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viernes, 3 de julio de 2026

48. Caretos y alharacas

Desde el horno madrileño de cada verano, esta vez adelantado y extendido en forma de ola de calor europea, tomo impulso para tratar de escribir algo nuevo para ustedes, porque me veo entrando en una especie de espiral descendente, en la que no sé si es que no escribo porque estoy desanimado o, por el contrario, estoy desanimado porque ya no escribo. Estas cosas suelen ser procesos evolutivos que se realimentan mutuamente y con los que hay que tener cuidado, porque ya saben que el desánimo es la antesala de la depresión, la enfermedad consustancial de esta era disparatada.

La edad que ya voy teniendo es un factor a tener en cuenta, además de las cornadas que te va dando la vida y, encima, con este calor insoportable que amenaza con no aliviarse hasta bien entrado octubre, qué hartura. Para colmo, hay obras en todas las viviendas colindantes con la mía, con su corolario de ruidos ensordecedores, polvo y sentimiento de insularidad acrecentado: no se puede salir a la calle por el calor y la sobredosis de turistas arrastrando maletas enormes por las aceras colapsadas, y dentro de casa no se puede estar tampoco por el estruendo de los albañiles desenfrenados.

No se crean que me faltan entretenimientos; el domingo pasado, sin ir más lejos, participamos mis colegas y yo en una jam session en el mismo antro donde celebré mis 75, con un resultado bastante deficiente en cuanto al sonido y los medios técnicos disponibles, pero aceptable por parte de los músicos, que al menos le pusimos esfuerzo y una moral a la altura de la del mítico Alcoyano. Ya les contaré algo al respecto, si viene a cuento. De momento, enlazaré con el post anterior en el que les hablaba del coñazo de la visita del Papa que se preparaba. Sobrevivimos a esa ecuménica efeméride y entramos en la siguiente, que esto es un sinvivir planetario: el Mundial de Fútbol. Como ya saben, no soy un gran forofo del fútbol, salvo por lo que respecta al Deportivo de La Coruña, del que ya se hablará en un post específico; no en vano hemos vuelto a Primera División tras ocho años de penar por divisiones inferiores.

Pero, en fin, ahora mismo parece que ya no hay nada más importante que el Mundial: en los diferentes países, las celebraciones de cada gol retumban en los bares y plazas de todas las ciudades, en los barrios de chabolas y los extrarradios deprimidos, la gente celebra toda la noche y de pronto parece que ya no hay más problemas domésticos; por ejemplo, en Ecuador, el gobierno decretó un día de fiesta nacional para festejar que habían pasado a la segunda ronda, algo que también se replicó en Paraguay por similar motivo. Una precisión gramatical: por lo menos ahora se habla de el Mundial. Porque, los más viejos entre mis seguidores, tal vez recuerden que, en 1982, cuando se celebró en España, y en los años siguientes, todo el mundo se refería al evento como Los Mundiales y nunca conseguí entender a qué se refería ese plural.

Dentro de la avalancha de información al respecto, se manifiesta en toda su crudeza la ignorancia supina de los locutores y periodistas deportivos. Por ejemplo, la selección española ha estado todos estos días alojada en la coqueta ciudad de Chattanooga, en el estado yanqui de Tennessee, a la que los corresponsales se han referido todo el rato como un pequeño pueblito, cuando se trata de la cuarta ciudad del estado, por detrás de Nashville y Memphis, las grandes capitales del country y el rock, con una población cercana a los 200.000 habitantes. Y lo más sangrante: ni uno solo de estos plumíferos ha sido capaz de hacer una mínima referencia al clásico estándar de la música orquestal de baile Chattanooga Choo Choo, publicado por la orquesta de Glenn Miller en 1941, en plena Guerra Mundial, que era un cántico al ruidoso y alegre tren que partía desde la Penn Station de Nueva York en dirección a esta ciudad. Escúchenlo y les cuento algo más al respecto.

Yo he bailado ese tema en la Sala de Fiestas El Seijal, donde lo tocaban cada día las orquestas locales, como los legendarios Los Tamara, con su vocalista Pucho Boedo, ocasión que los zagales aprovechábamos para arrimar cebolleta en aquellos tiempos grises del franquismo crepuscular. Que nadie se haya acordado de esto, da el nivel de estos supuestos periodistas, a los que educan para cantar los goles como si les asaltara una súbita diarrea vocal, pero no tienen la más mínima cultura musical. Según leo en la Wikipedia, este tema que han escuchado, tiene en su haber el hito de haberse llevado el primer disco de oro de la historia, es decir, es el primer vinilo del que se consiguieron vender un millón de copias. Pero en este Mundial hay también algunas novedades y peculiaridades curiosas, por ejemplo, las llamadas pausas de hidratación, interrupciones en medio de cada uno de los dos tiempos (primero y segundo), supuestamente para que los deportistas beban un poco de agua, aunque en realidad son un simple truco para intercalar publicidad en los lapsus televisivos, a la manera tradicional de los deportes en los USA.

