AQUÍ

viernes, 25 de abril de 2025

20. Sobre el turismo tóxico y otras disquisiciones

Aquí me tienen recién regresado de Budapest, ciudad maravillosa que he visitado por primera vez, para pasar allí la Semana Santa en buena compañía. Mi nueva situación personal, me lleva inevitablemente a viajar en períodos del año como el mes de agosto o la Semana Santa, salvo algunos moscosos rebañados con no poco esfuerzo, en contra de lo que solía hacer hasta ahora, que era aprovechar esos tiempos en que todo el mundo viaja, para quedarme en un Madrid solitario y recoleto, a disposición de los urbanitas que funcionábamos a la contra. No es este un mal cambio, teniendo en cuenta que, por ejemplo, los últimos meses de agosto que he pasado por Madrid ha hecho un calor infernal, de modo que la vida en mi piso de la última planta se volvía prácticamente insoportable, y no parece que las cosas vayan a cambiar en los años venideros. Les diré que viajé a Budapest en el Jueves Santo, lo que me permitió estar en Madrid durante la primera parte de la Semana Santa y constatar que en mi barrio ya no se puede vivir durante esos días festivos.

Yo ya había comprobado que tampoco es nada agradable el barrio los viernes por la noche, sábados y domingos, pero ahora añado la Semana Santa. ¿Por qué? Pues por el turismo que yo suelo llamar pedorro, aunque queda más fino adjetivarlo de tóxico. Me refiero, por supuesto a esas masas de familias acarreando maletones enormes con ruedas, que se mueven despacio como grupos de hipopótamos, que te impiden circular por las aceras y también entrar en los bares y locales, ante los que hacen colas muy largas que sufren consultando sus móviles. Esta gente camina a menudo con paso torpe e irregular, porque andan despistados y no saben adónde van. Son ruidosos y forman a veces grupos guiados por un/una joven que se para de tanto en tanto para contarles unas mentiras consistentes con un megáfono que te atruena, antes de salir hacia la siguiente parada con un paraguas cerrado en alto, para que no se les pierda nadie. Más los cochecitos a pedales (los malditos tuk-tuks) y las limusinas gigantes que circulan a paso de tortuga entorpeciendo el tráfico de las calles. Y la población flotante de raterillos y timadores, que acuden como moscas a la mierda y se dedican a acecharlos con disimulo.

Durante unos días nos pasamos al otro lado del espejo, para ejercer de turistas en Budapest, si bien les diré que en todo momento huimos de las aglomeraciones camuflados de húngaros (a mí se me ponía cara de húngaro en cuanto echaba a andar), usando el transporte público y paseando arriba y abajo por una ciudad estupenda, que conserva el esplendor de los tiempos del Imperio Austrohúngaro y ha logrado sobrevivir tanto a la caída de dicho imperio, como a una corta aunque letal invasión alemana (los nazis entraron en 1944) y 40 años de régimen soviético. Aprovechando los fondos europeos, se han reconvertido ahora en una sociedad próspera, de la que tira la capital, especialmente la parte de Pest, donde está la vida urbana más rica, mientras que, al otro lado del Danubio, la pequeña colina de Buda conserva el aire medieval ensimismado y los viejos museos e instituciones, que visita gran parte del turismo.

Ahora mismo, esa sociedad está bastante dividida políticamente, como la de todos los estados europeos, entre los escépticos de la democracia, complotistas paranoides y creyentes de las redes de desinformación, que nutren la ultraderecha de Orban y admiran a Trump y Putin y, por otro lado, los últimos demócratas en retirada tan asustados y preocupados como yo lo estoy, frente a calamidades como la pandemia, la invasión de Ucrania, la masacre de Gaza y la victoria de Trump en los USA, las últimas cuatro desgracias que nos han jodido el futuro (aunque desastres como el Brexit ya presagiaban esta deriva). En este mundo convulso, Hungría continúa a su bola, con un gobierno a la contra, regido por un amigo de Putin y Trump, sin integrarse en el euro (se siguen manejando en florines), entendiéndose en su idioma ininteligible para los demás, disfrutando de su magnífica capital, de su gastronomía refinada, de sus baños termales extraordinarios. Durante estos días, en todas las vallas de la ciudad se podía ver el cartel cuya fotografía les pongo abajo.

¿Cómo dicen? ¿Que no entienden el húngaro? No me lo puedo creer, unos políglotas contrastados como ustedes. Vale, ya no les vacilo más. Para este tipo de vicisitudes, yo aprendí en mi viaje de vuelta al mundo que hay una aplicación que viene de serie en mi móvil (y en el de todos ustedes), que se llama Google Lens. Si ustedes hacen una foto de un letrero en húngaro, o en coreano o en chino, el Google Lens se lo traduce al instante. El cartel dice textualmente: Voto por correo 2025. Votación sobre la admisión de Ucrania en la Unión Europea. Ahora en grandes mayúsculas: ¡NO DEJEMOS QUE DECIDAN SOBRE NUESTRAS CABEZAS! Acompañan las caras de Zelensky, Ursula von der Leyen y Manfred Weber, líder de Alemania, sobreimpresos sobre una cruz roja que, en cierta forma los tacha (es significativo que aquí no aparezcan las caras de Putin, Trump o Netanyahu). Pero lo más preocupante es el pequeño letrero que aparece abajo: Campaña realizada en nombre del Gobierno de Hungría.

Está bien claro. Uno se encontraba este cartel por todos lados, desde que salía del aeropuerto. Es lo que sucede con gobiernos proclives a la autocracia. Los norteamericanos ya se están empezando a dar cuenta de lo que esto supone. Ahora mismo, en todas las ciudades yanquis, si eres nacido en cualquier lugar de Latinoamérica, aunque tengas tus papeles de residencia en regla, te pueden abordar por la calle unos tipos de paisano que te llevan a un lugar desconocido, donde proceden a raparte al cero, ponerte un sayón infamante y unas cadenas en pies y manos, proceso que filman minuciosamente para mostrarlo al mundo, antes de meterte en un avión y mandarte a El Salvador, donde te pilla el presidente Bukele y te ingresa en esa especie de Guantánamo que ha construido en la capital. Te da lo mismo estar casado con una norteamericana y tener varios niños nacidos en el país.

Ya les dije que esta es la parte de Trump que me preocupa y me aterroriza. En cuanto a la política (es un decir) económica, como les pronostiqué, no le va a hacer ni cosquillas al sistema financiero internacional. Ahora mismo, las bolsas de valores han recuperado más o menos la mitad de lo que perdieron el día del trumpazo arancelario. Una parte de este rebote es normal: cuando una noticia mete miedo (pandemia, guerra o crisis), muchos pequeños inversores acojonados se apresuran a vender y eso es lo que hace que todo baje. Unos días después, al estar los valores muy bajos, la gente se pone a comprar como loca y los índices vuelven a subir. Pero aquí hay algo más que el llamado rebote técnico. Porque el fanfarrón Trump metió realmente miedo el día de la proclamación de sus aranceles urbi et orbi. Pero ahora todo el mundo ha visto cómo los poderes económicos le han doblado el brazo y ha tenido que recular. Y esto ha tranquilizado a los inversores: este tipo va de farol.

Pero en lo que no va de farol es en el recorte de libertades y derechos democráticos. Y ya empieza a decir que no le importaría presentarse a un tercer mandato, algo prohibido en la Constitución. Y mucho ojo con las elecciones de mitad de mandato, finales de 2026. Este señor va a empezar muy pronto a decir que, si no gana él, serán fraudulentas y no sería de extrañar que trate de obstaculizarlas, boicotearlas, cuando no directamente impedirlas. Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez andan de gira por todo USA poniendo en alerta a la gente. En uno de sus mítines se presentó Neil Young, antes de venir a Europa, y juntos cantaron eso de Keep on rocking in a free world. El vídeo está en Youtube, pero no he querido traerlo al blog, porque su visión me resultó un poco patética. Me recordó a los abuelos cabreados que hasta hace unos años danzaban en círculo en la Puerta del Sol con sus canas y barbas blancas al aire, coreando: Los crímenes del franquismo NO-PRES-CRIBEN. Hace mucho que no los veo, tal vez se hayan muerto todos.

El caso es que este martes regresé a casa, después de haber dejado sólo a Tarick Marcellino durante cinco días completos, con agua y comida suficiente, siguiendo las instrucciones del veterinario, que dice que, en ausencias de hasta cinco días, el animalito prefiere quedarse en casa, antes que sufrir el estrés de un traslado. Preferirá quedarse en casa, pero tenía un cabreo supino. Y nada más entrar, me encontré la muestra palpable de ese cabreo: había destrozado en parte la alfombrilla azul que tengo puesta en la salida a la terraza y había esparcido minuciosamente los pedacitos por encima de la alfombra de colores que he puesto este año. La cosa era tan llamativa, que grabé un video cortito para dejar constancia para la posteridad de esa muestra de contestación ciudadano-felina, antes de limpiarlo todo. Véanla.

El mundo felino es muy particular, pero dentro de él, los diferentes gatos tienen cada uno su carácter y una cierta tendencia a parecerse a sus amos con los que conviven. Por ejemplo, Ulises y Mina, los gatos de mi querida amiga África, son tan buenazos y divertidos como los demás miembros de su familia. Tarick Marcellino es un tipo con carácter, con su mal genio, que hace travesuras consistentes, unas veces de forma reivindicativa, como diciendo No hay derecho, y otras por pura diversión. La noche del martes se debatió entre dos pulsiones, la de hacerme ver que estaba muy enfadado conmigo por haberlo dejado solo cinco días y la alegría enorme de que ya hubiera vuelto. En mi academia de yoga hay dos gatos que andan por allí entre las esterillas mientras hacemos las diferentes asanas. Y la verdad es que son bastante sosos. Le he preguntado al profe cómo se llaman y me ha dicho que Tigre y Juanelo. Los nombres que la gente le pone a sus gatos son también un indicativo del carácter de sus amos. Tal vez ustedes recuerden que Julio Cortázar tuvo durante muchos años un gato que se llamaba Teodoro W. Adorno.

