A este ritmo cansino o trote cochinero que he adoptado últimamente para la publicación de mis posts, este blog debería pasar a llamarse Reflexiones de higos a brevas, pero esto es lo que hay: por desgracia para ustedes, se me están agotando las ganas de escribir y sin ganas este invento no funciona. Lo de los higos y brevas es por buscar una denominación más laica que la que propone mi amiga África (de Pascuas a Ramos), aunque, con los fastos previstos en el entorno de mi casa por la archianunciada visita del Papa, tal vez sea mejor esta otra. Recuerdan cuando al ínclito M. Rajoy lo grabaron murmurando: Y mañana, el coñazo del desfile. Pues esto me pasa a mí, que no puedo dejar de pensar: y pasado mañana el coñazo del Papa. El domingo bajé a sumarme a la gran manifestación para defender la sanidad pública y atravesamos la plaza de Cibeles, ya preparada para el gran acontecimiento ecuménico.
Para quien no lo sepa o no lo recuerde, la temporada de los higos arranca en agosto y se extiende hasta septiembre, mientras que las brevas, que son en realidad higos rezagados del año anterior, empiezan a verse en los mercados justo ahora, a primeros de junio y duran hasta finales del mes que viene. Así que de higos a brevas ya se imaginan ustedes lo que quiere decir. En cuanto a lo del Papa, será una buena ocasión para que el mundo entero compruebe cuál es exactamente la talla física y política del aguacilillo este que nos gobierna, a quien en este foro se suele llamar El Topillo, mote menos cruel que otros que circulan sobre él en esta desdichada ciudad. De entrada, la preparación de la visita del Papa ha comenzado talando seis ejemplares, seis, de árboles de gran porte de los que daban alguna sombra en Cibeles, para encajar la tribuna de los invitados a la misa urbi et orbi que dará allí el Pontífice en unos días. Un detalle proverbial de este alguacil arboricida que, para colmo, ha recomendado a todos los funcionarios municipales que, durante estos días de desenfreno pío, hagan teletrabajo desde sus casas, para no estorbar a los beatos en manada. La calle para ellos, los ciudadanos a sus casas.
Hace poco, el gran periodista
argentino Martín Caparrós publicó un artículo demoledor sobre la deriva que ha
tomado la ciudad de Madrid y lo desagradable que se está volviendo. Pueden
leerlo pinchando AQUÍ si es que son suscriptores de El País, o conocen algún truco para burlar el
bloqueo a los no suscritos. Su lectura es apabullante y más siendo de la pluma
de un tipo que, como yo, amaba esta ciudad sin reservas. Por si no lo pueden
leer, les diré que abunda en algo que yo ya les llevo contando en el blog desde
hace tiempo: Madrid es una de las escasísimas grandes urbes de Europa (y, en
general, del mundo occidental) que tiene un alcalde de derechas. Ilustra esta
afirmación con una lista no exhaustiva de ciudades actualmente gobernadas por
equipos que mantienen políticas de izquierda moderada, centradas en las preocupaciones
sociales y medioambientales. La lista es abrumadora: Londres, París, Berlín, Roma, Milán, Varsovia, Praga,
Viena, Atenas, Ámsterdam, Bruselas, Lyon, Barcelona, Estambul, Nueva York,
Washington, Los Ángeles, San Francisco, Chicago, Toronto, Ciudad de México,
Bogotá. Una vergüenza, lo nuestro.
Así, de primer vistazo, yo añadiría Vancouver, Santiago de
Chile, Montevideo, Estocolmo, Zurich, Ginebra, Basilea. Y tantas otras. En las
ciudades, en general, se concentra el conocimiento y la vanguardia, mientras en
el campo abunda la tendencia conservadora, inducida por el miedo a todo lo nuevo, que
abona y alimenta la ignorancia. No quiero insultar a nadie, a mí me sigue gente
muy rural y además creo que en donde se educa uno mejor hasta los trece o
catorce años es en el campo; después hay que huir. Pero, como sugiere Caparrós,
esta ciudad ha sido derrotada muchas veces, la última en 2019, cuando los
votantes le dieron una patada en el culo a la señora Carmena. Mucho antes,
durante la guerra civil, Madrid había sido bombardeada cruelmente, viviéndose
escenas como las actuales de Gaza. En mi barrio, una de las bombas de los
sublevados cayó precisamente sobre la histórica farmacia El Globo, en Antón Martín,
con el resultado que ven en estas imágenes.
