlos. La imagen que graba mi móvil no es muy nítida pero el sonido es bueno.
Lo dicho, un concierto fabuloso.
Voy a ir abreviando, que me he extendido mucho con el tema de Praga. El lunes
17, salí caminando otra vez, ahora hasta la Biblioteca y Centro Cultural que la
Junta de Distrito de Centro tiene en la antigua Casa de Iván de Vargas, en la
calle Sacramento. Allí estaba anunciado como conferenciante para contar mi
vieja historia de los realojos de los chabolistas de Palomeras y otros 25
asentamientos periféricos, que se ejecutaron entre 1976 y 1986 y son la causa
de que Madrid no tenga ya un cinturón de infravivienda a la manera de las
ciudades de Latinoamérica. Asistieron unas 40 personas, la mayoría de mi edad o
similar y se fueron encantados después de hora y media de debate. Esta vez les
muestro el cartel del evento y un par de fotos que me sacaron.




