Pero yo quería hoy hablarles del turismo masivo que está acabando con los centros de nuestras ciudades, como el Barrio de las Letras en el que yo vivo. Este es un fenómeno muy reciente, de dos años para acá, o más en concreto, desde que se acabaron los encierros por la pandemia. Yo creo que la gente se asustó tanto de no poder ni salir a la calle durante meses, que al solucionarse el tema se han lanzado a conocer mundo como si no hubiera un mañana. Cierto que ya antes había ciudades muy machacadas, como Venecia, Barcelona o Praga, pero ahora es que son todas. Y el asunto se sustenta sobre una tipología urbanística concreta: los llamados apartamentos turísticos. Los propietarios de pisos vacíos o que antes tenían inquilinos fijos, se han decantado por esta forma de negocio que les asegura una ganancia sustanciosa. En septiembre pasado, cuando yo estuve en Llanes (Asturias) ya me dijeron que en todo el pueblo era imposible encontrar un piso para alquiler de larga duración.

Es un fenómeno incontenible, inmuebles enteros se convierten en colmenas de apartamentos turísticos que están siempre llenos porque nos hemos vuelto locos colectivamente. Y los inquilinos antiguos se van viendo expulsados a barrios menos céntricos. En Madrid la gente ya no puede vivir en el Distrito Centro y se van a Carabanchel o Usera. Y eso mismo está pasando en todas las grandes ciudades del mundo. Aunque en otros lugares, como París, Londres o New York, al menos hay políticas urbanísticas que tratan de controlarlo. Aquí, si hemos esperar que El Topillo (por cierto, inminente padre en tesitura de disfrutar de cuatro meses de permiso por paternidad, gracias a las políticas promovidas por Pedro Sánchez y otros comunistas), si hemos de esperar, digo, que este elemento haga algo para contener la avalancha, pues vamos dados.

Pero estos apartamentos turísticos no estaban hasta hace poco preparados para competir con los hoteles y hostales, que incluyen otros servicios y cobran por ello. Y en esta última marea incontenible, como les digo, de dos años para acá, han empezado a aparecer una serie de usos complementarios en las plantas bajas de los inmuebles de mi barrio. En primer lugar, unos locales llenos de taquillas, en donde dejar los equipajes. Han surgido como hongos y no tienen ninguna persona al cargo. El viajero llega, teclea un código para abrir la puerta, deja sus maletas y se va a la calle. Yo primero pensé que esto estaba al servicio de gente que llega en tren y se ahorra el hotel: pasa el día viendo la ciudad y luego recupera el equipaje para irse. Pero no es eso, o al menos no es sólo eso. Resulta que los apartamentos turísticos han de ser dejados a las 10 de la mañana, por ejemplo, y muchos viajeros tienen el avión o el tren por la tarde/noche. Los hoteles tienen un cuarto en el que se puede dejar el equipaje durante todo el día, pero los apartamentos turísticos no, porque en cuanto sale un viajero entra otro y no hay espacio para ello. Por eso han surgido estos negocios de taquillas (lockers en inglés). Esta mañana he hecho unas cuantas fotos que les muestro, todas en un radio de acción de unos cien metros de mi casa.




Un segundo negocio complementario: los cajeros ATM, que presumen de ser los que menos comisiones te cobran por sacar dinero con tu tarjeta VISA. También han surgido como hongos, empotrados en los mostradores de todas las tiendas de los chinos y los pakis. Para que puedas tener dinero suelto sin tener que buscar un banco. Más fotos del entorno de mi casa. 


Como verán abajo, estos cajeros son compatibles con cualquier otro negocio destinado a enganchar al turista: un ultramarinos (regentado por chinos), una heladería, una oficina de la Western Union para que te manden dinero en efectivo desde tu país, una lavandería de autoservicio y hasta un centro de taquillas como los que les he mostrado más arriba.





Y un tercer uso complementario: los antiguos bares del barrio están siendo progresivamente sustituidos por cafés con encanto, panaderías artesanales, lugares para el brunch y similares, además de tiendas de souvenirs baratos. En mi investigación, he descubierto que muchos de los turistas que hacen cola a la puerta de estos nuevos locales, van provistos de unos bonos de desayuno que les facilita la propia compañía de pisos turísticos, con los que se pagan el brunch o lo que haga falta. Otro servicio más que incluir en su oferta. Nuevas imágenes para que vean que no les engaño. 




Y algo que ya es el colmo: enfrente del Mercado de San Miguel, el templo de reunión de los turistas más adinerados a los que no les importa que les estafen, ha surgido una novedad, de la que también les incluyo abajo un par de imágenes. Otra necesidad perentoria de los turistas que abarrotan las calles del centro de Madrid es, obviamente, la de miccionar (ya ven qué fino me estoy volviendo). Para aumentar los servicios al turista y que no tengan que entrar a los bares a pedir un vaso de agua para disimular, un espabilado de estos negocios ha tenido la ocurrencia feliz de instalar unos aseos públicos de pago. Lo que nos faltaba. Y, por cierto, los guarros que se lo hacen en algunas esquinas de mi calle, seguirán perpetrando su tropelía incívica con tal de no pagar el euro y medio que, como ven, se pide por acceder. Me dice una amiga del servicio de Licencias del Ayuntamiento que este es un uso ilegal y que cualquier día se lo precintan. Como iban a precintar el ático del novio de Ayuso. 



En mi salida por el centro esta mañana, después de mi sesión matinal de yoga, la plaga de turistas no ha sido la única incomodidad que he sufrido; hay otras que terminan por hacerte la vida imposible. Los tuk-tuks a los que me he referido más arriba. Las obras que nuestro alcalde El Topillo hace por doquier. A este respecto, les diré que la Puerta del Sol sigue en obras, más de dos años después de empezadas y cada vez está más fea (les recuerdo que la propaganda decía que iban a estar listas para la Nochevieja de 2023). Y la desgraciada Plaza de Santa Ana está completamente destripada, a cuenta de los trabajos de mejora de un aparcamiento de concesión a un privado, que se han llevado por delanta la mayor parte de los árboles. Y para colmo, la huelga de basuras. La recogida de basuras es un negocio floreciente, ya saben que en Nápoles y otras ciudades lo controla la mafia. En Madrid, la concesión recae en las grandes constructoras, que están ahora forzando el pulso de la negociación con El Topillo y su cuadrilla. Yo tengo grabada en mi memoria, de cuando la huelga anterior en tiempos de la señora Botella, la imagen de una multitud de ratas como conejos campando tranquilamente entre los montones de mierda de la calle Atocha. Aquí las últimas fotos de mi reportaje: el tuk-tuk esperando clientes, las obras de Santa Ana y las basuras acumuladas.



Lo dicho. Que estamos todos locos. El dinero mueve al mundo y si la actividad de las ciudades no se regula debidamente (¿lo recuerdan? se llama urbanismo), sino que por el contrario, promovemos la libertad-libertad-libertad de Ayuso y sus colegas, pues el resultado es que la gente se ve expulsada del centro y los barrios de interés, porque estos del negocio turístico no se van a detener o buscar una cierta proporcionalidad o equilibrio: estos seguirán atestando las ciudades de apartamentos turísticos y sus usos complementarios, hasta matar la gallina de los huevos de oro. Después de ello, abandonan los locales y aparecen los okupas, delincuentes y gente de mal vivir, y los barrios se van a la mierda. Es un clásico de la evolución de las ciudades. En mi barrio, tratamos de sobrevivir los que vamos quedando, defendiendo nuestros bares y comercios de toda la vida y ocupando las aceras de forma menos invasiva. A la espera de que venga el señor Trump y nos joda la vida. Me queda sólo desearles que sean buenos y que tengan cuidado: el mundo va deprisa y no se detiene. Pórtense bien y tengan cuidado de que no les arrolle.

domingo, 13 de abril de 2025

19. El payaso en su palacio

                                                                                     Cuando un payaso se muda a un palacio,
No se convierte en sultán.
Es el palacio el que se convierte en un circo

Antiguo proverbio turco

Imaginen a qué viene a cuento este viejo refrán que ha circulado estos días por los guasas y demás redes sociales. La que está liando el del pelo naranja. Hemos asistido esta semana a la barrabasada largamente anunciada de ponerle aranceles a los intercambios comerciales con los USA de todos los demás países (menos Rusia) y, tal como van los tiempos, estoy yo meditando seriamente la posibilidad de gravar la lectura de este blog con un arancel del 200% para mis seguidores, para que dejen de darme la murga con que escribo muy poco. Ya se dijo al comienzo de este mi tercer blog que las cosas no iban a seguir como antes, que a mí no me sobra el tiempo y le doy prioridad a vivir la vida, por encima de dedicarme a contar lo que voy viviendo. Este es un blog de reflexiones al tran-tran, o de reflexiones de Pascuas a Ramos como lo bautizó certeramente mi querida África, seguidora fiel y preferente. Así que dejen de quejarse que, como sigan protestando, les voy a calzar un arancel que se va a cagar hasta la perra, con perdón de la expresión zafia, impropia de un dandy coruñés como yo, lo que pasa es que no se me ocurre ninguna otra más pertinente.