La segunda de estas fotos está tomada desde una de las casas
de la acera de los impares de Atocha, más o menos donde décadas después unos pistoleros
fascistas entraron y mataron a cinco abogados laboralistas. La señora Carmena y
otras personas se libraron por casualidad de la matanza, que marcó otra de las
derrotas de nuestra ciudad. No viene mal que veamos imágenes como estas, porque
en este mundo enloquecido con el señor Trump al mando, cualquier cosa puede
suceder. Por cierto, otra de las bombas destruyó completamente la iglesia de
San Sebastián, donde se decía que estaba enterrado Lope de Vega, destrucción
que seguramente se debió a un error de puntería aunque, después de la guerra,
el relato oficial de los ganadores sostuvo que se bombardeó porque los rojos
la habían requisado y convertido en depósito de municiones. La iglesia fue
luego reconstruida fielmente, haciendo un pastelito de esos que tanto irritan a
los arquitectos, para intentar reproducir un edificio magnífico del siglo XVI.
Y desde luego que las ciudades del mundo siguen ahora la senda abierta por París que, en apenas unas décadas se ha reconvertido en una urbe sostenible, en donde mucha gente de todas las edades se mueve andando o en bici, porque los coches no tienen sitio. Yo he podido presenciar en directo esa mutación porque, como saben, viajo a menudo a la Ciudad de la Luz y justo acabo de volver de allí, después de más de dos años sin visitarla, si exceptuamos una breve estancia el año pasado por la boda de mi hijo Kike. De dos años para acá la ciudad se ha reconvertido en una urbe sostenible, de aire limpio, llena de jóvenes y con una vida rica y variada en sus barrios. Todo esto se debe a la decidida actuación de su alcaldesa de origen gaditano, la estupenda señora Hidalgo, a la que pude ver, al poco de volver de París, contando su experiencia de estos años en el COAM, asistida por su principal asesor urbanístico, el colombiano Carlos Moreno, del que ya se ha hablado en este blog en diversas ocasiones. Vean el cartel anunciador del evento.
Antes de hablarles de esto, conviene que les refresque algo de la historia más reciente de París, que tal vez no sepan ustedes. Porque durante muchos años (en concreto, 106), la ciudad fue sometida al castigo de no poder elegir a sus representantes políticos y ser en cambio gobernada por una autoridad (el Prefecto) nombrada a dedo por el Estado. ¿Y por qué semejante castigo? Pues porque los parisinos han sido siempre gente muy revoltosa y violenta, recuerden la Revolución, la guillotina y los diversos episodios similares, que culminaron en la histórica Comuna. La Comuna fue aplastada en sangre en 1871 y la ciudad castigada a no tener un alcalde elegido. Algo parecido sucedió en Ciudad de México que, durante los largos años en que fue Distrito Federal (DF), tampoco tenía alcalde, sino un Jefe de Departamento del Distrito, nombrado a dedo por el Gobierno Federal.
No se extrañen ustedes demasiado, que por estas tierras, durante la Dictadura Franquista, el alcalde de turno era nombrado digitalmente por el Caudillo, que también los cesaba cuando le fallaban o se hartaba de ellos. Es prototípico el caso del alcalde José Moreno Torres, que antes había sido Director General de Regiones Devastadas y por tanto responsable de la construcción de un montón de pueblos de los llamados de colonización. En 1952, a raíz de un terrible accidente, el del tranvía que iba a Carabanchel, fue cesado fulminantemente por Franco. Ese día el tranvía de la línea 31 se quedó sin frenos nada más dejar atrás la Puerta de Toledo y se precipitó cuesta abajo en dirección al Puente homónimo. Allí, siguió en línea recta, obviando que el puente tiene una ligera desviación respecto a la directriz de la cuesta. El tranvía acabó en el río Manzanares, hubo un montón de muertos y, aunque el suceso se minimizó en la prensa del régimen, Franco entendió necesario cesar al alcalde, a quien sustituyo por el Conde de Mayalde, un filonazi que estuvo muchos años en el puesto, hasta que lo relevó Arias Navarro.