Además, ha aumentado el número de países participantes, de modo que habrá más de cien partidos, algo realmente insufrible. Yo sólo he visto los dos primeros de España, me salté el tercero porque era a las dos de la mañana y no me resultaba lo suficientemente atractivo (recuerden que, hace tres años yo solía trasnochar para ver los partidos de la selección femenina en Australia, donde finalmente ganaron aquel mundial). Ahora mismo, yo me siento atrapado en un barrio central de Madrid, convertido en parque temático para turistas y con un calor insoportable, lo que me impulsa a estar la mayor parte del día encerrado en medio del estruendo de las obras y solamente salir raterizo en contadas ocasiones a tomarme un vermú, al yoga o por alguna compra mañanera. Y en casa, prefiero ver alguna película del Netflix, porque la alternativa es sentarse a ver un Argelia-Uzbekistán, por decir algo, que, excepto como somnífero, apenas tiene el menor interés. 

Eso sí, de vez en cuando, combato el aburrimiento, el calor y el sentimiento de encierro e insularidad, haciendo mi reglamentaria pausa de hidratación, para calzarme una Estrella Galicia con unos panchitos, en compañía del bueno de Tarick Marcellino, que prefiere el calor al frío invernal. Otra de las innovaciones de este mundial es que a cualquier jugador que se tape la boca con la camiseta para decirle algo a un contrario, se le saca inmediatamente tarjeta roja y se le expulsa del campo por presuponer que ha proferido un insulto. Ya le ha pasado al menos a uno y me parece una buena medida, porque los jugadores son bastante malhablados. Si la prohibición de taparse la boca se aplicara en el Congreso, deberían expulsar a la portavoz de Junts pel tres percent, de acuerdo con la foto que les muestro abajo. 

Lo cierto es que a Feijoo, Tellado y sus colegas, habría que expulsarlos también, aunque no se tapan la boca para insultar a Sánchez todo el rato. En la pasada liga española esta norma no se estimó necesaria y así sucedía que, por ejemplo, en los minutos finales del partido Valladolid-Dépor, en el que mi equipo certificó el ascenso a Primera, el árbitro expulsó a un jugador argentino del equipo local y escribió en el acta del partido que la expulsión fue “por dirigirse a mí en tono airado en los siguientes términos: sos un pelotudo, la concha de tu madre”. Pues cosas peores se dicen cada día en nuestro maltratado Parlamento.

Nada, que al final acaba uno hablando de lo que no quiere hablar. Es que en este momento hay algo todavía más pesado y estomagante que el calor, los turistas y las obras en la casa de al lado todo junto: la actualidad política nacional. Como ya les he repetido hasta la saciedad, yo no soy un analista político cualificado y, si de algo puedo alardear es de tener una sabiduría, adquirida con la edad, sobre las personas y su aspecto. Ya conocen mi tesis: la gente parece lo que es y finalmente es lo que parece. No sé, por poner un ejemplo, a mí me basta un simple vistazo a la imagen del hermano director de orquesta del presidente Sánchez, para convencerme de que estoy viendo a un hombre bueno, en el sentido en que lo definía Antonio Machado. Vean una foto y a ver si entienden lo que les digo.

Sin embargo, en el otro extremo del espectro ético, vean los caretos de estos dos elementos, a los que caracterizaremos con precisión, a saber: el mamporrero de Ábalos y el mamporrero de ZP.


A lo mejor soy yo, que estoy mayor y veo lo que quiero ver, pero a mí me parece que estos dos elementos tienen muchos rasgos en común. Esa barba entrecana y medio recortada, esa mirada torva, ese aire conspirativo, entre valleinclanesco y siniestro. Rasgos todos ellos inquietantes. Es más, es que me resulta insólito que ciertos políticos sean todavía capaces de confiar los entresijos de sus corruptelas a personajes con esa pinta. Hace un montón de años ya supimos de la categoría moral de Luis Roldán, otro del mismo fenotipo, cuya foto ven abajo. Sin embargo, los políticos siguen confiando en fontaneros con ese tipo de caretos.

Y el ejemplo proverbial de sujeto que es lo que parece y parece lo que es, lo tenemos en el señor Feijoo, a quien en este blog le hemos asignado durante mucho tiempo el mote de Fake Jo-Oh. Véanlo.