En fin, como en mis entradas anteriores, les haré un breve resumen de mis actividades más destacadas en estos últimos días, en los que hemos podido salir otra vez a la calle al amainar el gran diluvio que ha llenado nuestros pantanos y que anuncia una primavera llena de polen, para desgracia de los alérgicos, y prolífica en moscones y abejorros de tamaños impensables, para delicia de Tarick Marcellino que se lo pasa en grande cazando uno tras otro. Empezaré por contarles que en el último fin de semana de marzo, mi amigo Amir, taxista de Kuala Lumpur con el que sigo conectado, me mandó por Whatsapp un mensaje en malayo, que incluía la imagen que les muestro abajo. Pensé que se había equivocado de destinatario, pero luego comprendí que se lo había enviado a todos sus contactos, así que procedí a traducirlo del malayo con ayuda del Google Translator. Vean primero la imagen de marras.

Por la traducción supe que Amir me comunicaba alborozado el Aidilfitri, que es la fiesta del final del Ramadán en Malasia. Su mensaje decía: Selamat Hari Raya Aidilfiltri. Maaf zahir dan batin. Semoga hari yang mulia ini membawa kebahagiaan, keberkatan, dan keceriaan kepada anda dan keluarga. La traducción es Feliz día de final de ayuno, ahora te sientes limpio por dentro y por fuera, que este glorioso día te traiga felicidad, bendiciones y alegría para ti y tu familia. Quise contestarle: lo mismo para ti, querido Amir y, con la ayuda del traductor, lo pasé al malayo: Juga untuk awak, sayang Amir. Me contestó enseguida y les transcribo la conversación subsiguiente: Amazing u speak malay!!//No, I used the Google Translator//Hahahaha. How r u my friend//Fine. Super. Impossible better//Great. I’m always praying for you//Your prayers have good results. How are you my good friend?//I’m doing great, especially in size. Bigger¡¡//Hahaha, you must eat a little bit less//But my appetite is stronger.

¿Cómo dicen? ¿Que por qué no les pongo la traducción? Pues porque así pueden ustedes practicar un poco de inglés y, si me apuran, hasta un poquito de malayo. Y no me presionen, que les duplico el arancel. Lo cierto es que este Amir es un encanto, una de las amistades que hice en mi periplo por el mundo, de cuyo inicio se cumple mañana un año, hay que ver cómo pasa el tiempo. Les cuento también que el jueves 3 de abril, acudí al Hospital Ramón y Cajal, para mi revisión anual de las arterias carótidas en las que hace años me encontraron una pequeña obstrucción o ateroma, que requiere un seguimiento. Les recuerdo que el doctor que me examinó me dijo que ese seguimiento consistía básicamente en que yo siguiera. Que siguiera haciendo deporte, que siguiera comiendo con cabeza y que siguiera tomando mi medicación anti-colesterol. Eso es lo que hago, como saben, y el resultado de esta nueva revisión generó una ecografía con una imagen calcadita (así lo dijo el doctor) a todas las anteriores, la última de hace catorce meses. Así que, carretera, manta y a seguir.

Esa misma noche me constituí en la Sala Clamores, para asistir al concierto de Jesse Dayton, el compañero de Samantha Fish durante los dos años anteriores, que ahora vuela en solitario, en formato power trío, acompañado solamente por un batería explosivo y un bajo de luengas barbas, con los que perpetra un rhythm’n blues explosivo para contar historias de perdedores y tipos duros. Este hombre tiene 58 años y empezó a tocar por la zona de Austin (Texas), a la edad de 18, así que lleva 40 en la carretera. Ya de muy joven, se fijaron en él las grandes estrellas del country, que le ficharon como segundo guitarrista para sus grabaciones y sus giras, lo que le permitió aprender de todos ellos: Glen Campbell, Kris Kristofferson, Waylon Jennings y Willie Nelson. Después se lanzó a tocar rockabilly acelerado, blues y otras líneas musicales, todo lo cual le da un poso bastante interesante.

Ya saben además que yo me encontré con él en París, Londres y Melbourne, cuando andaba de gira con Samantha Fish, lo que me permitió saludarle. En Melbourne me reconoció y estuvo haciéndome gestos de complicidad todo el concierto, al contrario que Sam que no pareció impresionarse mucho con mi presencia tan lejos, y al final nos dimos unos cuantos abrazos. Esta vez, después de un concierto muy bueno y pleno de energía (con lleno total), lo esperé y lo abordé al salir. Le dije: We met in Melbourne, do you remember me? A lo que contestó sonriendo: I do, I do.  Estuvimos un rato charlando, pero no le quise dar mucho la murga; estos artistas se lo dejan todo en el escenario, acaban reventados y al día siguiente viajan a otro lugar de la gira. A Jesse le gusta mucho venir a España, suele incluir nuestro país en sus giras, lo que pasa es que yo antes no lo conocía, y les diré que el concierto del Clamores vendió todas las entradas. Vean uno de los clips que le grabé desde mi posición casi en la primera fila.


El viernes 4 tuve mi habitual clase matutina de yoga y por la tarde me acerqué a la Casa de Vacas en el Retiro, en cuyo auditorio actuaba la Big Band Contrapunto, de Vallecas, que dirige el gran Henry Guitar y donde toca también mi otro amigo Críspulo el batería. Esta banda desarrolla una actividad didáctico-divulgativa sobre la historia del jazz que es muy interesante. Yo les he escuchado varias veces en esta tesitura, pero no me canso de repetir, porque son muy divertidos. Por cierto, el concierto estaba a reventar, no quedó un solo asiento libre y la gente los despidió con grandes bravos y ovaciones. Cuando yo era niño, este tipo de eventos terminaban en vítores, aplausos y gritos de Franco-Franco-Franco, como puntualmente reseñaba la prensa del régimen. Menos mal que hemos dejado atrás esos tiempos nefastos, que muchos de ustedes no llegaron a conocer. Vean el cartel anunciador del concierto.

Por cierto, me detengo en un aspecto. Como les digo, este concierto estaba abarrotado de gente. Y era de entrada gratuita. ¿Ambas cosas están íntimamente relacionadas o, digámoslo de otra manera, existe entre ellas una correspondencia biunívoca? Pues miren que creo que sí y les cuento. No sé si recuerdan que todos los miércoles yo me cojo la guitarra eléctrica y me acerco a Palomeras para la clase con Henry y los demás alumnos. Al acabar la clase, como a las 9,30 de la noche, solemos acercamos al bar Los Cuñaos a tomarnos al menos una caña, cuando no un vino, y a menudo con algo de picar, para celebrar lo bien que nos lo pasamos tocando y los progresos que vamos haciendo. Les llevo ahora a una fecha concreta: miércoles 12 de marzo. Partido de Champions R. Madrid-Atlético de Madrid. El famoso partido en el que el Aleti fue eliminado en los penaltis. Bien, ese día casi no pudimos entrar en el bar. Estaba hasta la bandera. Lleno de parroquianos del barrio con banderas y bufandas de ambos equipos hablando muy alto y jaleando histéricamente todas las jugadas. Lo típico.

Vayamos ahora a unos cuantos miércoles más adelante: el 2 de abril. Ese día se jugaba la semifinal de la Copa del Rey: Barcelona-Atlético de Madrid. Salí de la clase de guitarra con mis colegas pensando que el bar Los Cuñaos estaría hasta arriba. Pues estaba completamente vacío. Ni una persona. ¿Por qué? Pues es muy sencillo: el partido de ese día lo daba La1 en abierto. Está bien claro. La gente no quiere pagar por una plataforma de TV que te ofrece un 80% de bazofia y un partido interesante de vez en cuando. Cuando ese partido llega, se bajan al bar de la esquina y se lo pasan en grande con los amigotes. Pero, cuando el partido es gratis, prefieren quedarse en casa y verlo tranquilamente desde su sofá.

Esta observación me hace sentirme menos raro, porque yo hago exactamente lo mismo. Para mí es una cuestión de principios: yo he vivido casi toda mi vida viendo el futbol gratis en la tele. Y no quiero pagar por ninguna plataforma anual renovable. Cuando existía la fórmula del pay-per-view, las cosas eran distintas. A mí no me importaría pagar 30€, por decir algo, para ver la Final de la Champions. Pero que no cuenten conmigo para pagar todos los meses por estar en una de esas plataformas. Ya les he dicho, parafraseando a Groucho Marx, que yo no quiero ser socio de ningún club que me admita a mí como socio. Y veo que no soy el único que piensa sí.

Por lo demás, el sábado 5 de abril, cogí la carretera y me fui en buena compañía a pasar el fin de semana en Soria, ciudad que no conocía y que me encantó. El paseo por el Duero, el Monasterio de San Juan de Duero o la Ermita de San Saturio merecen una parada en esta ciudad, de poco más de 40.000 habitantes, una de las capitales de provincia más pequeñas, junto con Cuenca, pero con similar ambiente festivo-cultural. Las calles están limpias y bien ordenadas, con numerosas estatuas de Becquer y Machado, los dos referentes literarios de la ciudad. Y la parte gastronómica es espectacular, con los torreznos, las migas al pastor o las diferentes setas y hongos. Les muestro unas fotos. La portada de Santo Domingo, la ermita de San Saturio desde el Duero y una mía haciendo el mono en una de las estatuas de Becquer.



Y el principal monumento de la ciudad: los torreznos de Soria. 

Ya de vuelta el lunes, afrontamos la semana de la gran revolución de Donald Trump. Veremos cómo acaba esto de los aranceles. Pero desde ya les digo que los aspectos económicos de este asunto no son los que más me preocupan. Si usted, querido lector, tiene como yo algún dinerillo ahorrado en forma de plan de pensiones o renta variable, habrá perdido estos días un pastal, pero no se preocupe: ya lo recuperará. El sistema económico es sólido, las multinacionales y los grandes poderes económicos son los que dominan el mundo. Estos poderes empezaron en la era Reagan Thatcher un proceso de desregulación, que desbarató para siempre el sistema creado por Roosevelt, con el único objeto de que los ricos ganen todavía mucho más. En ese proceso, ya no se detienen y han llegado a la conclusión de que les sobra también la democracia. Y ellos son los que han facilitado la llegada al poder de Trump (y los que sostienen a los demás autócratas).