Por cierto, Franco perpetraba sus ceses como Dios manda: con motorista y a primera hora del día. El tipo se acostaba alcalde (o ministro), se retiraba a su casa agotado y, al día siguiente, cuando se estaba duchando o empezando a desayunar, llegaba el motorista, llamaba al timbre, le hacía entrega del sobre con el cese y se largaba. Curioso fue el caso de Gabriel Arias Salgado, que fue cesado como ministro de Información y Turismo (para ser sustituido por Fraga Iribarne) y se llevó semejante disgusto que ya no remontó y se murió de pena un par de días más tarde. Historias que poca gente conoce y que les reto a comprobar en Internet si no me creen. Si Madrid ha logrado sobrevivir a sus sucesivas derrotas, no duden ustedes de que saldremos adelante y discúlpenme esta larga digresión, porque estábamos en la lucha de las ciudades que no tenían alcalde (o lo tenían nombrado a dedo, que viene a ser lo mismo). En Madrid, esa lucha culminó con su primera elección local libre desde la República, que llevó a la alcaldía en 1978 a Tierno Galván, mi primer jefe supremo, como ya les he dicho muchas veces.
En la Ciudad de México, las primeras elecciones locales tuvieron lugar en 1997. Desde entonces la ciudad está gobernada por la izquierda, siendo su primer alcalde Cuauhtémoc Cárdenas y la penúltima la señora Sheinbaum, que luego saltaría a presidenta federal. Parece lógico que esto de recuperar las elecciones locales, que es una larga y dura lucha de la ciudadanía, termine con el nombramiento de un alcalde de izquierdas, del pueblo. Sin embargo, no fue así en Paris y aquí termino de cerrar este círculo argumentativo. Después de muchos años de reivindicación popular, en los que los ciudadanos siguieron siendo revoltosos y violentos, como se vio en mayo de 1968 (donde los agitadores arrancaban los adoquines porque debajo estaba la playa), la ciudad consiguió por fin celebrar unas elecciones locales en 1977. ¿Y saben quién ganó? Pues nada menos que el derechista por antonomasia: el señor Jacques Chirac.
Chirac representaba la grandeur de los parisinos de derechas, que son bastante insufribles, y tenía un carisma indudable, que le hizo ganar las elecciones locales tres veces. Han de saber que en Francia, los períodos legislativos de los ayuntamientos y regiones son de seis años, algo mucho más lógico que los nuestros de cuatro (en cuatro años no te da tiempo a hacer nada), así que Chirac estuvo de alcalde 18 años, hasta 1995, año en que decidió que eso de la alcaldía de Paris era demasiado poco para su ego desbordado y que se presentaría a presidente de la República, puesto que ganó holgadamente. En la ciudad dejó a su segundo, un tipo más bien gris que se llamaba Tiberi y que ganó las elecciones locales por el efecto Chirac, pero sólo aguantó una legislatura, porque no tenía el carisma de su jefe y mentor. En 2001 volvió a presentarse, pero perdió con el socialista Bertrand Delanoë, un personaje ciertamente curioso, del que no me resisto a ponerles una foto.
¿Por qué es curioso este personaje, de aire inequívocamente francés? Pues se lo cuento. Bertrand Delanoë es el primer político en toda la historia de Francia que se declaró abiertamente homosexual, confesión que hizo en una entrevista en directo para la televisión pública. Pero no sólo eso, sino que estaba casado con una señora perdidamente enamorada de él, a la que llevaba como sonriente acompañante a todos los fastos y eventos propios de su puesto de alcalde de París. No es este un caso único; si recuerdan el blog que escribí durante mi viaje de vuelta al mundo, allí les conté el caso del por entonces alcalde de Curitiba (Brasil) Rafael Greca, también homosexual declarado y con esposa enamoradísima de él. Este Rafael Greca, es el que, durante un debate preelectoral, zanjó el tema de su homosexualidad, traído a colación por sus oponentes, proclamando que él iba a gobernar con la cabeza y no con el culo, lo que cerró definitivamente la polémica (eu non vou gobernar co cu).
Delanoë ganó la alcaldía de París en marzo de 2001, sumando los escaños del Partido Comunista de Francia y de los Verdes a los suyos del Partido Socialista, lo que le daba ventaja sobre la candidatura de derechas de Tiberi. Y ¿saben ustedes quien fue su primera teniente de alcalde desde el primer día de mandato? Sí, han acertado: la señora Anne Hidalgo, hija de republicanos españoles huidos a Francia. Delanoë traía un programa electoral cuajado de medidas innovadoras y objetivos medioambientales ambiciosos, París era por entonces una ciudad asfixiada por el automóvil y con una contaminación bestial. De acuerdo con su perfil disfrutón, implantó una serie de fiestas anuales, como la Noche Blanca, la Noche de los Museos, la Noche del Teatro, que luego se han copiado en muchas otras ciudades con éxito desigual. También creó una playa en el Sena, con arena traída de canteras, que todos los veranos se llena de gente joven dispuesta a pasar el día en sus instalaciones.