Les juro que esta imagen no ha sido alterada por la Inteligencia Artificial; este señor es exactamente así. Y yo no quiero que un tipo con ese careto llegue a presidente. Se imaginan lo que se iban a reír de nosotros si este señor tiene que representarnos en las cumbres de la OTAN, o en el foro de Davos. Este señor, que no tiene ninguna idea en la cabeza, salvo su obsesión por echar del poder a Pedro Sánchez y luego ya veremos, ha desencadenado una ofensiva por tierra, mar y aire contra el denominado sanchismo, que se está llevando por delante muchas de las estructuras estatales de las que nos dotamos tras la muerte de Franco. Y está logrando un efecto rebote nada desdeñable: conozco a muchas personas que no pensaban votar al PSOE, pero ahora están firmemente determinadas a hacerlo. Entre ellas, yo mismo: en estos momentos, me proclamo solemnemente sanchista incondicional.

Cegado por su obsesión de echar del asiento a Sánchez, Feijoo ha desencadenado una serie de elecciones autonómicas en cascada para desgastar al Gobierno, que han terminado todas fatal para sus intereses, puesto que le han hecho perder poder dentro de la derecha, en favor de Vox, que ahora tiene la sartén por el mango en todas las administraciones regionales. Y además, su alianza con Vox le ha roto todos los puentes posibles con otros aliados como el PNV o Junts. Y en cuanto a la blitzkrieg judicial contra el presidente, se ha pasado muchos pueblos. Era suficiente con los casos Zapatero, Leire y otros para hacerle daño a Sánchez, no hacía falta meterse también con su hermano y su señora, ni con el Fiscal General, cuyo juicio fue un auténtico despropósito. Si un día gana el PPVox, se encontrarán con un país sin la más mínima confianza en la Justicia; el prestigio de la institución se habrá resentido de forma radical y estas cosas cuesta mucho recuperarlas.

Yo creo que Feijoo está desesperado, porque antes o después, su partido se dará cuenta de que es un incompetente supino y lo apartará a un lado. De hecho, yo estoy convencido de que las Generales de 2023, que la fachosfera daba por ganadas casi sin bajarse del autobús, el PP las perdió por concurrir con un candidato tan malo. Desde entonces, sus muestras de deslealtad, comportamiento antideportivo y mala educación, son constantes. Sus intervenciones en el Congreso son una pura alharaca. Y hay que tener mucha cara para intentar llegar a presidente sin tener un mínimo programa. Él sólo vive para su obsesión, que está causando grandes destrozos. En las regiones en las que ha ganado, sus barones se están teniendo que acostumbrar a gobernar como Vox manda. Les sugiero que lean un reciente artículo aparecido en El Huff Post, de la pluma de una dirigente socialista, texto con el que coincido bastante. Para ello han de pinchar AQUÍ.

Pero entre las hipérboles, alharacas, insultos y rabietas de la oposición, a las que Sánchez responde como Don Tancredo, pues es cierto que han aparecido una serie de casos de corrupción que son impresentables y que por sí solos le hubieran bastado al PP para estar en la posición que tiene hoy. Con especial relevancia para el caso Zapatero, que es una vergüenza absoluta y ha caído sobre la izquierda de este país como una bomba de racimo en la línea de flotación. No es mi caso; yo nunca he tenido a este señor como referente de nada y así lo escribí en su día en el blog. Cuando se hizo con la secretaría general del PSOE, un amigo de León me advirtió: ya verás, ya verás, lo que es este señor. Más adelante, llegué a la conclusión de que era tonto, cuando salió a la palestra a decir aquella memez de que bajar los impuestos es de izquierdas. No sólo por la memez en sí misma, sino por la cara que ponía al decirlo, como si acabara de descubrir el hilo negro.

Después, cometió la felonía de promover una enmienda a la Constitución para garantizar el pago de nuestras deudas de país, por encima de cualquier otra consideración (incluida el hambre de la gente, por ejemplo). El ínclito M. Rajoy, a la sazón jefe de la oposición, se apresuró a apoyar esta reforma constitucional en el Parlamento. Y, a pesar de esa bajada de pantalones frente al sistema financiero, la crisis acabó por arrasarlo, dando paso al austericidio al que se nos sometió con el beneplácito del susodicho M. Rajoy. Así que, como les digo, para mí, nada de personaje de referencia ética. Sí que admito que pensaba que era honrado, y que es un tipo con una cara que contradice mi tesis de que la gente parece lo que es.

Pero es que, precisamente, los grandes tramposos han de tratar de disimular al máximo. Recuerden el caso del policía anti-drogas al que le encontraron más de veinte millones emparedados en su casa. A este sujeto, sus propios compañeros lo conocían como Óscar el Anodino. También viene al caso mi anécdota al entrar en Australia, hace poco más de dos años, en donde me sometieron a una inspección minuciosísima durante más de una hora, justo por mi aspecto de buena gente (o de anodino), aura que me convertía en tipo perfecto para hacer de mula de los grandes traficantes. De todas formas, en el caso de ZP, esa discreción casaba mal con los nombres de las empresas creadas para la trama: Análisis Relevante, Inteligencia Prospectiva, más la de las hijas, What the Fav, que manda carallo que este señor haya metido a sus hijas en semejante problema.