Pero como el tipo se salga de madre y ponga en riesgo sus riquezas, ya se las arreglarán para echarle de la presidencia o anularlo. Recuerden lo que sucedió con la primera ministra Liz Truss en Gran Bretaña. Esta señora llegó al poder con un programa concreto de desregularlo todo y, cuando los grandes magnates del poder económico vieron que llevaba al sistema a la ruina, le dieron una patada en el culo. Duró como primera ministra exactamente 44 días, batiendo varios records Guinness. Así que a mí esto no me preocupa. Es vomitivo ver en escena a un payaso que se jacta de que los presidentes de todos los países le besan el culo (sic). Pero yo no estoy alarmado por todo esto, que además no me sorprende.

Lo que me tiene realmente muy intranquilo es el ataque a las libertades y a los derechos civiles de los ciudadanos. Es algo que se llama fascismo, sucedió ya con Hitler y sus coetáneos y empieza a mostrarse ahora en toda su crudeza. El régimen de derechos y libertades es algo que se puede desbaratar de forma sencilla, pero luego cuesta mucho de reconstruir, porque la gente se imbuye de ese miedo, de esa decadencia de los principios, de ese entender que todo vale y eso es muy arduo de erradicar. Trump es un payaso, un clown consumado, un showman televisivo que maneja a la perfección la imagen y, a través de ella envía sus mensajes. Y las imágenes de esos venezolanos, supuestamente pandilleros y delincuentes de poca monta, que han sido cazados como alimañas, vestidos con sayones infamantes, rapados al cero y mostrados caminando agachados sujetos por dos matones, están cargadas de un mensaje visual altamente intimidante.  



Ese grado de crueldad y deshumanización del adversario no se había visto en el mundo desde Auschwitz. Más la retirada de fondos a cualquier investigación en la que se mencionen términos como cambio climático, o sexualidad no binaria. O la detención arbitraria de estudiantes que hayan mandado un simple whatsapp de apoyo a los palestinos. Esto estaba ya sucediendo en Rusia, en Myanmar, en Nicaragua o en Guinea Ecuatorial (y en China, por supuesto), pero que se generalice en Estados Unidos es preocupante. Y este movimiento sólo lo pueden detener dos elementos: el poder económico, como les digo más arriba, y la presión popular de los propios norteamericanos. 

Para esto segundo, ya se están movilizando personajes como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortés y hay una fecha clave que ya les he anunciado: las elecciones de mitad de mandato, a finales de 2026, en las que, si el Partido Demócrata se mueve con cierta habilidad, puede arrebatar a Trump el Congreso y hasta el Senado. Así se lo hicieron a Obama, que prácticamente quedó maniatado para el resto de su mandato, limitado a minucias como poner medallas a personajes como Bruce Springsteen o Robert de Niro, que ya se han mudado a vivir a Canadá. Otros famosos se están yendo también, como la pareja Ryan Gosling-Eva Mendes o las famosas lesbianas Ellen de Generes y Portia de Rossi, que se han ido todos a Gran Bretaña, donde se van a quedar a vivir hasta que los tiempos cambien. 

Y les cuento también que nuestro admirado Neil Young anda de gira por Europa y ha dicho en una entrevista que no está seguro al cien por cien de que le dejen volver a entrar en los USA, país cuya nacionalidad comparte con la canadiense de origen, dado el clima de represión y censura que se está imponiendo en el lugar donde tiene su domicilio y donde dice que hasta ahora se encontraba muy a gusto y lamentaría tener que abandonarlo. Yo le invitaría a venirse a España, como hicieron Jeff Espinosa y tantos otros músicos. Aquí se vive muy bien y tal vez las tropelías del señor Trump nos libren del crecimiento de Vox, Se Acabó la Fiesta, y otras desgracias potenciales. Toquemos madera en cualquier caso.

A todo esto, Trump había prometido acabar en 24 horas con las guerras de Ucrania y Gaza y ahora mismo lo que tenemos es un riesgo de que se recrudezcan y se les añadan conflictos en Groenlandia y otros lugares, como los llamados Países Bálticos, donde están lógicamente muy asustados. Frente a esto, Europa se tiene que proteger e incrementar su seguridad, si no queremos que nos arrasen. El discurso de Rufián que les puse en el post anterior, me sigue pareciendo muy bueno. Recuerden que dijo con toda claridad que, cuando le preguntan: –Entonces ¿irías tú a la guerra? él contesta que sí, sin dudarlo; si se trata de defender la libertad frente al fascismo, allí estaría él el primero. Nada que ver con los supuestos pacifistas, que se dedican a reciclar sus pegatinas de No a la OTAN de las carpetas del BUP, para ponérselas otra vez en la pechera. Pacifistas como esos ayudaron a la derrota de la Segunda República.

Seguiremos en este blog al tran-tran, en el que cualquier opinión es respetada, aunque difiera de la mía. En estos momentos, yo sigo muy atento a la realidad circundante, lo que no me impide continuar disfrutando de la vida, del rock, del blues, del yoga y de mi actividad viajera, en la que tengo cerca una escapada a Budapest, de la que ya se dará cuenta en el blog, seguida de unas cuantas más que ya tengo programadas y cerradas y que se irán contando oportunamente. Así que ustedes no se preocupen, dedíquense a portarse bien y no tengan miedo, que hemos salido de crisis peores, como la de los misiles cubanos en los sesenta, generada por algo muy similar a lo que está pasando ahora: la URRS instaló misiles en Cuba apuntando a las principales ciudades americanas, no muy diferentes de los que ahora apuntan a Moscú desde tierras estonias, letonas y lituanas. Y que pasen una buena Semana Santa. Les dejo de regalo un tema energético de Lenny Kravitz para amenizarles el Domingo de Ramos.

sábado, 29 de marzo de 2025

18. Que si nos armamos o no

Esa es la cuestión. Suenan vientos de guerra y uno no sabe qué pensar pero, mientras, seguimos todos con nuestras vidas, igual que hacían los aristócratas de San Petersburgo cuando esperaban bajo la nieve en la cola para ver la actuación del ballet Bolshoi. A su lado pasaban decididos los revolucionarios que se dirigían a tomar el Palacio de Invierno, pero ellos no se inmutaban porque pensaban que su vida muelle de ricachones indiferentes a las amenazas que los rodeaban, no se vería afectada por esos acontecimientos que, finalmente, acabaron por arruinarles. Ya he contado esta escena en otros posts, pero creo que estamos igual de indefensos que entonces. Por cierto, yo no puedo menos que carcajearme hasta perder la consciencia, de todos aquellos que decían que Trump no había declarado ninguna guerra en su mandato anterior, mientras que Biden había provocado unas cuantas. Creo que cada uno es, en buena medida, lo que parece. Trump parece un energúmeno airado, abusón y vengativo y eso es lo que finalmente está demostrando ser. Y puede liarla parda.

Pero nosotros seguimos a lo nuestro, cada uno según sus afanes y sus inclinaciones. Yo, por ejemplo, continúo siguiendo el mundo del blues y sus derivaciones. El domingo pasado acudí a la taberna Alabanda a escuchar a Jeff Espinosa, un bluesman yanqui sesentón, que vino a España con un grupo de rhythm’n blues en el año 1979 y ya se quedó, porque le encantó la forma de vida española. Como se pueden imaginar, algo tuvo que ver en su decisión una mujer de por aquí, con la que años después rompió, pero ya nunca regresó a su tierra y yo lo entiendo perfectamente, porque ya les he dicho que como aquí no se vive en ninguna parte. Jeff tiene algo de los antiguos trovadores como Woody Guthrie o el primer Bob Dylan, con una vena blues entremezclada. Es un tipo clavadito (o, como dicen en mi tierra, cuspidiño) a mi amigo Berto, a quien aprovecho para mandar desde aquí un abrazo. 

Se hizo acompañar por un amigo que se llama Emilio Arsuaga, también músico veterano, que canta, toca la armónica y la guitarra. Ambos cantaron y tocaron viejos temas muy conocidos, como el Cotton Fields, o el Going up to the country de Canned Heat. Les grabé un par de clips y luego me hice un selfie con Jeff, que me dijo que no tiene nada que ver con Paul Espinosa, el director de documentales sobre los chicanos del que les hablé hace no mucho. La taberna Alabanda es un lugar muy pequeño, en donde se organizan algunos domingos este tipo de conciertos, promovidos por la Sociedad del Blues de Madrid, la SBM, de la que soy miembro, como saben. Los conciertos tienen dos pases, a las 13,30 y a las 15.30, con un descanso en medio, que los músicos y asistentes aprovechan para tomarse un tentempié de la taberna. Vean los clips y comprobarán que la gente del público, todo él bastante entrado en años, tiene la libertad de subir al escenario a hacer coros si les place.




Jeff Espinosa, buen músico y mejor persona. El próximo jueves toca en Madrid Jesse Dayton, el bluesman veterano que ha estado de gira más de un año a pachas con Samantha Fish. Les recuerdo que yo vi tres conciertos de Sam con su anterior grupo, en Cazorla, Jerez de la Frontera y Bruselas. Después ya la vi con Jesse en París y Londres, ocasiones ambas en que estuve departiendo con ambos durante los meets and greets posteriores a los conciertos, en donde aproveché para comprar algunos vinilos de Sam que me faltaban. En Melbourne los vi de nuevo y Sam no me hizo demasiado aprecio, aunque me regaló en mano la púa con la que había tocado. En cambio, Jesse hizo muchos gestos de complicidad conmigo durante la actuación y al final se agachó a darme la mano diciendo en español: gracias amigo. Luego salió por allí, me dio unos cuantos abrazos, me preguntó qué hacía tan lejos de mi casa y nos hicimos los selfies de rigor, con tan mala suerte que salieron desenfocados. Jesse viene por primera vez a España, al rebufo del subidón de haber viajado con Sam por todo el mundo y yo no puedo faltar a su concierto, el 3 de abril en la sala Clamores.