Precisamente, durante la primera de las Noches Blancas, el Alcalde, que estaba paseando tranquilamente entre la multitud de noctámbulos, fue apuñalado por un desempleado de origen árabe que dijo odiar a los maricones y que dos años más tarde fue recluido en un psiquiátrico, después de que un tribunal lo declarase inimputable por su locura. Delanoë recibió una puñalada en el vientre con un cuchillo de grandes dimensiones pero, llevado al hospital y operado, logró reponerse y continuar su trabajo sin graves secuelas y esto elevó definitivamente su popularidad. Además, su primera legislatura se alargó un año más, al ser retrasadas las elecciones locales para que no coincidieran con las Generales de 2007. En marzo de 2008, Delanoë ganó por goleada, dejó de necesitar a sus socios más a la izquierda y se ganó el derecho a seguir siendo el Alcalde de París hasta 2014, manteniendo a su lado en todo momento a la señora Hidalgo, que le sucedería en el cargo.
Quiero aquí hacer un inciso chusco. No sé si lo recuerdan pero, entre 1999 y 2003 yo estuve involucrado en un proyecto de colaboración con el Ayuntamiento de París, consistente en implantar un sistema de información georreferenciada en la ciudad de Colombo (Sri Lanka). Quiere eso decir que yo estaba trabajando codo con codo con los técnicos de urbanismo de París cuando Delanoë ganó por primera vez. No sé si se imaginan los chistes sobre este señor que tuve que soportar en mi equipo de trabajo, compuesto por funcionarios más bien escorados a la derecha. Fue por entonces cuando el nuevo alcalde anunció que crearía un sistema de bicicletas públicas (luego copiado en numerosas ciudades; en Madrid lo puso en marcha la señora Botella, que se dio un paseo en bici el primer día). Bien, pues decían mis colegas franchutes que las nuevas bicicletas tendrían el asiento desenroscable, para quienes quisieran usar sólo el soporte del sillín. Les cuento esto para que vean que en todas partes cuecen habas: me cuesta imaginar al señor Tellado diciendo una barbaridad semejante.
En 2014, la señora Hidalgo gana la alcaldía, tras trece años de experiencia política como mano derecha de Delanoë. Y aquí aparece la figura de Carlos Moreno. Carlos Moreno es hijo de un campesino colombiano a quien su padre, consciente de su inteligencia, mandó a estudiar a París, no sin un gran esfuerzo económico, becas y ayudas, etcétera. Carlos se enamoró de esta ciudad que ya nunca ha abandonado y en donde estudió Matemáticas y Programación Informática. Acabado este doble grado, consiguió un trabajo para el Ministerio de Defensa francés, que le encargó diseñar un sistema de mapificación de ciudades y regiones, probablemente destinado a bombardearlas de forma más eficiente (todo esto lo contó él mismo en una conferencia que le escuché en la Fundación Telefónica). Pero entonces, el Ministerio anuló el programa en el que él trabajaba y se le ocurrió que ese brillante sistema se podría aplicar a objetivos más nobles, como la regulación urbanística de las ciudades.
Y se fue a ver a la señora Hidalgo. Desde esa primera entrevista, hubo un flechazo entre ambos, que les llevó a formar un tándem invencible. Durante doce años han aplicado la sabiduría de Moreno a crear una ciudad más sostenible, han puesto tranvías, han eliminado la autopista que estrangulaba el Sena entre sus dos sentidos, han creado una red de carriles bici por donde ahora se desplaza todo el mundo y han logrado reducir el porcentaje de viajes en automóvil desde el 60% que se encontraron, hasta el 20 actual. París es una ciudad vibrante, en la primera línea del urbanismo mundial y creadora del concepto de la Ciudad de los 15 minutos, que no es otra cosa que una regulación urbanística basada en la mezcla de usos y la distribución espacial policéntrica, de modo que la gente no necesite más de 15 minutos para ir al trabajo, la compra, la escuela de los niños o el ocio. Una idea de Moreno implementada en París por la señora Hidalgo y sobre la que hablaron en el COAM, acompañados por el santón local Ezquiaga, que hizo de presentador de la charla, como pueden ver en la foto.