Lo de Zapatero huele muy mal, pero yo he de confesarles algo. En mi entorno familiar hay más de un cuñao, de esos que te dan la paliza con sus opiniones alineadas con lo más retrógrado de Vox. Me toca sufrirlos cada cena de Nochebuena y les puedo jurar, que en la última, en diciembre pasado, esta gente ya me anunció que Zapatero estaba a punto de caer. Entre el facherío, todo esto ya se sabía entonces, lo que deja en bastante mal lugar a la Justicia, esa institución que se da tanta prisa en condenar a los de un lado, mientras retrasa de forma escandalosa los procesos contra los del otro lado. Al Fiscal General lo condenaron por filtrar una información (que no fue él quien la filtró), mientras que entre ellos se cuentan y se comentan los procesos cinco meses antes de que salten a la prensa.

En esta tesitura, yo quiero que Sánchez aguante todo lo que pueda. Mientras él esté de presidente, se seguirán implementando políticas de tinte social y climático. Me dice gente del PSOE que a medio plazo esto va a ser la ruina del partido, que lo va a dejar hecho un erial. Mi respuesta: ¿y qué? A mí me importa un rábano su partido. Lo que quiero es que redondee este período legislativo para el que fue elegido y en el que ha conseguido gobernar a pesar del acoso indigno y continuado sobre su familia y sus gentes. Y superando pandemias, guerras, crisis financieras y erupciones de volcán. Con esa resistencia y manteniendo su andadura sin perder el ángulo social y la perspectiva climática, ha demostrado una talla de político que en estos momentos no tiene nadie en España. Desde luego que yo le votaré, a ver si conseguimos evitar que el incompetente de Feijoo llegue a gobernar como Vox manda.

Pero de aquí a las Elecciones Generales hay mucho que pelear, porque el enemigo controla los principales medios de comunicación, incluido El País que, desde que ha llegado Mangurrián a la cabeza de PRISA, ha decidido descaradamente dejar caer a Sánchez, sumándose a esa realidad paralela que presentan los demás medios de la fachosfera, para lo que no ha dudado en prescindir de Pepa Bueno, Angels Barceló y otros periodistas de primer nivel. Vienen tiempos duros y conviene que tengamos claros los conceptos. Lo que está mal, está mal, lo haga quien lo haga. No diferenciemos a nuestros cabrones de los cabrones de enfrente. Un cabrón es un cabrón, aunque sea uno de los nuestros.

Y por Dios, dejemos de ser tan exquisitos (me explico). Un amigo mío que se considera de izquierdas, dice que él no puede votar a Sánchez porque eso sería como hacerle ver que nos da igual que se haya rodeado de corruptos, que vale todo, que tiene un cheque en blanco. Con todos los respetos, ese amigo mío es un tonto. Porque mientras nosotros tenemos tantos remilgos, la derecha acude a votar en bloque, le da igual que el candidato que le propongan sea feo como Almeida, malvado como Ayuso o, por supuesto, corrupto como tantos. Ellos votan en pelotón sin dudarlo ni un ápice. Así que a ver si nos dejamos de tiquismiquis. Sin dejar por ello de condenar a los que se pruebe que han delinquido, de uno y de otro lado.

Entre los remilgados y los puristas que van a tirar su voto a la basura apoyando a Belarra (que va a reproducir el error de Pablo Iglesias) y otros candidatos de esa izquierda fractal que hay más allá del PSOE, pues puede que vayamos de culo. Como si no hubiera bastante desgracia con los fachapobres, que compran el discurso de Vox. A estos va dirigido este clip del punk abertxale más genuino, preciso y cortante como un rayo, que les pido que escuchen.

Me gusta especialmente ese grito final, puro surrealismo: CÓMETE LA FRUTA, ATONTAO. Es lo que me pide el cuerpo gritarle a Feijoo. Pero la vida sigue y yo me voy el jueves día 9 a Béjar, con mis amigos Henry Guitar y Críspulo, para asistir a una nueva edición del Festival de Blues de la localidad. Nos llevaremos las guitarras y no descartamos tocar en alguna esquina del pueblo, con el sombrero sobre la acera, para lo que nos quiera echar el personal. Aunque a veces, lo que el cuerpo nos pide es lo que se refleja en la viñeta de El Roto que les dejo como final. Sean felices si pueden y no se preocupen por mí: no es imposible que recupere las ganas de escribir más seguido, cosas más raras se han visto.

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