Y ya saben que la mismísima Samantha Fish tocará en el Joy Eslava el 14 de junio, evento para el que ya tengo entrada desde hace mucho. Antes de venir a Europa Sam está ahora girando con el gordo Christone Kingfish Ingram, que cada día está más grueso y a mí me da miedo que un día explote-explote-expló, como los contertulios de La Grande Bouffe que se reunen para suicidarse comiendo. En esta gira, les grabaron un vídeo (es un concierto de hace menos de una semana), que les voy a pedir que vean, para que valoren lo que pueden ver dentro de un par de meses por el módico precio de 35€. Sam empieza demostrando por qué ha sido galardonada en más de una ocasión como la mejor cantante de soul del año. Y el duelo guitarrero de la segunda parte del tema es sencillamente grandioso. 

Sam y el gordo están entre los mejores guitarristas de blues del momento y son bastante amigos, como se puede comprobar en el vídeo. No en vano, fue Sam quien lo descubrió y lo empezó a invitar a subir al estrado, cuando tenía 19 años y era simplemente un chaval que sufría bullying en la escuela por dos motivos: por gordo y por adorar la música que le gustaba a sus abuelos, en vez del rap y las otras mierdas (con perdón) que suelen escuchar los chavales de su generación. Kingfish logró sobreponerse al acoso y hoy es un músico respetado, que haría bien en adelgazar un poco. Esto del bullying es algo que ha existido siempre, los matones del cole que te machacaban en cuanto te descuidabas. Los gordos o los feos eran siempre sujetos potenciales de acoso escolar, algo de lo que es difícil defenderse. Kingfish tiene un corazón tan grande como su corpachón y eso le ayudó a sobreponerse. Pero estas cosas siempre dejan algún poso.

Piensen por ejemplo en el Alcalde Almeida. Con lo feo, lo pequeño y lo poquita cosa que es, me jugaría un brazo a que ha sufrido diferentes formas de acoso escolar en su infancia. Él lo ha superado porque es listo, para los temas académicos, y puede fácilmente deducirse que no es mala persona como la señora Ayuso. Otra cosa es que sea el alcalde que se merece esta ciudad. Pero, tal vez por las secuelas de una infancia con problemas a causa de su físico, ahora se mueve acuciado por diferentes miedos. Por ejemplo, él sabe que la primera vez ganó de chiripa; en realidad lo que sucedió es que perdió la señora Carmena. Y esta señora perdió, entre otros motivos, porque durante sus cuatro años de mandato no se hicieron apenas obras, salvo la Gran Vía y el inicio de la remodelación de la Plaza de España, ambas en pleno centro. Ninguna en los barrios. Por eso, este señor hace obras de manera compulsiva, tiene todo Madrid levantado y se ha ganado de largo el mote de El Topillo.

Pero no es este el único miedo que dirige los pasos de un señor que, por otra parte, no tiene ningún plan concreto, ni la más mínima idea de adónde debe ir esta ciudad. Otro miedo que dirige sus actuaciones es el que le recuerda al niño al que le cayó encima un árbol del Retiro y lo mató. Sucedió esto en tiempos de la señora Botella y el Topillo tiene todavía pesadillas con ello. Por eso, ante cualquier eventualidad que suceda en Madrid, Almeida responde con una medida que es para él como el proverbial ungüento amarillo: cerrar el Retiro. ¿Que llueve mucho? Cerramos el Retiro. ¿Que hace mucho calor? Cerramos el Retiro. ¿Que la crecida del Manzanares amenaza con desbordar el cauce? Cerramos el Retiro. ¿Cómo dicen? ¿Qué el cauce está a unos 600 metros sobre el nivel del mar y el Retiro a 670? No pasa nada, cerramos el Retiro por si acaso. Cada vez que bajo a entrenar y me encuentro el parque cerrado, lo que me obliga a correr por el exterior de la verja, me acuerdo del Topillo y toda su familia.

A todo esto se ha añadido recientemente un tercer miedo: el de hacer un Mazón. Que la ciudad se inunde y él esté en un reservado de un restaurante cinco horas con instrucciones tajantes de que no le moleste nadie. Aunque esto no le sucedería normalmente a Almeida; esto le pasa a los puteros y similares y nuestro alcalde es hombre familiar, muy enamorado de su mujer y en espera de la llegada inminente de su primer hijo, acontecimiento para el que ha anunciado que piensa cogerse entera la baja de paternidad de cuatro meses. Estaremos cuatro meses sin alcalde, pero para la falta que hace… Lo cierto es que en España ha llovido en el mes de marzo como no se veía desde hace décadas y hasta los últimos pantanos están a rebosar. En Madrid, hemos superado el trance con humor y les pido que escuchen un audio que circuló por nuestros whatsapps el día en que más llovía. Era un mensaje urgente de nuestro alcalde a todos los ciudadanos. Para escucharlo han de pinchar AQUÍ y darle al triangulito de play.

¡¡¡Que se nos ahoga el Topillo, paaaayo!!! Ay qué disgusto más grande ¿verdá-usté? Si nos quedamos sin alcalde, ¿quién me arregla a mí el bache que tengo en la puerta de la keli, que ni sacar la fregoneta puedo?

Muy bien, ese es el nivel de los políticos que tenemos. No es que el PSOE esté mucho más boyante, pero lo del PP, con personajes como Almeida, Ayuso, Mazón, etcétera, es de traca. Y su mayor problema es el tipo que tienen de líder, que no da para nada la talla. El PP representa a las familias franquistas que, cuando no están en el poder, se sienten escandalizadas y claman: hay que echar del gobierno a esos comunistas corruptos, por los medios que hagan falta. En tiempos no muy lejanos, viendo lo bien que les iba a sus oponentes con un guapo jugador de baloncesto al frente, decidieron intentar algo similar con Pablo Casado, que era bastante guapo también, aunque muy cortito. Cuando vieron que no les funcionaba y que con ese elemento no iban a ganar nunca, le dieron una patada en el culo y se trajeron a Feijoo, pero resulta que les ha resultado un Fake-Jo-oh, que finalmente hace lo mismo que su antecesor: desaprobar todo lo que proponga Sánchez, sin siquiera leerlo, ir de acuseta a Bruselas diciendo que tenemos un presidente muy malo, declaración que suscita las cuchufletas de Van der Leyden y los demás, y amparar a los mazones y similares contra viento y marea.

Este tío es muy feo, y más desde que se ha quitado las gafas que le daban un aire algo menos tosco. De verdad, yo no lo veo de presidente. Y, además, su discurso es cansino y totalmente previsible: sólo abre la boca para decir que lo que acaba de hacer Sánchez es horroroso, declaración a menudo adornada con anuncios de grandes desastres y catástrofes (y luego nunca pasa nada) y con descalificaciones hiperbólicas, del estilo: esto es la mayor vergüenza que se ha visto en España desde las cortes de Cádiz. Resulta muy aburrido escucharle decir siempre lo mismo. Y, fíjense lo que les voy a decir: el día que este señor salga a la palestra a decir que Sánchez ha hecho una cosa bien, las siguientes elecciones las gana. En este país no nos gustan los cenizos, ni los agoreros ni los cansinos.

Pero este post tiene un título muy concreto y todavía no nos hemos puesto al tema. Es que se trata de un asunto peliagudo. Desde la izquierda ortodoxa, se airea el lema No a la guerra, como un mantra o un estandarte inamovible. Es un lema que a mí ya me resulta un poco rancio, pero OK, de acuerdo: no a la guerra en ninguna de sus formas. No es por presumir, pero yo salí a la calle a protestar por la invasión de Iraq, con mis hijos que entonces eran pequeños y con una pancarta que me fabriqué yo mismo y que rezaba Give peace a chance. Así que, por supuesto, no a la guerra. ¿Quiere esto decir que tenemos que quedarnos quietos ante la agresión armada de Putin a un país reconocido por la ONU? Ustedes me dirán. Yo creo que Putin no es muy distinto a Netanyahu. Los dos son un par de asesinos y genocidas, que deberían comparecer un día ante el tribunal de La Haya.

Pero los izquierdistas de manual parecen ver diferente un conflicto del otro. Yo no he visto una sola manifestación de apoyo a Ucrania en la que aparezcan los artistas de la ceja, por citar un colectivo que frecuentemente se indigna por otras agresiones similares. Es un tema complejo, que yo creo que se merece una reflexión sincera y no sesgada por prejuicios y dogmas previos. En ese sentido, me parece muy lúcida la intervención del señor Rufián, el otro día en el Congreso, en el último día de Aitor Esteban como parlamentario. No es que Rufian sea especialmente santo de mi devoción, sobre todo con las formas que usaba al principio de su camino por las Cortes españolas. Pero, quizá con el tiempo, ha logrado una especie de poso político que le permite intervenciones como la que les voy a pedir que vean. Aquí, después de un rato despachándose con Feijoo, casi como un divertimento (como he hecho yo más arriba), entra de lleno en el tema del rearme sí o no, y yo creo que sus dudas y sus reflexiones son legítimas. Escúchenlo, que más abajo les doy las mías propias.