Preguntados por cómo empezar a implantar algo parecido en Madrid, Moreno precisó que hacen falta dos cosas; valentía y rapidez. No cabe duda de que la señora Hidalgo es una mujer con mucho coraje, capaz de seguir las directrices que le marcaba Moreno, a pesar de las advertencias de parte de su equipo, que le decían que iba a ser un desastre y que así no iban a ganar nunca. Las mismas advertencias agoreras aparecen entre los medios conservadores cada vez que se propone algo contra el automóvil. En tiempos de Franco, cuando se peatonalizó la primera calle de la ciudad, la calle Preciados, los comerciantes pusieron el grito en el cielo: se iban hundir todos. Unos años después, ya nadie quería volver a la situación anterior. Parecido proceso se produjo cuando se decidió cerrar al tráfico el Retiro, que antes se podía atravesar por el Paseo de Coches y registraba un tráfico muy denso. Aquello iba a ser un desastre para la ciudad, pero poco después ya nadie ponía en cuestión la nueva regulación.
Para implementar una política de movilidad local innovadora hay que ser valientes y rápidos. Y en Madrid no lo hemos sido nunca, excepto quizá Ruiz-Gallardón, nos gusten o no sus proyectos. Aquí, el Plan General de 1997, que sigue vigente, se limitó en este tema a promover la desincentivación voluntaria del uso del automóvil, una declaración que ya entonces producía sonrojo. El tráfico de coches privados es un fluido que llega hasta donde se le ponen barreras y eso lo sabe todo el mundo. Hacen falta medidas drásticas, como las que se han adoptado en París y otras muchas ciudades del mundo. Con medidas timoratas no se llega a ninguna parte y he de decirles que la señora Carmena no aprovechó sus cuatro años de poder local para intervenir decididamente en este tema. Por el contrario, llenó la ciudad de los llamados carriles compartidos, que se limitan a pintar de vez en cuando unos círculos en el suelo que indican prioridad ciclista. Esto es algo que no sirve para nada, porque no permite superar el miedo de la gente (quitando cuatro pioneros o fanáticos de la bici) a meterse en medio del caótico y vertiginoso tráfico de Madrid. Esta ciudad se merecería una política de movilidad innovadora, decidida y rápida, pero no caerá esa breva (por seguir con el let motiv), al menos mientras sigamos eligiendo a personajes como el ínclito Topillo.
A este respecto, les cuento que, en plena pandemia, participé como oyente en un debate on line sobre qué tipo de ciudad nos íbamos a encontrar cuando saliéramos del encierro. Allí, yo pedí la palabra para preguntar por qué no se aprovechaba el encierro para cambiar la sección de las calles y establecer una red real de carriles bici con separador, para que la gente se la encontrara hecha al volver a salir al exterior. No era una idea genial propia, sino resultado de saber que eso se estaba haciendo en muchas ciudades (París, Milán, Bogotá y otras). La respuesta que recibí del moderador (para variar, el señor Ezquiaga), consistió en afear mi conducta proponiendo dicha medida, por considerar que era una forma de hacerle trampa al ciudadano; que una cosa tan delicada no se podía implantar sin consultar primero a la ciudadanía. Ya ven qué valentía y qué rapidez tenemos por aquí. Si Gallardón hubiera hecho eso cuando llegó a la alcaldía, Madrid Río nunca se hubiera llegado a construir.
Voy a cortar aquí, que esto está alcanzando ya el tamaño crítico. ¿Cómo dicen? ¿Que ustedes querían que les hablara de Zapatero? ¿Pero no tienen bastante con el coñazo que está dando toda la prensa? Incluyendo El País, que desde la llegada del señor Mangurrián o como se llame el nuevo presidente de PRISA, como yo me temía, se ha igualado a la baja con los medios de la fachosfera, ha decidido dejar caer a Sánchez y además le sobran ya gentes como Pepa Bueno o Ángels Barceló. De todo esto hablaremos otro día, a ver si me voy animando a recuperar un poco mi anterior frecuencia de publicaciones. De momento, preparémonos todos para los fastos papales (y que quede constancia de que este Papa me cae bien; sigue la línea de Francisco y es menos broncas). Para sumarme a ese fervor ecuménico que nos va a invadir en unos días, les dejaré de propina una coplilla apócrifa, que solía yo cantar con el añorado Coronel Groucho, así que sirve también de homenaje a mi amigo perdido.





Urbi et orbi, Emilio, en dativo. Quiere decir "a la ciudad y al mundo". Y por ciudad se entendía Roma, la gran urbe del imperio romano.
ResponderEliminarGracias, querida, ya está corregido.
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