Les diré que comparto muchas de las dudas de la parte central del discurso de Rufián. Pero yo, hoy, me inclino más por apoyar el fortalecimiento de la Unión Europea, por la cuenta que nos trae. Para empezar, a mí me importa un rábano que se me considere un buen izquierdista o por el contrario se diga que me he aburguesado y ese tipo de cosas que he tenido que oír en ocasiones similares. Yo no tengo prejuicios ni acepto dogmas previos. Respeto cualquier opinión, pero pido a la vez que se escuche y se respete la mía. Y, con más de setenta años a mis espaldas, creo que mis opiniones han de basarse en nuestras experiencias pasadas. Como ya he dicho, con motivo de la Guerra española, se firmó un pacto de no intervención, por considerarla un conflicto interno. El primer ministro francés Daladier y el inglés Lord Chamberlain acudieron a Munich a firmar ese acuerdo con Hitler y Mussolini.

Hace un par de posts les mostré la portada del ABC informando de ese acuerdo vergonzoso. Chamberlain y Daladier regresaron a sus países como campeones del pacifismo, como los grandes hacedores de una paz europea duradera. Pero pasaron a la historia como dos imbéciles. Porque Hitler y Mussolini nunca tuvieron la menor intención de respetar ese pacto que habían firmado. Y, mientras Inglaterra y Francia se mantenían exquisitamente imparciales, incluso obstaculizando la llegada de remesas de armas al ejército republicano, Hitler se dedicaba a bombardear Guernica y Mussolini mandaba tropas a Guadalajara. Ahora mismo, de un personaje como Putin no se puede esperar que cumpla ningún pacto, aunque lo haya firmado.

Quiero recordarles también que en las últimas elecciones USA en las que fue elegido Roosevelt, se organizó una plataforma pacifista que se oponía a la intervención en Europa. Se intentó que la encabezara el aviador Lindbergh, un héroe nacional que cruzó por primera vez el Atlántico y cuyo hijo de 20 meses fue después secuestrado y encontrado muerto, por lo que la gente lo adoraba. Lindbergh era simpatizante del nazismo y llegó a ser condecorado por Hitler. Su grupo defendía que la Guerra Europea era un conflicto interno (como la española unos años antes) y que los Estados Unidos debían mantenerse exquisitamente neutrales y llevarse bien con Hitler, por si al final resultaba ganador de la contienda. Lindbergh declinó finalmente presentarse a la presidencia USA, Roosevelt ganó la elección y nunca le estaremos suficientemente agradecidos por su participación en la guerra.

Hay un libro muy inquietante de Philip Roth que nos muestra una distopía. Lindbergh se presenta, gana, los USA pactan con Hitler, que gana finalmente la guerra y la trama de la novela te describe cómo se empieza a perseguir a los judíos en las ciudades americanas. El libro, cuya lectura les recomiendo encarecidamente, se titula La Conjura contra América. Este tipo de ejemplos me llevan a ser partidario de un fortalecimiento de la defensa europea (como dice también Rufián). En un mundo de lobos (Putin, Trump, Netanyahu, etc.) conviene que estemos bien armados para defender nuestro modelo de democracia y de reparto social de la riqueza. No es un modelo perfecto: si lo fuera, le gente no estaría tan desencantada y cabreada como para votar a Trump, Meloni, Le Pene y otros. Si, en base a un mal entendido pacifismo, nos quedamos indefensos en medio de la jauría, nos puede pasar como a los coreanos.

¿No recuerdan lo que les conté de Corea? Corea era un estado pacífico, con una cultura única, basada en un alfabeto creado en el siglo XV. Era la sociedad perfecta, con sus defectos y sus desigualdades, como todas. Pero no tenía apenas ejército, porque pensaban que, siendo tan pequeños no serían enemigo de nadie. Cuando Japón salió de la Edad Media a finales del siglo XIX, con la revolución Meiji y les dio por elegir el modelo fascista e imperialista, entre los varios que apuntaban en el mundo moderno, pues sucedió que el ejercito japonés conquistó toda Corea y la provincia China contigua de Manchuria, esclavizando a la población de ambas regiones.

Corea y su población las pasaron canutas hasta que el Eje Roma-Berlín-Tokyo empezó a perder la guerra. En ese momento, dos ejércitos acudieron a liberarlos: los rusos por el norte y los yanquis por el sur. Y ambos ejércitos avanzaron incontenibles hasta que llegaron a mirarse cara a cara en el Paralelo 42. Y hasta ahora. A ambos lados de ese paralelo subsisten dos estados creados a imagen y semejanza de sus dos liberadores. Por eso, algunos de mis amigos coreanos del sur me han confesado que ellos odiarán siempre a los japoneses. Lo que les quiero decir es que uno tiene que proteger sus propios intereses, así es el mundo que hemos construido los humanos.

Desde luego que la violencia y las guerras nunca solucionan nada y que hay que priorizar los acuerdos y el logro de la paz por otros medios. Pero, ojo con el pacifismo. Si vas por ahí de ingenuo y de pacifista (o si te dejas influenciar por dogmas políticos rancios y poco prácticos) pues puede que la realidad te arrase. Voy a terminar con una historia que ya se contó en mi blog. Todos los meses de agosto, el portero de mi edificio se va a la playa y deja al cargo de su chiringuito a un suplente. Estos suplentes cambian de año en año. Hace no mucho, el suplente de turno resultó ser un intelectual, con una barbita atildada, súper educado y con una confianza absoluta en la gente. Dos detalles para que vean como era este señor. En un barrio lleno de homeless y drogotas como era entonces el nuestro, este señor mantenía la puerta del portal abierta, porque él era un pacifista de libro y no temía a la gente que pudiera pulular por allí.

Le dijimos que mejor cerrara, que a ver si se iba a colar alguien a robar en las casas, pero él no nos hizo caso. Se pasaba las horas escuchando una vieja radio de transistores sin carcasa, con aires de haber sido montada por él mismo y que mantenía a volumen bajo para no molestar a los vecinos. El portero titular le dejó un grupo de carteles para que los dejara en el mostrador cuando se tuviera que ausentar: estoy en la primera escalera, he salido a un recado, estoy en las calderas, o estoy recogiendo la basura. Este último, el de la basura, no le gustó y lo sustituyó por otro que se escribió él mismo con una caligrafía exquisita y que rezaba: Estoy recogiendo los desperdicios domiciliarios. Creo que ya entienden qué clase de persona era.

Bien, pues un día, se fue a alguno de esos recados dejando la puerta abierta y entró un indeseable que le robó lo único que pudo encontrar: la radio de transistores y la colección de carteles. Se quedó bastante cariacontecido y nos los contaba con una cara de pena muy ridícula. Pero desconozco si esta historia le hizo abdicar de sus convicciones. En fin, con esto no estoy diciendo que sea partidario de un rearme como el que parecen haberle impuesto a Sánchez en Europa. Pero al menos pongamos el tema en cuestión y pensemos sobre ello. Ese es mi consejo, además de recomendarles que sigan siendo buenos como siempre.

martes, 18 de marzo de 2025

17. El fascismo ya está aquí

Mis queridos seguidores, a punto de desarrollar unas branquias a los lados del cuello después de casi un mes de lluvia continuada, encuentro por fin un rato en mi apretada agenda de jubilado hiperactivo para contarles algo acerca de mis preocupaciones. Quiero en primer lugar ponerles al día sobre la actualidad de Samantha Fish, a la espera de la publicación de su nuevo álbum el 25 de abril y su actuación en Madrid del 14 de junio, para la que ya tengo mi entrada reservada. Si creían ustedes que iba a dejar de darles la murga con mi querida Sam, es que no me conocen. Solamente un par de apuntes. Por un lado, les pongo el clip que le dedicó el otro día Radio 5 Todo Noticias, breve como todo lo que emite esa emisora, pero que evidencia que a esta señora ya se la empieza a conocer por estas tierras. No como cuando yo la descubrí para todos ustedes en los meses de encierro pandémico de 2020. Para escuchar el audio han de pinchar AQUÍ y luego en el triangulito que indica el Play abajo en el centro. Y ahora les pido que escuchen la segunda canción del nuevo disco, que se ha dado a conocer como primicia reciente. 

Pero yo quería dedicar este post básicamente a hablar de un tema que nos preocupa a todos: ¿es la llegada de Donald Trump por segunda vez a la presidencia USA un peligro real para nuestras vidas? No hay que caer en el pánico, pero conviene estar informado. Para ayudar en esa información, les traigo aquí dos documentos. Uno de ellos es un artículo escrito en francés por Jean Louis Missika, del que ahora les hablo, y el otro una entrevista mantenida por el periodista estrella de la BBC Alexis Conran con el catedrático de economía Yanis Varoufakis, que se hizo famoso cuando encabezó por breve tiempo el Ministerio de Finanzas del gobierno de izquierdas de Alexis Tsipras al que el mundo financiero internacional estranguló para que no pudiera llevar a cabo su programa de reformas.

Ambos abordan el tema Trump con enfoques muy diferentes, pero con una cosa en común: los dos dejan claro que Trump actúa como un bufón, camina como un bufón, se expresa como un bufón, pero hay que tomárselo muy en serio, porque eso es sólo una pose de alguien que maneja muy bien la telerrealidad. Vamos, que deja pequeñito al Montoya ese que salió corriendo por una playa simulando que le habían puesto unos cuernos, tal como le marcaron en un guion televisivo que cumplió a rajatabla. Mal iremos si nos dedicamos a reírnos de Trump, a hacer memes y a tratarle con la condescendencia que se reserva a los locos. Una amiga mía dice que no hay que hacer nada, que Trump caerá por su propio peso. Algo así dijo de Ayuso mi añorado amigo Mariano, que pronosticó que esta señora acabaría cayendo por fuego amigo y ahí la tienen, vivita y coleando mientras mi amigo cría malvas en el cementerio.

He de decirles que conocí personalmente a Jean Louis Missika, cuyo teléfono de contacto conservo, cuando era concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de París. La señora Hidalgo tuvo a bien nombrar para el cargo a este señor, licenciado en Ciencias Políticas por la prestigiosa facultad conocida como Siences-Po, lo que en cierta forma arrebataba el urbanismo de las manos de la casta de los urbanistas de toda la vida. Estuvo en el cargo entre 2008 y 2020 y vino a Madrid encabezando la delegación de París para el acto de presentación de Reinventing Cities 1, momento en que me tocó compartir con él varios días de saraos y encuentros. Desde 2020 se ha pasado al ámbito privado y entre otras cosas dirige una revista cultural on line, en la que ha publicado el artículo que les voy a transcribir abajo y que he traducido para ustedes porque me parece de interés.

Missika establece una serie de paralelismos entre la forma de actuar de Trump y la de Hitler (el otro día comparaba yo las formas de Trump con las de Mussolini, pero este señor va a comparativas más de fondo). El artículo tiene ya un par de semanas pero es curioso cómo se van cumpliendo algunas cosas que se anunciaban aquí, como el no cumplimiento de sentencias de un poder judicial al que desprecia, o el gran circo que se ha montado con los mafiosos venezolanos a los que ha uniformado con monos de presidiario y ha empaquetado con destino a El Salvador, para que su amigo Bukele les dé el trato que merecen. Comparen estas escenas con las de los judíos en la Alemania nazi y verán que ambos grupos son tratados como alimañas. Creo que la lectura de este artículo es de interés, para que vayamos viendo lo que puede venir.

Donald Trump y Adolf Hitler

 

Por Jean-Louis Missika

Director editorial de La Grande Conversation

 

Nunca se dirá lo suficiente cuánto daño hizo Mike Godwin, abogado y especialista en nuevas tecnologías de la información, cuando inventó el punto Godwin, el famoso punto al que se llega en una conversación cuando se empieza a hablar de nazismo para descalificar las ideas del interlocutor. El nazismo es un episodio político, monstruoso sin duda, pero forma parte de una sucesión de regímenes políticos en Europa y en todo el mundo. Como tal, es legítimo incluirlo en las comparaciones históricas para comprender mejor los regímenes actuales. Pero cuando uno intenta hacerlo, es inmediatamente descalificado por un despectivo Godwin o incluso por una desdeñosa reductio ad Hitlerum.

 

Y, sin embargo, como nos recuerdan explícitamente los saludos nazis de Elon Musk y Steve Bannon, la comparación con el nazismo es esencial para entender el trumpismo en su versión 2.0. Sin ponernos demasiado psicológicos, podemos establecer un paralelismo entre dos estrategias políticas que utilizan la violencia para doblegar a la Administración, desafiar al Estado de Derecho, demonizar a los extranjeros y practicar el expansionismo imperial. Godwin se debería morder los dedos.

 

Alimañas

 

Al igual que Adolf Hitler, Donald Trump llegó al poder principalmente por medios legales. Al igual que él, se ganó a sus votantes con una retórica ultranacionalista, glorificando la grandeza pasada (y futura) y movilizando el odio y el miedo a los extranjeros, igual que Hitler movilizó estas pasiones contra los judíos, presentándose como víctima de una conspiración. Todo ello en una verborrea repetitiva e irracional que recuerda la logorrea informe del autor de Mein Kampf, tan bien descrita por Olivier Mannoni. Porque, como ha demostrado Viktor Klemperer, el fascismo se manifiesta ante todo a través de la destrucción del lenguaje. Hay incluso similitudes inquietantes en el vocabulario utilizado, en particular el uso de la palabra alimaña para describir a sus oponentes políticos.

 

Nada más ser elegido, Trump expresó su deseo de extender el territorio de Estados Unidos por la fuerza y el chantaje, en una concepción imperialista de las relaciones internacionales, en la que los imperios controlan zonas de influencia y someten a los Estados que las ocupan: el Lebensraum (espacio vital) se envuelve ahora simplemente en los supuestos imperativos de la seguridad nacional estadounidense. Como Hitler, Trump tiene preferencia por las alianzas con dictadores, en particular rusos: el pacto Trump-Putin para sellar el destripamiento de Ucrania se parece al pacto Ribbentrop-Molotov para sellar el destripamiento de Polonia.

 

El primer intento golpista de Trump fracasó el 6 de enero de 2020, igual que fracasó el putsch de Múnich el 8 de noviembre de 1923. La justicia alemana resultó más eficaz que la estadounidense, ya que Hitler fue condenado a cinco años de prisión, de los que sólo cumplió trece meses, tiempo durante el cual escribió los dos volúmenes de Mein Kampf, mientras que en Estados Unidos los amotinados del 6 de enero acaban de ser indultados. También hay un paralelismo inquietante en la forma en que estos dos putsches igualmente patéticos se han convertido en elementos clave de los mitos fundacionales tanto del nazismo como del trumpismo. Hitler y Trump aprendieron de estos fracasos para preparar y triunfar en su segundo golpe de Estado, tras su conquista del poder a través de las urnas.

 

Gleichschaltung

 

Una vez conquistado el poder, lo que ocurre en Washington también se parece a lo que pasó en Berlín. El DOGE de Elon Musk pretende aterrorizar a los funcionarios y doblegarlos, especialmente a los que trabajan para causas ajenas al nuevo régimen, como las agencias medioambientales o de ayuda humanitaria. Los supuestos objetivos de ahorro presupuestario son una farsa: son inalcanzables mientras los gastos militares y sociales (Medicare y Medicaid) no se vean afectados, y no se pretende que así sea: Hitler también perdonó al Estado del bienestar alemán. Por tanto, Musk miente en las cifras que publica, y no es de extrañar.

 

Mientras tanto, los brutales despidos, las amenazas y los chantajes se asemejan a lo que la administración nazi llamaba Gleichschaltung, que puede traducirse como «alineación», para doblegar a los opositores, aterrorizar a todos los que no piensan (y votan) bien y seducir a unos pocos. El hecho de que todos los funcionarios que cuentan sus desventuras a los grandes medios de comunicación lo hagan de forma anónima es un síntoma de este clima de terror. Los grandes medios de comunicación son los siguientes en la lista, y pronto les llegará su turno. Trump ha despojado a Associated Press de su acceso a las ruedas de prensa de la Casa Blanca en favor de partidarios de MAGA cuyas habilidades periodísticas aún están por demostrar.

 

Cuando Jeff Bezos interviene en la política editorial del Washington Post y prohíbe la publicación de artículos que representen determinadas opiniones, uno recuerda lo que la administración nazi llamaba autoalineación en el contexto de la Gleichschaltung, es decir, la sumisión voluntaria a la línea definida por el Führer. Ciertamente, por el momento, hay una diferencia considerable entre lo que hacen los esbirros de Musk y lo que hacían las SS en 1933 en términos de violencia política (pensemos en el incendio del Reichstag, en la Kristallnacht o en los asesinatos sumarios perpetrados por las SA), pero el espíritu es el mismo. En el siglo XXI, la violencia psicológica ha sustituido a la violencia física como medio de subyugar las mentes, pero la intención y el resultado son similares. El uso de la fuerza simplemente ha cambiado de objetivo en un siglo: tomar el control de los sistemas de información y los archivos de todos los ciudadanos es un nuevo tipo de golpe de Estado, pero sigue siendo un golpe de Estado. Y esto es sólo el principio de la subyugación de la sociedad estadounidense.

 

Otra etapa clave es la sumisión de una gran parte de la comunidad empresarial y de los capitanes de la industria al nuevo régimen, como los Krupp o los Thyssen al Tercer Reich. Su flexibilidad es tan fascinante como siempre. Bastaron unas semanas para que decenas de grandes empresas estadounidenses pusieran fin a sus programas antidiscriminatorios, ensalzaran las virtudes de la energía masculina y, en general, se plegaran a la nueva etiqueta. Con algunas excepciones, las principales figuras de la tecnología se han apresurado especialmente a mostrar su lealtad a los amos de MAGA.

 

La forma en que la administración Trump está atacando a la ciencia también es sintomática de un objetivo totalitario, en el que la ideología prevalece sobre los hechos. En febrero de 2025, dejó de financiar investigaciones científicas que mencionaran la palabra «clima» o términos relacionados. Datos científicos cruciales sobre el clima han sido eliminados de las páginas web gubernamentales, destruyendo años de investigación e impidiendo a los investigadores continuar su trabajo. La Fundación Nacional de la Ciencia ha suspendido el acceso a la financiación de muchos proyectos en curso porque no cumplen las directivas presidenciales que prohíben financiar investigaciones sobre teoría de género, diversidad, equidad o inclusión. En los estados republicanos, más de 10.000 libros fueron prohibidos en las escuelas públicas en 2024. Esta ola de censura está siendo impulsada por grupos MAGA que cuestionan libros que abordan temas como el racismo, el antisemitismo o los derechos LGBTQ+. Entre los libros prohibidos se encuentran Maus, un cómic clásico sobre el Holocausto, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y El ojo más azul, de la premio Nobel Toni Morrison. Son señales débiles, pero no deben ignorarse.

 

Por último, al igual que su siniestro predecesor, Trump no tiene reparos en alabar la deportación como medio para resolver los problemas del mundo. Como los polacos de Prusia Oriental o Silesia, o los franceses de Alsacia, el inquilino de la Casa Blanca cree que Gaza sería mucho más hermosa sin sus palestinos, y que Estados Unidos sería más grande sin sus 11 millones de inmigrantes recientes. Hay que decir que el siglo XX no esperó a Hitler para organizar este tipo de purgas: el difunto Imperio Otomano experimentó terribles purgas en Anatolia y los Balcanes. Pero al reanudar este tipo de prácticas, Trump podría romper definitivamente las promesas hechas en 1945 sobre las ruinas del Tercer Reich y autorizar a muchos otros a cruzar los mismos límites morales que él.

 

Una ideología fascista

 

Los medios de comunicación se centran en las payasadas y los tuits surrealistas de Donald Trump. Tienden a pasar por alto los textos teóricos que sustentan la ideología fascista del nuevo régimen. El payaso esconde al dictador. Y, sin embargo, todo está ahí, ante nuestros ojos. Hay que leer esos textos. Pero no basta con leerlos, también hay que tomárselos en serio, como debería haberse tomado en serio Mein Kampf en 1925.

 

Hay que leer y tomar en serio a Peter Thiel cuando escribe que «ya no cree que la libertad y la democracia sean compatibles, o cuando anuncia el apocalipsis en un artículo de opinión en el Financial Times. Peter Thiel es el antiguo jefe del vicepresidente J. D. Vance, que financió su campaña senatorial en Ohio y convenció a Trump para que lo contratara como vicepresidente. Hay que leer a los teóricos del Dark Enligthment, en particular a Curtis Yarvin, el gurú de Silicon Valley, apoyado por Peter Thiel, que influyó en J. D. Vance, el nuevo ideólogo del régimen. Yarvin sostiene que el experimento democrático de los dos últimos siglos ha fracasado, que Estados Unidos debe superar su fobia a los dictadores y que una nueva aristocracia debe gobernar el mundo, formada por empresarios multimillonarios e ingenieros tecnológicos.

 

También deberíamos leer a Patrick J. Deneen, filósofo católico ultraconservador, otro de los autores de referencia de J. D. Vance, que aboga por el advenimiento de una nueva élite «aristo-populista», y cree que la democracia liberal ha conducido a la disolución de las estructuras sociales tradicionales (familia, comunidad, religión) y a la concentración del poder en manos de una élite tecnocrática y progresista. La nueva élite será virtuosa en esencia y permitirá al pueblo librarse de la oligarquía que gobierna actualmente, utilizando la democracia liberal como pantalla.

 

Detrás de las referencias teóricas, históricas o religiosas, todos estos textos expresan una aversión a la democracia liberal, al Estado de derecho y al pluralismo, y reclaman una nueva forma de dictadura puesta en manos de los gigantes tecnológicos, una aristocracia que habrá demostrado su superioridad por su éxito en los negocios y la tecnología digital, y que por tanto tendrá legitimidad para gobernar sin la unción del sufragio universal. Desde un punto de vista, la troika Trump/Musk/Vance es la encarnación perfecta de esta nueva aristocracia.

 

La agenda golpista

 

Adolf Hitler necesitó una serie de leyes y tomas de poder para superar la estructura federal de la República de Weimar. El término Gleichschaltung se derivó originalmente del deseo de abolir las competencias de los estados federales y establecer un sistema vertical de poder y unidad de mando. Este proceso duró dos años. Donald Trump se enfrenta a un problema similar: estados y ciudades estadounidenses con sus propios poderes y elecciones, y un poder judicial independiente. En cuanto a la justicia, la estrategia de la Administración es simple: ganar tiempo multiplicando los recursos y no aplicando las sentencias judiciales.

 

Llegado el momento, declarará claramente que se niega a tenerlas en cuenta si le son desfavorables. Las primeras escaramuzas ya se han producido a nivel estatal y local. Trump está aplicando las mismas recetas: chantaje, amenazas y corrupción. El chantaje por las subvenciones federales es un clásico. Gavin Newson, gobernador de California, ha recibido la orden de cambiar las normas medioambientales del Estado si quiere financiación federal para luchar contra los megaincendios. Janet Mills, la Gobernadora de Maine, ha recibido un chantaje similar por la cuestión de la participación de estudiantes transexuales en competiciones deportivas, unido a una investigación federal sobre el Departamento de Educación de Maine. Las amenazas son cada vez más concretas, sobre todo en relación con los alcaldes demócratas que utilizan sus ciudades como refugio de inmigrantes. Después de que Mike Johnston, alcalde de Denver, expresara su disposición a proteger a los migrantes en su ciudad, Tom Homan, el zar de la frontera de la administración Trump, declaró: El alcalde de Denver y yo estamos de acuerdo en una cosa: está listo para ir a la cárcel; yo estoy listo para enviarlo allí. 

 

Por último, la corrupción, que permite ceder a los más vulnerables. El alcalde de Nueva York, Eric Adams, se libró de ser procesado por corrupción al aceptar que el gobierno federal acorralara a los inmigrantes en su ciudad. Los gobernadores y alcaldes demócratas están atrapados en una trampa mortal: frente a las intromisiones ilegales del gobierno federal en sus competencias, sólo pueden recurrir a los tribunales, pero éstos también están siendo puestos en entredicho por la administración, que confía en su control del Tribunal Supremo para ganar la mayoría de los casos actuales. Además, habrá que juzgar miles de casos, lo que hace la situación incomprensible para el público e inmanejable para el poder judicial.

 

Pero la cuestión esencial está en otra parte. Hitler necesitó menos de un mes, entre su llegada a la Cancillería y el incendio del Reichstag, para imponer su poder. Donald Trump tiene dos años para dar su golpe de Estado, y conocemos el plazo: el 3 de noviembre de 2026 se celebrarán las elecciones de mitad de mandato para renovar toda la Cámara de Representantes y parte del Senado. O bien estas elecciones serán limpias y los demócratas recuperarán el control de la Cámara de Representantes y quizás del Senado, o estarán amañadas y Donald Trump habrá triunfado en su golpe de Estado. En el primer escenario, la democracia estadounidense habrá sobrevivido al intento de putsch, aunque la reconstrucción del Estado de Derecho será larga y difícil. En el segundo, Estados Unidos se habrá vuelto fascista, Donald Trump será presidente vitalicio, el Congreso se parecerá a la Duma y la putinización de Estados Unidos estará a punto de completarse.




No me digan que la cosa no es para que se les pongan los pelos de punta. Pero vamos con el segundo de los documentos prometidos. Varoufakis responde al periodista de esta radio pública de la BBC con bastante precisión. Abajo tienen el vídeo que les pido que vean (doy por supuesto que ya saben cómo ponerle subtítulos en español). Por destacar algunos conceptos, lo que este señor dice es que Trump tiene tras él un grupo de consejeros del tema económico que son de mucho peso. Y que todo este delirio arancelario tiene un objetivo preciso y concreto: hacer que el dólar baje, para que se encarezcan las importaciones y se abaraten las exportaciones, lo que a medio plazo provocaría que la gran industria, que en las últimas décadas deslocalizó la producción a países con costes laborales o sociales más bajos, se vea impulsada a regresar a los USA y ello induzca la reindustrialización del Medio Oeste y los demás estados de la América profunda. Al fin y al cabo, en estos estados es donde se ha votado más a Trump, que les prometió un renacer de su tejido industrial tradicional.

Pero eso lo quiere hacer Trump sin que el dólar pierda su carácter de patrón monetario internacional, papel en el que un día ya muy lejano vino a sustituir al patrón oro. Si el dólar baja mucho, tal como está provocando Trump, podría verse sustituido en esa función por el euro, el yuan, la libra o cualquier otra moneda. Y esto no le conviene a nuestro personaje del pelo naranja, por la mala imagen que daría y la pérdida de poder que supondría. En resumen, que este señor pretende hacer una especie de orfebrería fina para recuperar la industria sin que el dólar deje de ser el referente monetario mundial. Algo así como lo que se expresa en el refrán extremeño de mi querido amigo Críspulo que ya cité en el blog: todos queremos el cochino gordo, pero que pese poco para que no sea tan caro. Y esa especie de cuadratura del círculo la podría conseguir Trump recurriendo a las criptomonedas, que por eso las quiere potenciar. Interesante tesis esta de Varoufakis, en el vídeo que ya les pido que vean.

En fin, creo que con estas dos aproximaciones al fenómeno del trumpismo sabemos algo más sobre él y podemos estar listos para defendernos, por la cuenta que nos trae. Lo demás es teatro y telerrealidad. Como el show que montaron Trump y Musk delante de la Casa Blanca, para promocionar la venta de automóviles eléctricos Tesla. Las ventas de estos coches han caído en picado. ¿Por qué? Pues está muy claro. Los compradores de estos vehículos son todos gente concienciada con el tema climático y a la vez con mucho dinero, porque un coche eléctrico Tesla es mucho más caro que uno estándar. Es decir, son lo que se llama en Francia bobos (bourgeois bohemes), o lo que la ultraderecha denomina izquierdistas woke. Que el gurú de estos automóviles haga el saludo nazi no les gusta y por eso no llegan nuevos compradores. En el esperpento de los jardines presidenciales no faltó siquiera el niño Equiscito, como pueden ver en la foto.

En cuanto a las promesas de Trump de acabar con la guerra de Ucrania en 24 horas, de momento ya han pasado dos meses desde su toma de posesión y lo más que ha logrado es hablar por separado con Zelensky y Putin, sin resultados visibles. Los contendientes en este desigual combate se siguen zurrando de lo lindo y, mientras las dos guerras que había en marcha hace dos meses siguen de la manera más encarnizada, Trump ha creado nuevos focos de tensión con Groenlandia, Canadá y otros lugares. Por si las moscas, Putin ya tiene preparada la mesa para una eventual negociación (no hay que hacer memes sobre estas cosas, pero yo voy a seguir haciéndolos porque este blog es más de esta línea que de unos análisis políticos sobre los que siempre les insisto que no estoy debidamente preparado para hacer). Con esta imagen les dejo que se sigan calando bajo la lluvia. Ya saben que nunca choveu que non escampara, pero el segundo paso de Trump por el poder puede que no sea tan fácil de revertir. A Hitler hubo que echarlo a bombazo limpio. Sigan siendo buenos, pero mantengan los ojos bien abiertos. Por si las moscas.